![]() |
|||||||
| Erase una vez la URSS | |||||||
| Autor......................... Dominique Lapierre Editorial.................... Planeta Fecha........................ Barcelona 2006 Páginas.................... 182 |
|||||||
|
VENDER la PIEL del OSO SIN HABERLA ROZADO. Érase una vez Dominique Lapierre (Châtelaillon, 1931), un inquieto estudiante francés que correteó por norteamérica y lo contó en “Un dólar cada mil kilómetros” (1949). Dominique se hizo periodista del París Match y trabó amistad con un colega estadounidense, Larry Collins (1929-2005). A los dos les gustaba conocer países exóticos, hablar con sus gentes y aprender sus vidas. Escribieron a cuatro manos algunos superventas de historia y fantapolítica, como “Oh Jerusalén” (1972) y “El quinto jinete” (1980), que las mamás solían leer en verano después de la sobremesa. Aunque Dominique ya era famoso siguió viajando, y un día conoció a Teresa de Calcuta. Fascinado por la arrugada monjita, retrató el esplendor de la pobreza en “La ciudad de la alegría” (1985). Desde entonces, Dominique organiza formidables obras de caridad entre los necesitados con los ingresos de sus libros. El último hasta hoy se titula “¿Arde Nueva York?” (2004), y lo tecleó con su amigo Larry. Érase una vez el mayor imperio del mundo. Se llamaba Rusia, y se quería heredera de Roma y Constantinopla. Sus reyes eran césares adorados por el pueblo, al que muchas veces despreciaban y buscaban desnaturalizar. Los muchiks eran sencillos y las bábushkas buscaban las cosas santas. Un día, algunos de los rusos más inteligentes se avergonzaron de la indigencia de su pueblo, y quisieron hornearlo en el soberbio molde europeo. Pronto se empeñaron en destruir la sociedad para fundar una nueva. De Europa copiaron su lema: “Libertad, igualdad, fraternidad ... ¡o la muerte!”. Un ex-presidiario, de nombre Dostoyevski, denunció el plan en su “Diario” (1876): “Los hombres verán de pronto que ya no tienen vida, ni libertad de espíritu, ni voluntad y personalidad; que alguien se lo ha robado todo de un golpe; que ha desaparecido el semblante humano y empezado a imperar la bestial imagen del esclavo, del rebaño (...) han vendido su vida por un trozo de pan, por piedras trocadas en panes”. Pero la denuncia no fue escuchada por el pueblo, que sucumbió bajo la revolución. Los populistas asesinaron al zar. Rusia se rebautizó en URSS, se emborrachó con su propia sangre y quedó sepultada en cal viva durante más de 70 años. Muchos se perdieron con ella. Érase una vez que Dominique iba a cumplir los 75. Tiempo de balances y de nostalgias. Recordó uno de sus primeros viajes, aquél que realizó a la URSS en la desestalinizadora primavera de 1956, con el fotógrafo Pedrazzini y sus respectivas esposas. Sí, les había acompañado también con su mujer- un periodista ruso, Slava, que repetía sin cesar aquel mantra milenarista: “Dominique, la URSS durará mil años”. Todavía recordaba el hedor a desinfectante de los edificios y las pancartas rojas con mensajes comunistas bordeando las carreteras. Paris Match corría con los gastos del Simca que les llevó desde Polonia hasta el Cáucaso, y en el que regresaron después de recorrer 13.000 kilómetros. Es cierto que en su tiempo ya habían publicado varios reportajes sobre la expedición, pero Dominique pensaba que ahora, refriéndolos, podría convertirlos en un libro de historia que “distrajera” al lector. Pensaba. Érase una vez la URSS. Un libro con un bonito mapa y lindas fotografías. Con traducciones francesas de nombres rusos. Con escasas anécdotas valiosas. Escrito a lo cursi desde la epidermis periodística. Érase una vez la URSS. Un país materialista donde la religión era la ciencia. Un país que se creía libre, pacífico y desarrollado. Una ilusión superficial. ¿Como Europa hoy? Como el último libro de Dominique. Guillermo Elizalde Monroset |
|||||||