El lujo eterno
De la era de lo sagrado al tiempo de las marcas
Autor......................... Gilles Lipovetsky y Elyette Roux
Editorial.................... Anagrama
Traducción.............. Rosa Alapont
Fecha........................ Barcelona 2004
ISBN.......................... 84-339-6213-2
Páginas.................... 207

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Gilles Lipovetsky puede ser considerado como uno de los profetas de la posmodernidad. Sus obras eminentemente sociológicas, escritas con lenguaje barroco que seduce al lector, han descrito como nadie la sociedad individualista en la que estamos inmersos. Lipovetsky fue conocido por el público español a raíz de El imperio de lo efímero, donde nos desvelaba la esencia de una sociedad donde rige el principio de la moda sobre el de la tradición. Luego le siguió La era del vacío, en la que Lipovetsky analizaba el hiperindividualismo como generador de una sociedad apática, entregada a la estructura del poder centralizado del Estado moderno y entretenida por una “tiranía de lo cómico” omnipresente.

Un autor como Lipovetsky era demasiado bonito para ser cierto. Por eso no nos sorprendió El crepúsculo del deber, donde con más maestría si cabe, describe el sistema de valores posmoderno. Todo parece indicar que la sociedad que describe Lipovetsky, sustentada por un falso sistema de valores, va a derrumbarse. Sin embargo, nuestro autor, utiliza todo su ingenio, que no es poco, para definir el actual sistema de valores como un sistema autorregulados que es capaz de sustentar el más atroz individualismo.

Con esta obra, El lujo eterno, Lipovetsky vuelve a sus orígenes para tratar del papel del lujo a lo largo de la historia. Más que un libro, estamos ante un breve ensayo completado con una aportación de Elyette Roux, de la Escuela Superior de Ciencias Económicas y Sociales de Francia. Por la parte que le corresponde a Lipovetsky volverá a intentar confundirnos: una análisis acertado con una conclusión equivocada. La tesis acertada del sociólogo francés consiste en querer ver en el lujo una constante en la historia de la Humanidad. Ello lleva a rechazar las propuestas de una primera humanidad hambrienta y semibestial ocupada por su supervivencia. Desde que el hombre es hombre el lujo fue parte de él. Las formas económicas primitivas alejadas de la lógica de la ganancia y el utilitarismo, se caracterizaron por el derroche de energías para conseguir cosas nada rentables. La Potleach o la kula, formas económicas de la Melanesia y de las islas Tobriand, consistentes en el donativo y derroche para conseguir status social nos muestran lo esencial del lujo para las intrincadas sociedades primitivas.

El lujo, asociado a toda manifestación religiosa, debe entenderse como la necesidad latente en toda la humanidad de ser generosa con lo recibido; de entregar a la divinidad lo mejor. El lujo adquiere así, en las viejas religiones, la representación de la sobreabundancia. En la medida que los reyes y emperadores de las viejas civilizaciones asumieron el poder religioso, el lujo no tiene valor en sí mismo, sino en la medida que representa el estatus y la jerarquía. En este sentido fue analizado el lujo como símbolo ostentoso por Thorstein Veblen y Marx Weber.

Pero Lipovetsky no va a quedarse ahí, su intención es analizar el lujo posmoderno. Un lujo que se rige por la lógica del individualismo y como un proceso de “democratización” de los estatus sociales. Si las viejas sociedades cultivaron el intercambio dadivoso, ahora: “El ansia irresistible de comprar y las gangas han sustituido al intercambio ceremonial recíproco. A la época sagrada y ritual de las fiestas sucede el tiempo acumulativo y permanente del consumo”. En nuestra civilización cristiana el puritanismo dejó su huella imponiendo la frugalidad en el consumo y la racionalidad en lo económico. Pero el puritanismo del primer capitalismo se ha agotado y “el lujo y sus marcas de prestigio han sido rehabilitados”. Pero el deseo del lujo no se reduce con en los viejos tiempos a querer ser admirado por otros. Hoy, el lujo es una manifestación más del subjetivismo reinante donde uno desea “gustarse y ser admirado por sí mismo”. Si antes el lujo sólo podía ser entendido desde un estatus compartido por un grupo, ahora el lijo no corresponde a la lógica grupal, sino a la necesidad imperiosa de nuestra sociedad de mostrar la “originalidad” , la personalidad singular y la liberación de lo convencional. Ahí es poco. Por eso la ostentación del lujo se ha vuelto algo “emocional, experiencial, psicologizado”. Todo este proceso es interpretado por Lipovetsky como la demostración de una “subyacente” espiritualidad que sigue buscando “lo eterno” en el lujo, como última tabla de salvación ante la radical exaltación de lo efímero en nuestra cultura.

La segunda parte, redactada por Elyette Roux, no deja de ser un trasiego de datos y reflexiones sobre las marcas. Sin lugar a dudas, al lado del texto de Lipovetsky, apenas merece comentario ya que bien, no se sabe qué tesis nos pretende transmitir.