ARAUCANA
Parroquia del Espíritu Santo y Nª Sª de la Araucana
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Oracional Araucana 2004
PADRE NUESTRO

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

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Oraciones de la mañana

El Ángelus

V. El Ángel del Señor anunció a María,
R. Y concibió del Espíritu Santo.
Ave María.
V. He aquí la esclava del Señor
R. Hágase en mi según tu palabra.
Ave María.
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros.
Ave Maria.
V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración
Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestras almas para que los que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y Cruz seamos llevados a la gloria de su Resurrección. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. R. Amén.

Laudes
DOMINGO
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. (Aleluya.)
HIMNO
Cristo, alegría del mundo, resplandor de la gloria del Padre.
¡Bendita la mañana que anuncia tu esplendor al universo!
En el Día Primero tu Resurrección alegraba el Corazón del Padre. En el Día Primero, vio que todas las cosas eran buenas porque participaban de tu Gloria.
Cristo, alegría del mundo, resplandor de la gloria del Padre.
¡Bendita la mañana que anuncia tu esplendor al universo!
La mañana celebra tu Resurrección y se alegra con claridad de Pascua.
Se levanta la tierra como un joven discípulo en tu busca sabiendo que el sepulcro está vacío.
SALMODIA
ANTÍFONA 1
Por ti madrugo, Dios mío, para contemplar tu fuerza y tu gloria, aleluya.
SALMO 62,2-9
El alma sedienta de Dios
Madruga por Dios todo el que rechaza las obras de las tinieblas (ORÍGENES).
¡Oh Dios!, tú eres mi .Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.
En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.
Gloria al Padre.

ANT. Por ti madrugo, Dios mío, para contemplar tu fuerza y tu gloria, aleluya.

ANTÍFONA 2
Adoremos al Señor, que creó el cielo y la tierra.

CÁNTICO. Dn 3,57-88.56
Toda la creación alabe al Señor
Alabad al Señor sus siervos todos (Ap 19,5).
Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.
Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.
Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.
Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.
Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.
Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.
Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.
Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.
Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.
Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.
Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.
Fieras y ganados, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.
Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.
Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al
Señor.
Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.
Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.
(No se dice Gloria al Padre.)

ANT. Adoremos al Señor, que creó el cielo y la tierra.
ANTÍFONA 3
Que el pueblo de Dios se alegre por su Rey,
aleluya.
SALMO 149
Alegría de los santos
Los hijos de la Iglesia, nuevo pueblo de Dios, se alegran en su Rey, Cristo, el Señor (HESIQUIO)
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.
Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.
Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:
para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.
Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.
Gloria al Padre.

ANT. Que el pueblo de Dios se alegre por su Rey, aleluya.
PALABRA DE DIOS
En los domingos de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua la lectura breve, el responsorio y las preces se toman del respectivo tiempo.

LECTURA BREVE. Ap 7,10.12
¡La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero! La bendición, y la gloria, y la sabiduría, y la acción de gracias, y el honor, y el poder, y la fuerza son de nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.
RESPONSORIO
V- Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.
R- Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.
V- Tú que estás sentado a la derecha del Padre.
R- Ten piedad de nosotros.
V- Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R-. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.
Benedictus

ANT. Bendito sea el Señor, Dios nuestro.
PRECES O INTERCESIONES
Glorifiquemos al Señor Jesús, luz que alumbra a todo hombre y Sol de justicia que no conoce el ocaso, y digámosle:
¡Oh Señor, vida y salvación nuestra!

Creador del universo, al darte gracias por el nuevo día que ahora empieza,
- te pedimos que el recuerdo de tu santa resurrección sea nuestro gozo durante este domingo.
Que tu Espíritu Santo nos enseñe a cumplir tu voluntad,
- y que tu sabiduría dirija hoy nuestras acciones.
Que al celebrar la Eucaristía de este domingo, tu Palabra nos llene de gozo,
- y la participación del banquete de tu Hijo haga crecer nuestra esperanza.
Que sepamos contemplar las maravillas que tu generosidad nos concede,
- y vivamos durante todo el día en acción de gracias.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Digamos ahora todos juntos la oración que nos enseñó el mismo Señor: Padre nuestro.

CONCLUSIÓN
ORACIÓN
Señor, Dios todopoderoso,
que nos has hecho llegar al comienzo de este día:
sálvanos hoy con tu poder,
para que no caigamos en ningún pecado;
sino que nuestras palabras, pensamientos y acciones
sigan el camino de tus mandatos.

Por nuestro Señor.

V. El Señor nos bendiga,
y nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

LUNES
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. (Aleluya.)
HIMNO
Autor del cielo y el suelo, que por dejarlas más claras las grandes aguas separas, pones un límite al cielo. Tú que das cauce al riachuelo y alzas la nube a la altura;
tú que en cristal de frescura sueltas las aguas del río sobre las tierras de estío sanando su quemadura;
danos tu gracia, piadoso, para que el viejo pecado no lleve al hombre engañado a sucumbir a su acoso.
Hazle en la fe luminoso, alegre en la austeridad y hágale tu claridad salir de sus vanidades;
dale, Verdad de verdades, el amor a tu Verdad.


SALMODIA
ANTÍFONA 1 ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?
SALMO 41
Deseo del Señor y ansias de contemplar el templo
El que tenga sed, y quiera, que venga a beber el agua de la vida (Ap 22,17).
Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te busca
a ti, Dios mío, tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de Dios? Las lágrimas son mi pan
noche y día,
mientras todo el día me repiten:
¿Dónde está tu Dios?» Recuerdo otros tiempos,
y desahogo mi alma conmigo:
cómo marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanzas,
en el bullicio de la fiesta. ¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
Salud de mi rostro, Dios mío». Cuando mi alma se acongoja,
te recuerdo
desde el Jordán y el Hermón
y el Monte Menor. Una sima grita a otra sima
con voz de cascadas:
tus torrentes y tus olas
me han arrollado. De día el Señor
me hará misericordia,
de noche cantaré la alabanza
del Dios de mi vida. Diré a Dios: Roca mía,
¿por qué me olvidas?
¿Por qué voy andando, sombrío,
hostigado por mi enemigo? Se me rompen los huesos
por las burlas del adversario;
todo el día me preguntan:
¿'Dónde está tu Dios? ¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
Salud de mi rostro, Dios mío.

ANT. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?
ANTÍFONA 2
Cantad al Señor un cántico nuevo; llegue su alabanza hasta el confín de la tierra.
CÁNTICO. Is 2,2-5
El monte de la casa del Señor en la cima de los montes. Todas las naciones vendrán y se postrarán ante ti (Ap 15,4).
Al final de los días estará firme
el monte de la casa del Señor,
en la cima de los montes,
encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán los gentiles,
caminarán pueblos numerosos.
Dirán: Venid, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios de Jacob:
El nos instruirá en sus caminos
y marcharemos por sus sendas;
porque de Sión saldrá la ley,
de Jerusalén la palabra del Señor. Será el arbitro de las naciones,
el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados,
de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo contra pueblo,
no se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, ven,
caminemos a la luz del Señor.

ANT. Cantad al Señor un cántico nuevo; llegue su alabanza hasta el confín de la tierra.

ANTÍFONA 3 Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
SALMO 28
Manifestación de Dios en la tempestad
Vino una voz del cielo que decía: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto (Mt 3,17).
Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor, aclamad la gloria del nombre del Señor, postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
La voz del Señor sobre las aguas, el Dios de la gloria ha tronado, el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica, la voz del Señor descuaja los cedros, el Señor descuaja los cedros del Líbano.
Hace brincar al Líbano como a un novillo, al Sarión como a una cría de búfalo.
La voz del Señor lanza llamas de fuego, la voz del Señor sacude el desierto, el Señor sacude el desierto de Cades.
La voz del Señor retuerce los robles, el Señor descorteza las selvas. En su templo un grito unánime: [Gloria!
El Señor se sienta por encima del aguacero, el Señor se sienta como rey eterno. El Señor da fuerza a su pueblo, el Señor bendice a su pueblo con la paz.
ANT. Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. 2 Ts 3,10b-13
Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma. Porque nos hemos enterado que hay entre vosotros algunos que viven desconcertados, sin trabajar nada, pero metiéndose en todo. A éstos les mandamos y les exhortamos en el Señor Jesucristo a que trabajen con sosiego para comer su propio pan. Vosotros, hermanos, no os canséis de hacer el bien.
RESPONSORIO
V.- Bendito el Señor por siempre.
R. Bendito el Señor por siempre.
V. El único que hace maravillas.
R. Por siempre.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Bendito el Señor por siempre.

Benedictus

ANT. Bendito sea el Señor, Dios nuestro.
PRECES O INTERCESIONES
Proclamemos la grandeza de Cristo, lleno de gracia y del Espíritu Santo, y acudamos a él diciendo :
Concédenos, Señor, tu Espíritu.
Concédenos, Señor, un día lleno de paz, de alegría y de inocencia
— para que, llegados a la noche, con gozo y limpios de pecado, podamos alabarte nuevamente. Que baje hoy a nosotros tu bondad
— y haga prósperas las obras de nuestras manos. Muéstranos tu rostro propicio y danos tu paz
— para que durante todo el día sintamos cómo tu mano nos protege.
Mira con bondad a cuantos se han encomendado a nuestras oraciones
— y enriquécelos con toda clase de bienes del cuerpo y del alma.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
ORACIÓN DOMINICAL
Terminemos nuestra oración con la plegaria que nos enseñó el Señor: Padre nuestro.

CONCLUSIÓN
ORACIÓN
Tu gracia, Señor, inspire nuestras obras,
las sostenga y acompañe;
para que todo nuestro trabajo brote de ti, como de su fuente, y a ti tienda, como a su fin.
Por nuestro Señor.

V. El Señor nos bendiga,
y nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

MARTES
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. (Aleluya.)
HIMNO

La noche, el caos, el terror, cuanto a las sombras pertenece siente que el alba de oro crece y anda ya próximo el Señor.
El sol, con lanza luminosa, rompe la noche y abre el día;
bajo su alegre travesía vuelve el color a cada cosa.
El hombre estrena claridad
de corazón, cada mañana;
se hace la Gracia más cercana y es más sencilla la verdad.
¡Puro milagro de la aurora!
Tiempo de gozo y eficacia:
Dios con el hombre, todo gracia bajo la luz madrugadora.
¡Oh la conciencia sin malicia! ¡La carne, al fin, gloriosa y fuerte! Cristo de pie sobre la muerte y el sol gritando la noticia,
Guárdanos tú, Señor del alba, puros, austeros, entregados;
hijos de luz resucitados en la Palabra que nos salva.
Nuestros sentidos, nuestra vida, cuanto oscurece la conciencia, vuelva a ser pura transparencia bajo la luz recién nacida.
SALMODIA
ANTÍFONA 1
Señor, has sido bueno con tu tierra, has perdonado la culpa de tu pueblo.
SALMO 84
Nuestra salvación está cerca
Dios bendijo a nuestra tierra cuando le envió el Salvador (ORÍGENES).
Señor, has sido bueno con tu tierra,
has restaurado la suerte de Jacob, has perdonado la culpa de tu pueblo,
has sepultado todos sus pecados,
has reprimido tu cólera,
has frenado el incendio de tu ira. Restáuranos, Dios salvador nuestro;
cesa en tu rencor contra nosotros.
¿Vas a estar siempre enojado,
o a prolongar tu ira de edad en edad? ¿No vas a devolvernos la vida,
para que tu pueblo se alegre contigo?
Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación. Voy a escuchar lo que dice el Señor:
Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos
y a los que se convierten de corazón». La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra;
la misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo;
el Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos.
ANT. Señor, has sido bueno con tu tierra, has perdonado la culpa de tu pueblo.
ANTÍFONA 2 Ensalzad con vuestras obras al Rey de los siglos.
CÁNTICO. Tb 13,1-10
Esperanza de Israel en Babilonia
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva (1 P 1,3).
Bendito sea Dios que vive eternamente,
y cuyo reino dura por los siglos:
él azota y se compadece,
hunde hasta el abismo y saca de él,
y no hay quien escape de su mano. Dadle gracias, israelitas, ante los gentiles,
porque él nos dispersó entre ellos.
Proclamad allí su grandeza,
ensalzadlo ante todos los vivientes:
que él es nuestro Dios y Señor,
nuestro padre por todos los siglos. El nos azota por nuestros delitos,
pero se compadecerá de nuevo,
y os congregará de entre las naciones
por donde estáis dispersados. Si volvéis a él de todo corazón
y con toda el alma,
siendo sinceros con él,
él volverá a vosotros
y no os ocultará su rostro. Veréis lo que hará con vosotros,
le daréis gracias a boca llena,
bendeciréis al Señor de la justicia
y ensalzaréis al Rey de los siglos. Yo le doy gracias en mi cautiverio,
anuncio su grandeza y su poder
a un pueblo pecador. Convertíos, pecadores,
obrad rectamente en su presencia:
quizá os mostrará benevolencia
y tendrá compasión. Ensalzaré a mi Dios, al rey del cielo,
y me alegraré de su grandeza. Anuncien todos los pueblos sus maravillas y
confiésenle en Jerusalén sus elegidos.
ANT. Ensalzad con vuestras obras al Rey de los siglos.
ANTÍFONA 3
La tierra está llena de la bondad del Señor, aleluya.
SALMO 32
Himno al poder y a la providencia de Dios
Por medio de la Palabra se hizo todo (Jn 1,3).
Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos. Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo,
acompañando los vítores con bordones:
que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el océano. Tema al Señor la tierra entera,
tiemblen ante él los habitantes del orbe:
porque él lo dijo, y existió;
él lo mandó, y surgió. El Señor deshace los planes de las naciones,
frustra los proyectos de los pueblos;
pero el plan del Señor subsiste por siempre;
los proyectos de su corazón, de edad en edad. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad. El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres;
desde su morada observa
a todos los habitantes de la tierra:
él modeló cada corazón,
y comprende todas sus acciones. No vence el rey por su gran ejército,
no escapa el soldado por su mucha fuerza,
nada valen sus caballos para la victoria,
ni por su gran ejército se salva. Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo,
con él se alegra nuestro corazón, en su santo nombre confiamos. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
ANT. La tierra está llena de la bondad del Señor, aleluya.
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. Rm 13,llb-13a
Ya es hora que despertéis del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando vinimos a la fe. La noche va pasando, el día está encima; desnudémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistámonos la armadura de la fe. Andemos como en pleno día, con dignidad.
RESPONSORIO
V. Refugio mío, alcázar mío.
R. Refugio mío, alcázar mío.
V. Dios mío, confío en ti.
R. Alcázar mío.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Refugio mío, alcázar mío.

Benedictus

ANT. El Señor nos suscitó una fuerza de salvación, según lo había predicho por boca de sus profetas.
PRECES O INTERCESIONES
Ya que hemos sido llamados a participar de una vocación celestial, bendigamos por ello a Jesús, el Pontífice de nuestra fe, y supliquémosle diciendo:
Señor, nuestro Dios y nuestro Salvador.
¡Oh Dios todopoderoso!, que por el bautismo has hecho de nosotros un sacerdocio real,
—haz que nuestra vida sea un continuo sacrificio
de alabanza. Ayúdanos, Señor, a guardar tus mandatos
—para que por la fuerza del Espíritu Santo nosotros permanezcamos en ti y tú en nosotros. Danos tu sabiduría eterna
—para que permanezca con nosotros y con nosotros trabaje. Concédenos ser la alegría de cuantos nos rodean
—y fuente de esperanza para los decaídos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.

ORACIÓN DOMINICAL
Como hijos que somos de Dios, dirijámonos a nuestro Padre con la oración que Cristo nos enseñó:
Padre nuestro.
CONCLUSIÓN
ORACIÓN
Escucha, Señor, nuestras súplicas matinales y
con la luz de tu misericordia
alumbra la oscuridad de nuestro corazón:
que los que hemos sido iluminados por tu claridad
no andemos nunca tras las obras de las tinieblas.
Por nuestro Señor.

V. El Señor nos bendiga,
y nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

MIÉRCOLES
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. (Aleluya.)
HIMNO
Al filo de los gallos viene la aurora;
los temores se alejan como las sombras.
¡Dios, Padre nuestro, en tu nombre dormimos y amanecemos!
Como luz nos visitas, Rey de los hombres, como amor que vigila siempre de noche;
cuando el que duerme, bajo el signo del sueño prueba la muerte.
Del sueño del pecado nos resucitas
y es señal de tu Gracia la luz amiga.
¡Dios que nos velas! Tú nos sacas por gracia de las tinieblas.
Gloria al Padre y al Hijo, gloria al Espíritu, al que es Paz, Luz y Vida, al Uno y Trino;
gloria a su nombre y al misterio divino que nos lo esconde,
SALMODIA
ANTÍFONA 1
Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor.
SALMO 85
Oración de un pobre ante las dificultades
Bendito sea Dios que nos consuela en todas nuestras luchas (2 Co 1,3.4).
Inclina tu oído, Señor; escúchame, que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que confía en ti.
Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti;
porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica. En el día del peligro te llamo,
y tú me escuchas.
No tienes igual entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las tuyas. Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre ;
«Grande eres tú, y haces maravillas,
tú eres el único Dios». Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén mi corazón entero
en el temor de tu nombre. Te alabaré de todo corazón, Dios mío;
daré gloria a tu nombre por siempre,
por tu gran piedad para conmigo,
porque me salvaste del Abismo profundo. Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,
una banda de insolentes atenta contra mi vida,
sin tenerte en cuenta a ti. Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí. Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una señal propicia,
que la vean mis adversarios y se avergüencen,
porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.

ANT. Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor.
ANTÍFONA 2 El Señor me ha revestido de justicia y santidad.
CÁNTICO. Is 61,10-62,5
Alegría del profeta ante la nueva Jerusalén
Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, arreglada como una novia que se adorna para su esposo (Ap 21,2).
Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios:
porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas.
Como el suelo echa sus brotes,
como un jardín hace brotar sus semillas,
así el Señor hará brotar la justicia
y los himnos, ante todos los pueblos.
Por amor de Sión no callaré,
por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que rompa la aurora de su justicia y su salvación llamee como antorcha.
Los pueblos verán tu justicia, y los reyes, tu gloria;
te pondrán un nombre nuevo
pronunciado por la boca del Señor. Serás corona fúlgida en la mano del Señor
y diadema real en la palma de tu Dios. Ya no te llamarán «Abandonada»;
ni a tu tierra, «Devastada»;
a ti te llamarán «Mi favorita»,
y a tu tierra, «Desposada»,
porque el Señor te prefiere a ti,
y tu tierra tendrá marido. Como un joven se casa con su novia,
así te desposa el que te construyó;
la alegría que encuentra el marido con su esposa
la encontrará tu Dios contigo.

ANT. El Señor me ha revestido de justicia y santidad.

ANTÍFONA 3 Aclamad al Rey y Señor.
SALMO 97
El Señor, juez vencedor
Este salmo canta la primera venida del Señor y la conversión de los paganos (SAN ATANASIO).
Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.
El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad:
tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas
aclamad al Rey y Señor. Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la habitan;
aplaudan los ríos, aclamen los montes
al Señor, que llega para regir la tierra. Regirá el orbe con justicia
y los pueblos con rectitud.
ANT. Aclamad al Rey y Señor.
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. Jb 1,21; 2,10b
Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor. Si aceptamos los bienes, ¿no vamos a aceptar
los males?

V. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.
R. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.
V. Dame vida con tu palabra.
R. Con tus preceptos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos

Benedictus
ANT. Ten misericordia de nosotros, Señor, y acuérdate de tu santa alianza.

PRECES O INTERCESIONES
Invoquemos a Cristo, que se entregó a sí mismo por la Iglesia, y le da alimento y calor, diciendo:
Mira, Señor, a tu Iglesia.
Bendito seas, Señor, Pastor de la Iglesia, que nos vuelves a dar hoy la luz y la vida;
—haz que sepamos agradecerte este magnífico
don. Mira con amor a tu grey, que has congregado en
tu nombre;
—haz que no se pierda ni uno solo de los que el Padre te ha dado.
Guía a tu Iglesia por el camino de tus mandamientos,
—y haz que el Espíritu Santo la conserve en la fidelidad.
Que tus fieles, Señor, cobren nueva vida participando en la mesa de tu pan y tu palabra,
—para que, con la fuerza de este alimento, te sigan con alegría.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
ORACIÓN DOMINICAL
Concluyamos nuestra oración diciendo juntos las palabras de Jesús, nuestro Maestro: Padre nuestro.
CONCLUSIÓN
ORACIÓN
Señor,
infunde en nuestras almas la claridad de tu luz;
y, pues, con tu sabiduría nos has creado y con tu providencia nos gobiernas, haz que nuestro vivir y nuestro obrar estén del todo consagrados a ti.
Por nuestro Señor.

V. El Señor nos bendiga,
y nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

JUEVES
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. (Aleluya.)
HIMNO
Crece la luz bajo tu hermosa mano, Padre celeste y suben
los hombres matutinos al encuentro de Cristo Primogénito.
El hizo amanecer en tu presencia
y enalteció la aurora
cuando no estaba el hombre sobre el mundo
para poder cantarla.
El es principio y fin del universo, y el tiempo en su caída se acoge al que es la fuerza de las cosas y en él rejuvenece.
El es la luz profunda, el soplo vivo que hace posible el mundo y anima en nuestros labios jubilosos el himno que cantamos.
He aquí la nueva luz que asciende y busca su Cuerpo misterioso. He aquí, en el ancho sol de la mañana, el signo de su gloria.
Y tú que nos lo entregas cada día,
revélanos al Hijo,
potencia de tu diestra y Primogénito
de toda criatura.
Amén.
SALMODIA
ANTÍFONA 1 En la mañana, Señor, hazme escuchar tu gracia.
SALMO 142,1-11
Lamentación y súplica ante la angustia
El hombre no se justifica por cumplir la ley, sino por creer en Cristo Jesús (Ga 2,16).
Señor, escucha mi oración;
tú, que eres fiel, atiende a mi súplica;
tú, que eres justo, escúchame. No llames a juicio a tu siervo, pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.
El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya olvidados.
Mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está yerto. Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia ti:
tengo sed de ti como tierra reseca. Escúchame en seguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa. En la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya que confío en ti.
Indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a ti. Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
Enséñame a cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es bueno,
me guíe por tierra llana. Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame de la angustia.
ANT. En la mañana, Señor, hazme escuchar tu gracia.
ANTÍFONA 2
Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador, aleluya.
CÁNTICO. Is 12,1-6
Acción de gracias del pueblo salvado
El que tenga sed que venga a m'\ y que beba (Jn 7,37).
Te doy gracias, Señor,
porque estabas airado contra mí,
pero ha cesado tu ira
y me has consolado. El es mi Dios y salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación. Aquel día diréis:
Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso. Tañed para el Señor, que hizo proezas;
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«Qué grande es en medio de ti
el Santo de Israel».

ANT. Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador, aleluya.

ANTÍFONA 3 Aclamad a Dios, nuestra fuerza.
SALMO 80
Solemne renovación de la alianza
Mirad que no tenga nadie un corazón malo e incrédulo (Hb 3,12).
Aclamad a Dios, nuestra fuerza;
dad vítores al Dios de Jacob:
acompañad, tocad los panderos,
las cítaras templadas y las arpas;
tocad la trompeta por la luna nueva,
por la luna llena, que es nuestra fiesta. Porque es una ley de Israel,
un precepto del Dios de Jacob,
una norma establecida para José
al salir de Egipto. Oigo un lenguaje desconocido;
—retiré sus hombros de la carga,
y sus manos dejaron la espuerta. Clamaste en la aflicción, y te libré,
te respondí oculto entre los truenos,
te puse a prueba junto a la fuente de Meribá. Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;
¡ojalá me escuchases, Israel! «No tendrás un dios extraño,
no adorarás un dios extranjero;
yo soy el Señor Dios tuyo,
que te saqué del país de Egipto;
abre la boca que te la llene».
Pero mi pueblo no escuchó mi voz, Israel no quiso obedecer:
los entregué a su corazón obstinado, para que anduviesen según sus antojos.
¡Ojalá me escuchase mi pueblo y caminase Israel por mi camino!:
en un momento humillaría a sus enemigos y volvería mi mano contra sus adversarios;
los que aborrecen al Señor te adularían, y su suerte quedaría fijada;
te alimentaría con flor de harina, te saciaría con miel silvestre.
ANT. Aclamad a Dios, nuestra fuerza.
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. Rm 14,17-19
El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, y paz, y gozo en el Espíritu Santo, pues el que en esto sirve a Cristo es grato a Dios y acepto a los hombres. Por tanto, trabajemos por la paz y por nuestra mutua edificación.
RESPONSORIO
V. Velando medito en ti, Señor.
R. Velando medito en ti, Señor.
V. Porque fuiste mí auxilio.
R. Medito en ti, Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Velando medito en ti, Señor.
Benedictus
ANT. Anuncia a tu pueblo, Señor, la salvación, y perdónanos nuestros pecados.
PRECES O INTERCESIONES
Bendigamos a Dios, nuestro Padre, que mira siempre con amor a sus hijos y nunca desatiende sus súplicas, y digámosle con humildad:
Ilumina nuestros ojos. Señor.
Te damos gracias, Señor, porque nos has alumbrado con la luz de Jesucristo;
— que esta claridad ilumine hoy todos nuestros
actos. Que tu sabiduría nos dirija en nuestra jornada;
— así andaremos por sendas de vida nueva. Ayúdanos a superar con fortaleza las adversidades
— y haz que te sirvamos con generosidad de
espíritu. Dirige y santifica los pensamientos, palabras y
obras de nuestro día
— y danos un espíritu dócil a tus inspiraciones.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
ORACIÓN DOMINICAL
Dirijamos ahora, todos juntos, nuestra oración al Padre y digámosle: Padre nuestro.
CONCLUSIÓN
ORACIÓN
Humildemente te pedimos, a ti, Señor, que eres la luz verdadera y la fuente misma de toda luz, que meditando fielmente tu ley vivamos siempre en tu luz.
Por nuestro Señor.

V. El Señor nos bendiga,
y nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

VIERNES
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. (Aleluya.)
HIMNO
¡Nacidos de la Luz! ¡Hijos del Día! Vamos hacia el Señor de la mañana, Su claridad disipa nuestras sombras y llena el corazón de regocijo.
Que nuestro Dios, el Padre de la Gloria, limpie la oscuridad de nuestros ojos y nos revele, al fin, cuál es la herencia que nos legó en el Hijo Primogénito.
¡Honor y Gloria a Dios, Padre celeste, por medio de su Hijo Jesucristo y el don de toda Luz, el Santo Espíritu, que vive por los siglos de los siglos!

SALMODIA
ANTÍFONA 1
Confía, hijo, tus pecados te son perdonados, aleluya.
SALMO 50
Misericordia, Dios mío
Que el Espíritu renueve vuestra mentalidad:vestíos de la nueva condición humana
(Ef 4,2.3,24).
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces. En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre. Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve. Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa. ¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu. Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti. ¡Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios, Salvador mío!, y cantará mi lengua tu justicia. Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza. Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón quebrantado y humillado
tú no lo desprecias. Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
ANT. Confía, hijo, tus pecados te son perdonados, aleluya.
ANTÍFONA 2
Cristo, cargado con nuestros pecados, subió al leño, aleluya.
CÁNTICO. Jr 14,17-21
Lamentación del pueblo en tiempo de hambre y de guerra
Está cerca el reino de Dios; convertíos y creed la Buena Noticia (Me 1,15).
Mis ojos se deshacen en lágrimas día y noche no cesan:
por la terrible desgracia de la Doncella de mi
pueblo,
una herida de fuertes dolores. Salgo al campo: muertos a espada;
entro en la ciudad: desfallecidos de hambre;
tanto el profeta como el sacerdote vagan sin sentido por el país. ¿Por qué has rechazado del todo a Judá? ¿Tiene asco tu garganta de Sión? ¿Por qué nos has herido sin remedio? Se espera la paz, y no hay bienestar, al tiempo de la cura sucede la turbación. Señor, reconocemos nuestra impiedad, la culpa de nuestros padres, porque pecamos contra ti. No nos rechaces, por tu nombre, no desprestigies tu trono glorioso;
recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.
ANT. Cristo, cargado con nuestros pecados, subió al leño, aleluya.
ANTÍFONA 3 Servid al Señor con alegría, aleluya.
SALMO 99
Alegría de los que entran en el templo
A los redimidos se les manda entonar un himno de victoria (SAN ATANASIO).
Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño.
Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos, dándole gracias y bendiciendo su nombre:
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades».
ANT. Servid al Señor con alegría, aleluya.
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. Ef 4,29-32
Malas palabras no salgan de vuestra boca, vuestro hablar sea bueno, constructivo y oportuno; así haréis bien a los que os oyen. No irritéis al santo Espíritu de Dios que os selló para el día del rescate: nada de rencores, coraje, cólera, voces ni insultos; desterrad eso y toda ojeriza. Unos con otros sed serviciales, compasivos, perdonándoos mutuamente como Dios os perdonó por Cristo.
RESPONSORIO
V. En la mañana hazme escuchar tu gracia.
R. En la mañana hazme escuchar tu gracia.
V. Indícame el camino que he de seguir.
R. Hazme escuchar tu gracia.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En la mañana hazme escuchar tu gracia.

Benedictus

ANT. El Señor ha visitado y redimido a su pueblo.
PRECES O INTERCESIONES
Adoremos a Cristo, que salvó al mundo con su
cruz, y supliquémosle diciendo:
Concédenos, Señor, tu misericordia.
iOh Cristo!, que con tu claridad eres nuestro sol y nuestro día,
— haz que, desde el amanecer, desaparezca de nosotros todo sentimiento malo.
Vela, Señor, sobre nuestros pensamientos, palabras y obras
— a fin de que nuestro día sea agradable ante
tus ojos.
Aparta de nuestros pecados tu vista,
— y borra en nosotros toda culpa.
Por tu cruz y tu resurrección
— llénanos del gozo del Espíritu Santo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
ORACIÓN DOMINICAL
Ya que somos hijos de Dios, oremos a nuestro Padre como Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
CONCLUSIÓN
ORACIÓN
¡Oh Dios!,
que has iluminado las tinieblas de nuestra ignorancia
con la luz de tu Palabra,
acrecienta en nosotros la fe que tú mismo nos has dado:
que ninguna tentación pueda nunca destruir
el ardor de la fe y de la caridad
que tu gracia ha encendido en nuestro espíritu.
Por nuestro Señor.

V. El Señor nos bendiga,
y nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

SÁBADO
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. (Aleluya.)
HIMNO
Alfarero del hombre, mano trabajadora
que de los hondos limos iniciales
convocas a los pájaros a la primera aurora,
al pasto los primeros animales.
De mañana te busco, hecho de luz concreta,
de espacio puro y tierra amanecida.
De mañana te encuentro, Vigor, Origen, Meta
de los sonoros ríos de la vida.
El árbol toma cuerpo y el agua melodía;
tus manos son recientes en la rosa;
se espesa la abundancia del mundo a mediodía y estás de corazón en cada cosa. No hay brisa si no alientas, monte si no estás
dentro ni soledad en que no te hagas fuerte.
Todo es presencia y gracia. Vivir es este encuentro ;
Tú por la luz, el hombre por la muerte.
Que se acabe el pecado! Mira que es desdecirte
dejar tanta hermosura en tanta guerra! Que el hombre no te obligue, Señor, a arrepentirte de haberle dado un día las llaves de la tierra.
SALMODIA
ANTÍFONA 1 Tus palabras, Señor, son espíritu y vida, aleluya.
SALMO 118,145-152 (XIX)
Himno a la revelación de la Ley
El amor de Dios consiste en guardar sus mandamientos (1 Jn 5,3).
Te invoco de todo corazón;
respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes:
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos:
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras. Mis ojos se adelantan a las vigilias
meditando tú promesa:
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad. Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos los fundaste para siempre.

ANT. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida, aleluya.
ANTÍFONA 2
Mándanos tu sabiduría, Señor, para que nos asista en nuestros trabajos.
CÁNTICO. Sb 9,1-6.9-11
Dame, Señor, la sabiduría
Os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente... ningún adversario vuestro (Lc 21,15).
Dios de los padres y Señor de la misericordia, que con tu palabra hiciste todas las cosas, y en tu sabiduría formaste al hombre, para que dominase sobre tus criaturas, y para regir el mundo con su santidad y justicia, y para administrar justicia con rectitud de corazón:
Dame la sabiduría asistente de tu trono
y no me excluyas del número de tus siervos, porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva, hombre débil y de pocos años, demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes.
Pues aunque uno sea perfecto entre los hijos de los hombres, sin la sabiduría, que procede de ti, será estimado en nada.
Contigo está la sabiduría conocedora de tus obras, que te asistió cuando hacías el mundo, y que sabe lo que es grato a tus ojos y lo que es recto según tus preceptos.
Mándala de tus santos cielos, y de tu trono de gloria envíala para que me asista en mis trabajos y venga yo a saber lo que te es grato.
Porque ella conoce y entiende todas las cosas, y me guiará prudentemente en mis obras, y me guardará en su esplendor.
ANT. Mándanos tu sabiduría, Señor, para que nos asista en nuestros trabajos.

ANTÍFONA 3 La fidelidad del Señor dura por siempre.
SALMO 116
Invitación universal a la alabanza divina
Quiero decir... acoge a los gentiles para que alaben a Dios por su misericordia (Rm 15, 8.9).
Alabad al Señor todas las naciones,
aclamadlo todos los pueblos:
Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.
ANT. La fidelidad del Señor dura por siempre.
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. Flp 2,14-15
Hacedlo todo sin murmuraciones ni discusiones, a fin de que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha, en medio de esta generación mala y perversa, entre la cual aparecéis como antorcha en el mundo.
RESPONSORIO
V. A ti. Señor, llamé: tú eres mi refugio.
R. A ti, Señor, llamé: tú eres mi refugio.
V. Y mi lote en el país de la vida.
R. Tú eres mi refugio.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. A ti, Señor, llamé: tú eres mi refugio.
Benedictus

ANT. Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.
PRECES O INTERCESIONES
Invoquemos a Dios, que colocó a María, Madre de Cristo, por encima de todas las criaturas celestiales y terrenas, diciendo con confianza:
Mira a la Madre de tu Hijo y escúchanos.
Padre de misericordia, te damos gracias porque nos has dado a María como madre y ejemplo,
— santifícanos por su intercesión.
Tú que hiciste que María meditara tus palabras,
guardándolas en su corazón, y fuera siempre
fidelísima sierva tuya;
— por su intercesión, haz que también nosotros
seamos, de verdad, siervos y discípulos de tu
Hijo.
Tú que quisiste que María concibiera por obra
del Espíritu Santo;
— por intercesión de María, otórganos los frutos
de este mismo Espíritu.
Tú que diste fuerza a María para permanecer
junto a la cruz, y la llenaste de alegría con la
resurrección de tu Hijo;
— por intercesión de María, confórtanos en la tribulación y reanima nuestra esperanza.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
ORACIÓN DOMINICAL
Concluyamos nuestras súplicas con la oración que el mismo Señor nos enseñó: Padre nuestro.
CONCLUSIÓN
ORACIÓN
¡Oh Dios!, fuente y origen de nuestra salvación, haz que, mientras dura nuestra vida aquí en la tierra, te alabemos incesantemente y podamos así participar un día en la alabanza eterna del cielo. Por nuestro Señor.

V. El Señor nos bendiga,
y nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Benedictus
Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza, y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.
Gloria al Padre.
Separador_1
La Eucaristía
Oraciones para prepararse
INTENCIÓN DE LA MISA
Yo quiero celebrar el Santo Sacrificio de la Misa y hacer el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, según el rito de la Santa Iglesia Romana, para alabanza de Dios omnipotente y de toda la Iglesia triunfante, para mi beneficio y el de toda la Iglesia militante, por todos los que se encomendaron a mis oraciones en general y en particular, y por la feliz situación de la Santa Iglesia Romana. Amén.
El Señor omnipotente y misericordioso nos conceda la alegría con la paz, la enmienda de la vida, tiempo de verdadera penitencia, la gracia y el consuelo del Espíritu Santo, y la perseverancia en las buenas obras. Amén
ORACIÓN DE SAN AMBROSIO
¡Señor Jesús! Yo pecador, sin presumir de mis méritos, sino confiando en tu bondad y misericordia, temo y vacilo al acercarme a la mesa de tu dulcísimo convite, pues tengo el cuerpo y el alma manchados por muchos pecados, y no he guardado con prudencia mis pensamientos y mi lengua. Por eso, oh Dios bueno, yo, que soy un miserable lleno de preocupaciones, acudo a ti, que eres fuente de misericordia. A ti voy para que me sanes, bajo tu protección me pongo, y confío tener como salvador a quien no me atrevería a mirar como juez. A ti. Señor, muestro mis heridas y presento mis flaquezas. Sé que mis pecados son muchos y grandes, y me causan temor, mas espero en tu misericordia porque sé que es infinita. Señor Jesucristo, Rey eterno. Dios y Hombre, clavado en la cruz por los hombres: mírame con tus ojos misericordiosos, oye a quien en ti espera. Tú, que eres fuente inagotable de perdón, ten piedad de mis miserias y pecados. Señor, tú eres víctima de salvación, que te entregaste por mí y por todos los hombres en el patíbulo de la cruz. Señor Jesucristo crucificado, la sangre que sale de tus llagas es preciosa y lava los pecados de todo el mundo. Acuérdate, Señor, de esta criatura tuya redimida por tu Sangre. Me arrepiento de haber pecado y deseo enmendar mis errores. Aleja de mí. Padre todas mis suciedades y pecados, para que, limpio de alma y cuerpo, sea digno de saborear al Santo de los santos. Aunque sé que soy indigno, me atrevo a recibir ahora tu Cuerpo y tu Sangre. Concédeme que esta comunión me traiga el perdón de mis pecados, la perfecta purificación de mis malas obras, aleje mis malos pensamientos y despierte mis buenos afectos; conceda eficacia salvadora a las obras que a ti te agradan. Por último te pido que esta comunión sea como un escudo que defienda mi cuerpo y mi alma de todo mal. Amén
ORACIÓN DE SANTO TOMÁS DE AQUINO
¡Dios todopoderoso y eterno! me acerco al Sacramento de tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor; me acerco como enfermo al médico de la vida, como leproso a la fuente de la misericordia, como ciego a la luz de la claridad eterna, como pobre y necesitado al Señor de cielo y tierra. Acudo, pues, a tu inmensa bondad para que te dignes sanar mi enfermedad, lavar mi inmundicia, iluminar mi ceguera, enriquecer mi pobreza y vestir mi desnudez, para que me acerque a recibir el Pan de los Ángeles, al Rey de Reyes y Señor de Señores, con tanto dolor y piedad, con tanta pureza y fe, con tales intenciones y propósitos, como conviene a la salud de mi alma.
Te pido que me concedas recibir no sólo el sacramento del Cuerpo y de la Sangre del Señor, sino también la gracia y la virtud de ese Dios tan bueno; concédeme recibir el Cuerpo de tu Unigénito Hijo Jesucristo Señor nuestro, nacido de la Virgen María, de tal modo que merezca ser incorporado a su Cuerpo Místico y contado entre sus miembros. Padre amantísimo, concédeme poder contemplar eternamente y cara a cara en el Cielo a tu amado Hijo, al cual me dispongo ahora a recibir bajo el velo de la fe y que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo. Por todos los siglos de los siglos. Amén.
Ordinario de LA Misa
RITOS INICIALES
ANTÍFONA DE ENTRADA
Recibimos al sacerdote de pie, que se acerca al altar y lo besa.
Si no se hubiera entonado canto, se recita la antífona de entrada.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
- Amén.
El Señor esté con vosotros.
O bien:
La gracia de nuestro Señor Jesucristo,
el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.
El pueblo responde:
- Y con tu espíritu.
ACTO PENITENCIAL
El sacerdote invita a los fieles al arrepentimiento:
Hermanos: Para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.
Tras un breve silencio, todos reconocen sus pecados.
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Luego prosigue:
Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos
y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios nuestro Señor.
El sacerdote concluye con la absolución:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
El pueblo responde:
Amén.
Siguen las invocaciones que rezan alternadamente el sacerdote y los fieles:
Señor, ten piedad - Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad - Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad - Señor, ten piedad.
O bien
Tú que has sido enviado a sanar los corazones afligidos:
- Señor, ten piedad.
Tú que has venido a llamar a los pecadores:
- Cristo ten piedad.
Tú que estás sentado a la derecha del Padre para interceder por nosotros.
- Señor, ten piedad.
Dios todopoderoso...

GLORIA
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.

Concluido el himno, el sacerdote, dice:
OREMOS
Al final de la oración, el pueblo aclama:
Amén.
Liturgia de la Palabra
1ª LECTURA SENTADOS
Los domingos se toman del Antiguo Testamento, excepto en el Tiempo Pascual, en que se toma de los Hechos de los Apóstoles. Al acabar:
Palabra de Dios. - Te alabamos, Señor.
SALMO

2ª LECTURA
Los domingos y solemnidades. Al final dice el lector:
Palabra de Dios. - Te alabamos, Señor.
A continuación se canta o recita el <Aleluya>
EVANGELIO DE PIE
El sacerdote, inclinado ante el altar, dice en voz baja:
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que anuncie dignamente tu Evangelio.
El Señor esté con vosotros - Y con tu espíritu.
Lectura del Santo Evangelio según San N.
- Gloria a Ti, Señor.
Leído el Evangelio el sacerdote dice: - Palabra del Señor.
Todos aclaman: - Gloria a Ti, Señor Jesús.
El sacerdote besa el libro, diciendo en voz, baja:
Que las palabras del Evangelio borren nuestros pecados.

HOMILÍA SENTADOS
Debe decirse todos los domingos y fiestas de precepto. Al terminar es oportuno guardar un breve espacio de silencio.

CREDO NICENOCONSTANTINOPOLITANO
Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros, los hombres,
y por nuestra salvación bajó del cielo,
(Todos se inclinan hasta el <se hizo hombre>)
y por obra del Espíritu Santo
se encamó de María, la Virgen, y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue crucificado en tiempos
de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día según las Escrituras,
y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas,
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo
para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro. Amén

CREDO APOSTÓLICO
Creo en Dios Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
(Todos se inclinan hasta el <María Virgen>)
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la Comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

ORACIÓN DE LOS FIELES
Formulario General I
Hermanos: Dirijamos nuestra oración a Dios Padre todopoderoso, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
- Por la santa Iglesia de Dios, para que se digne custodiarla y defenderla, reguemos al Señor.
R. Te lo pedimos, Señor.
- Por los pueblos de toda la tierra, para que vivan en concordia y paz verdadera, roguemos al Señor. R.
- Por los que viven angustiados por distintas necesidades, para que encuentren ayuda en Dios, roguemos al Señor. R.
- Por nosotros mismos y por nuestra comunidad, para que el Señor nos acepte corno ofrenda agradable, roguemos al Señor.
R. Te lo pedimos, Señor.
Oh Dios, refugio y fortaleza nuestra, escucha las oraciones de tu Iglesia y concédenos, por tu bondad, lo pedimos con te. Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.
Liturgia Eucarística
El sacerdote presenta a Dios los dones del pan y del vino que, por la Consagración, se convertirán en el Cuerpo y la Sangre del Señor.
PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS SENTADOS
Al ofrecer el pan, el sacerdote dice:
Bendito seas. Señor, Dios del Universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos: él será para nosotros pan de vida.

Si el sacerdote reza en voz alta, el pueblo aclamará:
Bendito seas, por siempre, Señor.

Al ofrecer el vino, dice el sacerdote:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos:
él será para nosotros bebida de salvación.
Bendito seas por siempre, Señor.

El sacerdote, inclinado, dice en secreto:
Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde: que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.

Mientras el sacerdote se lava las manos, dice en secreto:
Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado.

El celebrante va al centro del altar y, vuelto hacia el pueblo, dice:
Orad, hermanos, para que este sacrificio mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.

El pueblo responde:
El Señor, reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

RITO DE LA COMUNIÓN DE PIE
Una vez que el sacerdote ha dejado el cáliz y la patena, dice:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
O bien:
Llenos de alegría por ser hijos de Dios,
digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:
Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
El sacerdote con las manos extendidas, prosigue él solo:
Líbranos de todos los males. Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
El pueblo concluye la oración aclamando:
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
El sacerdote, con las manos extendidas, dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: “La paz os dejo, mi paz os doy”, no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
El pueblo responde:
Amén.
El sacerdote, extendiendo juntando las manos, añade:
La paz del Señor esté siempre con vosotros.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
Luego, si lo juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote añade:
Daos fraternalmente la paz.
Y todos, según la costumbre del lugar se dan la paz.

El sacerdote deja caer en el cáliz una parte del pan consagrado, diciendo en secreto:

El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna.
Mientras tanto se canta o recita:
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
El sacerdote, reza la oración para la comunión.
Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre no sea para mí un motivo de juicio y conde sino que, por tu piedad, me aproveche para defensa de alma y cuerpo y como remedio saludable.
El sacerdote, hace genuflexión, toma el pan consagrado, lo e muestra al pueblo, diciendo:
Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Y, juntamente con el pueblo, añade:
Señor, no soy digno de que entres en mi casa pero una palabra tuya bastará para sanarme.
El sacerdote, después de comulgar con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, se acerca a los que quieren comulgar y mostrándoles el pan consagrado, dice a cada uno de ellos:
El Cuerpo de Cristo. El que va a comulgar responde:
Amén.
Después de hacer la purificación, el sacerdote puede ir a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza.

De pie en la sede o en el altar, el sacerdote dice:
Oremos.
Todos oran en silencio durante unos momentos. Luego el sacerdote dice la oración después de la comunión. El pueblo aclama:
Amén.

RITO DE CONCLUSIÓN DE PIE
Llegados a este momento, pueden hacerse, si es necesario y con brevedad los anuncios o advertencias al pueblo. Luego tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice:
El Señor esté con vosotros
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:
La bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo + y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.
El pueblo responde:
Amén.
Luego el diácono, o el mismo sacerdote, despide al pueblo, diciendo:
Podéis ir en paz.
El pueblo responde:
Demos gracias a Dios.
El sacerdote besa con veneración el altar, como al comienzo, y hecha h la debida reverencia con los ministros, se retira a la sacristía.

Oraciones de acción de gracias y de adoración
ADORO TE DEVOTE
Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte. Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta Palabra de verdad. En la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí se esconde también la Humanidad; sin embargo, creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido. No veo las llagas como las vio Tomás pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere y que te ame. ¡Memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das vida al hombre: concede a mi alma que de Ti viva y que siempre saboree tu dulzura. Señor Jesús, Pelícano bueno, límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero. Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro cara a cara, sea yo feliz viendo tu gloria. Amén.
ALABANZAS DE DESAGRAVIO
Bendito sea Dios.
Bendito sea su Santo Nombre.
Bendito sea Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.
Bendito sea el Nombre de Jesús.
Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
Bendita sea su Preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.
Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción.
Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre.
Bendito sea San José, su castísimo Esposo.
Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos. Amén.
SUPLICAS A JESÚS SACRAMENTADO A FAVOR DE LOS SACERDOTES
A nuestro Santísimo Padre,
Envuélvelo en tu gracia Señor.
A los Cardenales y Delegados,
Envíales tu luz Señor.
A los Arzobispos y Obispos,
Dales tus dones Señor.
A los sacerdotes Párrocos,
Dales tino, Señor.
A los sacerdotes Vicarios,
Guíalos, Señor,
A los sacerdotes Misioneros,
Protégelos, Señor.
A los sacerdotes predicadores,
Ilumínalos, Señor.
A los sacerdotes directores de almas,
Instrúyelos, Señor.
A los sacerdotes religiosos,
Hazlos perfectos, Señor.
A los sacerdotes de seminarios,
Dales tu ciencia, Señor.
A los sacerdotes en peligro,
Líbralos, Señor.
A los sacerdotes tentados,
Dales el triunfo, Señor.
A los sacerdotes en pecado,
Dales tu gracia, Señor.
A los sacerdotes celosos,
Ayúdalos, Señor.
A los sacerdotes pobres,
Socórrelos, Señor.
A los sacerdotes débiles,
Fortalécelos, Señor.
A los sacerdotes turbados,
Dales la paz, Señor.
A los sacerdotes aislados,
Acompáñalos, Señor.
A los sacerdotes atados a las cosas de la tierra,
Rompe sus cadenas, Señor.
A los sacerdotes enfermos,
Sánalos, Señor.
A los sacerdotes ancianos,
Sostenlos, Señor.
A los sacerdotes difuntos,
Dales la gloria, Señor.
De toda la Iglesia militante y purgante,
Apiádate, Señor.
COMUNIÓN ESPIRITUAL
Yo quisiera. Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los Santos.
HIMNO EUCARÍSTICO
Canta, oh lengua, del glorioso Cuerpo de Cristo el misterio, Y de la Sangre preciosa Que, en precio del mundo Vertió el Rey de las naciones Fruto del más noble seno.
Y el oscuro rito antiguo Ceda a la luz de este nuevo;
Supliendo la fe sencilla Al débil sentido nuestro. Al Padre y al Hijo, Gloria y vítores sin cuento;
Salud, honor y poder, Bendición y gozo eterno;
Y al que procede de ambos Demos igual alabanza. Amén.
V.-Les diste pan del cielo (T.P. Aleluya).
R.-Que contiene en sí todo deleite (T.P. Aleluya).
HIMNO EUCARÍSTICO (LATÍN)
Pange, lingua, gloriosi Córporis mystérium
Sanguinísque pretiósi:
quem in mundi prétium
fructus ventris generósi
Rex effúdit géntiun. Nobis datus, nobis natus
ex intacta Vírgine,
et in mundo conversátus
sparso verbi semine,
sui moras incolatus
miro cláusit órdine. In suprémae nocte coenae
recúmbens cum frátribus,
obsérvala lege plene
cibis in legálibus.
Cibum turbae duodénae
se dat suis mánibus.
Verbum caro, panem verum
Verbo carnero éfficit,
f i t q u e sanguis Christi merum;
et si sensus déficit,
ad firmándum cor sincerum Sola fides súfficit.
Tantum ergo Sacramentum Venerémur cérnui
et antíquum documéntum
novo cedat rítui:
praestet fides suppleméntum Sensuum deféctui.
Genitóri, Genitóque, Laus et jubilátio, Salus, honor, virtus quoque
sit et benedictío:
procedenti ab utróque Compar sit laudátío. Amen.
HORA Intermedia
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre. Como era. (Aleluya.)
HIMNO
Tú poder multiplica la eficacia del hombre y crece cada día entre sus manos
la obra de tus manos.
Nos señalaste un trozo de la viña y nos dijiste: —Venid y trabajad.
Nos mostraste una mesa vacía y nos dijiste: —Llenadla de pan.
Nos presentaste un campo de batalla y nos dijiste: —Construid la paz.
Nos sacaste al desierto con el alba y nos dijiste: —Levantad la ciudad.
Pusiste una herramienta en nuestras manos y nos dijiste: —Es tiempo de crear.
Escucha a mediodía el rumor del trabajo con que el hombre se afana en tu heredad.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Por los siglos. Amén.

SALMODIA
Ant. 1. Mi alma desea continuamente tus mandamientos.
SALMO 118,17-24
Himno a Dios, autor de la ley
Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto (Mt 5,48).
Haz bien a tu siervo: viviré y cumpliré tus palabras; ábreme los ojos y contemplaré las maravillas de tu voluntad; soy un forastero en la tierra: no me ocultes tus promesas. Mi alma se consume, deseando continuamente tus mandamientos; reprendes a los soberbios, malditos los que se apartan de tus mandatos. Aleja de mí las afrentas y el desprecio, porque observo tus preceptos; aunque los nobles se sienten a murmurar de mí, tu siervo medita tus leyes; tus preceptos son mi delicia, tus decretos son mis consejeros.

Ant. Mi alma desea continuamente tus mandamientos.

Ant. 2. Haz, Señor, que camine con lealtad.
Oración por toda clase de necesidades

La esperanza no defrauda (Rm 5,5).

A ti, Señor, levanto mi alma; Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado, que no triunfen de mí mis enemigos; pues los que esperan en ti no quedan defraudados, mientras que el fracaso malogra a los traidores. Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas; haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador, y todo el día te estoy esperando. Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; no te acuerdes de los pecados ni de las maldades de mi juventud; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor. El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. Las sendas del Señor son misericordia y lealtad para los que guardan su alianza y sus mandatos. Por el honor de tu nombre, Señor, perdona mis culpas, que son muchas.

Ant. Haz, Señor, que camine con lealtad.

Ant. 3. Mírame, ¡oh Dios!, y sácame de mis tribulaciones, que estoy solo y afligido.
II
¿Hay alguien que tema al Señor? —El le enseñará el camino escogido: su alma vivirá feliz, su descendencia poseerá la tierra. El Señor se confía con sus fieles y les da a conocer su alianza. Tengo los ojos puestos en el Señor porque él saca mis pies de la red. Mírame, ¡oh Dios!, y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido. Ensancha mi corazón oprimido y sácame de mis tribulaciones. Mira mis trabajos y mis penas y perdona todos mis pecados; mira cuántos son mis enemigos, que me detestan con odio cruel. Guarda mi vida y líbrame, no quede yo defraudado de haber acudido a ti. La inocencia y la rectitud me protegerán, porque espero en ti.
Salva, ¡oh Dios!, a Israel de todos sus peligros.

Ant. Mírame, ¡oh Dios!, y sácame de mis tribulaciones, que estoy solo y afligido.
PALABRA DE DIOS, VERSÍCULO Y ORACIÓN
LECTURA BREVE. St 1,19-20.26
Sed todos prontos para escuchar, lentos para hablar, lentos para la ira. Porque la ira del hombre no produce la justicia de Dios. Hay quien se cree hombre religioso y no frena su lengua; pero se engaña a sí mismo; su religión no es auténtica.
V. Bendigo al Señor en todo momento.
R. Su alabanza está siempre en mi boca.
ORACIÓN
Oremos.
Señor, tú eres el dueño de la viña y de los sembrados, tú el que repartes las tareas y distribuyes el justo salario a los trabajadores: ayúdanos a soportar el peso del día y el calor de la jornada sin quejarnos nunca de tus planes. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

Separador_1
Oraciones de la tarde
Vísperas
DOMINGO
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre. Como era. (Aleluya.)
HIMNO
Coro: ¡Luz que te entregas! ¡Luz que te niegas! A tu busca va el pueblo de noche: alumbra su senda.

1. Dios de la luz, presencia ardiente sin meridiano ni frontera: vuelves la noche mediodía, ciegas al sol con tu derecha.
2. Como columna de la aurora iba en la noche tu grandeza; te vio el desierto y destellaron luz de tu gloria las arenas.
3. Cerró la noche sobre Egipto como cilicio de tinieblas; para tu pueblo amanecías bajo los techos de las tiendas.
4. Eres la Luz, pero en tu rayo lanzas el día o la tiniebla: ciegas los ojos del soberbio, curas al pobre su ceguera.
5. Cristo Jesús, tú que trajiste fuego a la entraña de la tierra, guarda encendida nuestra lámpara hasta la aurora de tu vuelta.
SALMODIA
ANTÍFONA 1
Resucitó el Señor y está sentado a la derecha del Padre, aleluya.
SALMO 109,1-5.7
El mesías, rey y sacerdote
El debe reinar hasta poner todos sus enemigos bajo sus pies (1 Co 15,25).
Oráculo del Señor a mi Señor:
“Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies”.
Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro: somete en la batalla a tus enemigos.
”Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora”. El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
“Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec”.
El Señor a tu derecha, el día de su ira, quebrantará a los reyes. En su camino beberá del torrente, por eso levantará la cabeza.

ANT. Resucitó el Señor y está sentado a la derecha del Padre, aleluya.
ANTÍFONA 2
Nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, aleluya.
SALMO 113A
Israel librado de Egipto: las maravillas del Éxodo

Reconoced que también vosotros, los que renunciasteis al mundo, habéis salido de Egipto (SAN AGUSTÍN).
Cuando Israel salió de Egipto, los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente, Judá fue su santuario, Israel fue su dominio. El mar, al verlos, huyó, el Jordán se echó atrás; los montes saltaron como carneros; las colinas, como corderos.
- ¿Qué te pasa, mar, que huyes, y a ti, Jordán, que te echas atrás? ¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros; colinas, que saltáis como corderos? En presencia del Señor se estremece la tierra, en presencia del Dios de Jacob; que transforma las peñas en estanques, el pedernal en manantiales de agua.

ANT. Nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, aleluya.

ANTÍFONA 3
Dios reina, la tierra goza, aleluya.
Fuera de Cuaresma se dice el cántico del Apocalipsis; en Cuaresma, véase más abajo.
En el cántico siguiente se dicen todos los aleluyas intercalados solamente cuando el Oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto, es suficiente decir el aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa, omitiendo, por tanto, todos los aleluyas que en el texto aparecen entre paréntesis.

CÁNTICO. Cf. Ap 19,1-7
Las bodas del Cordero
Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
(R. Aleluya).
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya (aleluya).
Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
(R. Aleluya).
los que le teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya (aleluya).
Aleluya. Porque reina el Señor, nuestro Dios, Dueño de
todo,
(R. Aleluya).
alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya (aleluya).
Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
(R. Aleluya). su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya (aleluya).

ANT. Dios reina, la tierra goza, aleluya.
En los domingos de Cuaresma, en lugar del cántico del Apocalipsis se dice el de la carta de San Pedro.
ANT. Por tu cruz y tu pasión, líbranos, Señor.
CÁNTICO. Cf. 1 P 2,21b-24
Pasión voluntaria de Cristo, siervo de Dios
Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas.
El no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando le insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente. Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas nos han curado.

ANT. Por tu cruz y tu pasión, líbranos, Señor.
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. 2 Co 1,3-4
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo; él nos consuela en todas nuestras luchas, para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios.
RESPONSORIO
V. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
R. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
V. Digno de gloria y alabanza por los siglos.
R. En la bóveda del cielo.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
CÁNTICO EVANGÉLICO (MAGNÍFICAT)

ANT. A los hambrientos de justicia, el Señor los sacia y colma de bienes.

PRECES O INTERCESIONES
Adoremos a Cristo, Señor nuestro y Cabeza de la Iglesia, y digámosle confiadamente:
Venga a nosotros tu reino, Señor.
Señor, amigo de los hombres, haz de tu Iglesia instrumento de concordia y de unidad entre los hombres,
- y signo de salvación para todos los pueblos.
Protege con tu brazo poderoso al Papa y a todos los obispos,
- y concédeles trabajar en unidad, amor y paz.
A los cristianos concédenos vivir íntimamente unidos a Cristo, nuestro Maestro,
- y a todos tus fieles dales el testimoniar en sus vidas la llegada de tu Reino. Concede, Señor, al mundo el don de la paz,
- y haz que en todos los pueblos reine la justicia y el bienestar.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Otorga a los que han muerto uña resurrección gloriosa
- y haz que los que aún vivimos en este mundo gocemos un día con ellos de la felicidad eterna.
ORACIÓN DOMINICAL
Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor: Padre nuestro.
CONCLUSIÓN
ORACIÓN
Al ofrecerte, Señor, nuestro sacrificio vespertino de alabanza, te pedimos humildemente que, meditando tu ley día y noche, consigamos un día la luz y el premio de la vida eterna. Por nuestro Señor.
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
LUNES
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre. Como era. (Aleluya.)
HIMNO
Coro: Hora de la tarde, fin de las labores. Amo de las viñas, paga los trabajos de tus viñadores.
Al romper el día nos apalabraste. Cuidamos tu viña del alba a la tarde. Ahora que nos pagas, nos lo das de balde, que a jornal de gloria no hay trabajo grande.
Coro; Hora de la tarde, fin de las labores. Amo de las viñas, paga los trabajos de tus viñadores.
Das al vespertino lo que al mañanero. Son tuyas las horas y tuyo el viñedo. A lo que sembramos, dale crecimiento. Tú que eres la viña cuida los sarmientos.
Coro: Hora de la tarde, fin de las labores. Amo de las viñas, paga los trabajos de tus viñadores.
SALMODIA
ANTÍFONA 1
El que está en Cristo es una nueva creación, aleluya.
SALMO 135
Himno pascual
Alabar a Dios es narrar sus maravillas (Casiano)
Dad gracias al Señor porque es bueno:
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Dios de los dioses:
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Señor de los señores:
porque es eterna su misericordia.
Sólo él hizo grandes maravillas:
porque es eterna su misericordia.
El hizo sabiamente los cielos:
porque es eterna su misericordia.
El afianzó sobre las aguas la tierra:
porque es eterna su misericordia.
El hizo lumbreras gigantes:
porque es eterna su misericordia.
El sol que gobierna el día:
porque es eterna su misericordia.
La luna que gobierna la noche:
porque es eterna su misericordia.

ANT. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

SALMO 14
¿Quién es justo ante el Señor?
Os habéis acercado al monte de Sión, ciudad del Dios vivo (Hb 12,22).
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda y habitar en tu monte santo? El que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua, el que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino, el que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor, el que no retracta lo que juró aun en daño propio, el que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. Él que así obra nunca fallará.

ANT. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
ANTÍFONA 3
Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.
CÁNTICO. Ef 1,3-10
El plan divino de la salvación
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales.
El nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor.
El nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
han sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el Misterio de su voluntad.
Este es el plan que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y la tierra.

ANT. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. Col 1,9b-11
Llegad a la plenitud en el conocimiento de su voluntad, con toda sabiduría e inteligencia espiritual. Así caminaréis según el Señor se merece y le agradaréis enteramente, dando fruto en toda clase de obras buenas y creciendo en el conocimiento de Dios. Fortalecidos en toda fortaleza, según el poder de su gloria, podréis resistir y perseverar en todo con alegría.
RESPONSORIO
V. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.
R. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.
V. Yo dije: Señor, ten misericordia.
R. Porque he pecado contra ti.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.
CÁNTICO EVANGÉLICO (MAGNÍFICAT)

ANT. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.
PRECES O INTERCESIONES
Demos gracias a Dios, nuestro Padre, que recordando siempre su santa alianza, no cesa de bendecirnos, y digámosle con ánimo confiado:
Trata con bondad a tu pueblo, Señor.
Salva a tu pueblo, Señor,
- y bendice a tu heredad.
Congrega en la unidad a todos los cristianos
- para que el mundo crea en Cristo, tu enviado. Derrama tu gracia sobre nuestros familiares y amigos:
- que encuentren en ti, Señor, su verdadera felicidad. Muestra tu amor a los agonizantes:
- que puedan contemplar tu salvación.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Ten piedad de los que han muerto
- y acógelos en el descanso de Cristo.

ORACIÓN DOMINICAL

CONCLUSIÓN
Terminemos nuestra oración con las palabras que nos enseñó el Señor: Padre nuestro.

ORACIÓN
Nuestro humilde servicio, Señor, proclame tu grandeza, y ya que por nuestra salvación te dignaste mirar la humillación de la Virgen María, te rogamos nos enaltezcas llevándonos a la plenitud de la salvación. Por nuestro Señor.
V. El Señor nos bendiga,
nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

MARTES
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre. Como era. (Aleluya.)
HIMNO
¿Quién es este que viene,
recién atardecido,
cubierto por su sangre
como varón que pisa los racimos?
Coro; Este es Cristo, el Señor, convocado a la muerte, glorificado en la resurrección.
¿Quién es este que vuelve
glorioso y malherido
y, a precio de su muerte,
compra la paz y libra a los cautivos?
Coro: Este es Cristo, el Señor...
Se durmió con los muertos y reina entre los vivos;
no le venció la fosa porque el Señor sostuvo a su Elegido.
Coro; Este es Cristo, el Señor...
Anunciad a los pueblos qué habéis visto y oído;
aclamad al que viene como la paz, bajo un clamor de olivos.
SALMODIA
ANTÍFONA 1 No podéis servir a Dios y al dinero.
SALMO 48
Vanidad de las riquezas
Es muy difícil que un rico entre en el reino de los cielos (Mt 19,23).
Oíd todas las naciones, escuchadlo, habitantes del orbe: plebeyos y nobles, ricos y pobres; mi boca hablará sabiamente, y serán muy sensatas mis reflexiones; prestaré oído al proverbio y propondré mi problema al son de la cítara. ¿Por qué habré de temer los días aciagos, cuando me cerquen y acechen los malvados, que confían en su opulencia y se jactan de sus inmensas riquezas, si nadie puede salvarse ni dar a Dios un rescate? Es tan caro el rescate de la vida, que nunca les bastará para vivir perfectamente sin bajar a la fosa. Mirad: los sabios mueren, lo mismo que perecen los ignorantes y necios, y legan sus riquezas a extraños. El sepulcro es su morada perpetua y su casa de edad en edad, aunque hayan dado nombre a países, El hombre no perdura en la opulencia, sino que perece como los animales.
Ant. No podéis servir a Dios y al dinero.
ANTÍFONA 2
Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el Reino de los cielos.
SALMO 130
Como un niño, Israel se abandonó en brazos de Dios
Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón (Mt 11,29).
Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad; sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre. Espere Israel en el Señor ahora y por siempre.

Ant. Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el Reino de los cielos.
ANTÍFONA 3
Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.
CÁNTICO (Ap 4,11; 5,9.10.12)
Himno de los redimidos
Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú has creado el universo; porque por tu voluntad lo que no existía fue creado. Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos porque fuiste degollado y con tu sangre compraste para Dios hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un reino de sacerdotes y reinan sobre la tierra. Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.
ANT. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. Rm 12,9-12
Que vuestra caridad no sea una farsa: aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo. En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres: estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración.
RESPONSORIO
V. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
R. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
V. Tu fidelidad de generación en generación.
R. Más estable que el cielo.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
CÁNTICO EVANGÉLICO (MAGNÍFICAT)
ANT. Se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador.
PRECES O INTERCESIONES
Invoquemos a Dios, esperanza de su pueblo, diciendo:
Tú eres la esperanza de tu pueblo. Señor.
Te damos gracias, Señor, porque por Cristo, tu Hijo, hemos sido enriquecidos
- en toda clase de palabra y de conocimiento. En tus manos, Señor, están el corazón y la mente de los que gobiernan:
- dales, pues, acierto en sus decisiones para que
te sean gratos en su pensar y obrar. Tú, que a los artistas concedes inspiración para plasmar la belleza que de ti procede,
- haz que con sus obras aumente el gozo y la
esperanza de los hombres. Tú, que no permites que seamos tentados por
encima de nuestras fuerzas,
- da fortaleza a los débiles, levanta a los caídos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú, que nos has prometido la resurrección en
el último día,
- no te olvides para siempre de los que ya han sido despojados de su cuerpo mortal.
ORACIÓN DOMINICAL
Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común: Padre nuestro.
CONCLUSIÓN
ORACIÓN
Llegue a tus oídos, Señor, la voz suplicante de tu Iglesia a fin de que, conseguido el perdón de nuestros pecados, con tu ayuda podamos dedicamos a tu servicio y con tu protección vivamos confiados. Por nuestro Señor.
V. El Señor nos bendiga,
nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

MIÉRCOLES
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre. Como era. (Aleluya.)
HIMNO
Coro: Este es el día del Señor.
Este es el tiempo de la misericordia.
Delante de tus ojos
ya no enrojeceremos
a causa del antiguo
pecado de tu pueblo.
Arrancarás de cuajo
el corazón soberbio
y harás un pueblo humilde
de corazón sincero.
Coro: Este es el día del Señor.
Este es el tiempo de la misericordia.
En medio de las gentes
Nos guardas como un resto
para cantar tus obras
y adelantar tu Reino.
Seremos raza nueva para los cielos nuevos;
sacerdotal estirpe según tu Primogénito.
Coro: Este es el día del Señor.
Este es el tiempo de la misericordia.
Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos del oprobio
serán tus herederos.
Señalarás entonces
el día del regreso
para los que comían
su pan en el destierro.
Coro: Este es el día del Señor.
Este es el tiempo de la misericordia.
¡Exulten mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el Señor que es justo
revoca sus decretos:
La salvación se anuncia
donde acechó el infierno.
porque el Señor habita
en medio de su pueblo.

SALMODIA
ANTÍFONA 1 Señor, tu saber me sobrepasa.
SALMO 138,1-18.23-24
Dios está en todas partes y lo ve todo
¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero? (Rm 11,34).
Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.
No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco.
¿A dónde iré lejos de tu aliento,
a dónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;
si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.
Si digo: <Que al menos la tiniebla me encubra, que la luz se haga noche en torno a mí>, ni la tiniebla es oscura para ti, la noche es clara como el día.

ANT. Señor, tu saber me sobrepasa.
ANTÍFONA 2
Ya vivamos, ya muramos, del Señor somos, aleluya.
SALMO 126
El esfuerzo humano es inútil sin Dios
Sois edificación de Dios (1 Co 3,9).
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

ANT. Ya vivamos, ya muramos, del Señor somos, aleluya.
ANTÍFONA 3
El es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.
CÁNTICO. Col 1,12-20
Himno a Cristo, primogénito de toda criatura y primer resucitado de entre los muertos
Damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. El nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él. El es anterior a todo, y todo se mantiene en él. El es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. El es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

ANT. El es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. Ef 3,20-21
A aquel que tiene el sumo poder, para hacer muchísimo más de lo que pedimos o pensamos, con la energía que obra en nosotros, a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, en todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén.
RESPONSORIO
V. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
R. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
V. No arrebates mi alma con los pecadores.
R. Ten misericordia de mí.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
CÁNTICO EVANGÉLICO (MAGNÍFICAT)
ANT. Haz, Señor, proezas con tu brazo, dispersa a los soberbios de corazón y enaltece a los humildes.
PRECES O INTERCESIONES
Aclamemos alegres al Padre, cuya bondad para con su pueblo es más grande que los cielos, y digámosle:
Alégrense todos los que esperan en ti. Señor.
Acuérdate, Señor, que enviaste tu Hijo al mundo, no para condenarlo, sino para salvarlo;
- haz que su muerte gloriosa nos traiga la salvación.
Tú, que hiciste a tus sacerdotes ministros de Cristo y dispensadores de tus misterios,
- concédeles un corazón leal, ciencia y caridad.
Haz que los que has llamado a la castidad perfecta por el reino de los cielos
- sigan con fidelidad a tu Hijo.
Tú, que desde el principio creaste hombre y mujer,
- guarda a todas las familias unidas en el verdadero amor.
Tú, que enviaste a Jesucristo al mundo para salvar a los pecadores,
- concede a todos los difuntos el perdón de sus faltas.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
ORACIÓN DOMINICAL
Movidos por el Espíritu Santo, y llenos de su amor, dirijamos al Padre nuestra oración: Padre nuestro.
CONCLUSIÓN
ORACIÓN
Acuérdate, Señor, de tu misericordia, y, ya que a los hambrientos los colmas de bienes, socorre nuestra indigencia con la abundancia de tus riquezas. Por nuestro Señor.
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
JUEVES
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre. Como era. (Aleluya.)
HIMNO
Libra mis ojos de la muerte, dales la luz que es su destino. Yo, como el ciego del camino, pido un milagro para verte.
Haz de esta piedra de mis manos una herramienta constructiva; cura su fiebre posesiva y ábrela al bien de mis hermanos.
Que yo comprenda, Señor mío, al que se queja y retrocede; que el corazón no se me quede desentendidamente frío.
Guarda mi fe del enemigo (¡tantos me dicen que estás muerto!...).
Tú que conoces el desierto dame tu mano y ven conmigo.

SALMODIA
ANT. Señor Dios mío, a ti grité y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.
SALMO 29
Acción de gracias por la curación de un enfermo en peligro de muerte
Cristo, después de su gloriosa resurrección, da gracias al Padre (Casiano).
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste.
Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias a su nombre santo; su cólera dura un instante; su bondad, de por vida; al atardecer nos visita el llanto, por la mañana, el júbilo.
Yo pensaba muy seguro: <No vacilaré jamás>. Tu bondad, Señor, me aseguraba el honor y la fuerza; pero escondiste tu rostro, y quedé desconcertado.
A ti, Señor, llamé, supliqué a mi Dios: <¿Qué ganas con mi muerte, con que yo baje a la fosa?
¿Te va a dar gracias el polvo, o va a proclamar tu lealtad? Escucha, Señor, y ten piedad de mí; Señor, socórreme>.
Cambiaste mi luto en danzas, me desataste el sayal y me has vestido de fiesta; te cantará mi alma sin callarse. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

ANT. Señor Dios mío, a ti grité y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

ANTÍFONA 2 El Señor es mi refugio y mi libertador, aleluya.
SALMO 143
Oración de un rey ante las dificultades de la guerra
Su brazo se adiestró en la pelea, cuando venció al mundo; dijo, en efecto: <Yo he vencido al mundo> (San Hilario).
Bendito el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para el combate, mis dedos para la pelea; mi bienhechor, mi alcázar, baluarte donde me pongo a salvo, mi escudo y mi refugio, que me somete los pueblos.
Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?; ¿qué los hijos de Adán para que pienses en ellos? El hombre es igual que un soplo; sus días, una sombra que pasa.
Señor, inclina tu cielo y desciende, toca los montes, y echarán humo, fulmina el rayo y dispérsalos, dispara tus saetas y desbarátalos.
Extiende la mano desde arriba: defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas, de la mano de los extranjeros, cuya boca dice falsedades, cuya diestra jura en falso.

ANT. El Señor es mi refugio y mi libertador, aleluya.
ANTÍFONA 3
Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo y lo será siempre, aleluya.

CÁNTICO. Ap 11,17-18; 12,100-12a
El juicio de Dios
Gracias te damos. Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y a los santos, y a los que temen tú nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.
Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero,
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

ANT. Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo y lo será siempre, aleluya.
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. Col 1,23
Perseverad firmemente fundados e inconmovibles en la fe y no os apartéis de la esperanza del evangelio que habéis oído, que ha sido predicado a toda criatura bajo los cielos.

RESPONSORIO
V. El Señor es mi pastor, nada me falta.
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.
V. En verdes praderas me hace recostar.
R. Nada me falta.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.
CÁNTICO EVANGÉLICO (MAGNÍFICAT)
ANT. A los hambrientos de justicia el Señor los sacia y colma de bienes.

PRECES O INTERCESIONES
Invoquemos a Cristo, luz del mundo y alegría de todo ser viviente, y digámosle confiadamente:
Concédenos, Señor, la salud y la paz.
Luz indeficiente y Palabra eterna del Padre, que has venido a salvar a todos los hombres,
- ilumina a los catecúmenos de la Iglesia con la luz de tu verdad.
No lleves cuenta de nuestros delitos, Señor,
- pues de ti procede el perdón.
Señor que has querido que la inteligencia del hombre investigara los secretos de la naturaleza,
- haz que la ciencia y las artes contribuyan a tu gloria y al bienestar de todos los hombres.
Protege, Señor, a los que se han consagrado en el mundo al servicio de sus hermanos,
- que con libertad de espíritu y sin desánimos puedan realizar su ideal.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Señor, que abres y nadie puede cerrar, ilumina a nuestros difuntos que yacen en tinieblas y en sombra de muerte, y ábreles las puertas de tu reino.

ORACIÓN DOMINICAL
Porque todos nos sabemos hermanos, hijos de un mismo Dios, confiadamente nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
CONCLUSIÓN
ORACIÓN
Dios todopoderoso, te damos gracias por el día que termina e imploramos tu clemencia para que nos perdones benignamente todas las faltas, que por la fragilidad de la condición humana hemos cometido en este día.
Por nuestro Señor.
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
VIERNES
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre. Como era. (Aleluya.)
HIMNO
Coro: ¿Qué ves en la noche, dinos, centinela?
1. Dios como un almendro con la flor despierta; Dios que nunca
duerme busca quien no duerma y entre las diez vírgenes sólo hay cinco en vela.
Coro
2. Gallos vigilantes que la noche alertan. Quien negó tres veces
otras tres confiesa y pregona el llanto lo que el miedo niega.
Coro
3. Muerto le bajaban a la tumba nueva. Nunca tan adentro tuvo al
sol la tierra. Daba el monte gritos, piedra contra piedra.
Coro
4. Vi los cielos nuevos y la tierra nueva. Cristo entre los vivos y la muerte muerta. Dios en las criaturas ¡y eran todas buenas!
SALMODIA

ANTÍFONA 1 Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo.
Salmo 114
Acción de gracias
Hay que padecer mucho para entrar en el reino de Dios (Hch 14,21).

Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante, porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.
Me envolvían redes de muerte, me alcanzaron los lazos del abismo, caí en tristeza y angustia. Invoqué el nombre del Señor: <Señor salva mi vida>.
El Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo; el Señor guarda a los sencillos: estando yo sin fuerzas me salvó.
Alma mía, recobra tu calma, que el Señor fue bueno contigo: arrancó, mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.

ANT. Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo.
ANTÍFONA 2
El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
El guardián del pueblo

No pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno (Ap 7,16).
Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel. El Señor te guarda a su sombra, está a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche. El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma; el Señor guarda tus entradas y salidas, ahora y por siempre.

ANT. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
ANTÍFONA 3
Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

CÁNTICO. Ap 15,3-4
Canto de los vencedores
Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios omnipotente, justos y verdaderos tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!
¡Quién no temerá, Señor, y glorificará tu nombre? Porque tú sólo eres santo, porque vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, porque tus juicios se hicieron manifiestos.

ANT. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. 1 Co 2,7-10a
Enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria, que no conoció ninguno de los príncipes de este siglo; pues si la hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria. Pero, según está escrito:
<Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman>. Pero a nosotros nos lo ha revelado por su Espíritu.
RESPONSORIO
V. Cristo murió por nuestros pecados, para conducirnos a Dios.
R. Cristo murió por nuestros pecados, para conducirnos a Dios.
V. Muerto en la carne, pero vivificado en el espíritu.
R. Para conducirnos a Dios.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cristo murió por nuestros pecados, para conducirnos a Dios.
CÁNTICO EVANGÉLICO (MAGNÍFICAT)
ANT. Acuérdate de tu misericordia, Señor; de lo que has prometido a nuestros padres.
PRECES O INTERCESIONES
Bendigamos ahora al Señor Jesús, que en su vida mortal escuchó siempre con bondad las súplicas de los que acudían a él y con amor secaba las lágrimas de los que lloraban, y digámosle también nosotros:
Señor, ten piedad de tu pueblo.
Señor Jesucristo, tú que consolaste a los tristes y desconsolados,
- pon ahora tus ojos en las lágrimas de los pobres. Escucha los gemidos de los agonizantes
- y envíales tus ángeles para que los alivien y conforten.
Que los emigrantes sientan tu providencia terrena en el destierro,
- que puedan regresar a su patria y que un día
alcancen también la eterna. Que los pecadores se ablanden a tu amor
- y se reconcilien contigo y con tu Iglesia.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Perdona las faltas de los que han muerto
- y dales la plenitud de tu salvación.


ORACIÓN DOMINICAL
Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza: Padre nuestro.
CONCLUSIÓN
¡Oh Dios!, que de una manera admirable has manifestado tu sabiduría escondida con el escándalo de la cruz; concédenos contemplar, con tal plenitud de fe, la gloria de la pasión de tu Hijo, que siempre encontremos nuestra gloria en la cruz de Jesucristo. Que vive y reina contigo.
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

SÁBADO
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre. Como era. (Aleluya.)
HIMNO
Coro: Acuérdate de Jesucristo
resucitado de entre los muertos. El es nuestra salvación, nuestra gloria para siempre.
1. Si con él morimos, viviremos con él. Si con él sufrimos, reinaremos con él.
2. En él nuestras penas, en él nuestro gozo. En él la esperanza, en él nuestro amor.
3. En él toda gracia, en él nuestra paz. En él nuestra gloria, en él la salvación.

SALMODIA
Antífona 1
Suba nuestra oración, Señor, como incienso en tu presencia.
SALMO 140,1-9
Oración ante el peligro
El humo del incienso subió a la presencia de Dios, de mano del ángel, en representación de las oraciones de los santos (Ap 8,4).
Señor, te estoy llamando, ven de prisa, escucha mi voz cuando te llamo. Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.
Coloca, Señor, una guardia en mi boca, un centinela a la puerta de mis labios; no dejes inclinarse mi corazón a la maldad, a cometer crímenes y delitos; ni que con los hombres malvados participe en banquetes.
Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda, pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza; yo seguiré rezando en sus desgracias. Sus jefes cayeron despeñados, aunque escucharon mis palabras amables; como una piedra de molino, rota por tierra, están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.
Señor, mis ojos están vueltos a ti, en ti me refugio, no me dejes indefenso; guárdame del lazo que me han tendido, de la trampa de los malhechores.

ANT. Suba nuestra oración, Señor, como incienso en tu presencia.
ANTÍFONA 2
Tú eres mi refugio y mi lote, Señor, en el país de la vida.

SALMO 141
Oración del hombre abandonado: Tú eres mi refugio
Todo lo que describe el salmo se realizó en el Señor durante su Pasión (San Hilario).
A voz en grito clamo al Señor, a voz en grito suplico al Señor; desahogo ante él mis afanes, expongo ante él mi angustia, mientras me va faltando el aliento.
Pero tú conoces mis senderos, y que en el camino por donde avanzo
me han escondido una trampa.
Mira a la derecha, fíjate: nadie me hace caso; no tengo a dónde huir, nadie mira por mi vida.
A ti grito, Señor; te digo: <Tú eres mi refugio y mi lote en el país de la vida>.
Atiende a mis clamores, que estoy agotado; líbrame de mis perseguidores, que son más fuertes que yo.
Sácame de la prisión, y daré gracias a tu nombre: me rodearán los justos cuando me devuelvas tu favor.

ANT. Tú eres mi refugio y mi lote, Señor, en el país de la vida.
ANTÍFONA 3
El Señor Jesús se rebajó y por eso Dios lo levantó por los siglos de los siglos.

CÁNTICO. Flp 2,6-11
Cristo, siervo de Dios, en su misterio pascual
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el <Nombre-sobre-todo-nombre>;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

ANT. El Señor Jesús se rebajó y por eso Dios lo levantó por los siglos de los siglos.
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. Rm 11,33-36
¡Qué abismo de riquezas es la sabiduría y ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus juicios y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién ha conocido jamás la mente del Señor.7 ¿Quién ha sido su consejero? ¿Quién le ha dado primero, para que él le devuelva? El es origen, camino y término de todo. A él la gloria por los siglos. Amén.
RESPONSORIO
V. Qué magníficas son tus obras, Señor.
R. Qué magníficas son tus obras, Señor.
V. Qué profundos tus designios.
R. Qué magníficas son tus obras, Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Qué magníficas son tus obras, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO (MAGNÍFICAT)
ANT. Se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador.
PRECES O INTERCESIONES
Glorifiquemos a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y supliquémosle diciendo:
Escucha a tu pueblo. Señor.
Padre todopoderoso, haz que abunde en la tierra la justicia
- y que tu pueblo se alegre en la paz.
Que todos los pueblos entren a formar parte de tu Reino,
- y que Israel sea salvado.
Que los esposos cumplan tu voluntad, vivan en concordia
- y que sean siempre rieles a su mutuo amor.
Recompensa, Señor, a nuestros bienhechores
- y concédeles la vida eterna.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Acoge con amor a los que han muerto, víctimas del odio, de la violencia o de la guerra
- y dales el descanso eterno.
ORACIÓN DOMINICAL
Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que nos enseñó el Señor: Padre nuestro.

CONCLUSIÓN

ORACIÓN
Nuestra oración vespertina suba hasta ti, Padre de clemencia, y descienda sobre nosotros tu bendición; así, con tu ayuda, seremos salvados ahora y por siempre.
Por nuestro Señor.
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

MaGnificat
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mí espíritu en Dios, mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres-en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Separador_1
Completas
INTRODUCCIÓN

INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre. Como era. (Aleluya.)
Es de alabar que, dicha la Invocación inicial, se haga un breve examen de conciencia, que puede concluirse con la siguiente fórmula penitencial:
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión: por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen; a los Ángeles, a los Santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
HIMNO
Gracias, porque al fin del día podemos agradecerte los méritos de tu muerte, y el pan de la eucaristía; la plenitud de alegría de haber vivido tu alianza; la fe, el amor, la esperanza, y esta bondad de tu empeño de convertir nuestro sueño en una humilde alabanza. Gloria al Padre, Gloria al Hijo, Gloria al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
SALMODIA
Ant. Mi carne descansa serena.
SALMO 15
Cristo y sus miembros esperan la resurrección
Dios resucitó a. Jesús rompiendo las ataduras de la muerte (Hch 2,24).
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien».
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen. Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos
ni tomaré sus nombres en mis labios.
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.
Bendeciré al Señor, que me aconseja;
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor;
con él a mi derecha no vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

ANT. Mi carne descansa serena.
PALABRA DE DIOS

LECTURA BREVE. 1 TS 5,23
Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente y que todo vuestro ser, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor Jesucristo.
V. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Encomiendo mi espíritu.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

ANT. Sálvanos, Señor, despiertos; protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz. (T. P. Aleluya;)

CÁNTICO DE SIMEÓN (Lc 2,29-32)

Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

ANT. Sálvanos, Señor, despiertos; protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz. (T. P. Aleluya.)

ORACIÓN
Se recoge una de las siguientes oraciones

1. Oremos.
Señor, Dios nuestro, concédenos un descanso tranquilo que restaure nuestras fuerzas, desgastadas ahora por el trabajo del día; así, Fortalecidos con tu ayuda, te serviremos siempre con todo nuestro cuerpo y nuestro espíritu.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.

2. Oremos.
Concede, Señor, a nuestros cuerpos fatigados el descanso necesario.
y haz que la simiente del Reino, que con nuestro trabajo hemos sembrado hoy, crezca y germine para la cosecha de la vida eterna.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.
3. Oremos.
Ilumina, Señor, nuestra noche y concédenos un descanso tranquilo; que mañana nos levantemos en tu nombre y podamos contemplar, con salud y gozo, el clarear del nuevo día.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.
CONCLUSIÓN
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén.
Se añade el canto final a la Santísima Virgen María.

Bajo tu protección nos acogemos,
Santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades;
antes bien, líbranos siempre de todo peligro,
¡oh Virgen gloriosa y bendita!

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El perdón
Oraciones de petición de perdón
¡Señor mío, Jesucristo! Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón el haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado por vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a santa Maria, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, Nuestro Señor.
Yo pecador me confieso a Dios todopoderoso, a la Bienaventurada siempre Virgen María, al Bienaventurado San Miguel Arcángel, al Bienaventurado San Juan Bautista, a los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, a todos los Santos y a Vos, Padre, que pequé gravemente con el pensamiento, palabra, obra y omisión, por mi culpa, por mi culpa, por mi gravísima culpa; por tanto ruego a la Bienaventurada siempre Virgen María, al Bienaventurado San Miguel Arcángel, al Bienaventurado San Juan Bautista, a los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, a todos los Santos y a Vos, Padre, que roguéis por mí a Dios Nuestro Señor.
Ritual del sacramento del perdón
ACOGIDA DEL PENITENTE
El sacerdote acoge con bondad al penitente y le saluda con palabras de afecto.
Luego, el penitente, y si lo juzga oportuno, también el sacerdote, hace la señal de la cruz, diciendo:

EN EL NOMBRE DEL PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO. AMÉN.

El sacerdote invita al penitente a poner su confianza en Dios, con estas o parecidas palabras:
"Dios, que ha iluminado nuestros corazones, te conceda un verdadero conocimiento de tus pecados y de su misericordia".
El penitente responde:
"Amen"

O bien:
"Acércate confiadamente al Señor, que no se complace en la muerte del pecador, sino en que se convierta y viva" (Ez 33, 11)
"El Señor Jesús, que no ha venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, te acoja con bondad. Confía en él" (Lc 5, 32)
LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

El sacerdote, si lo juzga oportuno, lee o recita de memoria algún texto de la Sagrada Escritura, en el que se proclama la misericordia de Dios y la llamada del hombre a la conversión.

"Pongamos los ojos en el Señor Jesús que fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación".
O bien:

Ez 11, 19-20
Escuchemos al Señor, que nos dice:
Les daré un corazón íntegro e infundiré en ellos un espíritu nuevo: les arrancaré el corazón de piedra y les daré un corazón de carne, para que sigan mis leyes y pongan por obra mis mandatos; serán mi pueblo y yo seré su Dios.

Mt 6, 14-15
Escuchemos al Señor que nos dice:
Si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.

Mc 1, 14-15
Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.
Decía:
- Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed la Buena Noticia.
Rom 5, 8-9
La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvos de la cólera!
Ef 5, l-2
Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo nos amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave olor.

1 Jn 1, 6-7. 9
Si decimos que estamos unidos a él: mientras vivimos en la oscuridad, mentimos con palabras y obras.
Pero si vivimos en la luz, lo mismo que Jesucristo está en la luz, entonces estamos unidos unos con otros y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia los pecados.
Pero si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos lavará los delitos.

CONFESIÓN DE LOS PECADOS Y ACEPTACIÓN DE LA SATISFACCIÓN
Inmediatamente después, donde sea costumbre, el penitente recita una fórmula de confesión general (v. g. “Yo confieso”) y, al terminar ésta, confiesa sus pecados.
Si fuera necesario, el sacerdote ayuda al penitente a hacer una confesión íntegra, le da los consejos oportunos y lo exhorta a la contrición de sus culpas, recordándole que el cristiano por el sacramento de la penitencia, muriendo y resucitando con Cristo, es renovado en el misterio pascual. Luego le propone una obra de penitencia que el fiel acepta para satisfacción por sus pecados y para enmienda de su vida.
ORACIÓN DEL PENITENTE
El sacerdote invita al penitente a que manifieste su contrición. Este lo hará con alguna de las siguientes fórmulas u otra semejante:
"Dios, Padre lleno de clemencia, como el hijo pródigo, que marchó hacia tu encuentro, te digo: “He pecado contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo”.
Cristo Jesús, Salvador del mundo, como el ladrón al que abriste las puertas del paraíso, te ruego: “Acuérdate de mí, Señor, en tu reino”.
Espíritu Santo, fuente de amor, confiadamente te invoco: “Purifícame, y haz que camine como hijo de la luz».
Recuerda Señor que tu ternura y tu misericordia son eternas, no te acuerdes de los pecados ni de las maldades de mi juventud; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor.
(Sal 24. 6-7)
Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado. Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado.
(Sal 50. 4-5)
Padre, he pecado contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo. Ten compasión de este pecador.
(Le 15, 18; 18, 13)
Misericordia, Dios mío, por tu bondad. Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa. Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme.
Jesús, Hijo de Dios, apiádate de mí, que soy un pecador.
Dios mío, con todo mi corazón me arrepiento de todo el mal que he hecho y de todo lo bueno que he dejado de hacer. Al pecar, te he ofendido a ti, que eres el Supremo Bien y digno de ser amado sobre todas las cosas. Propongo firmemente, con la ayuda de tu gracia, hacer penitencia, no volver a pecar y huir de las ocasiones de pecado. Señor: Por los méritos de la pasión de nuestro Salvador Jesucristo, apiádate de mí.
IMPOSICIÓN DE MANOS Y ABSOLUCIÓN
El sacerdote, extendiendo ambas manos o, al menos, la derecha sobre la cabeza del penitente, dice:
Dios, Padre misericordioso,
que reconcilió consigo al mundo
por la muerte y la resurrección de su Hijo
y derramó el Espíritu Santo
para la remisión de los pecados,
te conceda, por el ministerio de la Iglesia,
el perdón y la paz.

Y YO TE ABSUELVO DE TUS PECADOS
EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO,
+ Y DEL ESPÍRITU SANTO.

El penitente responde:
Amén.
ACCIÓN DE GRACIAS Y DESPEDIDA DEL PENITENTE
Después de haberle dado la absolución, el sacerdote prosigue:
Dad gracias al Señor, porque es bueno
El penitente responde:
Porque es eterna su misericordia.
Después, el sacerdote despide al penitente, ya reconciliado, diciéndole:
El Señor ha perdonado tus pecados. Vete en paz.
En lugar de la acción de gracias y de la fórmula de despedida, el sacerdote puede decir:

La pasión de nuestro Señor Jesucristo, la intercesión de la Bienaventurada Virgen María y de todos los santos, el bien que hagas y el mal que puedas sufrir, te sirvan como remedio de tus pecados, aumento de gracia y premio de vida eterna.
Vete en paz.

O bien:

El Señor que te ha liberado del pecado, te admita también en su reino. A él, la gloria por los siglos.
R. Amén.
Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado. Hermano, goza y alégrate en el Señor. Vete en paz.
O bien:

Vete en paz, y anuncia a los hombres las maravillas de Dios que te ha salvado.

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Otras oraciones
Oraciones marianas
A LA SANTÍSIMA VIRGEN
¡Oh, Señora mía! ¡Oh, Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a Vos; y en prueba de mi filial afecto os consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo vuestro. Madre de bondad, guardadme y defendedme como cosa y posesión vuestra. Amén.
ACORDAOS
Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María! que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro haya sido abandonado de Vos. Animado con esta confianza a Vos también acudo, ¡oh Madre, Virgen de las vírgenes! y gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. No desechéis, ¡oh Madre de Dios!, mis humildes súplicas, antes bien escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.
AVE MARÍA
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
AVE MARIS STELLA
Ave, maris stella, Dei mater alma atque semper virgo, felix caeli porta.
Sumens illud Ave, Grabriélis ore, fundanos in pace, mutans Evae nomen.
Solve vincla reis, profer lumen caecis, mala nostra pelle, bona cuncta posce.
Monstra te esse matrem, per te preces qui pro nobis natus tu lit esse tuus.
Virgo singuláris, inter omnes mitis, nos culpis solútos, mites fac et castos.
Vitam praesta puram, iter para tutum, ut vidéntes Iesum, semper collaetémur.
Sit laus Deo Patri, summo Christo decus, Spirítui Sancto, tribus honor unus. Amen.
BENDITA SEA TU PUREZA
Bendita sea tu pureza
y eternamente lo sea,
pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.
A Ti, celestial Princesa,
Virgen Sagrada María,
yo te ofrezco en este día
alma, vida y corazón.
Mírame con compasión,
no me dejes, Madre mía.
DULCE MADRE
Dulce Madre, no te alejes, tu vista de mí no apartes; ven conmigo a todas partes y solo nunca me dejes. Ya que me proteges tanto como verdadera Madre, haz que me bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
EL ÁNGELUS
V. El Ángel del Señor anunció a María,
R. Y concibió del Espíritu Santo.
Ave María.
V. He aquí la esclava del Señor
R. Hágase en mi según tu palabra.
Ave María.
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros.
Ave Maria.
V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
Oración
Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestras almas para que los que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y Cruz seamos llevados a la gloria de su Resurrección. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. R. Amén.
MADRE DEL REDENTOR
Madre del Redentor, Virgen fecunda, puerta del cielo siempre abierta, estrella del mar, ven a librar al pueblo, que tropieza y quiere levantarse. Ante la admiración de cielo y tierra, engendraste a tu santo Creador y permaneces siempre Virgen. Recibe el saludo del ángel Gabriel, y ten piedad de nosotros, pecadores.
OFRECIMIENTO DEL ESTUDIO
Madre mía Inmaculada, que, por haber recibido en tu seno al Verbo de Dios, eres Trono de la Gloria y de la Sabiduría, alcánzame la gracia de estudiar con orden y constancia, con intensidad y presencia de Dios, con pureza de intención y afán de servicio.
Haz que mi trabajo me acerque cada día más a ti y a tu divino Hijo; que nunca me olvide de ofrecértelo, como ahora lo hago, para que mis horas de estudio sean, de verdad, horas de oración.
Ayúdame también. Señora, a lograr el fruto humano y sobrenatural que Dios espera de mi estudio, para que, santificándome en el trabajo, alcance la dicha de amarte para siempre en el Cielo. Amén.
REGINA COELI
V. Alégrate, Reina del cielo;
aleluya,
R. Porque el que mereciste llevar en tu seno; aleluya.
V. Ha resucitado, según predijo;
aleluya,
R. Ruega por nosotros a Dios;
aleluya.
V. Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya,
R. Porque ha resucitado Dios verdaderamente; aleluya.
Oración.
Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, te has dignado dar la alegría al mundo, concédenos que por su Madre, la Virgen María, alcancemos el goce de la vida eterna. Por el mismo Cristo Nuestro Señor.
R. Amén.
SANTO ROSARIO
SEÑAL DE LA CRUZ
+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. +En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
GLORIA
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

(Después del enunciado de cada Misterio se reza un Padrenuestro, diez Avemarías y el Gloria)

MISTERIOS GOZOSOS (lunes y sábado)
1. La Encarnación del Hijo de Dios.
2. La Visitación de Nuestra Señora a Santa Isabel.
3. El Nacimiento del Hijo de Dios.
4. La Purificación de la Virgen Santísima.
5. La Pérdida del Niño Jesús y su hallazgo en el templo.
MISTERIOS LUMINOSOS (jueves)
1. El Bautismo de Jesús en el Jordán.
2. La autorevelación de Jesús en las bodas de Caná.
3. El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión.
4. La Transfiguración.
5. La institución de la Eucaristía.
MISTERIOS DOLOROSOS (martes y viernes)
1. La Oración de Nuestro Señor en el Huerto.
2. La Flagelación del Señor.
3. La Coronación de espinas.
4. El Camino del Monte Calvario.
5. La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor.
MISTERIOS GLORIOSOS (miércoles y domingo)
1. La Resurrección del Señor.
2. La Ascensión del Señor.
3. La Venida del Espíritu Santo.
4. La Asunción de Nuestra Señora a los Cielos.
5. La Coronación de la Santísima Virgen.
LETANÍA
Señor, ten piedad
R. Señor, ten piedad
V. Cristo, ten piedad
R. Cristo, ten piedad
V. Señor, ten piedad
R. Señor, ten piedad
V. Cristo, óyenos
R. Cristo, óyenos
V. Cristo, escúchanos
R. Cristo, escúchanos
V. Dios, Padre celestial
R. Ten misericordia de nosotros
V. Dios Hijo, Redentor del mundo
R. Ten misericordia de nosotros
V. Dios Espíritu Santo
R. Ten misericordia de nosotros
V. Trinidad Santa, un solo Dios
R. Ten misericordia de nosotros
Santa María
..........................................ruega por nosotros
Santa Madre de Dios
Santa Virgen de las vírgenes
Madre de Cristo
Madre de la Iglesia
Madre de la divina gracia
Madre purísima
Madre castísima
Madre virginal
Madre sin mancha
Madre inmaculada
Madre amable
Madre admirable
Madre del Buen Consejo
Madre del Creador
Madre del Salvador
Virgen prudentísima
Virgen digna de veneración
Virgen digna de alabanza
Virgen poderosa
Virgen clemente
Virgen fiel
Espejo de justicia
Trono de sabiduría
Causa de nuestra alegría
Vaso espiritual
Vaso digno de honor
Vaso insigne de devoción
Rosa mística
Torre de David
Torre de marfil
Casa de oro
Arca de la alianza
Puerta del cielo
Estrella de la mañana
Salud de los enfermos
Refugio de los pecadores
Consuelo de los afligidos
Auxilio de los cristianos
Reina de los Ángeles
Reina de los Patriarcas
Reina de los Profetas
Reina de los Apóstoles
Reina de los Mártires
Reina de los Confesores
Reina de las Vírgenes
Reina de todos los Santos
Reina concebida sin pecado original
Reina elevada al cielo
Reina del Santísimo Rosario
Reina de la Familia
Reina de la paz
V. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
R. Perdónanos, Señor
V. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
R. Escúchanos, Señor
V. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
R. Ten misericordia de nosotros
V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

Oremos,
Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestras almas para que los que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y Cruz, seamos llevados a la gloria de su Resurrección. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.

SALVE
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!
V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
R. Amén
Via Crucis
1. Jesús es condenado a muerte
Siendo Dios inmortal. Jesús quiso morir para librarme del pecado.
Adoranoste, Cristo, y te bendecimos; que por tu santa Cruz redimiste al mundo. (Se repite en cada estación).
2. Jesús carga con la Cruz
El Señor lleva a cuestas la Cruz, para enseñarme a llevar yo las mías.
3. Jesús cae bajo el peso de la Cruz
Son mis pecados los que hacen que el Señor caiga por tierra.
4. Jesús se encuentra con su Santísima Madre
Madre mía: no me faltes nunca en mi camino.
5. El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la Cruz
Llevando con ánimo mis cruces, ayudo a Jesús a llevar el peso de la suya.
6. La Verónica limpia el rostro de Jesús
Tengo que consolar a los demás, cuando sufren, viendo en ellos al Señor.
7. Jesús cae por segunda vez
Señor, dame fuerzas y amor para levantarme cada vez que caiga.
8. Jesús consuela a las hijas de Jerusalén
El Señor vuelve sobre nosotros su misericordia, aunque esté sufriendo por nuestra culpa.
9. Jesús cae por tercera vez
Aunque yo caiga muchas veces, el Señor me perdonará por medio de la Confesión.
10. Jesús es despojado de sus vestiduras
La vergüenza que pasó el Señor al quedar desnudo, debe hacerme estimar la virtud de la modestia y el pudor.
11. Jesús es clavado en la Cruz
Los tremendos dolores del Señor me recuerdan que he de ser mortificado.
12. Jesús muere en la Cruz
<Nadie ama más a su amigo, que el que da su vida por ese amigo>.
13. Jesús es bajado de la Cruz y entregado a su Madre
Madre mía, quiero acompañarte en tu dolor con el dolor de mis pecados.
14. Jesús es puesto en el sepulcro
Me dice San Pablo que he sido sepultado con Cristo, para no cometer más pecados.
Oraciones para distintas situaciones
A JESÚS CRUCIFICADO
Mírame ¡oh mi amado y buen Jesús!, postrado en tu presencia: te ruego con el mayor fervor que imprimas en mi corazón vivos sentimientos de fe, esperanza, caridad, dolor de mis pecados y el firmísimo propósito de jamás ofenderte: mientras que yo, con gran amor y compasión, voy considerando tus cinco llagas, comenzando por aquello que dijo de ti, oh Dios mío, el santo profeta David: han taladrado mis manos y mis pies, se pueden contar todos mis huesos.
ACTO DE ENTREGA DE SÍ
Toma, Señor, y recibe mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer. Tú me lo diste, a Ti, Señor, lo torno; todo es tuyo; dispón de ello conforme a tu voluntad. Dame tu amor y gracia, que ésto me basta.
AL ÁNGEL DE LA GUARDA
Ángel de Dios, bajo cuya custodia me puso el Señor con amorosa piedad, a mí que soy vuestro encomendado, alumbradme hoy, guardadme, regidme y gobernadme. Amén.
ALMA DE CRISTO
Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, embriágame. Agua del costado de Cristo, lávame. Pasión de Cristo, confórtame. ¡Oh, buen Jesús!, óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti. Del maligno enemigo, defiéndeme. En la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti. Para que con tus santos te alabe. Por los siglos de los siglos. Amén.
EL PAPA JUAN XXIII
Señor, sólo por hoy aceptaré a las personas como ellas son.
Sólo por hoy haré felices a cuantos me rodean.
Sólo por hoy realizaré mi trabajo con alegría y entusiasmo
Sólo por hoy extenderé mi mano a cuantos a mi lado la necesiten.
Sólo por hoy aceptaré el mundo como es y procuraré mejorarlo
Sólo por hoy no tendré miedo de afrontar mis problemas.
Sólo por hoy buscaré sonreír a cuantos viven a mi lado.
Contigo, Señor, mañana será otro día.
GLORIA
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
LA SEÑAL DE LA CRUZ
Por la señal + de la Santa Cruz de nuestros + enemigos líbranos Señor, + Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.
OFRENDA AL AMOR MISERICORDIOSO
Padre Santo, por el Corazón Inmaculado de María, os ofrezco a Jesús vuestro Hijo muy amado, y me ofrezco a mí mismo, en Él, por El y con El, a todas sus intenciones, y en nombre de todas las criaturas.
ORACIÓN A SAN JOSÉ
Custodio y Padre de vírgenes, San José, a cuya fiel custodia fueron encomendadas la misma inocencia, Cristo Jesús y la Virgen de las Vírgenes, María. Por estas dos queridísimas prendas, Jesús y María, te ruego y te suplico me alcances que, preservado de toda impureza, sirva siempre con alma limpia, corazón puro y cuerpo casto a Jesús y a María. Amén.
ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL
Arcángel San Miguel, defiéndenos en la lucha; sé nuestro amparo contra la adversidad y asechanzas del demonio: Reprímale Dios, pedimos suplicantes. Y tú, Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a satanás y a los otros malos espíritus que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.
ORACIÓN DE LA ENTREGA
Padre mío, me abandono a TÍ.
Haz de mí lo que quieras. Lo que hagas de mí te lo agradezco, estoy dispuesto a todo, lo acepto todo. Con tal que tu voluntad se haga en mí y en todas tus criaturas, no deseo nada más, Dios mío. Pongo mi vida en tus manos. Te la doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón, porque te amo, y porque para mí amarte es darme, entregarme en tus manos sin medida, con infinita confianza, porque Tú eres mi Padre.
ORACIÓN DEL HOMBRE NUEVO
Concédeme, Señor, SERENIDAD para aceptar las cosas que no puedo cambiar; VALOR para cambiar lo que puedo; SABIDURÍA para conocer la diferencia.
ORACIÓN PARA EL APOSTOLADO
Señor, tú sabes el esfuerzo que suponen para mí esas conversaciones en las que trato de acercar a la fe a otras personas. Después siento tu alegría en mí, pero antes la inquietud me invade. Transfórmame, Señor, para que me resulte casi imposible no "gritarte".
ORACIÓN PARA IRRADIAR A CRISTO
Amado Señor,
Ayúdame a esparcir tu fragancia donde quiera que vaya. Inunda mi alma de espíritu y vida. Penetra y posee todo mi ser hasta tal punto que toda mi vida solo sea una emanación de la tuya. Brilla a través de mí, y mora en mí de tal manera que todas las almas que entren en contacto conmigo puedan sentir tu presencia en mi alma. Haz que me miren y ya no me vean a mí sino solamente a ti, oh Señor. Quédate conmigo y entonces comenzaré a brillar como brillas Tú; a brillar para servir de luz a los demás a través de mí. La luz, oh Señor, irradiará toda de Ti; no de mí; serás Tú, quien ilumine a los demás a través de mí. Permíteme pues alabarte de la manera que más te gusta, brillando para quienes me rodean. Haz que predique sin predicar, no con palabras sino con mi ejemplo, por la fuerza contagiosa, por la influencia de lo que hago, por la evidente plenitud del amor que te tiene mi corazón. Amén.
ORACIONES DEL ÁNGEL DE FÁTIMA
<Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman>.

<Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que El mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores>.

ORACIONES PARA BENDECIR LA MESA
- Bendícenos, Padre bueno.
Bendice la comida que vamos a compartir.
Que este signo de comer juntos, nos haga presente el gran Banquete que Tú nos preparas, como una fiesta que no tendrá fin.

- Bendícenos, Señor y bendice los alimentos que vamos a tomar. Da pan a los que tienen hambre y hambre a los que tienen pan.

- Señor Jesús, Tú que un día te invitaste a comer en casa de Zaqueo comparte hoy la mesa con nosotros, bendícenos, y danos la fuerza que necesitamos para convertir a Ti nuestro corazón

SONETO A JESÚS CRUCIFICADO
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muéveme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, de tal manera,
que aunque no hubiera cielo yo te amara,
y aunque no hubiera infierno te temiera.
No me tienes que dar por que te quiera;
porque aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
VEN, ESPÍRITU DIVINO
Ven, Espíritu divino manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre, si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
VEN, ESPÍRITU DIVINO (LATÍN)
Veni, Sancte Spíritus, et emítte coslitus lucís tuae radium.
Veni, Pater páuperum; veni, dator múnerum; veni, lumen córdium.
Consolátor óptime, dulcís hospes ánimse, dulce refrigérium.
In labore réquies, in sestu temperies, in fletu solátium.
O lux beatíssima, reple cordis íntima,
tuórum fidélium.
Sine tuo númine, nihil est in hómine, nihil est innóxium.
Lava quod est sórdidum, riga quod est áridum, sana quod est saúcium.
Flecte quod est rígidum, fove quod est frígidum, rege quod est dévium.
Da tuis fidélibus. in te confidéntibus, sacrum septenárium.
Da virtútis méritum, da salútis éxitum, da perenne gáudium.
Amen. Aleluya.
Oraciones de santos
ORACIÓN DE SAN AGUSTÍN
Señor Jesús, que me conozca a mi y que te conozca a Ti, Que no desee otra cosa sino a Ti. Que me odie a mí y te ame a Ti. Y que todo lo haga siempre por Ti. Que me humille y que te exalte a Ti. Que no piense nada más que en Ti. Que me mortifique, para vivir en Ti. Y que acepte todo como venido de Ti. Que renuncie a lo mío y te siga sólo a Ti. Que siempre escoja seguirte a Ti. Que huya de mí y me refugie en Ti. Y que merezca ser protegido por Ti. Que me tema a mí y tema ofenderte a Ti. Que sea contado entre los elegidos por Ti. Que desconfíe de mí y ponga toda mi confianza en Ti. Y que obedezca a otros por amor a Ti. Que a nada dé importancia sino tan sólo a Ti. Que quiera ser pobre por amor a Ti. Mírame, para que sólo te ame a Ti. Llámame, para que sólo te busque a Ti. Y concédeme la gracia de gozar para siempre de Ti. Amén.
ORACIÓN DE SAN FRANCISCO DE ASÍS
Señor, haced de mí un instrumento de vuestra paz:
que donde hay odio, ponga yo amor; que donde hay ofensa, ponga yo perdón; que donde hay error, ponga yo verdad; que donde hay desesperación, ponga yo esperanza; que donde hay tinieblas, ponga yo luz; que donde hay tristeza, ponga yo alegría.
Haced Señor que no busque tanto ser consolado, como consolar; ser comprendido, como comprender; ser amado, como amar.
Porque es cuando nos damos, que recibimos; cuando nos olvidamos, que nos encontramos; al perdonar, que obtenemos perdón; y es muriendo, que resucitamos a la vida eterna.
ORACIÓN DE SANTA TERESA DE ÁVILA
Nada te turbe: nada te espante. Todo se pasa. Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta.
ORACIÓN DEL PAPA CLEMENTE XI
Creo, Señor, haz que crea con más firmeza; espero, haz que espere con más confianza; me arrepiento, haz que tenga mayor dolor. Te adoro como primer principio; te deseo como último fin; te alabo como bienhechor perpetuo; te invoco como defensor propicio. Dirígeme con tu sabiduría, átame con tu justicia, consuélame con tu clemencia, protégeme con tu poder.
Te ofrezco. Señor, mis pensamientos, para que se dirijan a ti; mis palabras, para que hablen de ti; mis obras, para que sean tuyas; mis contrariedades, para que las lleve por ti. Quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como lo quieres, quiero hasta que quieras. Señor, te pido que ilumines mi entendimiento, inflames mi voluntad, limpies mi corazón, santifiques mi alma. Que me aparte de mis pasadas iniquidades, rechace las tentaciones futuras, corrija las malas inclinaciones, practique las virtudes necesarias.
Concédeme, Dios de bondad, amor a ti, odio a mí, aprecio por el prójimo y desprecio a lo mundano. Que sepa obedecer a los superiores, ayudar a los inferiores, aconsejar a los amigos y perdonar a los enemigos. Que venza la sensualidad con la mortificación, la avaricia con la generosidad, la ira con la bondad, la tibieza con la piedad.
Hazme prudente en los consejos, constante en los peligros, paciente en las contrariedades, humilde en la prosperidad.
Señor, hazme atento en la oración, sobrio en la comida, constante en el trabajo, firme en los propósitos. Que procure tener inocencia interior, modestia exterior, conversación ejemplar y vida ordenada. Haz que esté atento a dominar mi naturaleza, a fomentar la gracia, servir a tu Ley y a obtener la salvación.
Que aprenda de ti qué poco es lo terreno, qué grande lo divino, qué breve el tiempo, qué durable lo eterno. Concédeme preparar la muerte, temer el juicio, evitar el infierno y alcanzar el paraíso. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.
ORACIONES DE LA MADRE TERESA DE CALCUTA
Líbrame, Jesús mío, del deseo de ser amada, del deseo de ser alabada, del deseo de ser honrada, del deseo de ser venerada, del deseo de ser preferida, del deseo de ser consultada, del deseo de ser aprobada, del deseo de ser popular, del temor de ser humillada, del temor de ser despreciada, del temor de sufrir rechazos, del temor de ser calumniada, del temor de ser olvidada, del temor de ser ofendida, del temor de ser ridiculizada, del temor de ser acusada.
Bien amado Señor, Gran Sanador, me arrodillo ante ti, pues todo don de perfección debe proceder de ti. Yo te rezo para que otorgues destreza a mis manos, visión clara a mi mente, generosidad y humildad a mi corazón. Dame unidad de objetivos, fuerza para aliviar una parte de la carga de sufrimiento que soportan mis semejantes, y una realización verdadera del privilegio que me corresponde. Borra de mi corazón el engaño y el espíritu mundano. Haz que con la sencilla fe de un niño pueda confiar en ti.

Guíame de la muerte a la vida, de la falsedad a la verdad. Guíame de la desesperación a la esperanza, del temor a la verdad. Guíame del odio al amor, de la guerra a la paz.
Haz que nuestros corazones se llenen de paz.
Nuestro mundo, nuestro universo.
Paz, paz, paz.

Ayúdame, Señor, a tomarme tiempo para pensar tomarme tiempo para rezar tomarme tiempo para reír tomarme tiempo para jugar tomarme tiempo para amar y ser amado tomarme tiempo para dar tomarme tiempo para leer tomarme tiempo para ser amable tomarme tiempo para trabajar.

¡TARDE TE AMÉ! (SAN AGUSTÍN)
¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva,
tarde te amé!
Tú estabas dentro de mi, yo fuera.
Por fuerza te buscaba y me lanzaba sobre el bien y la belleza creados por TÍ.
Tú estabas conmigo y yo no estaba contigo ni conmigo.
Me retenían lejos las cosas.
No te veía ni te sentía, ni te echaba de menos.
Mostraste tu resplandor y pusiste en fuga mi ceguera.
Exhalaste tu perfume, y respiré, y suspiro por TÍ.
Gusté de TÍ, y siento hambre y sed.
Me tocaste, y me abraso en tu paz.
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APÉNDICES
Símbolo de la fe
CREDO APOSTÓLICO

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la Comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

CREDO DE NICEA - CONSTANTINOPLA
Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de Mana, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén
El año litúrgico
A partir del Triduo Pascual, el tiempo nuevo de la resurrección de Jesús llena todo el año con su resplandor. Con esta luz el año entero queda transfigurado por la Liturgia y se convierte en Año de gracia del Señor.
El año litúrgico es el ciclo del tiempo que desarrolla los diversos aspectos del único Misterio Pascual. En etapas diferentes la Iglesia celebra el Nacimiento de Jesús, su Muerte y Resurrección, su Ascensión a los cielos, la fiesta de Pentecostés (venida del Espíritu Santo, sobre la Virgen y los Apóstoles), entre otras solemnidades
Año tras año, en sus celebraciones litúrgicas, la Iglesia trae a consideración diversos textos de la Palabra, oraciones apropiadas, invitaciones particulares, exhortaciones vitales. Todo esto forma parte del Año litúrgico. Es el año, medido con el tiempo y el ritmo de Jesucristo, constituido por Dios, como Señor del tiempo y de la historia

Examen de conciencia para el sacramento del perdón

EXAMEN DE CONCIENCIA

Se recuerdan los pecados preguntándose sin prisa lo que se ha hecho en contra de los mandamientos de la Ley de Dios y de la Iglesia, con plena advertencia y pleno consentimiento.

Primer Mandamiento

• ¿He admitido en serio alguna duda contra las verdades de la fe? ¿He llegado a negar la fe o algunas de sus verdades, en mi pensamiento o delante de los demás? ¿He desesperado de mi salvación o he abusado de la confianza en Dios, presumiendo que no me abandonaría, para pecar con mayor tranquilidad? ¿He murmurado interna o externamente contra el Señor cuando me ha acaecido alguna desgracia? ¿He abandonado los medios que son por sí mismos absolutamente necesarios para la salvación? ¿He procurado alcanzar la debida formación religiosa? ¿He hablado sin reverencia de las cosas santas, de los sacramentos, de la Iglesia, de sus ministros? ¿He abandonado el trato con Dios en la oración o en los sacramentos? ¿He practicado la superstición o el espiritismo? ¿Pertenezco a alguna sociedad o movimiento ideológico contrario a la religión? ¿Me he acercado indignamente a recibir algún sacramento? ¿He leído o retenido libros, revistas o periódicos que van contra la fe o la moral? ¿Los di a leer a otros? ¿Trato de aumentar mi fe y amor a Dios?
¿Pongo los medios para adquirir una cultura religiosa que me capacite para ser testimonio de Cristo con el ejemplo y la palabra? ¿He hecho con desgana las cosas que se refieren a Dios?

Segundo Mandamiento

• ¿He blasfemado? ¿Lo he hecho delante de otros? ¿He hecho algún voto, juramento o promesa y he dejado de cumplirlo por mi culpa?
¿He honrado el santo nombre de Dios? ¿He pronunciado el nombre de Dios sin respeto, con enojo, burla o de alguna manera poco reverente? ¿He hecho un acto de desagravio, al menos interno, al oír alguna blasfemia o al ver que se ofende a Dios? ¿He jurado sin verdad? ¿Lo he hecho sin necesidad, sin prudencia o por cosa de poca importancia? ¿He jurado hacer algún mal? ¿He reparado el daño que haya podido seguirse de mi acción?

Tercer Mandamiento

• ¿Creo todo lo que enseña la Iglesia Católica? ¿Discuto sus mandatos olvidando que son mandatos de Cristo? ¿He faltado a Misa los domingos o fiestas de guardar? ¿Ha sido culpa mía? ¿Me he distraído voluntariamente o he llegado tan tarde que no he cumplido con el precepto? ¿He impedido que oigan la Santa Misa los que dependen de mí? ¿He guardado el ayuno una hora antes del momento de comulgar? ¿He trabajado corporalmente o he hecho trabajar sin necesidad urgente un día de precepto, por un tiempo considerable, por ejemplo, más de dos horas? ¿He observado la abstinencia durante los viernes de Cuaresma? ¿He rezado alguna oración o realizado algún acto de penitencia los demás viernes del año en los que no he guardado la abstinencia? ¿He ayunado y guardado abstinencia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo? ¿Cumplí la penitencia que me impuso el sacerdote en la última confesión? ¿He hecho penitencia por mis pecados? ¿Me he confesado al menos una vez al año? ¿Me he acercado a recibir la Comunión en el tiempo establecido para cumplir con el precepto pascual? ¿Me he confesado para hacerlo en estado de gracia? ¿Excuso o justifico mis pecados? ¿He callado en la confesión, por vergüenza, algún pecado grave? ¿He comulgado después alguna vez?

Cuarto Mandamiento

• ¿He desobedecido a mis padres o superiores en cosas importantes? ¿Tengo un desordenado afán de independencia que me lleva a recibir mal las indicaciones de mis padres simplemente porque me lo mandan? ¿Me doy cuenta de que esta reacción está ocasionada por la soberbia? ¿Les he entristecido con mi conducta? ¿Les he amenazado o maltratado de palabra o de obra, o les he deseado algún mal grave o leve? ¿Me he sentido responsable ante mis padres por el esfuerzo que hacen para que yo me forme, estudiando con intensidad? ¿He dejado de ayudarles en sus necesidades espirituales o materiales? ¿Me dejo llevar del mal genio y me enfado con frecuencia y sin motivo justificado? ¿Soy egoísta con las cosas que tengo, y me duele dejarlas a los demás hermanos? ¿He reñido con mis hermanos? ¿He dejado de hablarme con ellos y no he puesto los medios necesarios para la reconciliación? ¿Soy envidioso y me duele que otros destaquen más que yo en algún aspecto? ¿He dado mal ejemplo a mis hermanos? ¿Desobedezco a mis superiores en cosas importantes? ¿Permanezco indiferente ante las necesidades, problemas y sufrimientos de la gente que me rodea, singularmente de los que están cerca de mí por razones de convivencia o trabajo? ¿Soy causa de tristeza para mis compañeros de trabajo por negligencia, descortesía o mal carácter? ¿He dado mal ejemplo a mis hijos no cumpliendo con mis deberes religiosos, familiares o profesionales? ¿Les he entristecido con mi conducta? ¿Les he corregido con firmeza en sus defectos o se los he dejado pasar por comodidad? ¿Corrijo siempre a mis hijos con justicia y por amor a ellos, o me dejo llevar por motivos egoístas o de vanidad personal, porque me molestan, porque me dejan mal ante los demás o porque me interrumpen? ¿Les he amenazado o maltratado de palabra o de obra, o les he deseado algún mal grave o leve? ¿He descuidado mi obligación de ayudarles a cumplir sus deberes religiosos y de evitar las malas compañías?
¿He abusado de mi autoridad y ascendiente forzándoles a recibir los sacramentos, sin pensar que por vergüenza o excusa humana, podrían hacerlo sin las debidas disposiciones? ¿He impedido que mis hijos sigan la vocación con que Dios les llama a su servicio? ¿Les he puesto obstáculos o les he aconsejado mal? Al orientarles en su formación profesional, ¿me he guiado por razones objetivas de capacidad y medios, o he seguido más bien los dictados de mi vanidad o egoísmo? ¿Me preocupo de modo constante por su formación en el aspecto religioso? ¿Me he preocupado también de la formación religiosa y moral de las otras personas que viven en mi casa o que dependen de mí? ¿Me he opuesto a su matrimonio sin causa razonable? ¿Permito que trabajen o estudien en lugares donde corre peligro su alma o su cuerpo? ¿He descuidado la natural vigilancia en las reuniones de chicos y chicas que se tengan en casa evitando dejarles solos? ¿Soy prudente a la hora de orientar sus diversiones?
¿He tolerado escándalos o peligros morales o físicos entre las personas que viven en mi casa? ¿Sacrifico mis gustos, caprichos y diversiones para cumplir con mi deber de dedicación a la familia? ¿Procuro hacerme amigo de mis hijos? ¿He sabido crear un clima de familiaridad evitando la desconfianza y los modos que impiden la legítima libertad de los hijos? ¿Doy a conocer a mis hijos el origen de la vida, de un modo gradual, acomodándome a su mentalidad y capacidad de comprender, anticipándome ligeramente a su natural curiosidad? ¿Evito los conflictos con los hijos quitando importancia a pequeñeces que se superan con un poco de perspectiva y sentido del humor?
¿Hago lo posible por vencer la rutina en el cariño a mi esposo(a)?
¿Soy amable con los extraños y me falta esa amabilidad en la vida familiar?
¿He reñido con mi consorte? ¿Ha habido malos tratos de palabra o de obra? ¿He fortalecido la autoridad de mi cónyuge, evitando reprenderle, contradecirle o discutirle delante de los hijos? ¿Le he desobedecido o injuriado? ¿He dado con ello mal ejemplo? ¿Me quejo delante de la familia de la carga que suponen las obligaciones domésticas? ¿He dejado demasiado tiempo solo a mi consorte? ¿He procurado avivar la fe en la Providencia y ganar lo suficiente para poder tener o educar a más hijos? ¿Pudiendo hacerlo he dejado de ayudar a mis parientes en sus necesidades espirituales o materiales?

Quinto Mandamiento

¿Tengo enemistad, odio o rencor hacia alguien? ¿He dejado de hablarme con alguien y me niego a la reconciliación o no hago lo posible por conseguirla?
¿Evito que las diferencias políticas o profesionales degeneren en indisposición, malquerencia u odio hacia las personas? ¿He deseado un mal grave al prójimo? ¿Me he alegrado de los males que le han ocurrido? ¿Me he dejado dominar por la envidia? ¿Me he dejado llevar por la ira? ¿He causado con ello disgusto a otras personas? ¿He despreciado a mi prójimo? ¿Me he burlado de otros o les he criticado, molestado o ridiculizado? ¿He maltratado de palabra o de obra a los demás? ¿Pido las cosas con malos modales, faltando a la caridad? ¿He llegado a herir o quitar la vida al prójimo? ¿He sido imprudente en la conducción de vehículos? ¿He practicado o colaborado en la realización de algún aborto? ¿He abortado o inducido a alguien a abortar, sabiendo que constituye un pecado gravísimo que lleva consigo la excomunión?
¿He contribuido a adelantar la muerte a algún enfermo con pretextos de evitar sufrimientos o sacrificios, sabiendo que la eutanasia es un homicidio? Con mi conversación, mi modo de vestir, mi invitación a presenciar algún espectáculo o con el préstamo de algún libro o revista, ¿he sido la causa de que otros pecasen? ¿He tratado de reparar el escándalo? ¿He descuidado mi salud? ¿He atentado contra mi vida? ¿Me he embriagado, bebido con exceso o tomado drogas? ¿Me he dejado dominar por la gula, es decir, por el placer de comer y beber más allá de lo razonable? ¿Me he deseado la muerte sin someterme a la Providencia de Dios? ¿Me he preocupado del bien del prójimo, avisándole del peligro material o espiritual en que se encuentra o corrigiéndole como pide la caridad cristiana? ¿He descuidado mi trabajo, faltando a la justicia en cosas importantes? ¿Estoy dispuesto a reparar el daño que se haya seguido de mi negligencia? ¿Procuro acabar bien el trabajo pensando que a Dios no se le deben ofrecer cosas mal hechas? ¿Realizo el trabajo con la debida pericia y preparación? ¿He abusado de la confianza de mis superiores? ¿He perjudicado a mis superiores o subordinados o a otras personas haciéndoles un daño grave? ¿Facilito el trabajo o estudio de los demás, o lo entorpezco de algún modo, por ejemplo, con rencillas, derrotismos e interrupciones? ¿He sido perezoso en el cumplimiento de mis deberes? ¿Retraso con frecuencia el momento de ponerme a trabajar o estudiar? ¿Tolero abusos o injusticias que tengo obligación de impedir? ¿He dejado, por pereza, que se produzcan graves daños en mi trabajo? ¿He descuidado mi rendimiento en cosas importantes con perjuicio de aquellos para quienes trabajo?

Sexto y noveno Mandamiento

¿Me he entretenido con pensamientos o recuerdos deshonestos? ¿He traído a mi memoria recuerdos o pensamientos impuros? ¿Me he dejado llevar de malos deseos contra la virtud de la pureza, aunque no los haya puesto por obra? ¿Había alguna circunstancia que los agravase: parentesco, matrimonio o consagración a Dios en las personas a quienes se dirigían? ¿He tenido conversaciones impuras? ¿Las he comenzado yo? ¿He asistido a diversiones que me ponían en ocasión próxima de pecar? (ciertos bailes, cines o espectáculos inmorales, malas lecturas o compañías). ¿Me doy cuenta de que ponerme en esas ocasiones es ya un pecado? ¿Guardo los detalles de modestia que son la salvaguardia de la pureza? ¿Considero esos detalles ñoñería? Antes de asistir a un espectáculo, o leer un libro, ¿me entero de su calificación moral para no ponerme en ocasión próxima de pecado evitando así las deformaciones de conciencia que pueda producirme? ¿Me he entretenido con miradas impuras? ¿He rechazado las sensaciones impuras? ¿He hecho acciones impuras? ¿Solo o con otras personas? ¿Cuántas veces? ¿Del mismo o distinto sexo? ¿Había alguna circunstancia de parentesco o afinidad que le diera especial gravedad? ¿Tuvieron consecuencias esas relaciones? ¿Hice algo para impedirlas? ¿Después de haberse formado la nueva vida? ¿He cometido algún otro pecado contra la pureza? ¿Tengo amistades que son ocasión habitual de pecado? ¿Estoy dispuesto a dejarlas? En el noviazgo, ¿es el amor verdadero la razón fundamental de esas relaciones? ¿Vivo el constante y alegre sacrificio de no convertir el cariño en ocasión de pecado? ¿Degrado el amor humano confundiéndolo con el egoísmo y con el placer? El noviazgo debe ser una ocasión de ahondar en el afecto y en el conocimiento mutuo; ¿mis relaciones están inspiradas no por afán de posesión, sino por el espíritu de entrega, de comprensión, de respeto, de delicadeza? ¿Me acerco con más frecuencia al sacramento de la Penitencia durante el noviazgo para tener más gracia de Dios? ¿Me han alejado de Dios esas relaciones? ¿He usado indebidamente el matrimonio? ¿He negado su derecho al otro cónyuge? ¿He faltado a la fidelidad conyugal con deseos o de obra? ¿Hago uso del matrimonio solamente en aquellos días en que no puede haber descendencia? ¿Sigo este modo de control de la natalidad sin razones graves? ¿He usado preservativos o tomado fármacos para evitar los hijos? ¿He inducido a otras personas a que los tomen? ¿He influido de alguna manera —consejos, bromas o actitudes— en crear un ambiente antinatalista?

Séptimo y Décimo Mandamientos

¿He robado algún objeto o alguna cantidad de dinero? ¿He reparado o restituido pudiendo hacerlo? ¿Estoy dispuesto a realizarlo? ¿He cooperado con otros en algún robo o hurto? ¿Había alguna circunstancia que lo agravase, por ejemplo, que se tratase de un objeto sagrado? ¿La cantidad o el valor de los apropiado era de importancia? ¿Retengo lo ajeno contra la voluntad de su dueño? ¿He perjudicado a los demás con engaños, trampas o coacciones en los contratos o relaciones comerciales? ¿He hecho daño de otro modo a sus bienes? ¿He engañado cobrando más de lo debido? ¿He reparado el daño causado o tengo la intención de hacerlo? ¿He gastado más de lo que me permite mi posición? ¿He cumplido debidamente con mi trabajo, ganándome el sueldo que me corresponde? ¿He dejado de dar lo conveniente para ayudar a la Iglesia? ¿Hago limosna según mi posición económica? ¿He llevado con sentido cristiano la carencia de cosas superfluas, o incluso necesarias? ¿He defraudado a mi consorte en los bienes? ¿Retengo o retraso indebidamente el pago de jornales o sueldos? ¿Retribuyo con justicia el trabajo de los demás? En el desempeño de cargos o funciones públicas, ¿me he dejado llevar del favoritismo, acepción de personas, faltando a la justicia?
¿Cumplo con exactitud los deberes sociales, pago de seguros sociales, con mis empleados? ¿He abusado de la ley, con perjuicio de tercero, para evitar el pago de los seguros sociales? ¿He pagado los impuestos que son de justicia?
¿He evitado o procurado evitar, pudiendo hacerlo desde el cargo que ocupo, las injusticias, los escándalos, hurtos, venganzas, fraudes y demás abusos que dañan la convivencia social? ¿He prestado mi apoyo a programas inmorales y anticristianos de acción social y política?

Octavo Mandamiento

¿He dicho mentiras? ¿He reparado el daño que haya podido seguirse? ¿Miento habitualmente porque es en cosas de poca importancia? ¿He descubierto, sin justa causa, defectos graves de otra persona, aunque sean ciertos, pero no conocidos? ¿He reparado de alguna manera, hablando de modo positivo de esa persona? ¿He calumniado atribuyendo a los demás lo que no era verdadero? ¿He reparado el daño o estoy dispuesto a hacerlo?
¿He dejado de defender al prójimo difamado o calumniado?
¿He hecho juicios temerarios contra el prójimo? ¿Los he comunicado a otras personas? ¿He rectificado ese juicio inexacto? ¿He revelado secretos importantes de otros, descubriéndolos sin justa causa? ¿He reparado el daño seguido? ¿He hablado mal de otros por frivolidad, envidia, o por dejarme llevar del mal genio? ¿He hablado mal de los demás —personas o instituciones— con el único fundamento de que “me contaron” o de que “se dice por ahí”? Es decir, ¿he cooperado de esta manera a la calumnia y a la murmuración? ¿Tengo en cuenta que las discrepancias políticas, profesionales o ideológicas no deben ofuscarme hasta el extremo de juzgar o hablar mal del prójimo, y que esas diferencias no me autorizan a descubrir sus defectos morales a menos que lo exija el bien común? ¿He revelado secretos sin justa causa? ¿He hecho uso en provecho personal de lo que sabía por silencio de oficio? ¿He reparado el daño que causé con mi actuación? ¿He abierto o leído correspondencia u otros escritos que por su modo de estar conservados, se desprende que sus dueños no quieren darlos a conocer? ¿He escuchado conversaciones contra la voluntad de los que las mantenían?

BREVE EXAMEN DE CONCIENCIA

¿Cuando fue mi última Confesión? ¿Me he acercado indignamente a recibir algún sacramento? ¿He callado por vergüenza algún pecado mortal en mis confesiones anteriores? ¿He dudado o negado las verdades de la fe católica? ¿He puesto en peligro mi fe leyendo libros o revistas contrarias a la fe católica o he asistido a reuniones de sectas que no son católicas? ¿He sido supersticioso o practicado el espiritismo? ¿He tomado el nombre de Dios en vano? ¿He blasfemado? ¿He jurado sin necesidad o sin verdad?
¿He faltado a Misa los domingos o días festivos por mi culpa y sin una razón grave? ¿He cumplido los días de ayuno y abstinencia? ¿He desobecido a mis padres o superiores en materias de importancia? ¿Tengo enemistad, odio o rencor contra alguien? ¿Rehúso perdonarle? ¿He causado la muerte a alguien? ¿Me he embriagado, bebido con exceso o tomado drogas? ¿He practicado, aconsejado o facilitado el grave crimen del aborto? ¿He aceptado pensamientos o miradas impuras? ¿He visto películas inmorales? ¿He tenido conversaciones vulgares o impuras? ¿He realizado actos impuros? ¿Solo o con otras personas? ¿Del mismo o distinto sexo? ¿He usado indebidamente el matrimonio? ¿He tomado píldoras anticonceptivas o usado algún otro método artificial para evitar tener hijos? ¿He tomado dinero o cosas que no son mías? ¿Cuánto? ¿He restituido o reparado por el daño causado? ¿He sido honrado en mis negocios? ¿He dicho mentiras? ¿He calumniado o descubierto, sin causa justa, defectos graves de otra persona, aunque sean ciertos, pero no conocidos? ¿He hecho juicios temerarios contra el prójimo? ¿He reparado el daño que haya podido seguirse?
Si se recuerdan otros pecados, deben mencionarse en la confesión.

Visita a Jesús sacramentado
QUINCE MINUTOS EN COMPAÑÍA DE JESÚS SACRAMENTADO

No es preciso, hijo mío, saber mucho para agradarme mucho; basta que me ames mucho. Háblame, pues, aquí sencillamente, como hablarías al más íntimo de tus amigos, como hablarías a tu madre, o a tu hermano.
¿Necesitas hacerme en favor de alguien alguna súplica cualquiera? Dime su nombre, bien sea el de tus padres, bien el de tus hermanos y amigos; dime en seguida qué quisieras hiciese yo actualmente por ellos. Pide mucho, mucho; no vaciles en pedir; me gustan los corazones generosos, que llegan a olvidarse en cierto modo de sí mismos para atender a las necesidades ajenas. Háblame, así, con sencillez, con llaneza, de los pobres a quienes quisieras consolar; de los enfermos a quienes ves padecer; de los extraviados que anhelas volver al buen camino; de los amigos ausentes que quisieras ver otra vez a tu lado. Dime por todos una palabra siquiera; pero palabra de amigo, palabra entrañable y fervorosa. Recuérdame que he prometido escuchar toda súplica que salga del corazón, y ¿no ha de salir del corazón el ruego que me dirijas por aquéllos que tu corazón más especialmente ama?
¿Y para ti no necesitas alguna gracia? Hazme, si quieres, como una lista de tus necesidades, y ven, léela en mi presencia. Dime francamente que sientes orgullo, amor a la sensualidad y al regalo, que eres tal vez egoísta, inconstante, negligente y pídeme luego que venga en ayuda de los esfuerzos, pocos o muchos, que haces para sacudir de encima de ti tales miserias.
No te avergüences, ¡pobre alma! ¡Hay en el cielo tantos y tantos justos, tantos santos de primer orden que tuvieron esos mismos defectos! Pero rogaron con humildad... y poco a poco se vieron libres de ellos.
Ni menos vaciles en pedirme bienes del cuerpo y del entendimiento: salud, memoria, éxito feliz en tus trabajos, negocios o estudios. Todo eso puedo darte, y lo doy y deseo me lo pidas en cuanto no se oponga, antes favorezca y ayude, a tu santificación. Hoy por hoy, ¿qué necesitas? ¿Qué puedo hacer por tu bien? ¡Si conocieses los deseos que tengo de favorecerte!
¿Traes ahora mismo entre manos algún proyecto? Cuéntamelo todo minuciosamente. ¿Qué te preocupa?, ¿qué piensas?, ¿qué deseas?, ¿qué puedo hacer por tu hermano, por tu hermana, por tu amigo, por tu superior?, ¿qué desearías por ellos?
Y por mí, ¿no te sientes con deseos de mi gloria? ¿No quisieras poder hacer algún bien a tus prójimos, a tus amigos a quienes amas tal vez mucho y que viven quizá olvidados de mí?
Dime: ¿qué cosa llama hoy particularmente tu atención?, ¿qué anhelas más vivamente y con qué medios cuentas para conseguirlo? Dime si te sale mal tu empresa, y yo te diré las causas del mal éxito. ¿No quisieras interesarme algo en tu favor?
Soy, hijo mío, dueño de los corazones, y dulcemente los llevo, sin perjuicio de su libertad, donde me place.
¿Sientes acaso tristeza o mal humor? Cuéntame, cuéntame, alma desconsolada, tus tristezas con todos sus pormenores. ¿Quién te hirió?, ¿quién lastimó tu amor propio?, ¿quién te ha menospreciado? Acércate a mi Corazón, que tiene bálsamo eficaz para todas estas heridas del tuyo. Dame cuenta de todo, y acabarás en breve por decirme que, a semejanza de mí, todo lo perdonas, todo lo olvidas, y en pago... recibirás mi consoladora bendición.
¿Temes por ventura? ¿Sientes en tu alma aquellas vagas melancolías, que no por ser injustificadas dejan de ser desgarradoras? Échate en brazos de mi providencia. Contigo estoy, aquí, a tu lado me tienes; todo lo oigo; ni un momento te desamparo.
¿Sientes desvío de parte de personas que antes te quisieron bien, y ahora, olvidadas, se alejan de ti, sin que les hayas dado el menor motivo? Ruega por ellas, y yo las volveré a tu lado si no han de ser obstáculo a tu santificación.
¿Y no tienes tal vez alegría alguna que comunicarme? ¿Por qué no me haces partícipe de ella a fuerza de buen amigo tuyo que soy? Cuéntame lo que desde ayer, desde la última visita que me hiciste, ha consolado y hecho como sonreír tu corazón. Quizá has tenido agradables sorpresas; quizá has visto disipados negros recelos, has recibido faustas noticias, una carta, una muestra de cariño; has vencido una dificultad, salido de un lance apurado... Obra mía es todo esto, y yo te lo he proporcionado; ¿por qué no has de manifestarme por ello tu gratitud, y decirme sencillamente como un hijo a su padre: gracias: Padre mío, gracias? El agradecimiento trae consigo nuevos beneficios, porque al bienhechor le agrada verse correspondido.
¿Tampoco tienes promesa alguna que hacerme? Leo, ya lo sabes, el fondo de tu corazón: a los hombres se engaña fácilmente; a Dios, no; háblame, pues, con toda sinceridad. ¿Tienes firme resolución de no exponerte ya más a aquella ocasión de pecado?, ¿de privarte de aquel objeto que te dañó?,
¿de no leer más aquel libro que exaltó tu imaginación?, ¿de no tratar más a aquella persona que turbó la paz de tu alma?
¿Volverás a ser dulce, amable y condescendiente con aquella otra a quien, por haberte faltado, miraste hasta hoy como enemiga?
Ahora bien, hijo mío, vuelve a tus ocupaciones habituales, a tu taller, a tu familia, a tu estudio..., pero no olvides la grata conversación que hemos tenido aquí los dos, en la soledad del santuario. Guarda en lo que puedas silencio, modestia, recogimiento, resignación, caridad con el prójimo. Ama a mi Madre, que lo es tuya también, la Virgen Santísima... y vuelve otra vez a Mí con el corazón más amoroso todavía, más entregado a mi servicio: en el mío encontrarás cada día nuevo amor, nuevos beneficios, nuevos consuelos.

Ofrecimiento del Mundo a la Virgen de Fátima
CONSAGRACIÓN DEL MUNDO A LA VIRGEN Juan Pablo II, Fátima, 13 - 5 - 1982
Recogemos algunos párrafos del texto que leyó el Santo Padre.

Bajo tu protección nos acogemos. Santa Madre de Dios.
Oh Madre de los hombres y de los pueblos. Tú que, conoces todos sus sufrimientos y esperanzas, Tú que sientes maternalmente todas las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas que invaden el mundo contemporáneo, acoge nuestro grito que, como movidos por el Espíritu Santo, elevamos directamente a tu Corazón y abraza, con el amor de la Madre y de la Sierva, este nuestro mundo humano, que ponemos bajo tu confianza y te consagramos, llenos de inquietud por la suerte terrena y eterna de los hombres y de los pueblos.
¡Bajo tu protección nos acogemos, Santa Madre de Dios! -¡No deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades!
Ante Ti, Madre de Cristo, delante de tu Corazón Inmaculado, yo deseo en este día, juntamente con toda la Iglesia, unirme con nuestro Redentor en esta su consagración por el mundo y por los hombres, la única que en su Corazón divino tiene el poder de conseguir el perdón y procurar la reparación.
La fuerza de esta consagración dura para siempre y abarca a todos los hombres, pueblos y naciones, y supera todo el mal, que el espíritu de las tinieblas es capaz de despertar en el corazón del hombre y en su historia y que, de hecho, ha despertado en nuestros tiempos.
¡Oh, cuánto nos duele, por tanto, todo lo que en la Iglesia y en cada uno de nosotros se opone a la santidad y a la consagración! ¡Cuánto nos duele que la invitación a la penitencia, a la conversión y a la oración no haya encontrado aquella acogida que debía!
¡Cuánto nos duele que muchos participen tan fríamente en la obra de la redención de Cristo! ¡Que se complete tan insuficientemente en nuestra carne «lo que falta a las tribulaciones de Cristo»! (Col. 7,24).
¡Corazón Inmaculado, ayúdanos a vencer la amenaza del mal, que tan fácilmente se arraiga en los corazones de los hombres de hoy y que con sus efectos inconmensurables pesa ya sobre nuestra época y da la impresión de cerrar el camino hacia el futuro!
¡Del hambre y de la guerra, líbranos!
¡De la guerra nuclear, de una autodestrucción incalculable y de todo tipo de guerra, líbranos!
¡De los pecados contra la vida del hombre desde sus primeros instantes, líbranos!
¡Del odio y del envilecimiento de la dignidad de los hijos de Dios, líbranos!
¡De toda clase de injusticias en la vida social, nacional e internacional, líbranos!
¡De la facilidad de pisotear los mandamientos de Dios, líbranos!
¡De los pecados contra el Espíritu Santo, líbranos!, ¡líbranos!
¡Acoge, Madre de Cristo, este grito cargado del sufrimiento de todos los hombres, cargado del dolor de la sociedad entera!
¡Se manifieste, una vez más, en la historia del mundo el infinito poder del Amor misericordioso! ¡Que este amor detenga el mal! ¡Que transforme las conciencias! ¡En tu Corazón Inmaculado se revele a todos la luz de la Esperanza! Amén.

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