Palabra de Dios
"La serpiente era más astuta que las demás bestias
del camp, que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer:
-¿Con que Dios os ha dicho que no comáis de ningún
árbol del jardín?
La mujer contestó a la serpiente: -Podemos comer los frutos de
los árboles del jardín; sólo del fruto del árbol
que está en medio del jardín nos ha dicho Dios: 'No comáis
de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte?'.
La serpiente replicó a la mujer: No es verdad que tengáis
que morir. Bien sabe Dios que cuando comáis de él, se
os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento
del bien y del mal.
La mujer se dio cuenta de que el árbol era apetitoso, atrayente
y deseable porque daba inteligencia; y cogió un fruto, comió,
se lo alargó a su marido, y él también comió.
Se les abrieron los ojos a los dos, y descubrieron que estaban desnudos;
entrelazaron hojas de higueras y se las ciñeron.
Oyeron al Señor que se paseaba por el jardín a la hora
de la brisa; el hombre y su mujer se escondieron de la vista del Señor
Dios entre los árboles del jardín"
(Génesis 3, 1-8).
"Mirad que llegan días -oráculo del Señor-
en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una
alianza nueva. No como la que hice con vuestros padres, cuando los tomé
de la mano para sacarlos de Egipto. Ellos, aunque yo era su Señor,
quebrantaron mi alianza -oráculo del Señor-.
Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones;
yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y no tendrá
que enseñar uno a su prójimo, el otro a su hermano, diciendo:
Reconoce al Señor. Porque todos me conocerán, desde el
pequeño al grande -oráculo del Señor-, cuando perdone
sus crímenes, y no recuerde sus pecados" (Jeremías
31, 31-34).
"Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo,
nacido de una mujer, nacido bajo la Ley para rescatar a los que estaban
bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.
Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones al Espíritu
de su Hijo que clama: ¡Abba! (Padre). Así que ya no eres
esclavo, sino hijo; y, si eres hijo, eres también heredero por
voluntad de Dios" (Gálatas 4,4-7).
"Tomás le dice: -Señor, no sabemos adónde
vas. ¿Cómo podemos saber el camino?
Jesús le responde: -Yo soy el camino, y la verdad, y la vida.
Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí,
conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis
y lo habéis visto.
Felipe le dice: -Señor, muéstranos al Padre y nos basta.
Jesús le replica: -Hace tanto tiempo que estoy con vosotros,
¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí, ha visto
al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos
al Padre"? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El
Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras"
(Juan 14, 5-10).
Santos Padres
"Ea, hombrecillo, deja un momento tus ocupaciones habituales;
entra un instante en ti mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos.
Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes; aparta de ti tus inquietudes
trabajosas. Dedícate algún rato a Dios y descansa siquiera
un momento en su presencia. Entra en el aposento de tu alma; excluye
todo, excepto Dios y lo que pueda ayudarte para buscarle; y así,
cerradas todas las puertas, ve en pos de él. Di, pues, alma mía,
di a Dios: 'Busco tu rostro, Señor, anhelo ver tu rostro'.
Y ahora, Señor, mi Dios, enseña a mi corazón dónde
y cómo buscarte, dónde y cómo encontrarte.
Señor, si no estás aquí, ¿dónde te
buscaré, estando ausente? Si estás por doquier, ¿cómo
no descubro tu presencia? Cierto es que habitas en una claridad inaccesible.
Pero ¿dónde se halla esa inaccesible claridad?, ¿cómo
me acercaré a ella? ¿Quién me conducirá
hasta ahí para verte en ella? Y luego, ¿con qué
señales, bajo qué rasgo te buscaré? Nunca jamás
te vi, Señor, Dios mío; no conozco tu rostro.
(.)
Míranos, Señor; escúchanos, ilumínanos,
muéstrate a nosotros. Manifiéstanos de nuevo tu presencia
para que todo nos vaya bien; sin eso todo será malo. Ten piedad
de nuestros trabajos y esfuerzos para llegar a ti, por sin ti nada podemos.
Enséñame a buscarte y muéstrate a quien te busca;
porque no puedo ir en tu busca a menos que tú me enseñes,
y no puedo encontrarte si tú no te manifiestas. Deseando te buscaré,
buscando te desearé, amando te hallaré y hallándote
te amaré" (SAN ANSELMO, OBISPO, Proslogion, cap. 1).
"¿Quieres saber por dónde has de ir? Oye que el
Señor dice primero: Yo soy el camino. Antes de decirte a donde,
te dijo por donde: Yo soy el camino. ¿Y a dónde lleva
el camino? A la verdad y a la vida. Primero dijo por donde tenías
que ir, y luego a donde. Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Permaneciendo
junto al Padre, es la verdad y la vida; al vestirse de carne, se hace
camino.
No se te dice: "Trabaja por dar con el camino, para que llegues
a la verdad y a la vida"; no se te ordena esto. Perezoso, ¡levántate!
El mismo camino viene hacia ti y te despierta del sueño en que
estabas dormido, si es que en verdad te despierta; levántate,
pues, y anda.
A lo mejor estás intentando andar y no puedes, porque te duelen
los pies. Y ¿por qué te duelen los pies?; ¿acaso
porque anduvieron por caminos tortuosos, bajo los impulsos de la avaricia?
¿Pero piensa que la Palabra de Dios sanó también
a los cojos. "Tengo los pies sanos -dices-, pero no puedo ver el
camino". Piensa que también iluminó a los ciegos".
(SAN AGUSTÍN, Sobre el Evangelio de san Juan 34, 9)
Catecismo de la Iglesia Católica
51 "Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a sí
mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los
hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre
en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina"
(DV 2).
52 Dios, que "habita una luz inaccesible" (1 Tm 6,16) quiere
comunicar su propia vida divina a los hombres libremente creados por
él, para hacer de ellos, en su Hijo único, hijos adoptivos
(cf. Ef 1,4-5). Al revelarse a sí mismo, Dios quiere hacer a
los hombres capaces de responderle, de conocerle y de amarle más
allá de lo que ellos serían capaces por sus propias fuerzas.
65 "De una manera fragmentaria y de muchos modos habló Dios
en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos
tiempos nos ha hablado por su Hijo" (Hb 1,1-2). Cristo, el Hijo
de Dios hecho hombre, es la Palabra única, perfecta e insuperable
del Padre. En El lo dice todo, no habrá otra palabra más
que ésta. S. Juan de la Cruz, después de otros muchos,
lo expresa de manera luminosa, comentando Hb 1,1-2:
Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que
no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola
Palabra, y no tiene más que hablar; porque lo que hablaba antes
en partes a los profetas ya lo ha hablado en el todo, dándonos
al Todo, que es su Hijo. Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar
a Dios, o querer alguna visión o revelación, no sólo
haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo
los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad
(SAN JUAN DE LA CRUZ, Subida al monte Carmelo 2,22,3-5: Biblioteca Mística
Carmelitana, v. 11 (Burgos 1929), p. 184.).
Testimonio
"Con tan buen amigo presente -nuestro Señor Jesucristo-,
con tan buen capitán, que se puso en lo primero en el padecer,
todo se puede sufrir. Él ayuda y da esfuerzo, nunca falta, es
amigo verdadero. Y veo yo claro, y he visto después, que para
contentar a Dios y que nos haga grandes mercedes quiere que sea por
manos de esta Humanidad sacratísima, en quien dijo su Majestad
se deleita.
Muy muchas veces lo he visto por experiencia; hámelo dicho el
Señor. He visto claro que por esta puerta hemos de entrar, si
queremos nos muestre la soberana Majestad grandes secretos. Así
que no queramos otro camino, aunque estemos en la cumbre de contemplación;
por aquí vamos seguros. Este Señor nuestro es por quien
nos vienen todos los bienes. Él lo enseñará; mirando
su vida, es el mejor dechado.
¿Qué más queremos que un tan buen amigo al lado,
que no nos dejará en los trabajos y tribulaciones, como hacen
los del mundo? Bienaventurado quien de verdad le amare y siempre le
trajere cabe de sí. Miremos al glorioso san Pablo, que no parece
se le caía de la boca siempre Jesús, como quien le tenía
bien en el corazón. Yo he mirado con cuidado, después
que esto he entendido, de algunos santos, grandes contemplativos, y
no iban por otro camino: san Francisco, san Antonio de Padua, san Bernardo,
santa Catalina de Siena.
Con libertad se ha de andar en este camino, puestos en las manos de
Dios, si su Majestad nos quisiere subir a ser de los de su cámara
y secreto, ir de buena gana.
Siempre que se piense en Cristo, nos acordemos del amor con que nos
hizo tantas mercedes y cuán grande nos le mostró Dios
en darnos tal prenda del que nos tiene: que amor saca amor. Procuremos
ir mirando esto siempre y despertándonos para amar, porque, si
una vez nos hace el Señor merced que se nos imprima en el corazón
este amor, sernos ha todo fácil, y obraremos muy en breve y muy
sin trabajo".
(SANTA TERESA DE ÁVILA, Libro de su vida, Cap. 22,6-7. 12. 14)