| PADRE NUESTRO |
| Padre nuestro, que estás en el
cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase
tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada
día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos
del mal. Amén. |
|
| Oraciones
de la mañana |
El
Ángelus
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V. El Ángel del Señor anunció a María,
R. Y concibió del Espíritu Santo.
Ave María.
V. He aquí la esclava del Señor
R. Hágase en mi según tu palabra.
Ave María.
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros.
Ave Maria.
V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor
Jesucristo.
Oración
Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestras almas
para que los que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la Encarnación
de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y Cruz seamos llevados a la
gloria de su Resurrección. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor.
R. Amén.
|
|
| Laudes |
DOMINGO
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en
el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
(Aleluya.)
HIMNO
Cristo, alegría del mundo, resplandor de la gloria del Padre.
¡Bendita la mañana que anuncia tu esplendor al universo!
En el Día Primero tu Resurrección alegraba el Corazón
del Padre. En el Día Primero, vio que todas las cosas eran buenas
porque participaban de tu Gloria.
Cristo, alegría del mundo, resplandor de la gloria del Padre.
¡Bendita la mañana que anuncia tu esplendor al universo!
La mañana celebra tu Resurrección y se alegra con claridad
de Pascua.
Se levanta la tierra como un joven discípulo en tu busca sabiendo
que el sepulcro está vacío.
SALMODIA
ANTÍFONA 1
Por ti madrugo, Dios mío, para contemplar tu fuerza y tu gloria,
aleluya.
SALMO 62,2-9
El alma sedienta de Dios
Madruga por Dios todo el que rechaza las obras de las tinieblas (ORÍGENES).
¡Oh Dios!, tú eres mi .Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.
En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.
Gloria al Padre.
ANT. Por ti madrugo, Dios mío, para contemplar tu fuerza y tu
gloria, aleluya.
ANTÍFONA 2
Adoremos al Señor, que creó el cielo y la tierra.
CÁNTICO. Dn 3,57-88.56
Toda la creación alabe al Señor
Alabad al Señor sus siervos todos (Ap 19,5).
Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.
Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.
Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.
Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.
Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.
Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.
Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.
Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.
Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.
Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.
Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.
Fieras y ganados, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.
Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.
Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al
Señor.
Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.
Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.
(No se dice Gloria al Padre.)
ANT. Adoremos al Señor, que creó el cielo y la tierra.
ANTÍFONA 3
Que el pueblo de Dios se alegre por su Rey,
aleluya.
SALMO 149
Alegría de los santos
Los hijos de la Iglesia, nuevo pueblo de Dios, se alegran en su Rey,
Cristo, el Señor (HESIQUIO)
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.
Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.
Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:
para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.
Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.
Gloria al Padre.
ANT. Que el pueblo de Dios se alegre por su Rey, aleluya.
PALABRA DE DIOS
En los domingos de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua la lectura breve,
el responsorio y las preces se toman del respectivo tiempo.
LECTURA BREVE. Ap 7,10.12
¡La salvación es de nuestro Dios, que está sentado
en el trono, y del Cordero! La bendición, y la gloria, y la sabiduría,
y la acción de gracias, y el honor, y el poder, y la fuerza son
de nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.
RESPONSORIO
V- Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.
R- Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.
V- Tú que estás sentado a la derecha del Padre.
R- Ten piedad de nosotros.
V- Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R-. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.
Benedictus
ANT. Bendito sea el Señor, Dios nuestro.
PRECES O INTERCESIONES
Glorifiquemos al Señor Jesús, luz que alumbra a todo hombre
y Sol de justicia que no conoce el ocaso, y digámosle:
¡Oh Señor, vida y salvación nuestra!
Creador del universo, al darte gracias por el nuevo día que
ahora empieza,
- te pedimos que el recuerdo de tu santa resurrección sea nuestro
gozo durante este domingo.
Que tu Espíritu Santo nos enseñe a cumplir tu voluntad,
- y que tu sabiduría dirija hoy nuestras acciones.
Que al celebrar la Eucaristía de este domingo, tu Palabra nos
llene de gozo,
- y la participación del banquete de tu Hijo haga crecer nuestra
esperanza.
Que sepamos contemplar las maravillas que tu generosidad nos concede,
- y vivamos durante todo el día en acción de gracias.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Digamos ahora todos juntos la oración que nos enseñó
el mismo Señor: Padre nuestro.
CONCLUSIÓN
ORACIÓN
Señor, Dios todopoderoso,
que nos has hecho llegar al comienzo de este día:
sálvanos hoy con tu poder,
para que no caigamos en ningún pecado;
sino que nuestras palabras, pensamientos y acciones
sigan el camino de tus mandatos.
Por nuestro Señor.
V. El Señor nos bendiga,
y nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
LUNES
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén. (Aleluya.)
HIMNO
Autor del cielo y el suelo, que por dejarlas más claras las grandes
aguas separas, pones un límite al cielo. Tú que das cauce
al riachuelo y alzas la nube a la altura;
tú que en cristal de frescura sueltas las aguas del río
sobre las tierras de estío sanando su quemadura;
danos tu gracia, piadoso, para que el viejo pecado no lleve al hombre
engañado a sucumbir a su acoso.
Hazle en la fe luminoso, alegre en la austeridad y hágale tu
claridad salir de sus vanidades;
dale, Verdad de verdades, el amor a tu Verdad.
SALMODIA
ANTÍFONA 1 ¿Cuándo entraré a ver el rostro
de Dios?
SALMO 41
Deseo del Señor y ansias de contemplar el templo
El que tenga sed, y quiera, que venga a beber el agua de la vida (Ap
22,17).
Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te busca
a ti, Dios mío, tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de Dios? Las lágrimas son mi pan
noche y día,
mientras todo el día me repiten:
¿Dónde está tu Dios?» Recuerdo otros tiempos,
y desahogo mi alma conmigo:
cómo marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanzas,
en el bullicio de la fiesta. ¿Por qué te acongojas, alma
mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
Salud de mi rostro, Dios mío». Cuando mi alma se acongoja,
te recuerdo
desde el Jordán y el Hermón
y el Monte Menor. Una sima grita a otra sima
con voz de cascadas:
tus torrentes y tus olas
me han arrollado. De día el Señor
me hará misericordia,
de noche cantaré la alabanza
del Dios de mi vida. Diré a Dios: Roca mía,
¿por qué me olvidas?
¿Por qué voy andando, sombrío,
hostigado por mi enemigo? Se me rompen los huesos
por las burlas del adversario;
todo el día me preguntan:
¿'Dónde está tu Dios? ¿Por qué te
acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
Salud de mi rostro, Dios mío.
ANT. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?
ANTÍFONA 2
Cantad al Señor un cántico nuevo; llegue su alabanza hasta
el confín de la tierra.
CÁNTICO. Is 2,2-5
El monte de la casa del Señor en la cima de los montes. Todas
las naciones vendrán y se postrarán ante ti (Ap 15,4).
Al final de los días estará firme
el monte de la casa del Señor,
en la cima de los montes,
encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán
los gentiles,
caminarán pueblos numerosos.
Dirán: Venid, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios de Jacob:
El nos instruirá en sus caminos
y marcharemos por sus sendas;
porque de Sión saldrá la ley,
de Jerusalén la palabra del Señor. Será el arbitro
de las naciones,
el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados,
de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo contra pueblo,
no se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, ven,
caminemos a la luz del Señor.
ANT. Cantad al Señor un cántico nuevo; llegue su alabanza
hasta el confín de la tierra.
ANTÍFONA 3 Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
SALMO 28
Manifestación de Dios en la tempestad
Vino una voz del cielo que decía: Este es mi Hijo, el amado,
mi predilecto (Mt 3,17).
Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor, aclamad la gloria del
nombre del Señor, postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
La voz del Señor sobre las aguas, el Dios de la gloria ha tronado,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica,
la voz del Señor descuaja los cedros, el Señor descuaja
los cedros del Líbano.
Hace brincar al Líbano como a un novillo, al Sarión como
a una cría de búfalo.
La voz del Señor lanza llamas de fuego, la voz del Señor
sacude el desierto, el Señor sacude el desierto de Cades.
La voz del Señor retuerce los robles, el Señor descorteza
las selvas. En su templo un grito unánime: [Gloria!
El Señor se sienta por encima del aguacero, el Señor se
sienta como rey eterno. El Señor da fuerza a su pueblo, el Señor
bendice a su pueblo con la paz.
ANT. Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. 2 Ts 3,10b-13
Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma. Porque nos hemos enterado
que hay entre vosotros algunos que viven desconcertados, sin trabajar
nada, pero metiéndose en todo. A éstos les mandamos y
les exhortamos en el Señor Jesucristo a que trabajen con sosiego
para comer su propio pan. Vosotros, hermanos, no os canséis de
hacer el bien.
RESPONSORIO
V.- Bendito el Señor por siempre.
R. Bendito el Señor por siempre.
V. El único que hace maravillas.
R. Por siempre.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Bendito el Señor por siempre.
Benedictus
ANT. Bendito sea el Señor, Dios nuestro.
PRECES O INTERCESIONES
Proclamemos la grandeza de Cristo, lleno de gracia y del Espíritu
Santo, y acudamos a él diciendo :
Concédenos, Señor, tu Espíritu.
Concédenos, Señor, un día lleno de paz, de alegría
y de inocencia
— para que, llegados a la noche, con gozo y limpios de pecado, podamos
alabarte nuevamente. Que baje hoy a nosotros tu bondad
— y haga prósperas las obras de nuestras manos. Muéstranos
tu rostro propicio y danos tu paz
— para que durante todo el día sintamos cómo tu mano nos
protege.
Mira con bondad a cuantos se han encomendado a nuestras oraciones
— y enriquécelos con toda clase de bienes del cuerpo y del alma.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
ORACIÓN DOMINICAL
Terminemos nuestra oración con la plegaria que nos enseñó
el Señor: Padre nuestro.
CONCLUSIÓN
ORACIÓN
Tu gracia, Señor, inspire nuestras obras,
las sostenga y acompañe;
para que todo nuestro trabajo brote de ti, como de su fuente, y a ti
tienda, como a su fin.
Por nuestro Señor.
V. El Señor nos bendiga,
y nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
MARTES
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén. (Aleluya.)
HIMNO
La noche, el caos, el terror, cuanto a las sombras pertenece siente
que el alba de oro crece y anda ya próximo el Señor.
El sol, con lanza luminosa, rompe la noche y abre el día;
bajo su alegre travesía vuelve el color a cada cosa.
El hombre estrena claridad
de corazón, cada mañana;
se hace la Gracia más cercana y es más sencilla la verdad.
¡Puro milagro de la aurora!
Tiempo de gozo y eficacia:
Dios con el hombre, todo gracia bajo la luz madrugadora.
¡Oh la conciencia sin malicia! ¡La carne, al fin, gloriosa
y fuerte! Cristo de pie sobre la muerte y el sol gritando la noticia,
Guárdanos tú, Señor del alba, puros, austeros,
entregados;
hijos de luz resucitados en la Palabra que nos salva.
Nuestros sentidos, nuestra vida, cuanto oscurece la conciencia, vuelva
a ser pura transparencia bajo la luz recién nacida.
SALMODIA
ANTÍFONA 1
Señor, has sido bueno con tu tierra, has perdonado la culpa de
tu pueblo.
SALMO 84
Nuestra salvación está cerca
Dios bendijo a nuestra tierra cuando le envió el Salvador (ORÍGENES).
Señor, has sido bueno con tu tierra,
has restaurado la suerte de Jacob, has perdonado la culpa de tu pueblo,
has sepultado todos sus pecados,
has reprimido tu cólera,
has frenado el incendio de tu ira. Restáuranos, Dios salvador
nuestro;
cesa en tu rencor contra nosotros.
¿Vas a estar siempre enojado,
o a prolongar tu ira de edad en edad? ¿No vas a devolvernos la
vida,
para que tu pueblo se alegre contigo?
Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación. Voy a escuchar lo que dice el Señor:
Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos
y a los que se convierten de corazón». La salvación
está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra;
la misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo;
el Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante
él,
la salvación seguirá sus pasos.
ANT. Señor, has sido bueno con tu tierra, has perdonado la culpa
de tu pueblo.
ANTÍFONA 2 Ensalzad con vuestras obras al Rey de los siglos.
CÁNTICO. Tb 13,1-10
Esperanza de Israel en Babilonia
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su
gran misericordia nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva
(1 P 1,3).
Bendito sea Dios que vive eternamente,
y cuyo reino dura por los siglos:
él azota y se compadece,
hunde hasta el abismo y saca de él,
y no hay quien escape de su mano. Dadle gracias, israelitas, ante los
gentiles,
porque él nos dispersó entre ellos.
Proclamad allí su grandeza,
ensalzadlo ante todos los vivientes:
que él es nuestro Dios y Señor,
nuestro padre por todos los siglos. El nos azota por nuestros delitos,
pero se compadecerá de nuevo,
y os congregará de entre las naciones
por donde estáis dispersados. Si volvéis a él de
todo corazón
y con toda el alma,
siendo sinceros con él,
él volverá a vosotros
y no os ocultará su rostro. Veréis lo que hará
con vosotros,
le daréis gracias a boca llena,
bendeciréis al Señor de la justicia
y ensalzaréis al Rey de los siglos. Yo le doy gracias en mi cautiverio,
anuncio su grandeza y su poder
a un pueblo pecador. Convertíos, pecadores,
obrad rectamente en su presencia:
quizá os mostrará benevolencia
y tendrá compasión. Ensalzaré a mi Dios, al rey
del cielo,
y me alegraré de su grandeza. Anuncien todos los pueblos sus
maravillas y
confiésenle en Jerusalén sus elegidos.
ANT. Ensalzad con vuestras obras al Rey de los siglos.
ANTÍFONA 3
La tierra está llena de la bondad del Señor, aleluya.
SALMO 32
Himno al poder y a la providencia de Dios
Por medio de la Palabra se hizo todo (Jn 1,3).
Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos. Dad gracias al Señor con
la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo,
acompañando los vítores con bordones:
que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. La palabra del Señor hizo
el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el océano. Tema al Señor la
tierra entera,
tiemblen ante él los habitantes del orbe:
porque él lo dijo, y existió;
él lo mandó, y surgió. El Señor deshace
los planes de las naciones,
frustra los proyectos de los pueblos;
pero el plan del Señor subsiste por siempre;
los proyectos de su corazón, de edad en edad. Dichosa la nación
cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad. El Señor
mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres;
desde su morada observa
a todos los habitantes de la tierra:
él modeló cada corazón,
y comprende todas sus acciones. No vence el rey por su gran ejército,
no escapa el soldado por su mucha fuerza,
nada valen sus caballos para la victoria,
ni por su gran ejército se salva. Los ojos del Señor están
puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo,
con él se alegra nuestro corazón, en su santo nombre confiamos.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos
de ti.
ANT. La tierra está llena de la bondad del Señor, aleluya.
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. Rm 13,llb-13a
Ya es hora que despertéis del sueño, porque ahora nuestra
salvación está más cerca que cuando vinimos a la
fe. La noche va pasando, el día está encima; desnudémonos,
pues, de las obras de las tinieblas y vistámonos la armadura
de la fe. Andemos como en pleno día, con dignidad.
RESPONSORIO
V. Refugio mío, alcázar mío.
R. Refugio mío, alcázar mío.
V. Dios mío, confío en ti.
R. Alcázar mío.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Refugio mío, alcázar mío.
Benedictus
ANT. El Señor nos suscitó una fuerza de salvación,
según lo había predicho por boca de sus profetas.
PRECES O INTERCESIONES
Ya que hemos sido llamados a participar de una vocación celestial,
bendigamos por ello a Jesús, el Pontífice de nuestra fe,
y supliquémosle diciendo:
Señor, nuestro Dios y nuestro Salvador.
¡Oh Dios todopoderoso!, que por el bautismo has hecho de nosotros
un sacerdocio real,
—haz que nuestra vida sea un continuo sacrificio
de alabanza. Ayúdanos, Señor, a guardar tus mandatos
—para que por la fuerza del Espíritu Santo nosotros permanezcamos
en ti y tú en nosotros. Danos tu sabiduría eterna
—para que permanezca con nosotros y con nosotros trabaje. Concédenos
ser la alegría de cuantos nos rodean
—y fuente de esperanza para los decaídos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
ORACIÓN DOMINICAL
Como hijos que somos de Dios, dirijámonos a nuestro Padre con
la oración que Cristo nos enseñó:
Padre nuestro.
CONCLUSIÓN
ORACIÓN
Escucha, Señor, nuestras súplicas matinales y
con la luz de tu misericordia
alumbra la oscuridad de nuestro corazón:
que los que hemos sido iluminados por tu claridad
no andemos nunca tras las obras de las tinieblas.
Por nuestro Señor.
V. El Señor nos bendiga,
y nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
MIÉRCOLES
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén. (Aleluya.)
HIMNO
Al filo de los gallos viene la aurora;
los temores se alejan como las sombras.
¡Dios, Padre nuestro, en tu nombre dormimos y amanecemos!
Como luz nos visitas, Rey de los hombres, como amor que vigila siempre
de noche;
cuando el que duerme, bajo el signo del sueño prueba la muerte.
Del sueño del pecado nos resucitas
y es señal de tu Gracia la luz amiga.
¡Dios que nos velas! Tú nos sacas por gracia de las tinieblas.
Gloria al Padre y al Hijo, gloria al Espíritu, al que es Paz,
Luz y Vida, al Uno y Trino;
gloria a su nombre y al misterio divino que nos lo esconde,
SALMODIA
ANTÍFONA 1
Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor.
SALMO 85
Oración de un pobre ante las dificultades
Bendito sea Dios que nos consuela en todas nuestras luchas (2 Co 1,3.4).
Inclina tu oído, Señor; escúchame, que soy un pobre
desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que confía en ti.
Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti;
porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica. En el día del peligro
te llamo,
y tú me escuchas.
No tienes igual entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las tuyas. Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre ;
«Grande eres tú, y haces maravillas,
tú eres el único Dios». Enséñame,
Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén mi corazón entero
en el temor de tu nombre. Te alabaré de todo corazón,
Dios mío;
daré gloria a tu nombre por siempre,
por tu gran piedad para conmigo,
porque me salvaste del Abismo profundo. Dios mío, unos soberbios
se levantan contra mí,
una banda de insolentes atenta contra mi vida,
sin tenerte en cuenta a ti. Pero tú, Señor, Dios clemente
y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí. Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una señal propicia,
que la vean mis adversarios y se avergüencen,
porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.
ANT. Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor.
ANTÍFONA 2 El Señor me ha revestido de justicia y santidad.
CÁNTICO. Is 61,10-62,5
Alegría del profeta ante la nueva Jerusalén
Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, arreglada como una novia
que se adorna para su esposo (Ap 21,2).
Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios:
porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de
triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con
sus joyas.
Como el suelo echa sus brotes,
como un jardín hace brotar sus semillas,
así el Señor hará brotar la justicia
y los himnos, ante todos los pueblos.
Por amor de Sión no callaré,
por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que rompa la
aurora de su justicia y su salvación llamee como antorcha.
Los pueblos verán tu justicia, y los reyes, tu gloria;
te pondrán un nombre nuevo
pronunciado por la boca del Señor. Serás corona fúlgida
en la mano del Señor
y diadema real en la palma de tu Dios. Ya no te llamarán «Abandonada»;
ni a tu tierra, «Devastada»;
a ti te llamarán «Mi favorita»,
y a tu tierra, «Desposada»,
porque el Señor te prefiere a ti,
y tu tierra tendrá marido. Como un joven se casa con su novia,
así te desposa el que te construyó;
la alegría que encuentra el marido con su esposa
la encontrará tu Dios contigo.
ANT. El Señor me ha revestido de justicia y santidad.
ANTÍFONA 3 Aclamad al Rey y Señor.
SALMO 97
El Señor, juez vencedor
Este salmo canta la primera venida del Señor y la conversión
de los paganos (SAN ATANASIO).
Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.
El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad:
tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas
aclamad al Rey y Señor. Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la habitan;
aplaudan los ríos, aclamen los montes
al Señor, que llega para regir la tierra. Regirá el orbe
con justicia
y los pueblos con rectitud.
ANT. Aclamad al Rey y Señor.
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. Jb 1,21; 2,10b
Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré
a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó,
bendito sea el nombre del Señor. Si aceptamos los bienes, ¿no
vamos a aceptar
los males?
V. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.
R. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.
V. Dame vida con tu palabra.
R. Con tus preceptos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos
Benedictus
ANT. Ten misericordia de nosotros, Señor, y acuérdate
de tu santa alianza.
PRECES O INTERCESIONES
Invoquemos a Cristo, que se entregó a sí mismo por la
Iglesia, y le da alimento y calor, diciendo:
Mira, Señor, a tu Iglesia.
Bendito seas, Señor, Pastor de la Iglesia, que nos vuelves a
dar hoy la luz y la vida;
—haz que sepamos agradecerte este magnífico
don. Mira con amor a tu grey, que has congregado en
tu nombre;
—haz que no se pierda ni uno solo de los que el Padre te ha dado.
Guía a tu Iglesia por el camino de tus mandamientos,
—y haz que el Espíritu Santo la conserve en la fidelidad.
Que tus fieles, Señor, cobren nueva vida participando en la mesa
de tu pan y tu palabra,
—para que, con la fuerza de este alimento, te sigan con alegría.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
ORACIÓN DOMINICAL
Concluyamos nuestra oración diciendo juntos las palabras de Jesús,
nuestro Maestro: Padre nuestro.
CONCLUSIÓN
ORACIÓN
Señor,
infunde en nuestras almas la claridad de tu luz;
y, pues, con tu sabiduría nos has creado y con tu providencia
nos gobiernas, haz que nuestro vivir y nuestro obrar estén del
todo consagrados a ti.
Por nuestro Señor.
V. El Señor nos bendiga,
y nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
JUEVES
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén. (Aleluya.)
HIMNO
Crece la luz bajo tu hermosa mano, Padre celeste y suben
los hombres matutinos al encuentro de Cristo Primogénito.
El hizo amanecer en tu presencia
y enalteció la aurora
cuando no estaba el hombre sobre el mundo
para poder cantarla.
El es principio y fin del universo, y el tiempo en su caída se
acoge al que es la fuerza de las cosas y en él rejuvenece.
El es la luz profunda, el soplo vivo que hace posible el mundo y anima
en nuestros labios jubilosos el himno que cantamos.
He aquí la nueva luz que asciende y busca su Cuerpo misterioso.
He aquí, en el ancho sol de la mañana, el signo de su
gloria.
Y tú que nos lo entregas cada día,
revélanos al Hijo,
potencia de tu diestra y Primogénito
de toda criatura.
Amén.
SALMODIA
ANTÍFONA 1 En la mañana, Señor, hazme escuchar
tu gracia.
SALMO 142,1-11
Lamentación y súplica ante la angustia
El hombre no se justifica por cumplir la ley, sino por creer en Cristo
Jesús (Ga 2,16).
Señor, escucha mi oración;
tú, que eres fiel, atiende a mi súplica;
tú, que eres justo, escúchame. No llames a juicio a tu
siervo, pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.
El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya olvidados.
Mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está yerto. Recuerdo los
tiempos antiguos,
medito todas tus acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia ti:
tengo sed de ti como tierra reseca. Escúchame en seguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa. En la mañana hazme escuchar
tu gracia,
ya que confío en ti.
Indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a ti. Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
Enséñame a cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es bueno,
me guíe por tierra llana. Por tu nombre, Señor, consérvame
vivo;
por tu clemencia, sácame de la angustia.
ANT. En la mañana, Señor, hazme escuchar tu gracia.
ANTÍFONA 2
Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador, aleluya.
CÁNTICO. Is 12,1-6
Acción de gracias del pueblo salvado
El que tenga sed que venga a m'\ y que beba (Jn 7,37).
Te doy gracias, Señor,
porque estabas airado contra mí,
pero ha cesado tu ira
y me has consolado. El es mi Dios y salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación. Aquel día diréis:
Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso. Tañed para el Señor,
que hizo proezas;
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«Qué grande es en medio de ti
el Santo de Israel».
ANT. Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador, aleluya.
ANTÍFONA 3 Aclamad a Dios, nuestra fuerza.
SALMO 80
Solemne renovación de la alianza
Mirad que no tenga nadie un corazón malo e incrédulo (Hb
3,12).
Aclamad a Dios, nuestra fuerza;
dad vítores al Dios de Jacob:
acompañad, tocad los panderos,
las cítaras templadas y las arpas;
tocad la trompeta por la luna nueva,
por la luna llena, que es nuestra fiesta. Porque es una ley de Israel,
un precepto del Dios de Jacob,
una norma establecida para José
al salir de Egipto. Oigo un lenguaje desconocido;
—retiré sus hombros de la carga,
y sus manos dejaron la espuerta. Clamaste en la aflicción, y
te libré,
te respondí oculto entre los truenos,
te puse a prueba junto a la fuente de Meribá. Escucha, pueblo
mío, doy testimonio contra ti;
¡ojalá me escuchases, Israel! «No tendrás
un dios extraño,
no adorarás un dios extranjero;
yo soy el Señor Dios tuyo,
que te saqué del país de Egipto;
abre la boca que te la llene».
Pero mi pueblo no escuchó mi voz, Israel no quiso obedecer:
los entregué a su corazón obstinado, para que anduviesen
según sus antojos.
¡Ojalá me escuchase mi pueblo y caminase Israel por mi
camino!:
en un momento humillaría a sus enemigos y volvería mi
mano contra sus adversarios;
los que aborrecen al Señor te adularían, y su suerte quedaría
fijada;
te alimentaría con flor de harina, te saciaría con miel
silvestre.
ANT. Aclamad a Dios, nuestra fuerza.
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. Rm 14,17-19
El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, y paz, y gozo
en el Espíritu Santo, pues el que en esto sirve a Cristo es grato
a Dios y acepto a los hombres. Por tanto, trabajemos por la paz y por
nuestra mutua edificación.
RESPONSORIO
V. Velando medito en ti, Señor.
R. Velando medito en ti, Señor.
V. Porque fuiste mí auxilio.
R. Medito en ti, Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Velando medito en ti, Señor.
Benedictus
ANT. Anuncia a tu pueblo, Señor, la salvación, y perdónanos
nuestros pecados.
PRECES O INTERCESIONES
Bendigamos a Dios, nuestro Padre, que mira siempre con amor a sus hijos
y nunca desatiende sus súplicas, y digámosle con humildad:
Ilumina nuestros ojos. Señor.
Te damos gracias, Señor, porque nos has alumbrado con la luz
de Jesucristo;
— que esta claridad ilumine hoy todos nuestros
actos. Que tu sabiduría nos dirija en nuestra jornada;
— así andaremos por sendas de vida nueva. Ayúdanos a superar
con fortaleza las adversidades
— y haz que te sirvamos con generosidad de
espíritu. Dirige y santifica los pensamientos, palabras y
obras de nuestro día
— y danos un espíritu dócil a tus inspiraciones.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
ORACIÓN DOMINICAL
Dirijamos ahora, todos juntos, nuestra oración al Padre y digámosle:
Padre nuestro.
CONCLUSIÓN
ORACIÓN
Humildemente te pedimos, a ti, Señor, que eres la luz verdadera
y la fuente misma de toda luz, que meditando fielmente tu ley vivamos
siempre en tu luz.
Por nuestro Señor.
V. El Señor nos bendiga,
y nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
VIERNES
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén. (Aleluya.)
HIMNO
¡Nacidos de la Luz! ¡Hijos del Día! Vamos hacia el
Señor de la mañana, Su claridad disipa nuestras sombras
y llena el corazón de regocijo.
Que nuestro Dios, el Padre de la Gloria, limpie la oscuridad de nuestros
ojos y nos revele, al fin, cuál es la herencia que nos legó
en el Hijo Primogénito.
¡Honor y Gloria a Dios, Padre celeste, por medio de su Hijo Jesucristo
y el don de toda Luz, el Santo Espíritu, que vive por los siglos
de los siglos!
SALMODIA
ANTÍFONA 1
Confía, hijo, tus pecados te son perdonados, aleluya.
SALMO 50
Misericordia, Dios mío
Que el Espíritu renueve vuestra mentalidad:vestíos de
la nueva condición humana
(Ef 4,2.3,24).
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces. En la sentencia tendrás
razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre. Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve. Hazme
oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa. ¡Oh Dios!, crea en mí un
corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame
con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán
a ti. ¡Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia. Señor, me abrirás
los labios, y mi boca proclamará tu alabanza. Los sacrificios
no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio
es un espíritu quebrantado:
un corazón quebrantado y humillado
tú no lo desprecias. Señor, por tu bondad, favorece a
Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
ANT. Confía, hijo, tus pecados te son perdonados, aleluya.
ANTÍFONA 2
Cristo, cargado con nuestros pecados, subió al leño, aleluya.
CÁNTICO. Jr 14,17-21
Lamentación del pueblo en tiempo de hambre y de guerra
Está cerca el reino de Dios; convertíos y creed la Buena
Noticia (Me 1,15).
Mis ojos se deshacen en lágrimas día y noche no cesan:
por la terrible desgracia de la Doncella de mi
pueblo,
una herida de fuertes dolores. Salgo al campo: muertos a espada;
entro en la ciudad: desfallecidos de hambre;
tanto el profeta como el sacerdote vagan sin sentido por el país.
¿Por qué has rechazado del todo a Judá? ¿Tiene
asco tu garganta de Sión? ¿Por qué nos has herido
sin remedio? Se espera la paz, y no hay bienestar, al tiempo de la cura
sucede la turbación. Señor, reconocemos nuestra impiedad,
la culpa de nuestros padres, porque pecamos contra ti. No nos rechaces,
por tu nombre, no desprestigies tu trono glorioso;
recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.
ANT. Cristo, cargado con nuestros pecados, subió al leño,
aleluya.
ANTÍFONA 3 Servid al Señor con alegría, aleluya.
SALMO 99
Alegría de los que entran en el templo
A los redimidos se les manda entonar un himno de victoria (SAN ATANASIO).
Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño.
Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios
con himnos, dándole gracias y bendiciendo su nombre:
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades».
ANT. Servid al Señor con alegría, aleluya.
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. Ef 4,29-32
Malas palabras no salgan de vuestra boca, vuestro hablar sea bueno,
constructivo y oportuno; así haréis bien a los que os
oyen. No irritéis al santo Espíritu de Dios que os selló
para el día del rescate: nada de rencores, coraje, cólera,
voces ni insultos; desterrad eso y toda ojeriza. Unos con otros sed
serviciales, compasivos, perdonándoos mutuamente como Dios os
perdonó por Cristo.
RESPONSORIO
V. En la mañana hazme escuchar tu gracia.
R. En la mañana hazme escuchar tu gracia.
V. Indícame el camino que he de seguir.
R. Hazme escuchar tu gracia.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En la mañana hazme escuchar tu gracia.
Benedictus
ANT. El Señor ha visitado y redimido a su pueblo.
PRECES O INTERCESIONES
Adoremos a Cristo, que salvó al mundo con su
cruz, y supliquémosle diciendo:
Concédenos, Señor, tu misericordia.
iOh Cristo!, que con tu claridad eres nuestro sol y nuestro día,
— haz que, desde el amanecer, desaparezca de nosotros todo sentimiento
malo.
Vela, Señor, sobre nuestros pensamientos, palabras y obras
— a fin de que nuestro día sea agradable ante
tus ojos.
Aparta de nuestros pecados tu vista,
— y borra en nosotros toda culpa.
Por tu cruz y tu resurrección
— llénanos del gozo del Espíritu Santo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
ORACIÓN DOMINICAL
Ya que somos hijos de Dios, oremos a nuestro Padre como Cristo nos enseñó:
Padre nuestro.
CONCLUSIÓN
ORACIÓN
¡Oh Dios!,
que has iluminado las tinieblas de nuestra ignorancia
con la luz de tu Palabra,
acrecienta en nosotros la fe que tú mismo nos has dado:
que ninguna tentación pueda nunca destruir
el ardor de la fe y de la caridad
que tu gracia ha encendido en nuestro espíritu.
Por nuestro Señor.
V. El Señor nos bendiga,
y nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
SÁBADO
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén. (Aleluya.)
HIMNO
Alfarero del hombre, mano trabajadora
que de los hondos limos iniciales
convocas a los pájaros a la primera aurora,
al pasto los primeros animales.
De mañana te busco, hecho de luz concreta,
de espacio puro y tierra amanecida.
De mañana te encuentro, Vigor, Origen, Meta
de los sonoros ríos de la vida.
El árbol toma cuerpo y el agua melodía;
tus manos son recientes en la rosa;
se espesa la abundancia del mundo a mediodía y estás de
corazón en cada cosa. No hay brisa si no alientas, monte si no
estás
dentro ni soledad en que no te hagas fuerte.
Todo es presencia y gracia. Vivir es este encuentro ;
Tú por la luz, el hombre por la muerte.
Que se acabe el pecado! Mira que es desdecirte
dejar tanta hermosura en tanta guerra! Que el hombre no te obligue,
Señor, a arrepentirte de haberle dado un día las llaves
de la tierra.
SALMODIA
ANTÍFONA 1 Tus palabras, Señor, son espíritu y
vida, aleluya.
SALMO 118,145-152 (XIX)
Himno a la revelación de la Ley
El amor de Dios consiste en guardar sus mandamientos (1 Jn 5,3).
Te invoco de todo corazón;
respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes:
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos:
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras. Mis ojos se adelantan a las vigilias
meditando tú promesa:
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad. Tú, Señor, estás
cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos los fundaste para siempre.
ANT. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida, aleluya.
ANTÍFONA 2
Mándanos tu sabiduría, Señor, para que nos asista
en nuestros trabajos.
CÁNTICO. Sb 9,1-6.9-11
Dame, Señor, la sabiduría
Os daré palabras y sabiduría a las que no podrá
hacer frente... ningún adversario vuestro (Lc 21,15).
Dios de los padres y Señor de la misericordia, que con tu palabra
hiciste todas las cosas, y en tu sabiduría formaste al hombre,
para que dominase sobre tus criaturas, y para regir el mundo con su
santidad y justicia, y para administrar justicia con rectitud de corazón:
Dame la sabiduría asistente de tu trono
y no me excluyas del número de tus siervos, porque siervo tuyo
soy, hijo de tu sierva, hombre débil y de pocos años,
demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes.
Pues aunque uno sea perfecto entre los hijos de los hombres, sin la
sabiduría, que procede de ti, será estimado en nada.
Contigo está la sabiduría conocedora de tus obras, que
te asistió cuando hacías el mundo, y que sabe lo que es
grato a tus ojos y lo que es recto según tus preceptos.
Mándala de tus santos cielos, y de tu trono de gloria envíala
para que me asista en mis trabajos y venga yo a saber lo que te es grato.
Porque ella conoce y entiende todas las cosas, y me guiará prudentemente
en mis obras, y me guardará en su esplendor.
ANT. Mándanos tu sabiduría, Señor, para que nos
asista en nuestros trabajos.
ANTÍFONA 3 La fidelidad del Señor dura por siempre.
SALMO 116
Invitación universal a la alabanza divina
Quiero decir... acoge a los gentiles para que alaben a Dios por su misericordia
(Rm 15, 8.9).
Alabad al Señor todas las naciones,
aclamadlo todos los pueblos:
Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.
ANT. La fidelidad del Señor dura por siempre.
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. Flp 2,14-15
Hacedlo todo sin murmuraciones ni discusiones, a fin de que seáis
irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha, en medio de esta
generación mala y perversa, entre la cual aparecéis como
antorcha en el mundo.
RESPONSORIO
V. A ti. Señor, llamé: tú eres mi refugio.
R. A ti, Señor, llamé: tú eres mi refugio.
V. Y mi lote en el país de la vida.
R. Tú eres mi refugio.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. A ti, Señor, llamé: tú eres mi refugio.
Benedictus
ANT. Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra
de muerte.
PRECES O INTERCESIONES
Invoquemos a Dios, que colocó a María, Madre de Cristo,
por encima de todas las criaturas celestiales y terrenas, diciendo con
confianza:
Mira a la Madre de tu Hijo y escúchanos.
Padre de misericordia, te damos gracias porque nos has dado a María
como madre y ejemplo,
— santifícanos por su intercesión.
Tú que hiciste que María meditara tus palabras,
guardándolas en su corazón, y fuera siempre
fidelísima sierva tuya;
— por su intercesión, haz que también nosotros
seamos, de verdad, siervos y discípulos de tu
Hijo.
Tú que quisiste que María concibiera por obra
del Espíritu Santo;
— por intercesión de María, otórganos los frutos
de este mismo Espíritu.
Tú que diste fuerza a María para permanecer
junto a la cruz, y la llenaste de alegría con la
resurrección de tu Hijo;
— por intercesión de María, confórtanos en la tribulación
y reanima nuestra esperanza.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
ORACIÓN DOMINICAL
Concluyamos nuestras súplicas con la oración que el mismo
Señor nos enseñó: Padre nuestro.
CONCLUSIÓN
ORACIÓN
¡Oh Dios!, fuente y origen de nuestra salvación, haz que,
mientras dura nuestra vida aquí en la tierra, te alabemos incesantemente
y podamos así participar un día en la alabanza eterna
del cielo. Por nuestro Señor.
V. El Señor nos bendiga,
y nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
|
| Benedictus |
Bendito sea el Señor, Dios de
Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos
una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según
lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano
de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros
padres, recordando su santa alianza, y el juramento que juró a
nuestro padre Abrahán. Para concedernos que, libres de temor, arrancados
de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su
presencia, todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán
profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el
perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará
el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.
Gloria al Padre. |
|
|
| Oraciones
para prepararse |
| INTENCIÓN DE LA MISA |
Yo quiero celebrar el Santo Sacrificio
de la Misa y hacer el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo,
según el rito de la Santa Iglesia Romana, para alabanza de Dios
omnipotente y de toda la Iglesia triunfante, para mi beneficio y el de
toda la Iglesia militante, por todos los que se encomendaron a mis oraciones
en general y en particular, y por la feliz situación de la Santa
Iglesia Romana. Amén.
El Señor omnipotente y misericordioso nos conceda la alegría
con la paz, la enmienda de la vida, tiempo de verdadera penitencia, la
gracia y el consuelo del Espíritu Santo, y la perseverancia en
las buenas obras. Amén |
| ORACIÓN DE SAN AMBROSIO |
¡Señor Jesús! Yo
pecador, sin presumir de mis méritos, sino confiando en tu bondad
y misericordia, temo y vacilo al acercarme a la mesa de tu dulcísimo
convite, pues tengo el cuerpo y el alma manchados por muchos pecados,
y no he guardado con prudencia mis pensamientos y mi lengua. Por eso,
oh Dios bueno, yo, que soy un miserable lleno de preocupaciones, acudo
a ti, que eres fuente de misericordia. A ti voy para que me sanes, bajo
tu protección me pongo, y confío tener como salvador a quien
no me atrevería a mirar como juez. A ti. Señor, muestro
mis heridas y presento mis flaquezas. Sé que mis pecados son muchos
y grandes, y me causan temor, mas espero en tu misericordia porque sé
que es infinita. Señor Jesucristo, Rey eterno. Dios y Hombre, clavado
en la cruz por los hombres: mírame con tus ojos misericordiosos,
oye a quien en ti espera. Tú, que eres fuente inagotable de perdón,
ten piedad de mis miserias y pecados. Señor, tú eres víctima
de salvación, que te entregaste por mí y por todos los hombres
en el patíbulo de la cruz. Señor Jesucristo crucificado,
la sangre que sale de tus llagas es preciosa y lava los pecados de todo
el mundo. Acuérdate, Señor, de esta criatura tuya redimida
por tu Sangre. Me arrepiento de haber pecado y deseo enmendar mis errores.
Aleja de mí. Padre todas mis suciedades y pecados, para que, limpio
de alma y cuerpo, sea digno de saborear al Santo de los santos. Aunque
sé que soy indigno, me atrevo a recibir ahora tu Cuerpo y tu Sangre.
Concédeme que esta comunión me traiga el perdón de
mis pecados, la perfecta purificación de mis malas obras, aleje
mis malos pensamientos y despierte mis buenos afectos; conceda eficacia
salvadora a las obras que a ti te agradan. Por último te pido que
esta comunión sea como un escudo que defienda mi cuerpo y mi alma
de todo mal. Amén |
| ORACIÓN DE SANTO TOMÁS DE AQUINO |
¡Dios todopoderoso y eterno! me
acerco al Sacramento de tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor; me acerco
como enfermo al médico de la vida, como leproso a la fuente de
la misericordia, como ciego a la luz de la claridad eterna, como pobre
y necesitado al Señor de cielo y tierra. Acudo, pues, a tu inmensa
bondad para que te dignes sanar mi enfermedad, lavar mi inmundicia, iluminar
mi ceguera, enriquecer mi pobreza y vestir mi desnudez, para que me acerque
a recibir el Pan de los Ángeles, al Rey de Reyes y Señor
de Señores, con tanto dolor y piedad, con tanta pureza y fe, con
tales intenciones y propósitos, como conviene a la salud de mi
alma.
Te pido que me concedas recibir no sólo el sacramento del Cuerpo
y de la Sangre del Señor, sino también la gracia y la virtud
de ese Dios tan bueno; concédeme recibir el Cuerpo de tu Unigénito
Hijo Jesucristo Señor nuestro, nacido de la Virgen María,
de tal modo que merezca ser incorporado a su Cuerpo Místico y contado
entre sus miembros. Padre amantísimo, concédeme poder contemplar
eternamente y cara a cara en el Cielo a tu amado Hijo, al cual me dispongo
ahora a recibir bajo el velo de la fe y que vive y reina contigo en la
unidad del Espíritu Santo. Por todos los siglos de los siglos.
Amén. |
| Ordinario
de LA Misa |
RITOS INICIALES
ANTÍFONA DE ENTRADA
Recibimos al sacerdote de pie, que se acerca al altar y lo besa.
Si no se hubiera entonado canto, se recita la antífona de entrada.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
- Amén.
El Señor esté con vosotros.
O bien:
La gracia de nuestro Señor Jesucristo,
el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén
con todos vosotros.
El pueblo responde:
- Y con tu espíritu.
ACTO PENITENCIAL
El sacerdote invita a los fieles al arrepentimiento:
Hermanos: Para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos
nuestros pecados.
Tras un breve silencio, todos reconocen sus pecados.
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros hermanos, que he pecado
mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Luego prosigue:
Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles,
a los santos
y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios
nuestro Señor.
El sacerdote concluye con la absolución:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
El pueblo responde:
Amén.
Siguen las invocaciones que rezan alternadamente el sacerdote y los fieles:
Señor, ten piedad - Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad - Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad - Señor, ten piedad.
O bien
Tú que has sido enviado a sanar los corazones afligidos:
- Señor, ten piedad.
Tú que has venido a llamar a los pecadores:
- Cristo ten piedad.
Tú que estás sentado a la derecha del Padre para interceder
por nosotros.
- Señor, ten piedad.
Dios todopoderoso...
GLORIA
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el
Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos,
te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios
Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor
Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado
del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del
mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado
a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú
eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú
Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria
de Dios Padre. Amén.
Concluido el himno, el sacerdote, dice:
OREMOS
Al final de la oración, el pueblo aclama:
Amén.
Liturgia de la Palabra
1ª LECTURA SENTADOS
Los domingos se toman del Antiguo Testamento, excepto en el Tiempo Pascual,
en que se toma de los Hechos de los Apóstoles. Al acabar:
Palabra de Dios. - Te alabamos, Señor.
SALMO
2ª LECTURA
Los domingos y solemnidades. Al final dice el lector:
Palabra de Dios. - Te alabamos, Señor.
A continuación se canta o recita el <Aleluya>
EVANGELIO DE PIE
El sacerdote, inclinado ante el altar, dice en voz baja:
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que anuncie
dignamente tu Evangelio.
El Señor esté con vosotros - Y con tu espíritu.
Lectura del Santo Evangelio según San N.
- Gloria a Ti, Señor.
Leído el Evangelio el sacerdote dice: - Palabra del Señor.
Todos aclaman: - Gloria a Ti, Señor Jesús.
El sacerdote besa el libro, diciendo en voz, baja:
Que las palabras del Evangelio borren nuestros pecados.
HOMILÍA SENTADOS
Debe decirse todos los domingos y fiestas de precepto. Al terminar es
oportuno guardar un breve espacio de silencio.
CREDO NICENOCONSTANTINOPOLITANO
Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros, los hombres,
y por nuestra salvación bajó del cielo,
(Todos se inclinan hasta el <se hizo hombre>)
y por obra del Espíritu Santo
se encamó de María, la Virgen, y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue crucificado en tiempos
de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día según las Escrituras,
y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas,
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo
para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro. Amén
CREDO APOSTÓLICO
Creo en Dios Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
(Todos se inclinan hasta el <María Virgen>)
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder
de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió
a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre
todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la
Comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección
de la carne y la vida eterna. Amén.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Formulario General I
Hermanos: Dirijamos nuestra oración a Dios Padre todopoderoso,
que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de
la verdad.
- Por la santa Iglesia de Dios, para que se digne custodiarla y defenderla,
reguemos al Señor.
R. Te lo pedimos, Señor.
- Por los pueblos de toda la tierra, para que vivan en concordia y paz
verdadera, roguemos al Señor. R.
- Por los que viven angustiados por distintas necesidades, para que encuentren
ayuda en Dios, roguemos al Señor. R.
- Por nosotros mismos y por nuestra comunidad, para que el Señor
nos acepte corno ofrenda agradable, roguemos al Señor.
R. Te lo pedimos, Señor.
Oh Dios, refugio y fortaleza nuestra, escucha las oraciones de tu Iglesia
y concédenos, por tu bondad, lo pedimos con te. Por Jesucristo
nuestro Señor.
R. Amén.
Liturgia Eucarística
El sacerdote presenta a Dios los dones del pan y del vino que, por la
Consagración, se convertirán en el Cuerpo y la Sangre del
Señor.
PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS SENTADOS
Al ofrecer el pan, el sacerdote dice:
Bendito seas. Señor, Dios del Universo, por este pan, fruto de
la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y
ahora te presentamos: él será para nosotros pan de vida.
Si el sacerdote reza en voz alta, el pueblo aclamará:
Bendito seas, por siempre, Señor.
Al ofrecer el vino, dice el sacerdote:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de
la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora
te presentamos:
él será para nosotros bebida de salvación.
Bendito seas por siempre, Señor.
El sacerdote, inclinado, dice en secreto:
Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu
humilde: que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable
en tu presencia, Señor, Dios nuestro.
Mientras el sacerdote se lava las manos, dice en secreto:
Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado.
El celebrante va al centro del altar y, vuelto hacia
el pueblo, dice:
Orad, hermanos, para que este sacrificio mío y vuestro, sea agradable
a Dios, Padre todopoderoso.
El pueblo responde:
El Señor, reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y
gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
RITO DE LA COMUNIÓN DE PIE
Una vez que el sacerdote ha dejado el cáliz y la patena, dice:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza,
nos atrevemos a decir:
O bien:
Llenos de alegría por ser hijos de Dios,
digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:
Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro
pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también
nosotros perdonamos
a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos
del mal.
El sacerdote con las manos extendidas, prosigue él solo:
Líbranos de todos los males. Señor, y concédenos
la paz en nuestros días, para que ayudados por tu misericordia,
vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
El pueblo concluye la oración aclamando:
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
El sacerdote, con las manos extendidas, dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: “La paz os
dejo, mi paz os doy”, no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe
de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
El pueblo responde:
Amén.
El sacerdote, extendiendo juntando las manos, añade:
La paz del Señor esté siempre con vosotros.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
Luego, si lo juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote añade:
Daos fraternalmente la paz.
Y todos, según la costumbre del lugar se dan la paz.
El sacerdote deja caer en el cáliz una parte del
pan consagrado, diciendo en secreto:
El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo,
unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna.
Mientras tanto se canta o recita:
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
El sacerdote, reza la oración para la comunión.
Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre
no sea para mí un motivo de juicio y conde sino que, por tu piedad,
me aproveche para defensa de alma y cuerpo y como remedio saludable.
El sacerdote, hace genuflexión, toma el pan consagrado, lo e muestra
al pueblo, diciendo:
Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los
invitados a la cena del Señor.
Y, juntamente con el pueblo, añade:
Señor, no soy digno de que entres en mi casa pero una palabra tuya
bastará para sanarme.
El sacerdote, después de comulgar con el Cuerpo y la Sangre de
Cristo, se acerca a los que quieren comulgar y mostrándoles el
pan consagrado, dice a cada uno de ellos:
El Cuerpo de Cristo. El que va a comulgar responde:
Amén.
Después de hacer la purificación, el sacerdote puede ir
a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio
o cantar un salmo o cántico de alabanza.
De pie en la sede o en el altar, el sacerdote dice:
Oremos.
Todos oran en silencio durante unos momentos. Luego el sacerdote dice
la oración después de la comunión. El pueblo aclama:
Amén.
RITO DE CONCLUSIÓN DE PIE
Llegados a este momento, pueden hacerse, si es necesario y con brevedad
los anuncios o advertencias al pueblo. Luego tiene lugar la despedida.
El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice:
El Señor esté con vosotros
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:
La bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo + y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.
El pueblo responde:
Amén.
Luego el diácono, o el mismo sacerdote, despide al pueblo, diciendo:
Podéis ir en paz.
El pueblo responde:
Demos gracias a Dios.
El sacerdote besa con veneración el altar, como al comienzo, y
hecha h la debida reverencia con los ministros, se retira a la sacristía.
|
| Oraciones
de acción de gracias y de adoración |
| ADORO TE DEVOTE |
Te adoro con devoción, Dios escondido,
oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A Ti se somete mi corazón
por completo, y se rinde totalmente al contemplarte. Al juzgar de Ti,
se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el oído para
creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es
más verdadero que esta Palabra de verdad. En la Cruz se escondía
sólo la Divinidad, pero aquí se esconde también la
Humanidad; sin embargo, creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió
aquel ladrón arrepentido. No veo las llagas como las vio Tomás
pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más
en Ti, que en Ti espere y que te ame. ¡Memorial de la muerte del
Señor! Pan vivo que das vida al hombre: concede a mi alma que de
Ti viva y que siempre saboree tu dulzura. Señor Jesús, Pelícano
bueno, límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que
una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero.
Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego que se cumpla lo que
tanto ansío: que al mirar tu rostro cara a cara, sea yo feliz viendo
tu gloria. Amén. |
ALABANZAS DE DESAGRAVIO
|
Bendito sea Dios.
Bendito sea su Santo Nombre.
Bendito sea Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.
Bendito sea el Nombre de Jesús.
Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
Bendita sea su Preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.
Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción.
Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre.
Bendito sea San José, su castísimo Esposo.
Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos. Amén. |
| SUPLICAS A JESÚS SACRAMENTADO A FAVOR DE LOS
SACERDOTES |
A nuestro Santísimo Padre,
Envuélvelo en tu gracia Señor.
A los Cardenales y Delegados,
Envíales tu luz Señor.
A los Arzobispos y Obispos,
Dales tus dones Señor.
A los sacerdotes Párrocos,
Dales tino, Señor.
A los sacerdotes Vicarios,
Guíalos, Señor,
A los sacerdotes Misioneros,
Protégelos, Señor.
A los sacerdotes predicadores,
Ilumínalos, Señor.
A los sacerdotes directores de almas,
Instrúyelos, Señor.
A los sacerdotes religiosos,
Hazlos perfectos, Señor.
A los sacerdotes de seminarios,
Dales tu ciencia, Señor.
A los sacerdotes en peligro,
Líbralos, Señor.
A los sacerdotes tentados,
Dales el triunfo, Señor.
A los sacerdotes en pecado,
Dales tu gracia, Señor.
A los sacerdotes celosos,
Ayúdalos, Señor.
A los sacerdotes pobres,
Socórrelos, Señor.
A los sacerdotes débiles,
Fortalécelos, Señor.
A los sacerdotes turbados,
Dales la paz, Señor.
A los sacerdotes aislados,
Acompáñalos, Señor.
A los sacerdotes atados a las cosas de la tierra,
Rompe sus cadenas, Señor.
A los sacerdotes enfermos,
Sánalos, Señor.
A los sacerdotes ancianos,
Sostenlos, Señor.
A los sacerdotes difuntos,
Dales la gloria, Señor.
De toda la Iglesia militante y purgante,
Apiádate, Señor. |
| COMUNIÓN ESPIRITUAL |
| Yo quisiera. Señor, recibiros con aquella pureza, humildad
y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre,
con el espíritu y fervor de los Santos. |
| HIMNO EUCARÍSTICO |
Canta, oh lengua, del glorioso Cuerpo de Cristo el misterio,
Y de la Sangre preciosa Que, en precio del mundo Vertió el Rey de
las naciones Fruto del más noble seno.
Y el oscuro rito antiguo Ceda a la luz de este nuevo;
Supliendo la fe sencilla Al débil sentido nuestro. Al Padre y al
Hijo, Gloria y vítores sin cuento;
Salud, honor y poder, Bendición y gozo eterno;
Y al que procede de ambos Demos igual alabanza. Amén.
V.-Les diste pan del cielo (T.P. Aleluya).
R.-Que contiene en sí todo deleite (T.P. Aleluya). |
| HIMNO EUCARÍSTICO (LATÍN) |
Pange, lingua, gloriosi Córporis mystérium
Sanguinísque pretiósi:
quem in mundi prétium
fructus ventris generósi
Rex effúdit géntiun. Nobis datus, nobis natus
ex intacta Vírgine,
et in mundo conversátus
sparso verbi semine,
sui moras incolatus
miro cláusit órdine. In suprémae nocte coenae
recúmbens cum frátribus,
obsérvala lege plene
cibis in legálibus.
Cibum turbae duodénae
se dat suis mánibus.
Verbum caro, panem verum
Verbo carnero éfficit,
f i t q u e sanguis Christi merum;
et si sensus déficit,
ad firmándum cor sincerum Sola fides súfficit.
Tantum ergo Sacramentum Venerémur cérnui
et antíquum documéntum
novo cedat rítui:
praestet fides suppleméntum Sensuum deféctui.
Genitóri, Genitóque, Laus et jubilátio, Salus, honor,
virtus quoque
sit et benedictío:
procedenti ab utróque Compar sit laudátío. Amen. |
|
| HORA
Intermedia |
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre. Como era. (Aleluya.)
HIMNO
Tú poder multiplica la eficacia del hombre y crece cada día
entre sus manos
la obra de tus manos.
Nos señalaste un trozo de la viña y nos dijiste: —Venid
y trabajad.
Nos mostraste una mesa vacía y nos dijiste: —Llenadla de pan.
Nos presentaste un campo de batalla y nos dijiste: —Construid la paz.
Nos sacaste al desierto con el alba y nos dijiste: —Levantad la ciudad.
Pusiste una herramienta en nuestras manos y nos dijiste: —Es tiempo de
crear.
Escucha a mediodía el rumor del trabajo con que el hombre se afana
en tu heredad.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Por los siglos.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Mi alma desea continuamente tus mandamientos.
SALMO 118,17-24
Himno a Dios, autor de la ley
Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto (Mt 5,48).
Haz bien a tu siervo: viviré y cumpliré tus palabras; ábreme
los ojos y contemplaré las maravillas de tu voluntad; soy un forastero
en la tierra: no me ocultes tus promesas. Mi alma se consume, deseando
continuamente tus mandamientos; reprendes a los soberbios, malditos los
que se apartan de tus mandatos. Aleja de mí las afrentas y el desprecio,
porque observo tus preceptos; aunque los nobles se sienten a murmurar
de mí, tu siervo medita tus leyes; tus preceptos son mi delicia,
tus decretos son mis consejeros.
Ant. Mi alma desea continuamente tus mandamientos.
Ant. 2. Haz, Señor, que camine con lealtad.
Oración por toda clase de necesidades
La esperanza no defrauda (Rm 5,5).
A ti, Señor, levanto mi alma; Dios mío,
en ti confío, no quede yo defraudado, que no triunfen de mí
mis enemigos; pues los que esperan en ti no quedan defraudados, mientras
que el fracaso malogra a los traidores. Señor, enséñame
tus caminos, instrúyeme en tus sendas; haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador, y todo
el día te estoy esperando. Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas; no te acuerdes de los pecados ni de las
maldades de mi juventud; acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. El Señor es bueno y es recto, y enseña
el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña
su camino a los humildes. Las sendas del Señor son misericordia
y lealtad para los que guardan su alianza y sus mandatos. Por el honor
de tu nombre, Señor, perdona mis culpas, que son muchas.
Ant. Haz, Señor, que camine con lealtad.
Ant. 3. Mírame, ¡oh Dios!, y sácame
de mis tribulaciones, que estoy solo y afligido.
II
¿Hay alguien que tema al Señor? —El le enseñará
el camino escogido: su alma vivirá feliz, su descendencia poseerá
la tierra. El Señor se confía con sus fieles y les da a
conocer su alianza. Tengo los ojos puestos en el Señor porque él
saca mis pies de la red. Mírame, ¡oh Dios!, y ten piedad
de mí, que estoy solo y afligido. Ensancha mi corazón oprimido
y sácame de mis tribulaciones. Mira mis trabajos y mis penas y
perdona todos mis pecados; mira cuántos son mis enemigos, que me
detestan con odio cruel. Guarda mi vida y líbrame, no quede yo
defraudado de haber acudido a ti. La inocencia y la rectitud me protegerán,
porque espero en ti.
Salva, ¡oh Dios!, a Israel de todos sus peligros.
Ant. Mírame, ¡oh Dios!, y sácame
de mis tribulaciones, que estoy solo y afligido.
PALABRA DE DIOS, VERSÍCULO Y ORACIÓN
LECTURA BREVE. St 1,19-20.26
Sed todos prontos para escuchar, lentos para hablar, lentos para la ira.
Porque la ira del hombre no produce la justicia de Dios. Hay quien se
cree hombre religioso y no frena su lengua; pero se engaña a sí
mismo; su religión no es auténtica.
V. Bendigo al Señor en todo momento.
R. Su alabanza está siempre en mi boca.
ORACIÓN
Oremos.
Señor, tú eres el dueño de la viña y de los
sembrados, tú el que repartes las tareas y distribuyes el justo
salario a los trabajadores: ayúdanos a soportar el peso del día
y el calor de la jornada sin quejarnos nunca de tus planes. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
R. Amén. |
|
| Oraciones
de la tarde |
| Vísperas |
DOMINGO
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre. Como era. (Aleluya.)
HIMNO
Coro: ¡Luz que te entregas! ¡Luz que te niegas! A tu busca
va el pueblo de noche: alumbra su senda.
1. Dios de la luz, presencia ardiente sin meridiano ni
frontera: vuelves la noche mediodía, ciegas al sol con tu derecha.
2. Como columna de la aurora iba en la noche tu grandeza; te vio el desierto
y destellaron luz de tu gloria las arenas.
3. Cerró la noche sobre Egipto como cilicio de tinieblas; para
tu pueblo amanecías bajo los techos de las tiendas.
4. Eres la Luz, pero en tu rayo lanzas el día o la tiniebla: ciegas
los ojos del soberbio, curas al pobre su ceguera.
5. Cristo Jesús, tú que trajiste fuego a la entraña
de la tierra, guarda encendida nuestra lámpara hasta la aurora
de tu vuelta.
SALMODIA
ANTÍFONA 1
Resucitó el Señor y está sentado a la derecha del
Padre, aleluya.
SALMO 109,1-5.7
El mesías, rey y sacerdote
El debe reinar hasta poner todos sus enemigos bajo sus pies (1 Co 15,25).
Oráculo del Señor a mi Señor:
“Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de
tus pies”.
Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.
”Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores
sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la
aurora”. El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
“Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec”.
El Señor a tu derecha, el día de su ira, quebrantará
a los reyes. En su camino beberá del torrente, por eso levantará
la cabeza.
ANT. Resucitó el Señor y está sentado
a la derecha del Padre, aleluya.
ANTÍFONA 2
Nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino
de su Hijo querido, aleluya.
SALMO 113A
Israel librado de Egipto: las maravillas del Éxodo
Reconoced que también vosotros, los que renunciasteis
al mundo, habéis salido de Egipto (SAN AGUSTÍN).
Cuando Israel salió de Egipto, los hijos de Jacob de un pueblo
balbuciente, Judá fue su santuario, Israel fue su dominio. El mar,
al verlos, huyó, el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros; las colinas, como corderos.
- ¿Qué te pasa, mar, que huyes, y a ti, Jordán, que
te echas atrás? ¿Y a vosotros, montes, que saltáis
como carneros; colinas, que saltáis como corderos? En presencia
del Señor se estremece la tierra, en presencia del Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques, el pedernal en manantiales
de agua.
ANT. Nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos
ha trasladado al reino de su Hijo querido, aleluya.
ANTÍFONA 3
Dios reina, la tierra goza, aleluya.
Fuera de Cuaresma se dice el cántico del Apocalipsis; en Cuaresma,
véase más abajo.
En el cántico siguiente se dicen todos los aleluyas intercalados
solamente cuando el Oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto,
es suficiente decir el aleluya sólo al principio y al final de
cada estrofa, omitiendo, por tanto, todos los aleluyas que en el texto
aparecen entre paréntesis.
CÁNTICO. Cf. Ap 19,1-7
Las bodas del Cordero
Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
(R. Aleluya).
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya (aleluya).
Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
(R. Aleluya).
los que le teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya (aleluya).
Aleluya. Porque reina el Señor, nuestro Dios, Dueño de
todo,
(R. Aleluya).
alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya (aleluya).
Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
(R. Aleluya). su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya (aleluya).
ANT. Dios reina, la tierra goza, aleluya.
En los domingos de Cuaresma, en lugar del cántico del Apocalipsis
se dice el de la carta de San Pedro.
ANT. Por tu cruz y tu pasión, líbranos, Señor.
CÁNTICO. Cf. 1 P 2,21b-24
Pasión voluntaria de Cristo, siervo de Dios
Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo para
que sigamos sus huellas.
El no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando
le insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería
amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente.
Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos
al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas nos han curado.
ANT. Por tu cruz y tu pasión, líbranos,
Señor.
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. 2 Co 1,3-4
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia
y Dios de todo consuelo; él nos consuela en todas nuestras luchas,
para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación,
mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios.
RESPONSORIO
V. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
R. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
V. Digno de gloria y alabanza por los siglos.
R. En la bóveda del cielo.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
CÁNTICO EVANGÉLICO (MAGNÍFICAT)
ANT. A los hambrientos de justicia, el Señor los
sacia y colma de bienes.
PRECES O INTERCESIONES
Adoremos a Cristo, Señor nuestro y Cabeza de la Iglesia, y digámosle
confiadamente:
Venga a nosotros tu reino, Señor.
Señor, amigo de los hombres, haz de tu Iglesia instrumento de concordia
y de unidad entre los hombres,
- y signo de salvación para todos los pueblos.
Protege con tu brazo poderoso al Papa y a todos los obispos,
- y concédeles trabajar en unidad, amor y paz.
A los cristianos concédenos vivir íntimamente unidos a Cristo,
nuestro Maestro,
- y a todos tus fieles dales el testimoniar en sus vidas la llegada de
tu Reino. Concede, Señor, al mundo el don de la paz,
- y haz que en todos los pueblos reine la justicia y el bienestar.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Otorga a los que han muerto uña resurrección gloriosa
- y haz que los que aún vivimos en este mundo gocemos un día
con ellos de la felicidad eterna.
ORACIÓN DOMINICAL
Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor: Padre
nuestro.
CONCLUSIÓN
ORACIÓN
Al ofrecerte, Señor, nuestro sacrificio vespertino de alabanza,
te pedimos humildemente que, meditando tu ley día y noche, consigamos
un día la luz y el premio de la vida eterna. Por nuestro Señor.
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la
vida eterna.
R. Amén.
LUNES
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre. Como era. (Aleluya.)
HIMNO
Coro: Hora de la tarde, fin de las labores. Amo de las viñas, paga
los trabajos de tus viñadores.
Al romper el día nos apalabraste. Cuidamos tu viña del alba
a la tarde. Ahora que nos pagas, nos lo das de balde, que a jornal de
gloria no hay trabajo grande.
Coro; Hora de la tarde, fin de las labores. Amo de las viñas, paga
los trabajos de tus viñadores.
Das al vespertino lo que al mañanero. Son tuyas las horas y tuyo
el viñedo. A lo que sembramos, dale crecimiento. Tú que
eres la viña cuida los sarmientos.
Coro: Hora de la tarde, fin de las labores. Amo de las viñas, paga
los trabajos de tus viñadores.
SALMODIA
ANTÍFONA 1
El que está en Cristo es una nueva creación, aleluya.
SALMO 135
Himno pascual
Alabar a Dios es narrar sus maravillas (Casiano)
Dad gracias al Señor porque es bueno:
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Dios de los dioses:
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Señor de los señores:
porque es eterna su misericordia.
Sólo él hizo grandes maravillas:
porque es eterna su misericordia.
El hizo sabiamente los cielos:
porque es eterna su misericordia.
El afianzó sobre las aguas la tierra:
porque es eterna su misericordia.
El hizo lumbreras gigantes:
porque es eterna su misericordia.
El sol que gobierna el día:
porque es eterna su misericordia.
La luna que gobierna la noche:
porque es eterna su misericordia.
ANT. Dad gracias al Señor, porque es eterna su
misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán
a Dios.
SALMO 14
¿Quién es justo ante el Señor?
Os habéis acercado al monte de Sión, ciudad del Dios vivo
(Hb 12,22).
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda y habitar
en tu monte santo? El que procede honradamente y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua, el que no
hace mal a su prójimo ni difama al vecino, el que considera despreciable
al impío y honra a los que temen al Señor, el que no retracta
lo que juró aun en daño propio, el que no presta dinero
a usura ni acepta soborno contra el inocente. Él que así
obra nunca fallará.
ANT. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos
verán a Dios.
ANTÍFONA 3
Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.
CÁNTICO. Ef 1,3-10
El plan divino de la salvación
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona
de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales.
El nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el
amor.
El nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
han sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el Misterio de su voluntad.
Este es el plan que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y la tierra.
ANT. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a
ser sus hijos.
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. Col 1,9b-11
Llegad a la plenitud en el conocimiento de su voluntad, con toda sabiduría
e inteligencia espiritual. Así caminaréis según el
Señor se merece y le agradaréis enteramente, dando fruto
en toda clase de obras buenas y creciendo en el conocimiento de Dios.
Fortalecidos en toda fortaleza, según el poder de su gloria, podréis
resistir y perseverar en todo con alegría.
RESPONSORIO
V. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.
R. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.
V. Yo dije: Señor, ten misericordia.
R. Porque he pecado contra ti.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.
CÁNTICO EVANGÉLICO (MAGNÍFICAT)
ANT. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque
Dios ha mirado mi humillación.
PRECES O INTERCESIONES
Demos gracias a Dios, nuestro Padre, que recordando siempre su santa alianza,
no cesa de bendecirnos, y digámosle con ánimo confiado:
Trata con bondad a tu pueblo, Señor.
Salva a tu pueblo, Señor,
- y bendice a tu heredad.
Congrega en la unidad a todos los cristianos
- para que el mundo crea en Cristo, tu enviado. Derrama tu gracia sobre
nuestros familiares y amigos:
- que encuentren en ti, Señor, su verdadera felicidad. Muestra
tu amor a los agonizantes:
- que puedan contemplar tu salvación.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Ten piedad de los que han muerto
- y acógelos en el descanso de Cristo.
ORACIÓN DOMINICAL
CONCLUSIÓN
Terminemos nuestra oración con las palabras que nos enseñó
el Señor: Padre nuestro.
ORACIÓN
Nuestro humilde servicio, Señor, proclame tu grandeza, y ya que
por nuestra salvación te dignaste mirar la humillación de
la Virgen María, te rogamos nos enaltezcas llevándonos a
la plenitud de la salvación. Por nuestro Señor.
V. El Señor nos bendiga,
nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
MARTES
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre. Como era. (Aleluya.)
HIMNO
¿Quién es este que viene,
recién atardecido,
cubierto por su sangre
como varón que pisa los racimos?
Coro; Este es Cristo, el Señor, convocado a la muerte, glorificado
en la resurrección.
¿Quién es este que vuelve
glorioso y malherido
y, a precio de su muerte,
compra la paz y libra a los cautivos?
Coro: Este es Cristo, el Señor...
Se durmió con los muertos y reina entre los vivos;
no le venció la fosa porque el Señor sostuvo a su Elegido.
Coro; Este es Cristo, el Señor...
Anunciad a los pueblos qué habéis visto y oído;
aclamad al que viene como la paz, bajo un clamor de olivos.
SALMODIA
ANTÍFONA 1 No podéis servir a Dios y al dinero.
SALMO 48
Vanidad de las riquezas
Es muy difícil que un rico entre en el reino de los cielos (Mt
19,23).
Oíd todas las naciones, escuchadlo, habitantes del orbe: plebeyos
y nobles, ricos y pobres; mi boca hablará sabiamente, y serán
muy sensatas mis reflexiones; prestaré oído al proverbio
y propondré mi problema al son de la cítara. ¿Por
qué habré de temer los días aciagos, cuando me cerquen
y acechen los malvados, que confían en su opulencia y se jactan
de sus inmensas riquezas, si nadie puede salvarse ni dar a Dios un rescate?
Es tan caro el rescate de la vida, que nunca les bastará para vivir
perfectamente sin bajar a la fosa. Mirad: los sabios mueren, lo mismo
que perecen los ignorantes y necios, y legan sus riquezas a extraños.
El sepulcro es su morada perpetua y su casa de edad en edad, aunque hayan
dado nombre a países, El hombre no perdura en la opulencia, sino
que perece como los animales.
Ant. No podéis servir a Dios y al dinero.
ANTÍFONA 2
Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el
Reino de los cielos.
SALMO 130
Como un niño, Israel se abandonó en brazos de Dios
Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón (Mt 11,29).
Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas que superan mi capacidad; sino que acallo y modero
mis deseos, como un niño en brazos de su madre. Espere Israel en
el Señor ahora y por siempre.
Ant. Si no volvéis a ser como niños, no
entraréis en el Reino de los cielos.
ANTÍFONA 3
Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro
Dios.
CÁNTICO (Ap 4,11; 5,9.10.12)
Himno de los redimidos
Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor
y el poder, porque tú has creado el universo; porque por tu voluntad
lo que no existía fue creado. Eres digno de tomar el libro y abrir
sus sellos porque fuiste degollado y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos
para nuestro Dios un reino de sacerdotes y reinan sobre la tierra. Digno
es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.
ANT. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para
nuestro Dios
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. Rm 12,9-12
Que vuestra caridad no sea una farsa: aborreced lo malo y apegaos a lo
bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando
a los demás más que a uno mismo. En la actividad, no seáis
descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes. Servid constantemente
al Señor. Que la esperanza os tenga alegres: estad firmes en la
tribulación, sed asiduos en la oración.
RESPONSORIO
V. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
R. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
V. Tu fidelidad de generación en generación.
R. Más estable que el cielo.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
CÁNTICO EVANGÉLICO (MAGNÍFICAT)
ANT. Se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador.
PRECES O INTERCESIONES
Invoquemos a Dios, esperanza de su pueblo, diciendo:
Tú eres la esperanza de tu pueblo. Señor.
Te damos gracias, Señor, porque por Cristo, tu Hijo, hemos sido
enriquecidos
- en toda clase de palabra y de conocimiento. En tus manos, Señor,
están el corazón y la mente de los que gobiernan:
- dales, pues, acierto en sus decisiones para que
te sean gratos en su pensar y obrar. Tú, que a los artistas concedes
inspiración para plasmar la belleza que de ti procede,
- haz que con sus obras aumente el gozo y la
esperanza de los hombres. Tú, que no permites que seamos tentados
por
encima de nuestras fuerzas,
- da fortaleza a los débiles, levanta a los caídos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú, que nos has prometido la resurrección en
el último día,
- no te olvides para siempre de los que ya han sido despojados de su cuerpo
mortal.
ORACIÓN DOMINICAL
Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al
Padre común: Padre nuestro.
CONCLUSIÓN
ORACIÓN
Llegue a tus oídos, Señor, la voz suplicante de tu Iglesia
a fin de que, conseguido el perdón de nuestros pecados, con tu
ayuda podamos dedicamos a tu servicio y con tu protección vivamos
confiados. Por nuestro Señor.
V. El Señor nos bendiga,
nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
MIÉRCOLES
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre. Como era. (Aleluya.)
HIMNO
Coro: Este es el día del Señor.
Este es el tiempo de la misericordia.
Delante de tus ojos
ya no enrojeceremos
a causa del antiguo
pecado de tu pueblo.
Arrancarás de cuajo
el corazón soberbio
y harás un pueblo humilde
de corazón sincero.
Coro: Este es el día del Señor.
Este es el tiempo de la misericordia.
En medio de las gentes
Nos guardas como un resto
para cantar tus obras
y adelantar tu Reino.
Seremos raza nueva para los cielos nuevos;
sacerdotal estirpe según tu Primogénito.
Coro: Este es el día del Señor.
Este es el tiempo de la misericordia.
Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos del oprobio
serán tus herederos.
Señalarás entonces
el día del regreso
para los que comían
su pan en el destierro.
Coro: Este es el día del Señor.
Este es el tiempo de la misericordia.
¡Exulten mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el Señor que es justo
revoca sus decretos:
La salvación se anuncia
donde acechó el infierno.
porque el Señor habita
en medio de su pueblo.
SALMODIA
ANTÍFONA 1 Señor, tu saber me sobrepasa.
SALMO 138,1-18.23-24
Dios está en todas partes y lo ve todo
¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién
fue su consejero? (Rm 11,34).
Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.
No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco.
¿A dónde iré lejos de tu aliento,
a dónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;
si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.
Si digo: <Que al menos la tiniebla me encubra, que la luz se haga noche
en torno a mí>, ni la tiniebla es oscura para ti, la noche es
clara como el día.
ANT. Señor, tu saber me sobrepasa.
ANTÍFONA 2
Ya vivamos, ya muramos, del Señor somos, aleluya.
SALMO 126
El esfuerzo humano es inútil sin Dios
Sois edificación de Dios (1 Co 3,9).
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.
ANT. Ya vivamos, ya muramos, del Señor somos,
aleluya.
ANTÍFONA 3
El es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.
CÁNTICO. Col 1,12-20
Himno a Cristo, primogénito de toda criatura y primer resucitado
de entre los muertos
Damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia
del pueblo santo en la luz. El nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos
recibido la redención, el perdón de los pecados. El es imagen
de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio
de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles
e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue
creado por él y para él. El es anterior a todo, y todo se
mantiene en él. El es también la cabeza del cuerpo: de la
Iglesia. El es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que
residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo
todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por
la sangre de su cruz.
ANT. El es el primogénito de toda criatura, es
el primero en todo.
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. Ef 3,20-21
A aquel que tiene el sumo poder, para hacer muchísimo más
de lo que pedimos o pensamos, con la energía que obra en nosotros,
a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, en todas
las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén.
RESPONSORIO
V. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
R. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
V. No arrebates mi alma con los pecadores.
R. Ten misericordia de mí.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
CÁNTICO EVANGÉLICO (MAGNÍFICAT)
ANT. Haz, Señor, proezas con tu brazo, dispersa a los soberbios
de corazón y enaltece a los humildes.
PRECES O INTERCESIONES
Aclamemos alegres al Padre, cuya bondad para con su pueblo es más
grande que los cielos, y digámosle:
Alégrense todos los que esperan en ti. Señor.
Acuérdate, Señor, que enviaste tu Hijo al mundo, no para
condenarlo, sino para salvarlo;
- haz que su muerte gloriosa nos traiga la salvación.
Tú, que hiciste a tus sacerdotes ministros de Cristo y dispensadores
de tus misterios,
- concédeles un corazón leal, ciencia y caridad.
Haz que los que has llamado a la castidad perfecta por el reino de los
cielos
- sigan con fidelidad a tu Hijo.
Tú, que desde el principio creaste hombre y mujer,
- guarda a todas las familias unidas en el verdadero amor.
Tú, que enviaste a Jesucristo al mundo para salvar a los pecadores,
- concede a todos los difuntos el perdón de sus faltas.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
ORACIÓN DOMINICAL
Movidos por el Espíritu Santo, y llenos de su amor, dirijamos al
Padre nuestra oración: Padre nuestro.
CONCLUSIÓN
ORACIÓN
Acuérdate, Señor, de tu misericordia, y, ya que a los hambrientos
los colmas de bienes, socorre nuestra indigencia con la abundancia de
tus riquezas. Por nuestro Señor.
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la
vida eterna.
R. Amén.
JUEVES
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre. Como era. (Aleluya.)
HIMNO
Libra mis ojos de la muerte, dales la luz que es su destino. Yo, como
el ciego del camino, pido un milagro para verte.
Haz de esta piedra de mis manos una herramienta constructiva; cura su
fiebre posesiva y ábrela al bien de mis hermanos.
Que yo comprenda, Señor mío, al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede desentendidamente frío.
Guarda mi fe del enemigo (¡tantos me dicen que estás muerto!...).
Tú que conoces el desierto dame tu mano y ven conmigo.
SALMODIA
ANT. Señor Dios mío, a ti grité y tú me sanaste;
te daré gracias por siempre.
SALMO 29
Acción de gracias por la curación de un enfermo en peligro
de muerte
Cristo, después de su gloriosa resurrección, da gracias
al Padre (Casiano).
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado
que mis enemigos se rían de mí. Señor, Dios mío,
a ti grité, y tú me sanaste.
Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba
a la fosa. Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias
a su nombre santo; su cólera dura un instante; su bondad, de por
vida; al atardecer nos visita el llanto, por la mañana, el júbilo.
Yo pensaba muy seguro: <No vacilaré jamás>. Tu bondad,
Señor, me aseguraba el honor y la fuerza; pero escondiste tu rostro,
y quedé desconcertado.
A ti, Señor, llamé, supliqué a mi Dios: <¿Qué
ganas con mi muerte, con que yo baje a la fosa?
¿Te va a dar gracias el polvo, o va a proclamar tu lealtad? Escucha,
Señor, y ten piedad de mí; Señor, socórreme>.
Cambiaste mi luto en danzas, me desataste el sayal y me has vestido de
fiesta; te cantará mi alma sin callarse. Señor, Dios mío,
te daré gracias por siempre.
ANT. Señor Dios mío, a ti grité
y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.
ANTÍFONA 2 El Señor es mi refugio y mi
libertador, aleluya.
SALMO 143
Oración de un rey ante las dificultades de la guerra
Su brazo se adiestró en la pelea, cuando venció al mundo;
dijo, en efecto: <Yo he vencido al mundo> (San Hilario).
Bendito el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea; mi bienhechor, mi alcázar, baluarte donde
me pongo a salvo, mi escudo y mi refugio, que me somete los pueblos.
Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?;
¿qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo; sus días, una sombra que pasa.
Señor, inclina tu cielo y desciende, toca los montes, y echarán
humo, fulmina el rayo y dispérsalos, dispara tus saetas y desbarátalos.
Extiende la mano desde arriba: defiéndeme, líbrame de las
aguas caudalosas, de la mano de los extranjeros, cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.
ANT. El Señor es mi refugio y mi libertador, aleluya.
ANTÍFONA 3
Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo y lo será siempre, aleluya.
CÁNTICO. Ap 11,17-18; 12,100-12a
El juicio de Dios
Gracias te damos. Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y a los santos, y a los que temen tú nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.
Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero,
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.
ANT. Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo y lo será
siempre, aleluya.
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. Col 1,23
Perseverad firmemente fundados e inconmovibles en la fe y no os apartéis
de la esperanza del evangelio que habéis oído, que ha sido
predicado a toda criatura bajo los cielos.
RESPONSORIO
V. El Señor es mi pastor, nada me falta.
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.
V. En verdes praderas me hace recostar.
R. Nada me falta.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.
CÁNTICO EVANGÉLICO (MAGNÍFICAT)
ANT. A los hambrientos de justicia el Señor los sacia y colma de
bienes.
PRECES O INTERCESIONES
Invoquemos a Cristo, luz del mundo y alegría de todo ser viviente,
y digámosle confiadamente:
Concédenos, Señor, la salud y la paz.
Luz indeficiente y Palabra eterna del Padre, que has venido a salvar a
todos los hombres,
- ilumina a los catecúmenos de la Iglesia con la luz de tu verdad.
No lleves cuenta de nuestros delitos, Señor,
- pues de ti procede el perdón.
Señor que has querido que la inteligencia del hombre investigara
los secretos de la naturaleza,
- haz que la ciencia y las artes contribuyan a tu gloria y al bienestar
de todos los hombres.
Protege, Señor, a los que se han consagrado en el mundo al servicio
de sus hermanos,
- que con libertad de espíritu y sin desánimos puedan realizar
su ideal.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Señor, que abres y nadie puede cerrar, ilumina a nuestros difuntos
que yacen en tinieblas y en sombra de muerte, y ábreles las puertas
de tu reino.
ORACIÓN DOMINICAL
Porque todos nos sabemos hermanos, hijos de un mismo Dios, confiadamente
nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
CONCLUSIÓN
ORACIÓN
Dios todopoderoso, te damos gracias por el día que termina e imploramos
tu clemencia para que nos perdones benignamente todas las faltas, que
por la fragilidad de la condición humana hemos cometido en este
día.
Por nuestro Señor.
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la
vida eterna.
R. Amén.
VIERNES
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre. Como era. (Aleluya.)
HIMNO
Coro: ¿Qué ves en la noche, dinos, centinela?
1. Dios como un almendro con la flor despierta; Dios que nunca
duerme busca quien no duerma y entre las diez vírgenes sólo
hay cinco en vela.
Coro
2. Gallos vigilantes que la noche alertan. Quien negó tres veces
otras tres confiesa y pregona el llanto lo que el miedo niega.
Coro
3. Muerto le bajaban a la tumba nueva. Nunca tan adentro tuvo al
sol la tierra. Daba el monte gritos, piedra contra piedra.
Coro
4. Vi los cielos nuevos y la tierra nueva. Cristo entre los vivos y la
muerte muerta. Dios en las criaturas ¡y eran todas buenas!
SALMODIA
ANTÍFONA 1 Yo estaré con vosotros hasta
el fin del mundo.
Salmo 114
Acción de gracias
Hay que padecer mucho para entrar en el reino de Dios (Hch 14,21).
Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.
Me envolvían redes de muerte, me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia. Invoqué el nombre del Señor:
<Señor salva mi vida>.
El Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo; el Señor
guarda a los sencillos: estando yo sin fuerzas me salvó.
Alma mía, recobra tu calma, que el Señor fue bueno contigo:
arrancó, mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor en el país de la
vida.
ANT. Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo.
ANTÍFONA 2
El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
El guardián del pueblo
No pasarán hambre ni sed, no les hará daño
el sol ni el bochorno (Ap 7,16).
Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá
el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y
la tierra. No permitirá que resbale tu pie, tu guardián
no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel. El Señor
te guarda a su sombra, está a tu derecha; de día el sol
no te hará daño, ni la luna de noche. El Señor te
guarda de todo mal, él guarda tu alma; el Señor guarda tus
entradas y salidas, ahora y por siempre.
ANT. El auxilio me viene del Señor, que hizo el
cielo y la tierra.
ANTÍFONA 3
Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!
CÁNTICO. Ap 15,3-4
Canto de los vencedores
Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios omnipotente, justos
y verdaderos tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!
¡Quién no temerá, Señor, y glorificará
tu nombre? Porque tú sólo eres santo, porque vendrán
todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, porque tus
juicios se hicieron manifiestos.
ANT. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey
de los siglos!
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. 1 Co 2,7-10a
Enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada
por Dios antes de los siglos para nuestra gloria, que no conoció
ninguno de los príncipes de este siglo; pues si la hubieran conocido,
nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria. Pero, según
está escrito:
<Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del
hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman>. Pero a nosotros
nos lo ha revelado por su Espíritu.
RESPONSORIO
V. Cristo murió por nuestros pecados, para conducirnos a Dios.
R. Cristo murió por nuestros pecados, para conducirnos a Dios.
V. Muerto en la carne, pero vivificado en el espíritu.
R. Para conducirnos a Dios.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cristo murió por nuestros pecados, para conducirnos a Dios.
CÁNTICO EVANGÉLICO (MAGNÍFICAT)
ANT. Acuérdate de tu misericordia, Señor; de lo que has
prometido a nuestros padres.
PRECES O INTERCESIONES
Bendigamos ahora al Señor Jesús, que en su vida mortal escuchó
siempre con bondad las súplicas de los que acudían a él
y con amor secaba las lágrimas de los que lloraban, y digámosle
también nosotros:
Señor, ten piedad de tu pueblo.
Señor Jesucristo, tú que consolaste a los tristes y desconsolados,
- pon ahora tus ojos en las lágrimas de los pobres. Escucha los
gemidos de los agonizantes
- y envíales tus ángeles para que los alivien y conforten.
Que los emigrantes sientan tu providencia terrena en el destierro,
- que puedan regresar a su patria y que un día
alcancen también la eterna. Que los pecadores se ablanden a tu
amor
- y se reconcilien contigo y con tu Iglesia.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Perdona las faltas de los que han muerto
- y dales la plenitud de tu salvación.
ORACIÓN DOMINICAL
Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena
confianza: Padre nuestro.
CONCLUSIÓN
¡Oh Dios!, que de una manera admirable has manifestado tu sabiduría
escondida con el escándalo de la cruz; concédenos contemplar,
con tal plenitud de fe, la gloria de la pasión de tu Hijo, que
siempre encontremos nuestra gloria en la cruz de Jesucristo. Que vive
y reina contigo.
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la
vida eterna.
R. Amén.
SÁBADO
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre. Como era. (Aleluya.)
HIMNO
Coro: Acuérdate de Jesucristo
resucitado de entre los muertos. El es nuestra salvación, nuestra
gloria para siempre.
1. Si con él morimos, viviremos con él. Si con él
sufrimos, reinaremos con él.
2. En él nuestras penas, en él nuestro gozo. En él
la esperanza, en él nuestro amor.
3. En él toda gracia, en él nuestra paz. En él nuestra
gloria, en él la salvación.
SALMODIA
Antífona 1
Suba nuestra oración, Señor, como incienso en tu presencia.
SALMO 140,1-9
Oración ante el peligro
El humo del incienso subió a la presencia de Dios, de mano del
ángel, en representación de las oraciones de los santos
(Ap 8,4).
Señor, te estoy llamando, ven de prisa, escucha mi voz cuando te
llamo. Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar
de mis manos como ofrenda de la tarde.
Coloca, Señor, una guardia en mi boca, un centinela a la puerta
de mis labios; no dejes inclinarse mi corazón a la maldad, a cometer
crímenes y delitos; ni que con los hombres malvados participe en
banquetes.
Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda, pero que el ungüento
del impío no perfume mi cabeza; yo seguiré rezando en sus
desgracias. Sus jefes cayeron despeñados, aunque escucharon mis
palabras amables; como una piedra de molino, rota por tierra, están
esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.
Señor, mis ojos están vueltos a ti, en ti me refugio, no
me dejes indefenso; guárdame del lazo que me han tendido, de la
trampa de los malhechores.
ANT. Suba nuestra oración, Señor, como
incienso en tu presencia.
ANTÍFONA 2
Tú eres mi refugio y mi lote, Señor, en el país de
la vida.
SALMO 141
Oración del hombre abandonado: Tú eres mi refugio
Todo lo que describe el salmo se realizó en el Señor durante
su Pasión (San Hilario).
A voz en grito clamo al Señor, a voz en grito suplico al Señor;
desahogo ante él mis afanes, expongo ante él mi angustia,
mientras me va faltando el aliento.
Pero tú conoces mis senderos, y que en el camino por donde avanzo
me han escondido una trampa.
Mira a la derecha, fíjate: nadie me hace caso; no tengo a dónde
huir, nadie mira por mi vida.
A ti grito, Señor; te digo: <Tú eres mi refugio y mi
lote en el país de la vida>.
Atiende a mis clamores, que estoy agotado; líbrame de mis perseguidores,
que son más fuertes que yo.
Sácame de la prisión, y daré gracias a tu nombre:
me rodearán los justos cuando me devuelvas tu favor.
ANT. Tú eres mi refugio y mi lote, Señor,
en el país de la vida.
ANTÍFONA 3
El Señor Jesús se rebajó y por eso Dios lo levantó
por los siglos de los siglos.
CÁNTICO. Flp 2,6-11
Cristo, siervo de Dios, en su misterio pascual
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el <Nombre-sobre-todo-nombre>;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
ANT. El Señor Jesús se rebajó y
por eso Dios lo levantó por los siglos de los siglos.
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. Rm 11,33-36
¡Qué abismo de riquezas es la sabiduría y ciencia
de Dios! ¡Qué insondables son sus juicios y qué irrastreables
sus caminos! ¿Quién ha conocido jamás la mente del
Señor.7 ¿Quién ha sido su consejero? ¿Quién
le ha dado primero, para que él le devuelva? El es origen, camino
y término de todo. A él la gloria por los siglos. Amén.
RESPONSORIO
V. Qué magníficas son tus obras, Señor.
R. Qué magníficas son tus obras, Señor.
V. Qué profundos tus designios.
R. Qué magníficas son tus obras, Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Qué magníficas son tus obras, Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO (MAGNÍFICAT)
ANT. Se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador.
PRECES O INTERCESIONES
Glorifiquemos a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y supliquémosle
diciendo:
Escucha a tu pueblo. Señor.
Padre todopoderoso, haz que abunde en la tierra la justicia
- y que tu pueblo se alegre en la paz.
Que todos los pueblos entren a formar parte de tu Reino,
- y que Israel sea salvado.
Que los esposos cumplan tu voluntad, vivan en concordia
- y que sean siempre rieles a su mutuo amor.
Recompensa, Señor, a nuestros bienhechores
- y concédeles la vida eterna.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Acoge con amor a los que han muerto, víctimas del odio, de la violencia
o de la guerra
- y dales el descanso eterno.
ORACIÓN DOMINICAL
Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración
que nos enseñó el Señor: Padre nuestro.
CONCLUSIÓN
ORACIÓN
Nuestra oración vespertina suba hasta ti, Padre de clemencia, y
descienda sobre nosotros tu bendición; así, con tu ayuda,
seremos salvados ahora y por siempre.
Por nuestro Señor.
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la
vida eterna.
R. Amén. |
| MaGnificat |
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mí espíritu en Dios, mi Salvador, porque ha mirado
la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán
todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por
mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de
generación en generación. El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los
ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose
de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres-en
favor de Abrahán y su descendencia por siempre. |
|
| Completas |
INTRODUCCIÓN
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre. Como era.
(Aleluya.)
Es de alabar que, dicha la Invocación inicial, se haga un breve
examen de conciencia, que puede concluirse con la siguiente fórmula
penitencial:
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado
mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión: por mi culpa, por
mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, siempre
Virgen; a los Ángeles, a los Santos y a vosotros, hermanos, que
intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
HIMNO
Gracias, porque al fin del día podemos agradecerte los méritos
de tu muerte, y el pan de la eucaristía; la plenitud de alegría
de haber vivido tu alianza; la fe, el amor, la esperanza, y esta bondad
de tu empeño de convertir nuestro sueño en una humilde alabanza.
Gloria al Padre, Gloria al Hijo, Gloria al Espíritu Santo, por
los siglos de los siglos. Amén.
SALMODIA
Ant. Mi carne descansa serena.
SALMO 15
Cristo y sus miembros esperan la resurrección
Dios resucitó a. Jesús rompiendo las ataduras de la muerte
(Hch 2,24).
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien».
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen. Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos
ni tomaré sus nombres en mis labios.
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.
Bendeciré al Señor, que me aconseja;
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor;
con él a mi derecha no vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
ANT. Mi carne descansa serena.
PALABRA DE DIOS
LECTURA BREVE. 1 TS 5,23
Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente y que todo vuestro
ser, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la Parusía
de nuestro Señor Jesucristo.
V. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Encomiendo mi espíritu.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
ANT. Sálvanos, Señor, despiertos; protégenos
mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz. (T.
P. Aleluya;)
CÁNTICO DE SIMEÓN (Lc 2,29-32)
Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
ANT. Sálvanos, Señor, despiertos; protégenos
mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz. (T.
P. Aleluya.)
ORACIÓN
Se recoge una de las siguientes oraciones
1. Oremos.
Señor, Dios nuestro, concédenos un descanso tranquilo que
restaure nuestras fuerzas, desgastadas ahora por el trabajo del día;
así, Fortalecidos con tu ayuda, te serviremos siempre con todo
nuestro cuerpo y nuestro espíritu.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.
2. Oremos.
Concede, Señor, a nuestros cuerpos fatigados el descanso necesario.
y haz que la simiente del Reino, que con nuestro trabajo hemos sembrado
hoy, crezca y germine para la cosecha de la vida eterna.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.
3. Oremos.
Ilumina, Señor, nuestra noche y concédenos un descanso tranquilo;
que mañana nos levantemos en tu nombre y podamos contemplar, con
salud y gozo, el clarear del nuevo día.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.
CONCLUSIÓN
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una
muerte santa.
R. Amén.
Se añade el canto final a la Santísima Virgen María.
Bajo tu protección nos acogemos,
Santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades;
antes bien, líbranos siempre de todo peligro,
¡oh Virgen gloriosa y bendita! |
|
| El
perdón |
| Oraciones
de petición de perdón |
¡Señor mío,
Jesucristo! Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor
mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre
todas las cosas, me pesa de todo corazón el haberos ofendido; también
me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado
por vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar,
confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén. |
Yo confieso ante Dios
todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento,
palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran
culpa. Por eso ruego a santa Maria, siempre Virgen, a los Ángeles,
a los Santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí
ante Dios, Nuestro Señor. |
Yo pecador me confieso
a Dios todopoderoso, a la Bienaventurada siempre Virgen María,
al Bienaventurado San Miguel Arcángel, al Bienaventurado San Juan
Bautista, a los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, a todos los Santos
y a Vos, Padre, que pequé gravemente con el pensamiento, palabra,
obra y omisión, por mi culpa, por mi culpa, por mi gravísima
culpa; por tanto ruego a la Bienaventurada siempre Virgen María,
al Bienaventurado San Miguel Arcángel, al Bienaventurado San Juan
Bautista, a los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, a todos los Santos
y a Vos, Padre, que roguéis por mí a Dios Nuestro Señor.
|
| Ritual
del sacramento del perdón |
ACOGIDA DEL PENITENTE
El sacerdote acoge con bondad al penitente y le saluda con palabras de
afecto.
Luego, el penitente, y si lo juzga oportuno, también el sacerdote,
hace la señal de la cruz, diciendo:
EN EL NOMBRE DEL PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU
SANTO. AMÉN.
El sacerdote invita al penitente a poner su confianza
en Dios, con estas o parecidas palabras:
"Dios, que ha iluminado nuestros corazones, te conceda un verdadero
conocimiento de tus pecados y de su misericordia".
El penitente responde:
"Amen"
O bien:
"Acércate confiadamente al Señor, que no se complace
en la muerte del pecador, sino en que se convierta y viva" (Ez 33,
11)
"El Señor Jesús, que no ha venido a llamar a los justos,
sino a los pecadores, te acoja con bondad. Confía en él"
(Lc 5, 32)
LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS
El sacerdote, si lo juzga oportuno, lee o recita de memoria
algún texto de la Sagrada Escritura, en el que se proclama la misericordia
de Dios y la llamada del hombre a la conversión.
"Pongamos los ojos en el Señor Jesús
que fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación".
O bien:
Ez 11, 19-20
Escuchemos al Señor, que nos dice:
Les daré un corazón íntegro e infundiré en
ellos un espíritu nuevo: les arrancaré el corazón
de piedra y les daré un corazón de carne, para que sigan
mis leyes y pongan por obra mis mandatos; serán mi pueblo y yo
seré su Dios.
Mt 6, 14-15
Escuchemos al Señor que nos dice:
Si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro
Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis
a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.
Mc 1, 14-15
Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar
el Evangelio de Dios.
Decía:
- Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos
y creed la Buena Noticia.
Rom 5, 8-9
La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía
pecadores, murió por nosotros. ¡Con cuánta más
razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él
salvos de la cólera!
Ef 5, l-2
Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo
nos amó y se entregó por nosotros como oblación y
víctima de suave olor.
1 Jn 1, 6-7. 9
Si decimos que estamos unidos a él: mientras vivimos en la oscuridad,
mentimos con palabras y obras.
Pero si vivimos en la luz, lo mismo que Jesucristo está en la luz,
entonces estamos unidos unos con otros y la sangre de su Hijo Jesús
nos limpia los pecados.
Pero si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos
perdonará los pecados y nos lavará los delitos.
CONFESIÓN DE LOS PECADOS Y ACEPTACIÓN DE
LA SATISFACCIÓN
Inmediatamente después, donde sea costumbre, el penitente recita
una fórmula de confesión general (v. g. “Yo confieso”) y,
al terminar ésta, confiesa sus pecados.
Si fuera necesario, el sacerdote ayuda al penitente a hacer una confesión
íntegra, le da los consejos oportunos y lo exhorta a la contrición
de sus culpas, recordándole que el cristiano por el sacramento
de la penitencia, muriendo y resucitando con Cristo, es renovado en el
misterio pascual. Luego le propone una obra de penitencia que el fiel
acepta para satisfacción por sus pecados y para enmienda de su
vida.
ORACIÓN DEL PENITENTE
El sacerdote invita al penitente a que manifieste su contrición.
Este lo hará con alguna de las siguientes fórmulas u otra
semejante:
"Dios, Padre lleno de clemencia, como el hijo pródigo, que
marchó hacia tu encuentro, te digo: “He pecado contra ti, ya no
merezco llamarme hijo tuyo”.
Cristo Jesús, Salvador del mundo, como el ladrón al que
abriste las puertas del paraíso, te ruego: “Acuérdate de
mí, Señor, en tu reino”.
Espíritu Santo, fuente de amor, confiadamente te invoco: “Purifícame,
y haz que camine como hijo de la luz».
Recuerda Señor que tu ternura y tu misericordia son eternas, no
te acuerdes de los pecados ni de las maldades de mi juventud; acuérdate
de mí con misericordia, por tu bondad, Señor.
(Sal 24. 6-7)
Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado. Pues yo reconozco
mi culpa, tengo siempre presente mi pecado.
(Sal 50. 4-5)
Padre, he pecado contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo. Ten compasión
de este pecador.
(Le 15, 18; 18, 13)
Misericordia, Dios mío, por tu bondad. Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa. Oh Dios, crea en mí un corazón
puro, renuévame por dentro con espíritu firme.
Jesús, Hijo de Dios, apiádate de mí, que soy un pecador.
Dios mío, con todo mi corazón me arrepiento de todo el mal
que he hecho y de todo lo bueno que he dejado de hacer. Al pecar, te he
ofendido a ti, que eres el Supremo Bien y digno de ser amado sobre todas
las cosas. Propongo firmemente, con la ayuda de tu gracia, hacer penitencia,
no volver a pecar y huir de las ocasiones de pecado. Señor: Por
los méritos de la pasión de nuestro Salvador Jesucristo,
apiádate de mí.
IMPOSICIÓN DE MANOS Y ABSOLUCIÓN
El sacerdote, extendiendo ambas manos o, al menos, la derecha sobre la
cabeza del penitente, dice:
Dios, Padre misericordioso,
que reconcilió consigo al mundo
por la muerte y la resurrección de su Hijo
y derramó el Espíritu Santo
para la remisión de los pecados,
te conceda, por el ministerio de la Iglesia,
el perdón y la paz.
Y YO TE ABSUELVO DE TUS PECADOS
EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO,
+ Y DEL ESPÍRITU SANTO.
El penitente responde:
Amén.
ACCIÓN DE GRACIAS Y DESPEDIDA DEL PENITENTE
Después de haberle dado la absolución, el sacerdote prosigue:
Dad gracias al Señor, porque es bueno
El penitente responde:
Porque es eterna su misericordia.
Después, el sacerdote despide al penitente, ya reconciliado, diciéndole:
El Señor ha perdonado tus pecados. Vete en paz.
En lugar de la acción de gracias y de la fórmula de despedida,
el sacerdote puede decir:
La pasión de nuestro Señor Jesucristo,
la intercesión de la Bienaventurada Virgen María y de todos
los santos, el bien que hagas y el mal que puedas sufrir, te sirvan como
remedio de tus pecados, aumento de gracia y premio de vida eterna.
Vete en paz.
O bien:
El Señor que te ha liberado del pecado, te admita
también en su reino. A él, la gloria por los siglos.
R. Amén.
Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado
su pecado. Hermano, goza y alégrate en el Señor. Vete en
paz.
O bien:
Vete en paz, y anuncia a los hombres las maravillas de
Dios que te ha salvado. |
|
| Otras
oraciones |
| Oraciones
marianas |
| A LA SANTÍSIMA VIRGEN |
¡Oh, Señora mía!
¡Oh, Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a Vos; y en prueba
de mi filial afecto os consagro en este día mis ojos, mis oídos,
mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy
todo vuestro. Madre de bondad, guardadme y defendedme como cosa y posesión
vuestra. Amén. |
| ACORDAOS |
Acordaos, ¡oh piadosísima
Virgen María! que jamás se ha oído decir que ninguno
de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestra
asistencia y reclamado vuestro socorro haya sido abandonado de Vos. Animado
con esta confianza a Vos también acudo, ¡oh Madre, Virgen
de las vírgenes! y gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo
a comparecer ante vuestra presencia soberana. No desechéis, ¡oh
Madre de Dios!, mis humildes súplicas, antes bien escuchadlas y
acogedlas benignamente. Amén. |
| AVE MARÍA |
Dios te salve, María, llena eres
de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas
las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa
María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en
la hora de nuestra muerte. Amén. |
| AVE MARIS STELLA |
Ave, maris stella, Dei mater alma atque semper virgo, felix
caeli porta.
Sumens illud Ave, Grabriélis ore, fundanos in pace, mutans Evae nomen.
Solve vincla reis, profer lumen caecis, mala nostra pelle, bona cuncta posce.
Monstra te esse matrem, per te preces qui pro nobis natus tu lit esse tuus.
Virgo singuláris, inter omnes mitis, nos culpis solútos, mites
fac et castos.
Vitam praesta puram, iter para tutum, ut vidéntes Iesum, semper collaetémur.
Sit laus Deo Patri, summo Christo decus, Spirítui Sancto, tribus
honor unus. Amen. |
| BENDITA SEA TU PUREZA |
Bendita sea tu pureza
y eternamente lo sea,
pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.
A Ti, celestial Princesa,
Virgen Sagrada María,
yo te ofrezco en este día
alma, vida y corazón.
Mírame con compasión,
no me dejes, Madre mía. |
| DULCE MADRE |
Dulce Madre, no te alejes,
tu vista de mí no apartes; ven conmigo a todas partes y solo nunca
me dejes. Ya que me proteges tanto como verdadera Madre, haz que me bendiga
el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. |
| EL ÁNGELUS |
V. El Ángel del Señor anunció
a María,
R. Y concibió del Espíritu Santo.
Ave María.
V. He aquí la esclava del Señor
R. Hágase en mi según tu palabra.
Ave María.
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros.
Ave Maria.
V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor
Jesucristo.
Oración
Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestras almas
para que los que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la Encarnación
de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y Cruz seamos llevados a la
gloria de su Resurrección. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor.
R. Amén. |
| MADRE DEL REDENTOR |
Madre del Redentor, Virgen fecunda, puerta
del cielo siempre abierta, estrella del mar, ven a librar al pueblo, que
tropieza y quiere levantarse. Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador y permaneces siempre Virgen. Recibe el
saludo del ángel Gabriel, y ten piedad de nosotros, pecadores. |
| OFRECIMIENTO DEL ESTUDIO |
Madre mía Inmaculada, que, por
haber recibido en tu seno al Verbo de Dios, eres Trono de la Gloria y
de la Sabiduría, alcánzame la gracia de estudiar con orden
y constancia, con intensidad y presencia de Dios, con pureza de intención
y afán de servicio.
Haz que mi trabajo me acerque cada día más a ti y a tu divino
Hijo; que nunca me olvide de ofrecértelo, como ahora lo hago, para
que mis horas de estudio sean, de verdad, horas de oración.
Ayúdame también. Señora, a lograr el fruto humano
y sobrenatural que Dios espera de mi estudio, para que, santificándome
en el trabajo, alcance la dicha de amarte para siempre en el Cielo. Amén. |
| REGINA COELI |
V. Alégrate, Reina del cielo;
aleluya,
R. Porque el que mereciste llevar en tu seno; aleluya.
V. Ha resucitado, según predijo;
aleluya,
R. Ruega por nosotros a Dios;
aleluya.
V. Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya,
R. Porque ha resucitado Dios verdaderamente; aleluya.
Oración.
Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor
Jesucristo, te has dignado dar la alegría al mundo, concédenos
que por su Madre, la Virgen María, alcancemos el goce de la vida
eterna. Por el mismo Cristo Nuestro Señor.
R. Amén. |
| SANTO ROSARIO |
SEÑAL DE LA CRUZ
+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos
Señor, Dios nuestro. +En el nombre del Padre, y del Hijo, y del
Espíritu Santo. Amén.
GLORIA
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Amén.
(Después del enunciado de cada Misterio se reza
un Padrenuestro, diez Avemarías y el Gloria)
MISTERIOS GOZOSOS (lunes y sábado)
1. La Encarnación del Hijo de Dios.
2. La Visitación de Nuestra Señora a Santa Isabel.
3. El Nacimiento del Hijo de Dios.
4. La Purificación de la Virgen Santísima.
5. La Pérdida del Niño Jesús y su hallazgo en el
templo.
MISTERIOS LUMINOSOS (jueves)
1. El Bautismo de Jesús en el Jordán.
2. La autorevelación de Jesús en las bodas de Caná.
3. El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión.
4. La Transfiguración.
5. La institución de la Eucaristía.
MISTERIOS DOLOROSOS (martes y viernes)
1. La Oración de Nuestro Señor en el Huerto.
2. La Flagelación del Señor.
3. La Coronación de espinas.
4. El Camino del Monte Calvario.
5. La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor.
MISTERIOS GLORIOSOS (miércoles y domingo)
1. La Resurrección del Señor.
2. La Ascensión del Señor.
3. La Venida del Espíritu Santo.
4. La Asunción de Nuestra Señora a los Cielos.
5. La Coronación de la Santísima Virgen.
LETANÍA
Señor, ten piedad
R. Señor, ten piedad
V. Cristo, ten piedad
R. Cristo, ten piedad
V. Señor, ten piedad
R. Señor, ten piedad
V. Cristo, óyenos
R. Cristo, óyenos
V. Cristo, escúchanos
R. Cristo, escúchanos
V. Dios, Padre celestial
R. Ten misericordia de nosotros
V. Dios Hijo, Redentor del mundo
R. Ten misericordia de nosotros
V. Dios Espíritu Santo
R. Ten misericordia de nosotros
V. Trinidad Santa, un solo Dios
R. Ten misericordia de nosotros
Santa María
..........................................ruega por nosotros
Santa Madre de Dios
Santa Virgen de las vírgenes
Madre de Cristo
Madre de la Iglesia
Madre de la divina gracia
Madre purísima
Madre castísima
Madre virginal
Madre sin mancha
Madre inmaculada
Madre amable
Madre admirable
Madre del Buen Consejo
Madre del Creador
Madre del Salvador
Virgen prudentísima
Virgen digna de veneración
Virgen digna de alabanza
Virgen poderosa
Virgen clemente
Virgen fiel
Espejo de justicia
Trono de sabiduría
Causa de nuestra alegría
Vaso espiritual
Vaso digno de honor
Vaso insigne de devoción
Rosa mística
Torre de David
Torre de marfil
Casa de oro
Arca de la alianza
Puerta del cielo
Estrella de la mañana
Salud de los enfermos
Refugio de los pecadores
Consuelo de los afligidos
Auxilio de los cristianos
Reina de los Ángeles
Reina de los Patriarcas
Reina de los Profetas
Reina de los Apóstoles
Reina de los Mártires
Reina de los Confesores
Reina de las Vírgenes
Reina de todos los Santos
Reina concebida sin pecado original
Reina elevada al cielo
Reina del Santísimo Rosario
Reina de la Familia
Reina de la paz
V. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
R. Perdónanos, Señor
V. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
R. Escúchanos, Señor
V. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
R. Ten misericordia de nosotros
V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor
Jesucristo.
Oremos,
Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestras almas
para que los que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la Encarnación
de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y Cruz, seamos llevados a
la gloria de su Resurrección. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén. |
| SALVE |
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados
hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos
misericordiosos; y después de este destierro muéstranos
a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima,
oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!
V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor
Jesucristo.
R. Amén |
| Via
Crucis |
1. Jesús es condenado
a muerte
Siendo Dios inmortal. Jesús quiso morir para librarme del pecado.
Adoranoste, Cristo, y te bendecimos; que por tu santa Cruz redimiste al
mundo. (Se repite en cada estación).
2. Jesús carga con la Cruz
El Señor lleva a cuestas la Cruz, para enseñarme a llevar
yo las mías.
3. Jesús cae bajo el peso de la Cruz
Son mis pecados los que hacen que el Señor caiga por tierra.
4. Jesús se encuentra con su Santísima Madre
Madre mía: no me faltes nunca en mi camino.
5. El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la Cruz
Llevando con ánimo mis cruces, ayudo a Jesús a llevar el
peso de la suya.
6. La Verónica limpia el rostro de Jesús
Tengo que consolar a los demás, cuando sufren, viendo en ellos
al Señor.
7. Jesús cae por segunda vez
Señor, dame fuerzas y amor para levantarme cada vez que caiga.
8. Jesús consuela a las hijas de Jerusalén
El Señor vuelve sobre nosotros su misericordia, aunque esté
sufriendo por nuestra culpa.
9. Jesús cae por tercera vez
Aunque yo caiga muchas veces, el Señor me perdonará por
medio de la Confesión.
10. Jesús es despojado de sus vestiduras
La vergüenza que pasó el Señor al quedar desnudo, debe
hacerme estimar la virtud de la modestia y el pudor.
11. Jesús es clavado en la Cruz
Los tremendos dolores del Señor me recuerdan que he de ser mortificado.
12. Jesús muere en la Cruz
<Nadie ama más a su amigo, que el que da su vida por ese amigo>.
13. Jesús es bajado de la Cruz y entregado a su Madre
Madre mía, quiero acompañarte en tu dolor con el dolor de
mis pecados.
14. Jesús es puesto en el sepulcro
Me dice San Pablo que he sido sepultado con Cristo, para no cometer más
pecados. |
| Oraciones
para distintas situaciones |
| A JESÚS CRUCIFICADO |
Mírame ¡oh mi amado y buen
Jesús!, postrado en tu presencia: te ruego con el mayor fervor
que imprimas en mi corazón vivos sentimientos de fe, esperanza,
caridad, dolor de mis pecados y el firmísimo propósito de
jamás ofenderte: mientras que yo, con gran amor y compasión,
voy considerando tus cinco llagas, comenzando por aquello que dijo de
ti, oh Dios mío, el santo profeta David: han taladrado mis manos
y mis pies, se pueden contar todos mis huesos. |
| ACTO DE ENTREGA DE SÍ |
Toma, Señor, y recibe mi libertad,
mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer.
Tú me lo diste, a Ti, Señor, lo torno; todo es tuyo; dispón
de ello conforme a tu voluntad. Dame tu amor y gracia, que ésto
me basta. |
| AL ÁNGEL DE LA GUARDA |
Ángel de Dios, bajo cuya custodia
me puso el Señor con amorosa piedad, a mí que soy vuestro
encomendado, alumbradme hoy, guardadme, regidme y gobernadme. Amén. |
| ALMA DE CRISTO |
Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo
de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, embriágame. Agua del
costado de Cristo, lávame. Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti. Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti. Para
que con tus santos te alabe. Por los siglos de los siglos. Amén.
|
| EL PAPA JUAN XXIII |
Señor, sólo por hoy aceptaré a las personas
como ellas son.
Sólo por hoy haré felices a cuantos me rodean.
Sólo por hoy realizaré mi trabajo con alegría y entusiasmo
Sólo por hoy extenderé mi mano a cuantos a mi lado la necesiten.
Sólo por hoy aceptaré el mundo como es y procuraré
mejorarlo
Sólo por hoy no tendré miedo de afrontar mis problemas.
Sólo por hoy buscaré sonreír a cuantos viven a mi lado.
Contigo, Señor, mañana será otro día. |
| GLORIA |
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu
Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los
siglos. Amén. |
| LA SEÑAL DE LA CRUZ |
Por la señal + de la Santa Cruz
de nuestros + enemigos líbranos Señor, + Dios nuestro. En
el nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén. |
| OFRENDA AL AMOR MISERICORDIOSO |
Padre Santo, por el Corazón Inmaculado
de María, os ofrezco a Jesús vuestro Hijo muy amado, y me
ofrezco a mí mismo, en Él, por El y con El, a todas sus
intenciones, y en nombre de todas las criaturas. |
| ORACIÓN A SAN JOSÉ |
| Custodio y Padre de vírgenes,
San José, a cuya fiel custodia fueron encomendadas la misma inocencia,
Cristo Jesús y la Virgen de las Vírgenes, María.
Por estas dos queridísimas prendas, Jesús y María,
te ruego y te suplico me alcances que, preservado de toda impureza, sirva
siempre con alma limpia, corazón puro y cuerpo casto a Jesús
y a María. Amén.
|
| ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL |
Arcángel San Miguel, defiéndenos
en la lucha; sé nuestro amparo contra la adversidad y asechanzas
del demonio: Reprímale Dios, pedimos suplicantes. Y tú,
Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno, con el divino
poder, a satanás y a los otros malos espíritus que andan
dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén. |
| ORACIÓN
DE LA ENTREGA |
Padre mío, me abandono a TÍ.
Haz de mí lo que quieras. Lo que hagas de mí te lo agradezco,
estoy dispuesto a todo, lo acepto todo. Con tal que tu voluntad se haga
en mí y en todas tus criaturas, no deseo nada más, Dios
mío. Pongo mi vida en tus manos. Te la doy, Dios mío, con
todo el amor de mi corazón, porque te amo, y porque para mí
amarte es darme, entregarme en tus manos sin medida, con infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre. |
| ORACIÓN DEL HOMBRE NUEVO |
Concédeme, Señor, SERENIDAD
para aceptar las cosas que no puedo cambiar; VALOR para cambiar lo que
puedo; SABIDURÍA para conocer la diferencia. |
| ORACIÓN PARA EL APOSTOLADO |
Señor, tú sabes el esfuerzo
que suponen para mí esas conversaciones en las que trato de acercar
a la fe a otras personas. Después siento tu alegría en mí,
pero antes la inquietud me invade. Transfórmame, Señor,
para que me resulte casi imposible no "gritarte". |
| ORACIÓN PARA IRRADIAR A CRISTO |
Amado Señor,
Ayúdame a esparcir tu fragancia donde quiera que vaya. Inunda mi
alma de espíritu y vida. Penetra y posee todo mi ser hasta tal
punto que toda mi vida solo sea una emanación de la tuya. Brilla
a través de mí, y mora en mí de tal manera que todas
las almas que entren en contacto conmigo puedan sentir tu presencia en
mi alma. Haz que me miren y ya no me vean a mí sino solamente a
ti, oh Señor. Quédate conmigo y entonces comenzaré
a brillar como brillas Tú; a brillar para servir de luz a los demás
a través de mí. La luz, oh Señor, irradiará
toda de Ti; no de mí; serás Tú, quien ilumine a los
demás a través de mí. Permíteme pues alabarte
de la manera que más te gusta, brillando para quienes me rodean.
Haz que predique sin predicar, no con palabras sino con mi ejemplo, por
la fuerza contagiosa, por la influencia de lo que hago, por la evidente
plenitud del amor que te tiene mi corazón. Amén. |
| ORACIONES DEL ÁNGEL DE FÁTIMA |
<Dios mío, yo creo, adoro,
espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran,
no esperan y no te aman>.
<Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu
Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo,
Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente
en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes,
sacrilegios e indiferencias con que El mismo es ofendido. Y por los méritos
infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado
de María te pido la conversión de los pobres pecadores>.
|
| ORACIONES PARA BENDECIR LA MESA |
- Bendícenos, Padre bueno.
Bendice la comida que vamos a compartir.
Que este signo de comer juntos, nos haga presente el gran Banquete que
Tú nos preparas, como una fiesta que no tendrá fin.
- Bendícenos, Señor y bendice los alimentos
que vamos a tomar. Da pan a los que tienen hambre y hambre a los que tienen
pan.
- Señor Jesús, Tú que un día
te invitaste a comer en casa de Zaqueo comparte hoy la mesa con nosotros,
bendícenos, y danos la fuerza que necesitamos para convertir a
Ti nuestro corazón |
| SONETO A JESÚS CRUCIFICADO |
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muéveme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, de tal manera,
que aunque no hubiera cielo yo te amara,
y aunque no hubiera infierno te temiera.
No me tienes que dar por que te quiera;
porque aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera. |
| VEN, ESPÍRITU DIVINO |
Ven, Espíritu divino manda tu
luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua
en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira
el vacío del hombre, si Tú le faltas por dentro; mira el
poder del pecado, cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava
las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu
indómito, guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por tu bondad
y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén. |
| VEN, ESPÍRITU DIVINO (LATÍN) |
Veni, Sancte Spíritus, et emítte coslitus lucís
tuae radium.
Veni, Pater páuperum; veni, dator múnerum; veni, lumen córdium.
Consolátor óptime, dulcís hospes ánimse, dulce
refrigérium.
In labore réquies, in sestu temperies, in fletu solátium.
O lux beatíssima, reple cordis íntima,
tuórum fidélium.
Sine tuo númine, nihil est in hómine, nihil est innóxium.
Lava quod est sórdidum, riga quod est áridum, sana quod est
saúcium.
Flecte quod est rígidum, fove quod est frígidum, rege quod
est dévium.
Da tuis fidélibus. in te confidéntibus, sacrum septenárium.
Da virtútis méritum, da salútis éxitum, da perenne
gáudium.
Amen. Aleluya. |
| Oraciones
de santos |
| ORACIÓN DE SAN AGUSTÍN |
| Señor Jesús, que me conozca a mi y que te conozca
a Ti, Que no desee otra cosa sino a Ti. Que me odie a mí y te ame
a Ti. Y que todo lo haga siempre por Ti. Que me humille y que te exalte
a Ti. Que no piense nada más que en Ti. Que me mortifique, para vivir
en Ti. Y que acepte todo como venido de Ti. Que renuncie a lo mío
y te siga sólo a Ti. Que siempre escoja seguirte a Ti. Que huya de
mí y me refugie en Ti. Y que merezca ser protegido por Ti. Que me
tema a mí y tema ofenderte a Ti. Que sea contado entre los elegidos
por Ti. Que desconfíe de mí y ponga toda mi confianza en Ti.
Y que obedezca a otros por amor a Ti. Que a nada dé importancia sino
tan sólo a Ti. Que quiera ser pobre por amor a Ti. Mírame,
para que sólo te ame a Ti. Llámame, para que sólo te
busque a Ti. Y concédeme la gracia de gozar para siempre de Ti. Amén.
|
ORACIÓN DE SAN FRANCISCO
DE ASÍS
|
Señor, haced de mí un instrumento de vuestra
paz:
que donde hay odio, ponga yo amor; que donde hay ofensa, ponga yo perdón;
que donde hay error, ponga yo verdad; que donde hay desesperación,
ponga yo esperanza; que donde hay tinieblas, ponga yo luz; que donde hay
tristeza, ponga yo alegría.
Haced Señor que no busque tanto ser consolado, como consolar; ser
comprendido, como comprender; ser amado, como amar.
Porque es cuando nos damos, que recibimos; cuando nos olvidamos, que nos
encontramos; al perdonar, que obtenemos perdón; y es muriendo, que
resucitamos a la vida eterna. |
ORACIÓN DE SANTA TERESA
DE ÁVILA
|
| Nada te turbe: nada te espante. Todo se pasa. Dios no se muda.
La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta. Sólo
Dios basta. |
| ORACIÓN DEL PAPA CLEMENTE XI |
Creo, Señor, haz que crea con
más firmeza; espero, haz que espere con más confianza; me
arrepiento, haz que tenga mayor dolor. Te adoro como primer principio;
te deseo como último fin; te alabo como bienhechor perpetuo; te
invoco como defensor propicio. Dirígeme con tu sabiduría,
átame con tu justicia, consuélame con tu clemencia, protégeme
con tu poder.
Te ofrezco. Señor, mis pensamientos, para que se dirijan a ti;
mis palabras, para que hablen de ti; mis obras, para que sean tuyas; mis
contrariedades, para que las lleve por ti. Quiero lo que quieras, quiero
porque quieres, quiero como lo quieres, quiero hasta que quieras. Señor,
te pido que ilumines mi entendimiento, inflames mi voluntad, limpies mi
corazón, santifiques mi alma. Que me aparte de mis pasadas iniquidades,
rechace las tentaciones futuras, corrija las malas inclinaciones, practique
las virtudes necesarias.
Concédeme, Dios de bondad, amor a ti, odio a mí, aprecio
por el prójimo y desprecio a lo mundano. Que sepa obedecer a los
superiores, ayudar a los inferiores, aconsejar a los amigos y perdonar
a los enemigos. Que venza la sensualidad con la mortificación,
la avaricia con la generosidad, la ira con la bondad, la tibieza con la
piedad.
Hazme prudente en los consejos, constante en los peligros, paciente en
las contrariedades, humilde en la prosperidad.
Señor, hazme atento en la oración, sobrio en la comida,
constante en el trabajo, firme en los propósitos. Que procure tener
inocencia interior, modestia exterior, conversación ejemplar y
vida ordenada. Haz que esté atento a dominar mi naturaleza, a fomentar
la gracia, servir a tu Ley y a obtener la salvación.
Que aprenda de ti qué poco es lo terreno, qué grande lo
divino, qué breve el tiempo, qué durable lo eterno. Concédeme
preparar la muerte, temer el juicio, evitar el infierno y alcanzar el
paraíso. Por Cristo Nuestro Señor. Amén. |
ORACIONES DE LA MADRE TERESA
DE CALCUTA
Líbrame, Jesús mío, del deseo de ser amada, del deseo
de ser alabada, del deseo de ser honrada, del deseo de ser venerada, del
deseo de ser preferida, del deseo de ser consultada, del deseo de ser
aprobada, del deseo de ser popular, del temor de ser humillada, del temor
de ser despreciada, del temor de sufrir rechazos, del temor de ser calumniada,
del temor de ser olvidada, del temor de ser ofendida, del temor de ser
ridiculizada, del temor de ser acusada.
Bien amado Señor, Gran Sanador, me arrodillo ante ti, pues todo
don de perfección debe proceder de ti. Yo te rezo para que otorgues
destreza a mis manos, visión clara a mi mente, generosidad y humildad
a mi corazón. Dame unidad de objetivos, fuerza para aliviar una
parte de la carga de sufrimiento que soportan mis semejantes, y una realización
verdadera del privilegio que me corresponde. Borra de mi corazón
el engaño y el espíritu mundano. Haz que con la sencilla
fe de un niño pueda confiar en ti.
Guíame de la muerte a la vida, de la falsedad
a la verdad. Guíame de la desesperación a la esperanza,
del temor a la verdad. Guíame del odio al amor, de la guerra a
la paz.
Haz que nuestros corazones se llenen de paz.
Nuestro mundo, nuestro universo.
Paz, paz, paz.
Ayúdame, Señor, a tomarme tiempo para pensar
tomarme tiempo para rezar tomarme tiempo para reír tomarme tiempo
para jugar tomarme tiempo para amar y ser amado tomarme tiempo para dar
tomarme tiempo para leer tomarme tiempo para ser amable tomarme tiempo
para trabajar. |
| ¡TARDE TE AMÉ! (SAN AGUSTÍN) |
¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva,
tarde te amé!
Tú estabas dentro de mi, yo fuera.
Por fuerza te buscaba y me lanzaba sobre el bien y la belleza creados por
TÍ.
Tú estabas conmigo y yo no estaba contigo ni conmigo.
Me retenían lejos las cosas.
No te veía ni te sentía, ni te echaba de menos.
Mostraste tu resplandor y pusiste en fuga mi ceguera.
Exhalaste tu perfume, y respiré, y suspiro por TÍ.
Gusté de TÍ, y siento hambre y sed.
Me tocaste, y me abraso en tu paz. |
|
|
| Símbolo
de la fe |
| CREDO APOSTÓLICO |
| Creo en Dios Padre todopoderoso, creador
del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro
Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu
Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo
el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió
a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre
todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la
Comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección
de la carne y la vida eterna. Amén.
|
| CREDO DE NICEA - CONSTANTINOPLA |
Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo
y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido
del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero
de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación
bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó
de Mana, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó
al tercer día según las Escrituras, y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con
gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede
del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración
y gloria, y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Amén |
| El
año litúrgico |
|
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A partir del Triduo Pascual, el tiempo
nuevo de la resurrección de Jesús llena todo el año
con su resplandor. Con esta luz el año entero queda transfigurado
por la Liturgia y se convierte en Año de gracia del Señor.
El año litúrgico es el ciclo del tiempo que desarrolla los
diversos aspectos del único Misterio Pascual. En etapas diferentes
la Iglesia celebra el Nacimiento de Jesús, su Muerte y Resurrección,
su Ascensión a los cielos, la fiesta de Pentecostés (venida
del Espíritu Santo, sobre la Virgen y los Apóstoles), entre
otras solemnidades
Año tras año, en sus celebraciones litúrgicas, la
Iglesia trae a consideración diversos textos de la Palabra, oraciones
apropiadas, invitaciones particulares, exhortaciones vitales. Todo esto
forma parte del Año litúrgico. Es el año, medido
con el tiempo y el ritmo de Jesucristo, constituido
por Dios, como Señor del tiempo y de la historia |
Examen
de conciencia para el sacramento del perdón |
| EXAMEN DE CONCIENCIA |
| Se recuerdan los pecados preguntándose
sin prisa lo que se ha hecho en contra de los mandamientos de la Ley de
Dios y de la Iglesia, con plena advertencia y pleno consentimiento.
Primer Mandamiento
• ¿He admitido en serio alguna duda contra las
verdades de la fe? ¿He llegado a negar la fe o algunas de sus verdades,
en mi pensamiento o delante de los demás? ¿He desesperado
de mi salvación o he abusado de la confianza en Dios, presumiendo
que no me abandonaría, para pecar con mayor tranquilidad? ¿He
murmurado interna o externamente contra el Señor cuando me ha acaecido
alguna desgracia? ¿He abandonado los medios que son por sí
mismos absolutamente necesarios para la salvación? ¿He procurado
alcanzar la debida formación religiosa? ¿He hablado sin
reverencia de las cosas santas, de los sacramentos, de la Iglesia, de
sus ministros? ¿He abandonado el trato con Dios en la oración
o en los sacramentos? ¿He practicado la superstición o el
espiritismo? ¿Pertenezco a alguna sociedad o movimiento ideológico
contrario a la religión? ¿Me he acercado indignamente a
recibir algún sacramento? ¿He leído o retenido libros,
revistas o periódicos que van contra la fe o la moral? ¿Los
di a leer a otros? ¿Trato de aumentar mi fe y amor a Dios?
¿Pongo los medios para adquirir una cultura religiosa que me capacite
para ser testimonio de Cristo con el ejemplo y la palabra? ¿He
hecho con desgana las cosas que se refieren a Dios?
Segundo Mandamiento
• ¿He blasfemado? ¿Lo he hecho delante
de otros? ¿He hecho algún voto, juramento o promesa y he
dejado de cumplirlo por mi culpa?
¿He honrado el santo nombre de Dios? ¿He pronunciado el
nombre de Dios sin respeto, con enojo, burla o de alguna manera poco reverente?
¿He hecho un acto de desagravio, al menos interno, al oír
alguna blasfemia o al ver que se ofende a Dios? ¿He jurado sin
verdad? ¿Lo he hecho sin necesidad, sin prudencia o por cosa de
poca importancia? ¿He jurado hacer algún mal? ¿He
reparado el daño que haya podido seguirse de mi acción?
Tercer Mandamiento
• ¿Creo todo lo que enseña la Iglesia Católica?
¿Discuto sus mandatos olvidando que son mandatos de Cristo? ¿He
faltado a Misa los domingos o fiestas de guardar? ¿Ha sido culpa
mía? ¿Me he distraído voluntariamente o he llegado
tan tarde que no he cumplido con el precepto? ¿He impedido que
oigan la Santa Misa los que dependen de mí? ¿He guardado
el ayuno una hora antes del momento de comulgar? ¿He trabajado
corporalmente o he hecho trabajar sin necesidad urgente un día
de precepto, por un tiempo considerable, por ejemplo, más de dos
horas? ¿He observado la abstinencia durante los viernes de Cuaresma?
¿He rezado alguna oración o realizado algún acto
de penitencia los demás viernes del año en los que no he
guardado la abstinencia? ¿He ayunado y guardado abstinencia el
Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo? ¿Cumplí la
penitencia que me impuso el sacerdote en la última confesión?
¿He hecho penitencia por mis pecados? ¿Me he confesado al
menos una vez al año? ¿Me he acercado a recibir la Comunión
en el tiempo establecido para cumplir con el precepto pascual? ¿Me
he confesado para hacerlo en estado de gracia? ¿Excuso o justifico
mis pecados? ¿He callado en la confesión, por vergüenza,
algún pecado grave? ¿He comulgado después alguna
vez?
Cuarto Mandamiento
• ¿He desobedecido a mis padres o superiores en
cosas importantes? ¿Tengo un desordenado afán de independencia
que me lleva a recibir mal las indicaciones de mis padres simplemente
porque me lo mandan? ¿Me doy cuenta de que esta reacción
está ocasionada por la soberbia? ¿Les he entristecido con
mi conducta? ¿Les he amenazado o maltratado de palabra o de obra,
o les he deseado algún mal grave o leve? ¿Me he sentido
responsable ante mis padres por el esfuerzo que hacen para que yo me forme,
estudiando con intensidad? ¿He dejado de ayudarles en sus necesidades
espirituales o materiales? ¿Me dejo llevar del mal genio y me enfado
con frecuencia y sin motivo justificado? ¿Soy egoísta con
las cosas que tengo, y me duele dejarlas a los demás hermanos?
¿He reñido con mis hermanos? ¿He dejado de hablarme
con ellos y no he puesto los medios necesarios para la reconciliación?
¿Soy envidioso y me duele que otros destaquen más que yo
en algún aspecto? ¿He dado mal ejemplo a mis hermanos? ¿Desobedezco
a mis superiores en cosas importantes? ¿Permanezco indiferente
ante las necesidades, problemas y sufrimientos de la gente que me rodea,
singularmente de los que están cerca de mí por razones de
convivencia o trabajo? ¿Soy causa de tristeza para mis compañeros
de trabajo por negligencia, descortesía o mal carácter?
¿He dado mal ejemplo a mis hijos no cumpliendo con mis deberes
religiosos, familiares o profesionales? ¿Les he entristecido con
mi conducta? ¿Les he corregido con firmeza en sus defectos o se
los he dejado pasar por comodidad? ¿Corrijo siempre a mis hijos
con justicia y por amor a ellos, o me dejo llevar por motivos egoístas
o de vanidad personal, porque me molestan, porque me dejan mal ante los
demás o porque me interrumpen? ¿Les he amenazado o maltratado
de palabra o de obra, o les he deseado algún mal grave o leve?
¿He descuidado mi obligación de ayudarles a cumplir sus
deberes religiosos y de evitar las malas compañías?
¿He abusado de mi autoridad y ascendiente forzándoles a
recibir los sacramentos, sin pensar que por vergüenza o excusa humana,
podrían hacerlo sin las debidas disposiciones? ¿He impedido
que mis hijos sigan la vocación con que Dios les llama a su servicio?
¿Les he puesto obstáculos o les he aconsejado mal? Al orientarles
en su formación profesional, ¿me he guiado por razones objetivas
de capacidad y medios, o he seguido más bien los dictados de mi
vanidad o egoísmo? ¿Me preocupo de modo constante por su
formación en el aspecto religioso? ¿Me he preocupado también
de la formación religiosa y moral de las otras personas que viven
en mi casa o que dependen de mí? ¿Me he opuesto a su matrimonio
sin causa razonable? ¿Permito que trabajen o estudien en lugares
donde corre peligro su alma o su cuerpo? ¿He descuidado la natural
vigilancia en las reuniones de chicos y chicas que se tengan en casa evitando
dejarles solos? ¿Soy prudente a la hora de orientar sus diversiones?
¿He tolerado escándalos o peligros morales o físicos
entre las personas que viven en mi casa? ¿Sacrifico mis gustos,
caprichos y diversiones para cumplir con mi deber de dedicación
a la familia? ¿Procuro hacerme amigo de mis hijos? ¿He sabido
crear un clima de familiaridad evitando la desconfianza y los modos que
impiden la legítima libertad de los hijos? ¿Doy a conocer
a mis hijos el origen de la vida, de un modo gradual, acomodándome
a su mentalidad y capacidad de comprender, anticipándome ligeramente
a su natural curiosidad? ¿Evito los conflictos con los hijos quitando
importancia a pequeñeces que se superan con un poco de perspectiva
y sentido del humor?
¿Hago lo posible por vencer la rutina en el cariño a mi
esposo(a)?
¿Soy amable con los extraños y me falta esa amabilidad en
la vida familiar?
¿He reñido con mi consorte? ¿Ha habido malos tratos
de palabra o de obra? ¿He fortalecido la autoridad de mi cónyuge,
evitando reprenderle, contradecirle o discutirle delante de los hijos?
¿Le he desobedecido o injuriado? ¿He dado con ello mal ejemplo?
¿Me quejo delante de la familia de la carga que suponen las obligaciones
domésticas? ¿He dejado demasiado tiempo solo a mi consorte?
¿He procurado avivar la fe en la Providencia y ganar lo suficiente
para poder tener o educar a más hijos? ¿Pudiendo hacerlo
he dejado de ayudar a mis parientes en sus necesidades espirituales o
materiales?
Quinto Mandamiento
¿Tengo enemistad, odio o rencor hacia alguien?
¿He dejado de hablarme con alguien y me niego a la reconciliación
o no hago lo posible por conseguirla?
¿Evito que las diferencias políticas o profesionales degeneren
en indisposición, malquerencia u odio hacia las personas? ¿He
deseado un mal grave al prójimo? ¿Me he alegrado de los
males que le han ocurrido? ¿Me he dejado dominar por la envidia?
¿Me he dejado llevar por la ira? ¿He causado con ello disgusto
a otras personas? ¿He despreciado a mi prójimo? ¿Me
he burlado de otros o les he criticado, molestado o ridiculizado? ¿He
maltratado de palabra o de obra a los demás? ¿Pido las cosas
con malos modales, faltando a la caridad? ¿He llegado a herir o
quitar la vida al prójimo? ¿He sido imprudente en la conducción
de vehículos? ¿He practicado o colaborado en la realización
de algún aborto? ¿He abortado o inducido a alguien a abortar,
sabiendo que constituye un pecado gravísimo que lleva consigo la
excomunión?
¿He contribuido a adelantar la muerte a algún enfermo con
pretextos de evitar sufrimientos o sacrificios, sabiendo que la eutanasia
es un homicidio? Con mi conversación, mi modo de vestir, mi invitación
a presenciar algún espectáculo o con el préstamo
de algún libro o revista, ¿he sido la causa de que otros
pecasen? ¿He tratado de reparar el escándalo? ¿He
descuidado mi salud? ¿He atentado contra mi vida? ¿Me he
embriagado, bebido con exceso o tomado drogas? ¿Me he dejado dominar
por la gula, es decir, por el placer de comer y beber más allá
de lo razonable? ¿Me he deseado la muerte sin someterme a la Providencia
de Dios? ¿Me he preocupado del bien del prójimo, avisándole
del peligro material o espiritual en que se encuentra o corrigiéndole
como pide la caridad cristiana? ¿He descuidado mi trabajo, faltando
a la justicia en cosas importantes? ¿Estoy dispuesto a reparar
el daño que se haya seguido de mi negligencia? ¿Procuro
acabar bien el trabajo pensando que a Dios no se le deben ofrecer cosas
mal hechas? ¿Realizo el trabajo con la debida pericia y preparación?
¿He abusado de la confianza de mis superiores? ¿He perjudicado
a mis superiores o subordinados o a otras personas haciéndoles
un daño grave? ¿Facilito el trabajo o estudio de los demás,
o lo entorpezco de algún modo, por ejemplo, con rencillas, derrotismos
e interrupciones? ¿He sido perezoso en el cumplimiento de mis deberes?
¿Retraso con frecuencia el momento de ponerme a trabajar o estudiar?
¿Tolero abusos o injusticias que tengo obligación de impedir?
¿He dejado, por pereza, que se produzcan graves daños en
mi trabajo? ¿He descuidado mi rendimiento en cosas importantes
con perjuicio de aquellos para quienes trabajo?
Sexto y noveno Mandamiento
¿Me he entretenido con pensamientos o recuerdos
deshonestos? ¿He traído a mi memoria recuerdos o pensamientos
impuros? ¿Me he dejado llevar de malos deseos contra la virtud
de la pureza, aunque no los haya puesto por obra? ¿Había
alguna circunstancia que los agravase: parentesco, matrimonio o consagración
a Dios en las personas a quienes se dirigían? ¿He tenido
conversaciones impuras? ¿Las he comenzado yo? ¿He asistido
a diversiones que me ponían en ocasión próxima de
pecar? (ciertos bailes, cines o espectáculos inmorales, malas lecturas
o compañías). ¿Me doy cuenta de que ponerme en esas
ocasiones es ya un pecado? ¿Guardo los detalles de modestia que
son la salvaguardia de la pureza? ¿Considero esos detalles ñoñería?
Antes de asistir a un espectáculo, o leer un libro, ¿me
entero de su calificación moral para no ponerme en ocasión
próxima de pecado evitando así las deformaciones de conciencia
que pueda producirme? ¿Me he entretenido con miradas impuras? ¿He
rechazado las sensaciones impuras? ¿He hecho acciones impuras?
¿Solo o con otras personas? ¿Cuántas veces? ¿Del
mismo o distinto sexo? ¿Había alguna circunstancia de parentesco
o afinidad que le diera especial gravedad? ¿Tuvieron consecuencias
esas relaciones? ¿Hice algo para impedirlas? ¿Después
de haberse formado la nueva vida? ¿He cometido algún otro
pecado contra la pureza? ¿Tengo amistades que son ocasión
habitual de pecado? ¿Estoy dispuesto a dejarlas? En el noviazgo,
¿es el amor verdadero la razón fundamental de esas relaciones?
¿Vivo el constante y alegre sacrificio de no convertir el cariño
en ocasión de pecado? ¿Degrado el amor humano confundiéndolo
con el egoísmo y con el placer? El noviazgo debe ser una ocasión
de ahondar en el afecto y en el conocimiento mutuo; ¿mis relaciones
están inspiradas no por afán de posesión, sino por
el espíritu de entrega, de comprensión, de respeto, de delicadeza?
¿Me acerco con más frecuencia al sacramento de la Penitencia
durante el noviazgo para tener más gracia de Dios? ¿Me han
alejado de Dios esas relaciones? ¿He usado indebidamente el matrimonio?
¿He negado su derecho al otro cónyuge? ¿He faltado
a la fidelidad conyugal con deseos o de obra? ¿Hago uso del matrimonio
solamente en aquellos días en que no puede haber descendencia?
¿Sigo este modo de control de la natalidad sin razones graves?
¿He usado preservativos o tomado fármacos para evitar los
hijos? ¿He inducido a otras personas a que los tomen? ¿He
influido de alguna manera —consejos, bromas o actitudes— en crear un ambiente
antinatalista?
Séptimo y Décimo Mandamientos
¿He robado algún objeto o alguna cantidad
de dinero? ¿He reparado o restituido pudiendo hacerlo? ¿Estoy
dispuesto a realizarlo? ¿He cooperado con otros en algún
robo o hurto? ¿Había alguna circunstancia que lo agravase,
por ejemplo, que se tratase de un objeto sagrado? ¿La cantidad
o el valor de los apropiado era de importancia? ¿Retengo lo ajeno
contra la voluntad de su dueño? ¿He perjudicado a los demás
con engaños, trampas o coacciones en los contratos o relaciones
comerciales? ¿He hecho daño de otro modo a sus bienes? ¿He
engañado cobrando más de lo debido? ¿He reparado
el daño causado o tengo la intención de hacerlo? ¿He
gastado más de lo que me permite mi posición? ¿He
cumplido debidamente con mi trabajo, ganándome el sueldo que me
corresponde? ¿He dejado de dar lo conveniente para ayudar a la
Iglesia? ¿Hago limosna según mi posición económica?
¿He llevado con sentido cristiano la carencia de cosas superfluas,
o incluso necesarias? ¿He defraudado a mi consorte en los bienes?
¿Retengo o retraso indebidamente el pago de jornales o sueldos?
¿Retribuyo con justicia el trabajo de los demás? En el desempeño
de cargos o funciones públicas, ¿me he dejado llevar del
favoritismo, acepción de personas, faltando a la justicia?
¿Cumplo con exactitud los deberes sociales, pago de seguros sociales,
con mis empleados? ¿He abusado de la ley, con perjuicio de tercero,
para evitar el pago de los seguros sociales? ¿He pagado los impuestos
que son de justicia?
¿He evitado o procurado evitar, pudiendo hacerlo desde el cargo
que ocupo, las injusticias, los escándalos, hurtos, venganzas,
fraudes y demás abusos que dañan la convivencia social?
¿He prestado mi apoyo a programas inmorales y anticristianos de
acción social y política?
Octavo Mandamiento
¿He dicho mentiras? ¿He reparado el daño
que haya podido seguirse? ¿Miento habitualmente porque es en cosas
de poca importancia? ¿He descubierto, sin justa causa, defectos
graves de otra persona, aunque sean ciertos, pero no conocidos? ¿He
reparado de alguna manera, hablando de modo positivo de esa persona? ¿He
calumniado atribuyendo a los demás lo que no era verdadero? ¿He
reparado el daño o estoy dispuesto a hacerlo?
¿He dejado de defender al prójimo difamado o calumniado?
¿He hecho juicios temerarios contra el prójimo? ¿Los
he comunicado a otras personas? ¿He rectificado ese juicio inexacto?
¿He revelado secretos importantes de otros, descubriéndolos
sin justa causa? ¿He reparado el daño seguido? ¿He
hablado mal de otros por frivolidad, envidia, o por dejarme llevar del
mal genio? ¿He hablado mal de los demás —personas o instituciones—
con el único fundamento de que “me contaron” o de que “se dice
por ahí”? Es decir, ¿he cooperado de esta manera a la calumnia
y a la murmuración? ¿Tengo en cuenta que las discrepancias
políticas, profesionales o ideológicas no deben ofuscarme
hasta el extremo de juzgar o hablar mal del prójimo, y que esas
diferencias no me autorizan a descubrir sus defectos morales a menos que
lo exija el bien común? ¿He revelado secretos sin justa
causa? ¿He hecho uso en provecho personal de lo que sabía
por silencio de oficio? ¿He reparado el daño que causé
con mi actuación? ¿He abierto o leído correspondencia
u otros escritos que por su modo de estar conservados, se desprende que
sus dueños no quieren darlos a conocer? ¿He escuchado conversaciones
contra la voluntad de los que las mantenían? |
| BREVE EXAMEN DE CONCIENCIA |
| ¿Cuando fue mi última Confesión?
¿Me he acercado indignamente a recibir algún sacramento?
¿He callado por vergüenza algún pecado mortal en mis
confesiones anteriores? ¿He dudado o negado las verdades de la
fe católica? ¿He puesto en peligro mi fe leyendo libros
o revistas contrarias a la fe católica o he asistido a reuniones
de sectas que no son católicas? ¿He sido supersticioso o
practicado el espiritismo? ¿He tomado el nombre de Dios en vano?
¿He blasfemado? ¿He jurado sin necesidad o sin verdad?
¿He faltado a Misa los domingos o días festivos por mi culpa
y sin una razón grave? ¿He cumplido los días de ayuno
y abstinencia? ¿He desobecido a mis padres o superiores en materias
de importancia? ¿Tengo enemistad, odio o rencor contra alguien?
¿Rehúso perdonarle? ¿He causado la muerte a alguien?
¿Me he embriagado, bebido con exceso o tomado drogas? ¿He
practicado, aconsejado o facilitado el grave crimen del aborto? ¿He
aceptado pensamientos o miradas impuras? ¿He visto películas
inmorales? ¿He tenido conversaciones vulgares o impuras? ¿He
realizado actos impuros? ¿Solo o con otras personas? ¿Del
mismo o distinto sexo? ¿He usado indebidamente el matrimonio? ¿He
tomado píldoras anticonceptivas o usado algún otro método
artificial para evitar tener hijos? ¿He tomado dinero o cosas que
no son mías? ¿Cuánto? ¿He restituido o reparado
por el daño causado? ¿He sido honrado en mis negocios? ¿He
dicho mentiras? ¿He calumniado o descubierto, sin causa justa,
defectos graves de otra persona, aunque sean ciertos, pero no conocidos?
¿He hecho juicios temerarios contra el prójimo? ¿He
reparado el daño que haya podido seguirse?
Si se recuerdan otros pecados, deben mencionarse en la confesión. |
| Visita
a Jesús sacramentado |
| QUINCE MINUTOS EN COMPAÑÍA DE JESÚS
SACRAMENTADO |
|
No es preciso, hijo mío, saber mucho para agradarme
mucho; basta que me ames mucho. Háblame, pues, aquí sencillamente,
como hablarías al más íntimo de tus amigos, como
hablarías a tu madre, o a tu hermano.
• ¿Necesitas hacerme en favor de alguien alguna súplica
cualquiera? Dime su nombre, bien sea el de tus padres, bien el
de tus hermanos y amigos; dime en seguida qué quisieras hiciese
yo actualmente por ellos. Pide mucho, mucho; no vaciles en pedir; me gustan
los corazones generosos, que llegan a olvidarse en cierto modo de sí
mismos para atender a las necesidades ajenas. Háblame, así,
con sencillez, con llaneza, de los pobres a quienes quisieras consolar;
de los enfermos a quienes ves padecer; de los extraviados que anhelas
volver al buen camino; de los amigos ausentes que quisieras ver otra vez
a tu lado. Dime por todos una palabra siquiera; pero palabra de amigo,
palabra entrañable y fervorosa. Recuérdame que he prometido
escuchar toda súplica que salga del corazón, y ¿no
ha de salir del corazón el ruego que me dirijas por aquéllos
que tu corazón más especialmente ama?
• ¿Y para ti no necesitas alguna gracia? Hazme,
si quieres, como una lista de tus necesidades, y ven, léela en
mi presencia. Dime francamente que sientes orgullo, amor a la sensualidad
y al regalo, que eres tal vez egoísta, inconstante, negligente
y pídeme luego que venga en ayuda de los esfuerzos, pocos o muchos,
que haces para sacudir de encima de ti tales miserias.
No te avergüences, ¡pobre alma! ¡Hay en el cielo tantos
y tantos justos, tantos santos de primer orden que tuvieron esos mismos
defectos! Pero rogaron con humildad... y poco a poco se vieron libres
de ellos.
Ni menos vaciles en pedirme bienes del cuerpo y del entendimiento: salud,
memoria, éxito feliz en tus trabajos, negocios o estudios. Todo
eso puedo darte, y lo doy y deseo me lo pidas en cuanto no se oponga,
antes favorezca y ayude, a tu santificación. Hoy por hoy, ¿qué
necesitas? ¿Qué puedo hacer por tu bien? ¡Si conocieses
los deseos que tengo de favorecerte!
• ¿Traes ahora mismo entre manos algún proyecto?
Cuéntamelo todo minuciosamente. ¿Qué te preocupa?,
¿qué piensas?, ¿qué deseas?, ¿qué
puedo hacer por tu hermano, por tu hermana, por tu amigo, por tu superior?,
¿qué desearías por ellos?
Y por mí, ¿no te sientes con deseos de mi gloria? ¿No
quisieras poder hacer algún bien a tus prójimos, a tus amigos
a quienes amas tal vez mucho y que viven quizá olvidados de mí?
Dime: ¿qué cosa llama hoy particularmente tu atención?,
¿qué anhelas más vivamente y con qué medios
cuentas para conseguirlo? Dime si te sale mal tu empresa, y yo te diré
las causas del mal éxito. ¿No quisieras interesarme algo
en tu favor?
Soy, hijo mío, dueño de los corazones, y dulcemente los
llevo, sin perjuicio de su libertad, donde me place.
• ¿Sientes acaso tristeza o mal humor? Cuéntame,
cuéntame, alma desconsolada, tus tristezas con todos sus pormenores.
¿Quién te hirió?, ¿quién lastimó
tu amor propio?, ¿quién te ha menospreciado? Acércate
a mi Corazón, que tiene bálsamo eficaz para todas estas
heridas del tuyo. Dame cuenta de todo, y acabarás en breve por
decirme que, a semejanza de mí, todo lo perdonas, todo lo olvidas,
y en pago... recibirás mi consoladora bendición.
¿Temes por ventura? ¿Sientes en tu alma aquellas vagas melancolías,
que no por ser injustificadas dejan de ser desgarradoras? Échate
en brazos de mi providencia. Contigo estoy, aquí, a tu lado me
tienes; todo lo oigo; ni un momento te desamparo.
¿Sientes desvío de parte de personas que antes te quisieron
bien, y ahora, olvidadas, se alejan de ti, sin que les hayas dado el menor
motivo? Ruega por ellas, y yo las volveré a tu lado si no han de
ser obstáculo a tu santificación.
• ¿Y no tienes tal vez alegría alguna que comunicarme?
¿Por qué no me haces partícipe de ella a fuerza de
buen amigo tuyo que soy? Cuéntame lo que desde ayer, desde la última
visita que me hiciste, ha consolado y hecho como sonreír tu corazón.
Quizá has tenido agradables sorpresas; quizá has visto disipados
negros recelos, has recibido faustas noticias, una carta, una muestra
de cariño; has vencido una dificultad, salido de un lance apurado...
Obra mía es todo esto, y yo te lo he proporcionado; ¿por
qué no has de manifestarme por ello tu gratitud, y decirme sencillamente
como un hijo a su padre: gracias: Padre mío, gracias? El agradecimiento
trae consigo nuevos beneficios, porque al bienhechor le agrada verse correspondido.
• ¿Tampoco tienes promesa alguna que hacerme?
Leo, ya lo sabes, el fondo de tu corazón: a los hombres se engaña
fácilmente; a Dios, no; háblame, pues, con toda sinceridad.
¿Tienes firme resolución de no exponerte ya más a
aquella ocasión de pecado?, ¿de privarte de aquel objeto
que te dañó?,
¿de no leer más aquel libro que exaltó tu imaginación?,
¿de no tratar más a aquella persona que turbó la
paz de tu alma?
¿Volverás a ser dulce, amable y condescendiente con aquella
otra a quien, por haberte faltado, miraste hasta hoy como enemiga?
Ahora bien, hijo mío, vuelve a tus ocupaciones habituales, a tu
taller, a tu familia, a tu estudio..., pero no olvides la grata conversación
que hemos tenido aquí los dos, en la soledad del santuario. Guarda
en lo que puedas silencio, modestia, recogimiento, resignación,
caridad con el prójimo. Ama a mi Madre, que lo es tuya también,
la Virgen Santísima... y vuelve otra vez a Mí con el corazón
más amoroso todavía, más entregado a mi servicio:
en el mío encontrarás cada día nuevo amor, nuevos
beneficios, nuevos consuelos. |
| Ofrecimiento
del Mundo a la Virgen de Fátima |
CONSAGRACIÓN DEL MUNDO A LA VIRGEN Juan Pablo
II, Fátima, 13 - 5 - 1982
Recogemos algunos párrafos del texto que leyó el Santo
Padre.
Bajo tu protección nos acogemos. Santa Madre de
Dios.
Oh Madre de los hombres y de los pueblos. Tú que, conoces
todos sus sufrimientos y esperanzas, Tú que sientes maternalmente
todas las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas
que invaden el mundo contemporáneo, acoge nuestro grito que, como
movidos por el Espíritu Santo, elevamos directamente a tu Corazón
y abraza, con el amor de la Madre y de la Sierva, este nuestro
mundo humano, que ponemos bajo tu confianza y te consagramos, llenos de
inquietud por la suerte terrena y eterna de los hombres y de los pueblos.
¡Bajo tu protección nos acogemos, Santa Madre de Dios! -¡No
deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades!
Ante Ti, Madre de Cristo, delante de tu Corazón Inmaculado, yo
deseo en este día, juntamente con toda la Iglesia, unirme con nuestro
Redentor en esta su consagración por el mundo y por los hombres,
la única que en su Corazón divino tiene el poder de conseguir
el perdón y procurar la reparación.
La fuerza de esta consagración dura para siempre y abarca
a todos los hombres, pueblos y naciones, y supera todo el mal, que el
espíritu de las tinieblas es capaz de despertar en el corazón
del hombre y en su historia y que, de hecho, ha despertado en nuestros
tiempos.
¡Oh, cuánto nos duele, por tanto, todo lo que en la Iglesia
y en cada uno de nosotros se opone a la santidad y a la consagración!
¡Cuánto nos duele que la invitación a la penitencia,
a la conversión y a la oración no haya encontrado aquella
acogida que debía!
¡Cuánto nos duele que muchos participen tan fríamente
en la obra de la redención de Cristo! ¡Que se complete
tan insuficientemente en nuestra carne «lo que falta a las tribulaciones
de Cristo»! (Col. 7,24).
¡Corazón Inmaculado, ayúdanos a vencer la amenaza
del mal, que tan fácilmente se arraiga en los corazones de los
hombres de hoy y que con sus efectos inconmensurables pesa ya sobre nuestra
época y da la impresión de cerrar el camino hacia el futuro!
¡Del hambre y de la guerra, líbranos!
¡De la guerra nuclear, de una autodestrucción incalculable
y de todo tipo de guerra, líbranos!
¡De los pecados contra la vida del hombre desde sus primeros instantes,
líbranos!
¡Del odio y del envilecimiento de la dignidad de los hijos de Dios,
líbranos!
¡De toda clase de injusticias en la vida social, nacional e internacional,
líbranos!
¡De la facilidad de pisotear los mandamientos de Dios, líbranos!
¡De los pecados contra el Espíritu Santo, líbranos!,
¡líbranos!
¡Acoge, Madre de Cristo, este grito cargado del sufrimiento de todos
los hombres, cargado del dolor de la sociedad entera!
¡Se manifieste, una vez más, en la historia del mundo el
infinito poder del Amor misericordioso! ¡Que este amor
detenga el mal! ¡Que transforme las conciencias! ¡En tu Corazón
Inmaculado se revele a todos la luz de la Esperanza! Amén. |