La Rosa Blanca.
Los estudiantes que se alzaron contra Hitler
Autor......................... José M. García Pelegrín
Editorial.................... Libros Libres
Páginas.................... 200

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La lucha por un ideal, sin prejuicios

Afirmaba Hitler en 1938, sin pudor alguno, y esperando el aplauso del pueblo, el proceso por el cual los jóvenes eran sometidos a un adiestramiento en el nacional-socialismo. El objeto de tal invención era metamorfosear a los jóvenes según un proyecto político que reinventaba al hombre. En palabras del Führer: «Ya no podrán volver a ser libres en toda su vida, y serán felices».

El drama que supuso la Segunda Guerra Mundial sigue despertando intervenciones en la literatura de cualquier modalidad. Pocas iniciativas, sin embargo, tienen en cuenta que lo que pasó es algo más allá de la típica justificación dualista entre buenos y malos, aliados y nazis. Kertész, autor húngaro que sufrió en sus carnes el holocausto y la persecución nazi, afirmaba en 2004: «Auschwitz y el Holocausto no son asunto interno de los alemanes y los judíos, fueron un golpe mortal a los valores europeos (...) humanistas, los valores de la Ilustración, que emanciparon también a los judíos». Es decir, una determinada noción del hombre que situaba al hombre como medida de todo y que no estaba abierta a una trascendencia vivida en el presente y que se convierte en cultura provocaba al final una lucha en la cual el hombre era el principal objetivo. El ser humano quedaba a merced de la voluntad y del poder.

En medio de este ambiente de un nihilismo activo, apareció durante el III Reich un grupo de jóvenes estudiantes universitarios de medicina en Munich que se agruparon en la clandestinidad bajo el nombre de la Rosa blanca para hacer frente a la guerra de Hitler y en favor de la libertad. En su último llamamiento afirmaban que hacia falta «construir una nueva Europa espiritual». Al drama de una Europa deshumanizada se opone una resistencia que contempla el sentido religioso como camino para recuperar el contacto con la realidad, y conseguir la felicidad bajo el horizonte de lo eterno. Este aspecto, olvidado a veces, es el que no pierde en ningún momento José M. García Pelegrín en su libro sobre el grupo de la Rosa Blanca, conjunto de jóvenes amigos que despierta gran interés (véase la reciente película Sophie Scholl, de M. Rothemund.; Die weisse Rose, de M.Verhoeven; Fünf letzte Tage, de P.Adlon; junto con mucha bibliografía sobre el tema). No tiene el autor problema alguno en manifestar desde el inicio hasta el final que el confín del grupo era siempre una nueva humanidad que contempla su parte eterna. Así, García Pelegrín recuerda que lo que se vive era planteado «no en términos políticos, sino en clave metafísico- religiosa». No espante esto al posible lector, porque el libro se encarga de mostrar la vida sencilla de unos jóvenes que movían su vida por un ideal.

El libro además está escrito en un estilo narrativo ágil y alejado de cientificismos. El autor deja que sean los propios protagonistas quienes hablen a partir de sus textos. A diferencia de otras iniciativas el libro explica bien quiénes eran estos chicos y de qué vivían, e indica ese valor infinito en el que se inspiraban. Así, el volumen se estructura según una sistematización de los hechos: componentes, fundamentos, inicios, obra, detención y proceso. No tiene problema en mostrar la biografía de los personajes teñida de puntos instintivos o demasiado reflexivos; simplemente muestra lo que eran: un grupo de estudiantes, una relación de amistad sin estructura organizativa, y sin ninguna voluntad martirial o idealismo fanático; un grupo de jóvenes que amaban la vida y que se relacionaban con ella a partir de una hipótesis positiva. Así, y como afirmaba Christhoph Probst, uno de los miembros ejecutados, existía el deseo de recuperar ese sentido original que todo hombre posee en su interior y que le lanza a la búsqueda de la felicidad: «¿De qué se ocupa la mayor parte de la gente de hoy? A ellos todo les parece importante salvo lo único verdaderamente importante: ¡la pregunta sobre el sentido de la vida! Que triste ironía».

El estudio ameno de José M. García Pelegrín nos aproxima al rostro de unos chicos normales y limitados, tremendamente humanos, que afirmaban la amistad como lugar donde empezar a vivir la esperanza de una felicidad en mayúsculas. Se completa el libro con un apéndice de los manifiestos del grupo, con una buena bibliografía (de corte germánica básicamente), y con un álbum de fotos con una breve nota sobre el personaje fotografiado. Tremendamente recomendable e imprescindible, sobre todo para estos tiempos nihilistas que recuerdan tanto a esa Europa que abandonó la relación con cualquier significado religioso y talló la felicidad.

 Josep Maria Sucarrats