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Bendición del Santo Padre |
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Su Santidad Benedicto XVI
saluda con todo afecto a los organizadores y participantes en las Vigilias que, en honor de la Inmaculada, tienen lugar en distintas diócesis de España bajo el lema “María, Madre de la Divina Misericordia”.
El Santo Padre les invita a contemplar la Concepción Inmaculada reconociendo, en este portento del poder divino, una obra singular de la misericordia de Dios que es fiel al proyecto original sobre el hombre que ha creado por amor. Así Ella misma en su canto de alabanza reconoce que siempre ha sido objeto particular de la misericordia divina, al tiempo que de que es consciente de que al ser requerida en su consentimiento nos ha abierto las puertas de la misma misericordia “generación tras generación” (Lc 1,50). En su concepción purísima, el Verbo de Dios preparó la carne con la que un día, por obra del Espíritu Santo, había de formar su propio corazón humano para “parecerse en todo a sus hermanos y ser Sumo Sacerdote compasivo y fiel” (Hb 2,17) siendo humanamente sensible a las necesidades de los hombres. Con ese corazón formado en las entrañas maternales de María había de manifestar a los hombres la misericordia del Padre en la enseñanza de las bienaventuranzas, el consuelo a los afligidos, la cercanía y atención a los pequeños y enfermos, y sobre todo la compasión por los pecadores para los cuales consigue el perdón derramando su sangre en la cruz, a cuyo pie María reafirmó su consentimiento ofreciendo el fruto de sus entrañas como Madre llena de misericordia.
Contemplando este alto y admirable misterio, Su Santidad les exhorta a dejarse atraer por su poderosa luz, para realizar, en la vida personal y social, “todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable” (Flp 4,8) grato a Dios y conforme a su voluntad amorosa para su gloria y bien de los hombres nuestros hermanos, haciendo todo íntimamente unidos, con amor creciente, a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, siendo así testigos del amor de Dios para un mundo siempre necesitado de la misericordia en el trato, la valoración real de la vida humana y sobre todo en la fundamental de las relaciones que es la del hombre con el Señor para no perder el camino del bien, la conciencia del pecado y la esperanza inquebrantable en Dios.
Con estos deseos, y bajo la mirada de la Santísima Virgen María Inmaculada, cuyos “ojos misericordiosos” continúan inclinando, como un día en Caná (Jn 2, 3-4), las misericordias del Señor sobre todo el mundo, el Sumo Pontífice se complace en impartirles, en prenda de la constante asistencia divina, la implorada
Bendición Apostólica
Madrid, 7 de diciembre de 2007.
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