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Ven, vamos con nuestro pueblo. Éstas fueron las palabras que le dijo Edith a su hermana Rosa cuando la Gestapo entró en el Carmelo de Echt (Holanda) para deportarlas a Auschwitz. Dos días después de haber llegado al campo de exterminio, morían en la cámara de gas. Era el 9 de agosto de 1942. Las dos habían cometido el delito de ser judías y, al igual que varios centenares de hebreos, de haberse convertido al cristianismo. Edith -Teresa Benedicta de la Cruz- se dedicó desde muy pronto a la filosofía. En 1916 se convirtió en asistente del célebre fenomenólogo Edmund Husserl. A los 31 años, tras leer la biografía de santa Teresa de Ávila, recibió el bautismo. En 1933 entró en el Carmelo de Colonia. Su hermana seguiría sus pasos.
Catalina de Siena (1347-1380) ha sido sin duda una de las mujeres más grandes de la historia del cristianismo. Siendo una mujer sin estudios sería proclamada, junto a Teresa de Ávila, doctora universal de la Iglesia. Murió con apenas 33 años y, sin embargo, esta muchacha frágil, con el rostro desfigurado por la viruela, logró lo que no pudo hacer ningún otro príncipe, cardenal o teólogo: el regreso de la sede del Papa de Aviñón a Roma. Cuando estalló el cisma de Occidente, en 1378, Catalina fue sin duda la figura más autorizada y reconocida en la defensa de la legítima sucesión del Papa Urbano VI. La tercera Patrona de Europa es Brígida de Suecia (1303-1373). Tras enviudar, en respuesta a unas visiones místicas fundó la Orden de las Brigidinas. Ya en 1991, las religiosas fundadas por esta santa habían escrito una carta a Juan Pablo II para que proclamase a santa Brígida Patrona de Europa. Siguió una segunda petición de la Conferencia Episcopal Escandinava, junto a la Iglesia luterana. |
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Al hacer el anuncio ante la asamblea del Sínodo, Juan Pablo II explicó que, de este modo, pretende subrayar el gran papel que las mujeres han tenido y tienen en la historia eclesial y civil del continente hasta nuestros días. Estas tres mujeres están ligadas de manera especial a la historia del continente. Edith Stein es símbolo de los dramas de la Europa de nuestro tiempo. Brígida recorrió Europa de norte a sur trabajando sin descanso por la unidad de los cristianos. Y Catalina, humilde e impávida terciaria dominica, que trajo la paz a su Siena natal, a Italia y a la Europa del siglo XIV, gastó todas sus energías por la Iglesia, logrando alcanzar el regreso del Papa de Aviñón a Roma.
De este modo, según el Papa, los europeos, sinceramente comprometidos en la búsqueda de la verdad y del bien común, podrán inspirarse en este tercer milenio que pronto comienza en el ejemplo de estas tres mujeres que expresan admirablemente la síntesis entre contemplación y acción. Jesús Colina. Roma |