RetrocesoA&ONº 226/21-IX-2000SumarioDesde la feContinuar
Punto de Vista
Un educador para un pueblo
En estos días, en que el calendario escolar nos recuerda al Patrono universal de la Escuela Popular —en todo el mundo—, la figura de José de Calasanz, aragonés, pedagogo, sacerdote y santo, cobra una altura singular. Muy concreta. La tuvo en su tiempo, finales del XVI, en que se presentó en Roma, más que para gestionar una canonjía de Lérida o de la Seo de Urgel, inventando la escuela para todos, sin distinción de edades, clases, religión. La educación no habría de quedar —a estilo greco-romano— para los sabios o para los nobles medievales, ni aun para los cercanos a los claustros monacales. La primera escuela, en el Trastevere romano, revolucionó y preocupó a los Papas, y la Congregación de Religiosos Pobres de la Madre de Dios y de las Escuelas Pías hubo de ser prohibida algún tiempo. Máxime si en los primeros escolapios tuvo Copérnico sus mejores defensores.

La Revolución Francesa secuestró la idea populista-familiar por la escuela del pueblo, única, laica y obligatoria. A su estilo, las ideologías nazis y totalitario-marxistas hicieron de la educación una instrumentación para sus fines políticos. (Otro tanto está ocurriendo con los nacionalismos modernos). Tras la segunda guerra mundial, con la Declaración de Derechos Humanos de 1948, se pone énfasis en la libertad de enseñanza, el derecho a la educación y la participación de los padres. Al haberse omitido —al menos en la exposición de motivos— una referencia a la dimensión espiritual y humana de toda educación, aunque la globalización —ya entonces— del hecho educativo fue un logro fundamental, Pio XII, en ese mismo año, declara a san José de Calasanz Patrono universal de las Escuelas Populares, sean de iniciativa eclesial, sean de iniciativa social, o estatal. Con que ya no hay, ni puede haber, un solo tipo de escuelas.

Hoy —lo confirma el Tratado de Maastricht y el de Amsterdam— la libertad y la identidad de la escuela permite la competencia —como ocurrió en otras Órdenes Religiosas emulando a Calasanz— y la calidad. Los medios telemáticos, informativos y digitales no acabarán con la Escuela. La ayudarán, y completarán como información. Pero el aprender a ser sólo lo puede coronar el magisterio, la ejemplaridad, la sabiduría, la amistad, el amor. Como el que Calasanz tenía a los niños: cada uno llevando dentro de sí un pequeño universo, como emanación de una obra creadora de Dios y para el pueblo.

Jesús López Medel
De la Real Academia de Doctores