Introducción al libro de los Salmos y a la Liturgia de las horas

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Los Salmos son a la vez poesía, canción y oración, uno de los puntos culminantes de la experiencia religiosa de Israel y de las joyas de la literatura universal. Compuesta por ciento cincuenta cantos, esta colección probablemente existía ya en su forma actual hacia el siglo III a.C., aunque algunos de los salmos son muy antiguos, incluso anteriores
a1 propio Israel. En realidad se han ido componiendo a lo largo de toda la historia del pueblo, y reflejan así sus avalares y su lectura religiosa y orante.

En nuestras Biblias, los salmos vienen numerados. Observamos en muchos casos una doble numeración, del tipo 43(42). Esto es porque la numeración varía en las dos grandes ediciones antiguas del Antiguo Testamento: el Texto Masorético (Biblia hebrea) y la Septuaginta (su traducción al griego). Como la Vulgata Latina de San Jerónimo sigue la numeración de la versión griega, ésta ha pasado a la liturgia, mientras que las publicaciones bíblicas suelen seguir la numeración hebrea. Así, los salmos 9 y 10 de la Biblia hebrea son en realidad dos partes de un mismo salmo, como los presentan la griega y latina. Otros están
duplicados, como el 14 y 53.

Subdivisiones

El Libro de los Salmos o Salterio consta de 150 salmos, que se subdividen en cinco colecciones, a ejemplo de los cinco libros de la Ley. Estas secciones están marcadas por la frase: ¡Bendito el Señor, Dios de Israel ahora y por siempre. Amén. Amén!, con que terminan las cuatro primeras, según se indica a continuación:

Salmos los cinco libros:

Libro I: Sal 1 – 41 “¡Bendito Señor, Dios de. Israel ahora y por siempre. Amén. Amén!”

Libro II: Sal 52 – 72 “¡Bendito Señor, Dios de. Israel ahora y por siempre. Amén. Amén!”

Libro III: Sal 73 – 89 “¡Bendito Señor, Dios de. Israel ahora y por siempre. Amén. Amén!”

Libro IV: Sal 90 – 106 “¡Bendito Señor, Dios de. Israel ahora y por siempre. Amén. Amén!”

Libro V: Sal 107 – 150 “¡Que todo viviente alabe al Señor! Aleluya”

Por su origen, también pueden subdividirse en:

Yahvistas (nombran a Dios como Yahweh): 3-41; 90-150

Elohistas (nombran a Dios como Elohim): 42-83

Según los títulos o entradillas que llevan, pueden subdividirse en

Salmos de David: 3-41; 51-71; 108-110; 138-145

Salmos de los hijos de Coré: 42-49; 84-85; 87-88

Salmos de los hijos de Asaf: 50; 73-83

Salmos de Yahweh: 93-99

Salmos de peregrinación: 120-134

Salmos aleluyáticos: 113-118; 136; 146-150

Características literarias de la poesía hebrea.

En castellano, las características formales que diferencian a la poesía de la prosa son fundamentalmente el ritmo y la rima. Es decir, que cada verso tiene un número fijo de sílabas, y termina con unos sonidos determinados que se repiten en los demás con un cierto orden por ejemplo:

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no surca el mar, sino vuela
un velero bergantín.

Bajel pirata que llaman,
por su bravura, el temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

En la poesía hebrea no existen ninguno de estos recursos. Dos rasgos comparables, de suma importancia son la colocación de los acentos en el verso y el paralelismo.

Acentos: independientemente del no de silabas del verso, los acentos principales de la frase, en grupos de 3 o de 2, van marcando la musicalidad del texto, pues los salmos son, fundamentalmente, para ser cantados. Por ejemplo:

Escuchadlo, pueblos todos;

oíd, habitantes de la tierra,
nobles y plebeyos, ricos y pobres

[Sal 49(4 8), 2-3]

Esto hace que, en su traducción latina, cantarlos sea casi natural, pues -según parece- en el latín clásico los acentos no se pronunciaban no cambiando la intensidad de la voz, sino el tono. Por ejemplo, en ese sistema, el primer verso citado se leería más o menos así:

Escuchadlo, pueblos todos = do do re do re do re do

Así, retomando las antiguas formas musicales griegas nace el gregoriano, y de él los “semitonos” que todavía usamos para cantar salmos.

Paralelismo: En lugar de “jugando'” con el sonido final de cada verso (rima), la belleza formal se obtiene por medio de la repetición, oposición, etc., de las ideas y la forma de expresarlas, las imágenes, etc. Ejemplos de paralelismo pueden ser:

Paralelismo sinonímico Sal 114,1-6

Paralelismo antitético Sal 1, 3-4

Paralelismo sintético Sal 123, 2-4, 147. 13-17, 148, 7-12

Géneros literarios de los Salmos.

También podemos clasificar los salmos atendiendo a su forma literaria, a los diversos tipos de salmos. Es probablemente la forma más útil, porque ayuda a comprenderlos mejor y a poder utilizarlos adecuadamente para la oración personal o de grupo, para la catequesis, etc.

En cuanto a su género literario, los salmos podrían clasificarse en
himnos, súplicas e instrucciones, cada uno de los cuales contienen diversos subgéneros. Hay que considerar que no siempre es fácil establecer a que categoría corresponde un determinado salmo, y que algunos pertenecen en realidad a varias.

Himnos: Alabanzas al Dios que se manifiesta en la creación y en sus intervenciones en la historia. Su origen está en el culto. Suelen constar de una invitación a la alabanza, un cuerpo central en que esta se desarrolla y una
conclusión.

Súplicas: Es el tipo más frecuente. En medio de las dificultades de 1a vida, tanto individual como colectiva, el hombre dirige a Dios su grito pidiendo auxilio. Suelen constar de una invocación a Dios, exposición de la situación del orante, súplica a Dios y motivaciones para ella.

Didácticos: Pretenden la instrucción del pueblo, sea sobre los grandes acontecimientos de la historia de Israel, en los que siempre interviene su Dios, sea sobre los
requisitos para participar en el culto, sea sobre las exigencias de la Alianza, sea con la reflexión sapiencial.

A continuación se ofrece esta clasificación de los Salmos, así como una serie de textos “sálmicos” que aparecen dispersos en otros libros del Antiguo Testamento.