| - El Templo
El templo está consagrado para el culto a Dios.
Es verdad que Dios está presente en todas partes, pero quiere
tener un lugar visible de su presencia en este mundo. Y esto es el templo,
la casa de Dios, que más comúnmente llamamos “iglesia”.
Por eso, siempre que vemos una iglesia, nos acordamos de que Dios está
presente en el mundo y hacemos la señal de la cruz. El templo
o iglesia es también la casa del pueblo de Dios, reunido para
escuchar la Palabra de Dios, para rezar, para fraternizar como hijos
de Dios.
Al inicio, los primeros cristianos daban culto a Dios
en casas particulares (casas romanas de dos pisos). Lo requería
la discreción y la prudencia, pues los emperadores romanos impedían
todo culto público.
Fue Constantino en año 313 d.C. el que permitió
el culto público y lo revistió de solemnidad y magnificencia.
Y fue él, el que mandó construir las basílicas,
que eran edificios muy grandes, en un inicio dedicadas al rey o emperador,
y después ofrecidas a Dios, el Rey de reyes.
Durante siglos se han ido construyendo diversos tipos
de templos dedicados a Dios:
Basílica:
la basílicas mayores son siete y están en Roma; las menores,
por todo el mundo, y ha sido el papa quien ha querido honrarlas con
ese título.
Catedral: donde tiene la sede o cátedra el obispo.
Iglesia
abacial: donde tiene su sede un abad mitrado.
Iglesias
parroquiales: para atender espiritualmente a un grupo de fieles
y a cargo del párroco y sus colaboradores sacerdotes, en una
localidad o territorio delimitado.
Iglesia
conventual: que pertenece a comunidades religiosas.
Capillas,
oratorios públicos, semipúblicos o privados.
- Los lugares anexos al templo
Las capillas laterales: son como otras tantas pequeñas
iglesias dentro de la principal. Responden al deseo de dar culto a santos
locales y universales de mayor devoción.
Bautisterio:
hoy el bautisterio ha cedido su lugar a la pila bautismal. Está
colocado en los pórticos de las grandes basílicas o muy
contiguos a ellas.
Sacristía:
lugar sagrado para guardar los ornamentos y vestiduras sagradas, cálices,
y objetos del culto. Con frecuencia se encuentra dentro de la sacristía
el relicario, o capilla donde se custodia y expone el tesoro de las
reliquias de santos y vasos de orfebrería.
Torres
y campanarios: que indican la presencia de Dios en ese lugar.
Las flechas de los campanarios rematan, las más de las veces,
con una cruz, una veleta o un gallo. La cruz proclama el signo de Cristo;
la veleta recuerda los vaivenes de la fama y lo efímero de la
vida; y el gallo es símbolo de la vigilancia.
La cripta: los primeros cristianos la usaban como sepulcro
para sus santos mártires y para sitio de reunión en el
día del aniversario de su martirio. Con el tiempo, cada cripta
sepulcral se convirtió en una pequeña capilla sobre la
que se erigieron luego otras iglesias superiores, haciendo coincidir
los altares de ambas.
- Mobiliario litúrgico del templo es decir,
el conjunto de muebles que adornan o completan el templo.
Pila de agua
bendita: lo primero que se encuentra, al entrar en una iglesia,
es una o dos pilas de agua bendita. Es un símbolo: purificarnos
antes de comenzar una acción litúrgica en el templo sagrado.
Esta agua bendita es un sacramental, que debemos aprovechar con devoción,
fe y reverencia.
Pila
bautismal: los antiguos bautisterios han quedado hoy reducidos
a una pila de piedra o de mármol, más o menos grande y
artística. Se la coloca en un ángulo de la Iglesia contigua
al cancel, también en una capilla separada por una verja. Hoy
se tiende a emplazarlas en el presbiterio. A todo buen cristiano debe
inspirar agradecida devoción la pila, donde fue espiritualmente
regenerado y hecho hijo adoptivo de Dios y miembro de la comunidad eclesial.
Púlpito: estaba adosado al muro o en alguno de los pilares
de la nave o del presbiterio. Hoy lo suplen los ambones o simples atriles
de la sede presbiteral con su micrófono. Desde el púlpito
se predicaban los sermones, la voz llegaba fuerte a la gente y el sacerdote
podía ver a todos desde el mismo.
Ambón:
es el lugar desde donde se proclama la Palabra de Dios, hacia el cual
se dirige espontáneamente la atención de los fieles durante
la liturgia de la Palabra. Conviene que sea estable y no un mueble portátil.
Se usa sólo para proclamar las lecturas, cantar o leer el salmo
responsorial y el pregón pascual, hacer la homilía y la
oración de los fieles. No debe usarse para el guía ni
para el cantor o director de coro.
Los
confesonarios: donde Cristo, a través de su Iglesia,
en la persona del sacerdote, administra y ofrece el sacramento de la
confesión para el perdón de los pecados de los hombres.
A partir del concilio de Trento, en el siglo XVI, aparecieron los confesonarios
cerrados a los lados, con paredes provistas de rejilla. Los confesonarios
actuales son funcionales y prácticos, y están situados
en lugares especiales de la iglesia o en capillas penitenciales.
Alcancías:
destinadas a recoger las limosnas de los fieles, para el culto, la caridad
de los necesitados, o necesidades de la parroquia, para las vocaciones.
Dichas alcancías sirven para fomentar la caridad y la generosidad
de todos.
Bancos:
para sentarnos y escuchar la Palabra de Dios, pasar un rato de meditación
íntima con el Señor.
Imágenes:
ya sean pinturas (cuadros, mosaicos), ya sean esculturas (estatuas).
Son incentivos de devoción, medios de instrucción y elementos
decorativos para el culto de Dios y de los santos. No deben ser excesivos,
deben ponerse en justo orden, y no distraer la atención de los
fieles. No son signos de superstición ni de idolatría,
como creen los protestantes. A Dios Padre se le representa como un anciano
venerable. A Cristo: se le representa en el crucifijo, o el Sagrado
Corazón, o sus emblemas: Buen Pastor, el Cordero, el Pelícano.
La figura típica del Espíritu Santo es la paloma, o las
lenguas de fuego. Los ángeles son figuras aladas. El Via crucis
representa el camino de la cruz y las escenas de la Pasión del
Salvador, recordándonos el camino doloroso de Jesús para
salvarnos.
Las
lámparas: las velas se encienden para los actos litúrgicos.
Siempre queda encendida una lámpara, la del sagrario. Ella es
fiel centinela que asiste día y noche, en nombre del pueblo cristiano,
al Divino solitario del sagrario, Jesús. Esa lamparita da fe
de la presencia real de Jesús sacramentado. Simboliza también
nuestra vida que debe ir consumiéndose al servicio de Dios, en
el silencio de nuestra entrega generosa y abnegada.
El órgano: en el rito latino ha sido el instrumento
más tradicional. Existe para el órgano una bendición
ritual, antes de su inauguración para el culto. Así dice
el documento del Vaticano II: “téngase en gran estima en la iglesia
latina, el órgano de tubos, como instrumento musical tradicional,
cuyo sonido puede aportar un esplendor notable a las ceremonias eclesiásticas
y levantar poderosamente las almas hacia Dios y hacia las realidades
celestiales” (Sacrosanctum Concilium, n. 120).
- El Altar
Representa a Cristo y es la mesa de su sacrificio y
del banquete celestial, para quienes caminamos hacia la eternidad. Es
el corazón del templo. Por eso se lo besa, se lo inciensa. Tiene
que ser de piedra o mármol. ¡Es Cristo visible! Ya desde
el Antiguo Testamento se construían altares para los sacrificios
a Yahvé. Tiene que ser alto, grande.
El altar tiene sus accesorios:
El
mantel: pues es banquete lo que se celebra sobre el altar.
En esa “mesa” Dios Padre nos servirá a su Hijo Jesús,
como Cordero inmaculado, para alimento del alma.
Candelero:
es la luz de la presencia de Cristo.
El
crucifijo: colocado sobre el altar, pues cada misa es Calvario
donde participamos de la cruz de Cristo.
Vasos
y utensilios sagrados: El templo es como el palacio de Dios;
el sagrario su recámara y como su sala de recepción; el
cáliz, la patena, el copón y la custodia son a modo de
vajilla sagrada de la mesa eucarística. Todos estos vasos y utensilios
son sagrados. El cáliz y la patena se usan para la celebración
del Santo Sacrifico de la misa. El copón y la custodia sirven
para conservar, trasladar o exponer el Santísimo Sacramento.
Vaso subsidiario es la teca o cajita, usada para llevar la comunión
a los enfermos.
Otros:
También son objeto de culto las crismeras, las vinajeras y el
vasito de las abluciones; el incensario con la naveta, la campana o
campanilla, las bandejas, el acetre o calderillo con agua bendita para
las bendiciones y aspersiones; lleva dentro un hisopo.
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