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Hace once meses, un grupo de jóvenes madrileños lanzaban la campaña solidaria Un kilo de ayuda, con la cual querían desarrollar una conciencia permanente de ayuda solidaria. La acogida por parte de la sociedad fue muy buena, y en estos días se está extendiendo la campaña a toda España en medio del reconocimiento general, que le ha llevado a ganar el Premio Telva a la Solidaridad Internacional.
Un kilo de ayuda es una campaña de solidaridad desarrollada por la Asociación IUVE, una ONG formada por jóvenes universitarios que lleva trabajando desde hace doce años para conseguir un mundo más justo y humano. Miguel Osorio, director del proyecto, nos explica que Un kilo de ayuda intenta desarrollar una campaña de solidaridad permanente, utilizando los métodos más modernos, pero a la vez más sencillos. Su funcionamiento es a través de la venta de tarjetas donativo de diferentes precios (100, 300 y 500 ptas.), que se adquieren en los centros comerciales como si fuese un producto más. La cajera del centro pasa la tarjeta por la caja, y su importe se destina íntegramente para fines humanitarios. En estos momentos la campaña funciona en los grandes centros comerciales, aunque IUVE espera que en poco tiempo se sumen cadenas comerciales y, a más largo plazo, los comercios en general. Las tarjetas suelen estar colocadas en las proximidades de las cajas, lo que incluso permite su reciclaje y reducción de costos, ya que una vez pagadas el adquirente puede volver a colgarlas en su soporte. |
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Miguel Osorio nos explica que en estos once meses hemos tenido una acogida muy buena, tanto por parte de los consumidores como de los empleados de los centros comerciales, que explican su funcionamiento a los clientes que se lo solicitan. A lo largo de los once meses que ya dura la campaña, se ha conseguido recaudar cincuenta millones de pesetas, aunque cinco de ellos provenían de una aportación conjunta que hicieron los empleados de Alcampo con su aguinaldo navideño.
El objetivo prioritario de Un kilo de ayuda es la ayuda al tercer mundo, aunque también se persiguen otros objetivos. Una de las intenciones de los responsables es ayudar a adquirir una conciencia de solidaridad habitual. Recientemente -añade el director del proyecto- hemos visto cómo la gente se moviliza en circunstancias extraordinarias, pero lo ideal es que esta ayuda se convierta en una constante, que la gente desarrolle el valor de la solidaridad. Otro de los objetivos es unir el mundo de la empresa con la solidaridad. En este momento estamos trabajando con tres grandes cadenas comerciales, a las que se suma la colaboración que nos presta Telefónica con su apoyo logístico. La asociación IUVE ha puesto una página web a disposición de todo el que quiera conocer el destino de la ayuda, así como las cifras de la auditoría económica del proyecto. La intención de Un kilo de ayuda es que los donativos lleguen de la manera más rápida y con el menor coste a su destino. Por ello, en vez de comprar y realizar el envío de alimentos y otros elementos de ayuda, se canaliza directamente el dinero a los puntos de destino, entregándose a quienes están coordinando las tareas de ayuda. Este procedimiento permite una mayor rapidez de la ayuda; no hay que organizar envíos, y se reducen los costes al suprimir todo tipo de portes. Estas particularidades hicieron que Un kilo de ayuda fuese una de las primeras colaboraciones solidarias que llegó a Centroamérica para socorrer a los damnificados del huracán Mitch. A lo largo de los últimos meses los destinos de esta ayuda solidaria han sido Chiapas (México), Ciudad Milagro (Ecuador), Chiwamba (Malawi); Centroamérica... aunque también ha prestado atención a los más cercanos, a la Casa del Pobre, de Madrid, y al asentamiento de inmigrantes «Virgen de Begoña», donde viven cerca de cuatrocientos inmigrantes rumanos en condiciones de severa pobreza. Carlos García Costoya |