El bosque de los zorros
Autor......................... Arto Paasilinna
Editorial.................... Anagrama
Colección................ Panorama de narrativas, 602
Traducción............. Dulce Fernández Anguita
Fecha........................ Barcelona 2005
Páginas.................... 264
Precio....................... 17 euros

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Tasso era de la opinión de que los libros de ficción debían cumplir dos funciones: deleitar e instruir. De haber tenido la oportunidad de leer a Paasilinna quizás hubiera mudado el juicio, además de transmutársele la cara. “El bosque de los zorros” es una de esas obras en las que lo único que nos queda es reírnos para ocultar el llanto, no por lo que leemos, sino porque la realidad es aún más cruel, cínica y frívola de lo que este autor es capaz de retratar. Lo de Paasilinna (Finlandia 1942) es nihilismo con chirigota. De ese que no lleva a pegarse un tiro pero que podría suplirse por un desencaje de mandíbula.
Oiva Juntunen es un gángster además perezoso. Por eso planea trabajos que han de ejecutar otros y en su maña y perfeccionismo calcula también que sus cómplices acaben en la cárcel. De esa manera se queda el solo con un botín que, por otra parte, sería malo cayera en manos de seres tan depravados como los que perpetran los delitos. Ese es Oiva: ladrón y cínico, cuya moral se reduce a quedarse con lo que otros han robado honradamente. Para colmo le encanta la vida cómoda y así contrata a Remes, un comandante alcohólico que ha pedido un año de excedencia para poder beber a su gusto. Hace de él una especie de esclavo con sueldo y, para completar, se les junta una vieja nonagenaria que ha huido del geriátrico. Por cierto, la vieja es el único personaje sensato, porque si locos están sus compañeros, más lo está un gobierno que no tolera que los ancianos vivan solos en sus casas. Una de las consecuencias de las superdemocracias sociales, que deciden lo que es mejor para cada persona, aunque le jorobe.
Todo esto ambientado en los bosques de Laponia, donde Oiva se ha refugiado con unos lingotes de oro mientras sus compinches se aburren en el trullo. Pero, resulta que el sistema redime fácilmente a los convictos, sobre todo si aparentan buen comportamiento, y la seguridad de Oiva peligra.
Si no fuera porque uno ríe a mandíbula batiente caería en la depresión. Para el lector español evoca personajes como Roldán y sus lavabos alicatados de ónice, el capitán Tang que lo detuvo en Laos, y todos los compañeros que llenaron páginas de diarios durante años. No digamos nada si se centra en el “Dioni”.
Indirectamente Paasilinna dibuja una sociedad tremendamente idiota, en la que la organización y la burocracia, amén de la pérdida del sentido comunitario llevan a confundir la libertad con el saltarse las normas. Así, la delincuencia de guante blanco, que cuenta siempre con el aplauso de los malicientes, parece la única salida a un mundo cerrado y sin esperanza. Se adjuntan unas gotas de sorna y hasta el más criminal nos parece simpático. Pero cuando un chorizo nos cae bien es síntoma de que la sociedad que lo produce nos da bastante grima. Robin Hood no nos cae bien porque repartiera su botín con el pueblo, sino porque desafiaba un régimen que nadie soportaba. En otras condiciones todos nos apuntaríamos a que lo ahorcaran.
Lo raro es que una novela con tanto sarcasmo haya sido escrita por un nórdico, y más de esos países en que se les ha helado todo, hasta la sonrisa. Habría que investigar los genes del autor para descubrir su secreto.

David Amado