Confirmación


Horarios de catequesis:


 
- Catequesis preparatorias a la Confirmación : Sábados a las 18:00 h.


 
El Sacramento de la Confirmación


 
1. Confirmación e Iniciación Cristiana.


  106.- Los bautizados prosiguen el camino de la iniciación cristiana mediante el sacramento de la Confirmación, por el cual reciben el don del Espíritu Santo, que el Señor derramó sobre los Apóstoles el día de Pentecostés.

Por este Don del Espíritu Santo, los fieles se configuran más íntimamente con Cristo, se vinculan más perfectamente a la Iglesia y son fortalecidos, a fin de dar testimonio, de palabra y obra, de Cristo, para la edificación del Cuerpo del Señor, en la propagación y defensa de la fe y en la caridad. Imprime en ellos un 'carácter' o 'sello del Señor', de manera que el sacramento, de la confirmación no puede ser reiterado.

  107.- Todos los cristianos bautizados tienen el deber y el derecho de perfeccionar su iniciación cristiana con este sacramento de la Confirmación, debidamente preparados y con las debidas condiciones. Puesto que la Confirmación es el Don del Espíritu Santo, no se debe ser excesivamente riguroso en las exigencias. Pero tampoco debe administrarse en forma masiva e indiscriminado sin vida cristiana auténtica.

  108.- La Confirmación, por ser uno de los sacramentos de iniciación, debe administrarse siempre en relación (haciéndose notar esta relación) con el Bautismo y la Eucaristía, con los cuales forma un todo unitario.

  109.- Debe tomarse especialmente en cuenta que, ojalá, ningún cristiano parta de este mundo sin sus tres sacramentos de Iniciación cristiana. A nadie que desee prepararse debe rechazársela. Les corresponde a los pastores procurar que todos los bautizados adquieran la Iniciación Cristiana y por lo tanto sean bien preparados para la Confirmación.  
2. Los que van a ser confirmados


  110.- Si bien a cualquier edad se tiene el derecho de pedir el sacramento tan pronto como se esté debidamente preparado, por razones pastorales, debería iniciarse la preparación a los 15 años y confirmarse a los 16.

En los colegios católicos la confirmación debería celebrarse en el Tercer Año Medio, o en Pentecostés de Cuarto Año Medio, puesto que ya son suficientemente maduros y todavía no están con la preocupación de la salida del colegio.

En forma excepcional y debidamente consultada con el Vicario Zonal respectivo, es posible celebrar la confirmación para los alumnos de Octavo Año Básico que no continuarán el camino normal de educación y que se prevea que no tendrán fácil acceso a sus respectivas parroquias por diversos motivos (laborales u otros).

  111.- Los adultos mayores de 20 años que piden ser confirmados, recibirán una catequesis adecuada que se llamará "Iniciación Cristiana de Adultos". En ésta se prepararan juntos, alrededor de un año, los que pidan cualesquiera de los tres sacramentos de Iniciación. Utilizarán el texto que para este efecto edita el Instituto de Catequesis de Santiago. Al final de esta preparación recibirán, en una sola celebración y de ser posible por el Obispo, los sacramentos de la Iniciación que les faltaren. (cf lo que a este respecto aparece en el sacramento de¡ Bautismo de este Directorio).   112. - Para los adultos que participen en una comunidad cristiana estable, bastará solamente una reparación Inmediata al, sacramento, de alrededor de cinco encuentros, más un retiro y la confesión.

Para acceder a esta preparación deben pertenecer, al menos un año, a una comunidad estable de la Iglesia, con reuniones periódicas distanciadas de no más de dos semanas una de la otra, en la cual haya algún tipo de catequesis permanente. El párroco deberá juzgar personalmente si en cada caso se cumplen estas condiciones.

  113.- Para los padres que están en la Catequesis Familiar, también es posible recibir el sacramento de la Confirmación, haciendo una preparación inmediata al sacramento consistente en cinco encuentros, el retiro y la liturgia penitencial, con tal de que el que se a va confirmar haya participado semanalmente en la reunión de padres.

  114. Para las parejas que se preparan al Matrimonio y no hayan recibido el sacramento de la Confirmación, aprovéchese esta ocasión para insistir en la necesidad de recibirlo, e invitarlos a la Iniciación Cristiana de Adultos. De modo que puedan celebrar el sacramento antes o después del matrimonio, según si alcanzan o no a realizar convenientemente, el período de preparación de la Iniciación Cristiana de Adultos.

En el caso de los casados por la ley civil que ya viven juntos, o simplemente los convivientes, deben recibir el sacramento de la confirmación necesariamente después de haber celebrado el sacramento del Matrimonio.

  115.- Aprovéchense todas las catequesis presacramentales para invitar a los padres a integrarse a la Iniciación Cristiana de Adultos. ya sea el Bautismo o Primera Comunión de alguno de sus hijos, Matrimonio, e incluso, en la visita del sacerdote para la Unción)n de los enfermos.

  116.- A los ancianos, dénseles facilidades para prepararse brevemente a estos sacramentos y poder recibirlos, sobre todo, si están enfermos o impedidos de acudir personalmente a los encuentros de preparación en la parroquia.

  117.- Los niños en peligro de muerte antes detener uso de razón, deben ser confirmados para no verse privados de los beneficios del sacramento, en tal caso, el párroco, e incluso cualquier presbítero, puede confirmar (cánon 883).

  118.- Los fieles que tienen uso de razón y se encuentran en peligro de muerte, deben recibir la confirmación con la preparación espiritual adaptada a cada caso en particular. Ya sean encuentros especiales, la visita del sacerdote, la compañía de la pastoral de enfermos durante su enfermedad u otros grupos que acompañen a los enfermos. No debe esperarse demasiado para administrar el sacramento en estos casos.

  119.- Aprovéchense las instancias como clubes de ancianos y otros semejantes para ir preparando a las personas de la tercera edad a este sacramento. Ojalá, reciban el sacramento todos los mayores de 65 años que pertenezcan o participen de algún modo en la comunidad eclesial. Cada año podría determinarse una fecha para la confirmación de los ancianos que no hayan recibido el sacramento.

  120.- Los jóvenes o adultos que tienen dificultades, de aprendizaje también deben recibir el sacramento de la confirmación. Previamente se les dará una preparación adecuada a sus posibilidades a juzgar por el párroco del lugar, con una «catequesis especial»; si la preparación es imposible de hacer, igual deben ser confirmados.

  121.- Los jóvenes y adultos que han nacido y recibido el bautismo fuera de la plena comunión con la Iglesia Católica y que no hayan recibido el sacramento de la confirmación, al incorporarse a la comunión plena, una vez establecida la validez del bautismo ya recibido, según los criterios enunciados en la parte del bautismo de este Directorio, deben ser confirmados por el mismo ministro que los admite a la plena comunión con la Iglesia Católica inmediatamente a continuación de la profesión de fe, según lo prescrito en el capítulo V del Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos.

Deberán recibir también una adecuada preparación y catequesis acomodada al nivel de la formación que traen que será normalmente de un año para los adultos y dos años para los jóvenes, según se indica en los números precedentes de este Directorio.

  122.- Lo anterior se extiende también a los casos de readmisión en la Iglesia de quien hubiera apostatado de la fe católica y aún no estuviera confirmado (AAS., 67(1975), 348).  
3. Preparación.


  123.- Normalmente este sacramento se administra después de haber recibido los sacramentos de la Penitencia y Eucaristía.

  124.- La preparación para los adolescentes que se van a confirmar tendrá una duración de dos años, donde se confirmarán al final del segundo año.

  125.- La preparación para los adultos deberá ser de un año, confirmándose al final de éste.

  126.- La formación para el sacramento de la Confirmación debe exigir que se logren los siguientes aspectos de la vida cristiana:

- Una actitud de conversión que cambie sus vidas según el Evangelio (acudiendo con frecuencia al sacramento de la reconciliación).

- Participar activamente en la Eucaristía dominical.

- Un contacto personal con Cristo que actúa en la vida de los confirmandos.

- Haber adquirido el hábito de la oración personal, ya sea en conversación frecuente con el Señor, en la meditación de la Sagrada Escritura, en la adoración eucarística, en el rezo del rosario, u otros.

- Experimentar una vida comunitaria eclesial, en el grupo propio y en la parroquia.

- Conocer, fundamentalmente, los contenidos doctrinales de nuestra fe y leer habitualmente la Sagrada Escritura (especialmente el Nuevo Testamento).

- Dar un testimonio de vida adecuado y un compromiso laical en su ambiente. Además de tener un compromiso solidario y mostrar una inquietud por la justicia y la proclamación del Reino.

- Tener intención de mantener una formación habitual de la fe.

  127.- Al final del proceso, los confirmandos deberán estar capacitados para tomar una decisión personal en cuanto a la celebración del sacramento y sus exigencias; y deberán ser evaluados por los catequistas que los han preparado y por el párroco.

La evaluación deberá ser en todos los ámbitos en los cuales se han preparado.

Si los catequistas encuentran que, en lo fundamental, no se han cumplido los objetivos de la preparación, deberán conversar con el párroco, que es el que debe discernir la admisión al sacramento, para invitar a diferir el sacramento a los que no estén preparados. El responsable de la preparación catequética y de la admisión al sacramento, como ya se dijo, es el párroco.

  128.- El ministro que confirme procurará tener una entrevista previa con el grupo de confirmandos, invitándoles a expresar sus inquietudes y motivaciones para recibir el sacramento, como también sus compromisos actuales y futuros, a través de una carta personal dirigida al Obispo. El ministro deberá comprobar personalmente su preparación doctrinal y espiritual, a la vez que deberá decirles qué espera la Iglesia de ellos.

El ministro podrá decidir, en determinados casos, sobre el momento oportuno para recibir el sacramento

  129.- El proceso de formación no puede reducirse a una simple entrega de contenidos, sino que tendrá que consistir en un aprendizaje gradual y metódico del vivir cristiano: puesto que el ser cristiano es precisamente este actuar cristiano, esta sabiduría y vida en Cristo.   130.- La preparación se hará en grupos pequeños que permita un fácil diálogo, y con reuniones, en lo posible, semanales o, a lo más, quincenales.   131.- Para recibir el sacramento de la confirmación se requiere que el candidato esté bautizado y además, si el fiel tiene uso de la razón, que esté en estado de gracia (implica casarse por la Iglesia a los convivientes o casados sólo por la ley civil) y esté convenientemente preparado según los criterios aparecidos en el número 02 1.   132.- Debe procurarse, una vez finalizada la preparación, que los que se han confirmado continúen perteneciendo a algún grupo o actividad permanente de la Iglesia para que no se alejen de ella. En todo caso, la gran vinculación insustituible debe ser para todos la participación dominical en la Eucaristía.  
4. Responsables de la preparación.


  133.- Deberán formar a los jóvenes para la confirmación en primer lugar las parroquias, ya sea a través de su Pastoral Juvenil o de un grupo de catequistas especialmente preparados para esta catequesis presacramental. El párroco, que es el responsable de todo el proceso a la confirmación. deberá nombrar una persona adulta, debidamente preparada, que lo represente y que sea el catequista encargado de la pastoral sacramental quien, a su vez, anima y orienta a los monitores de confirmación.

  134.- Podrán también por derecho propio preparar a la confirmación, todos aquellos colegios católicos vinculados oficialmente a la Vicaria para la Educación. El Vicario para la Educación y el párroco respectivo deben estar informados de esta preparación. El rector del colegio, en este caso, es el responsable último de todo el proceso de la confirmación.

Los colegios particulares (aunque se confiesen católicos) podrán preparar a la Confirmación cuando cuenten con la autorización del párroco, tanto para iniciar la preparación como para la celebración del sacramento. En este caso es también el párroco el responsable de esta preparación.

  135.- Los movimientos apostólicos, enriquecidos por diferentes carismas dados por el Espíritu Santo, que están aprobados por la Iglesia Diocesana pueden preparar para la confirmación a los jóvenes que militan activamente en su movimiento, pero no a los simplemente simpatizantes. Esta preparación debe estar en conocimiento del Vicario Zonal respectivo. El responsable de todo este proceso es el Superior del movimiento, del lugar en donde se realiza dicha preparación.   136.- Todos los que trabajan en el ámbito de la pastoral escolar o de movimientos juveniles deben procurar insertar e integrar a los jóvenes en la comunidad eclesial más amplia, esto es, la parroquia y las instituciones diocesanas. Evitando así caer en los particularismos del grupo o en el sectarismo.

  137.- Los textos a usar en la preparación del sacramento deberán ser los que ha confeccionado el Instituto de Catequesis de Santiago para todas las parroquias. Podrá ser también otro libro publicado por algún movimiento ya sea para su formación interna o para la pastoral escolar que haya sido aprobado por la Arquidiócesis y que esté en conocimiento del Instituto de Catequesis.

  138.- Los catequistas que preparan a los confirmandos son los representantes del Obispo que va a confirmarlos.

Deberán tener facilidad de diálogo con los confirmandos, suficiente conocimiento del proceso de formación en la fe, cierta iniciación pedagógica, deberán dar una imagen atractiva del ser cristiano y formar un equipo estable de catequistas animadores de confirmación.

Además, hay que procurar no sólo la formación de los confirmandos, sino también la de los padres y padrinos. Debe evitarse, a toda costa, que los que preparan a los jóvenes para el sacramento, sean jóvenes que tengan deseos de participar en algo en la parroquia pero que no están debidamente preparados, y como no se les puede ofrecer otra actividad se les encomienda esta tarea tan delicada para la cual no están preparados.

139.- En las parroquias los que preparan a los jóvenes deben ser jóvenes o adultos mayores de 18 años que ya hayan hecho este proceso de confirmación. Que, además, hayan aprobado el curso dictado por el Instituto de Catequesis de Santiago para los catequistas de confirmación, que estén en formación permanente, que den un testimonio de vida adecuado y sean aprobados por el párroco.

El mismo criterio es para los diferentes movimientos, salivando las diferencias propias de cada cual.

En el caso de los colegios, lo puede hacer cualquier profesor o persona que cumpla estos mismos requisitos.

  140.- Los párrocos y responsables del proceso de preparación deben procurar que la catequesis sea realmente buena, dada la importancia del compromiso que asumirán los confirmandos. Para esta tarea deben hacerse ayudar por algún catequista adulto con experiencia y formación adecuada.

 
5. Ministro.


  141.- El ministro ordinario y originario para el sacramento de la Confirmación es el Obispo. En caso de que él no lo pueda hacer personalmente, cuide que lo presida otro Obispo, pero si la necesidad lo requiere, pueden también administrarlo 1 -)s vicarios generales y zonales de la Arquidiócesis.

Todos los anteriores, una vez que ellos no puedan celebrar, pueden facultar a cualquier presbítero dotado de las características necesarias, párrocos o directores de movimientos, para presidir el sacramento. Sea cual fuere el que presida la celebración debe hacer referencia a que lo hace a nombre del Obispo.

  142.- Todo presbítero que está Ocultado tanto para bautizar aun adulto o a una joven mayor de 15 años, como para admitir a la plena comunión en la Iglesia Católica, o a la readmisión en ella a un apóstata, tiene la facultad para confirmar al candidato, en la misma celebración del bautismo, o en el acto de profesión de fe católica, a fin de destacar la unidad de los tres sacramentos de la iniciación.

  143.- En caso de peligro de muerte, el párroco y todo presbítero puede confirmar conforme al derecho canónico.  
6. Celebración.


  144.- Debe haber una reunión con los padres y padrinos de los confirmandos antes de celebrar la Confirmación, a fin de instruirlos en su papel de guías en la nueva etapa de la vida cristiana que inician estos jóvenes o adultos que se van a confirmar.

  145.- Procúrese que haya un ensayo de la celebración en los días previos a la confirmación. En este ensayo deben darse todas las indicaciones prácticas necesarias para que la celebración se desarrolle en forma digna, religiosa, sencilla y expedita; y en ella se resalten los signos propios del sacramento. Prevéase que los jóvenes vistan sobria y dignamente como corresponde a jóvenes cristianos y a la celebración sagrada en que participan; que los fotógrafos tengan un lugar discreto en la celebración; que los confirmandos ensayen cuándo y cómo acercarse al ministro para la. signación; que todos hayan entregado su certificado de bautismo y que hayan llenado los certificados de confirmación; y otros detalles más.

  146.- La fecha determinada para la celebración debe ser comunicada con mucha anterioridad al Obispo o al Vicario Zonal para que ellos puedan participar en esta celebración.

  147.- Antes de la confirmación se recomienda tener un retiro espiritual para quienes se van a confirmar. Igualmente, sería muy útil ofrecer un retiro a los padres y padrinos a fin de tener una mejor celebración. Y, por supuesto, se invitará a todos a confesarse antes de recibir el sacramento, o acompañar a sus hijos o ahijados.

148.- El sacramento de la Confirmación debe celebrarse normalmente durante la Eucaristía. En ella debe recalcarse el sentido de la renovación de las promesas bautismales, mostrando así la relación de los tres sacramentos de iniciación.

  149.- Procúrese que las celebraciones, en lo posible, no sean demasiado masivas, con un número excesivo de confirmandos y familiares, porque esto va en desmedro de la atención debida' de las personas.

  150.- Procúrese que la comunidad parroquia¡, el movimiento o la comunidad escolar participen también de alguna manera en la celebración, ya sea con la oración o con su participación en el día del sacramento. Es oportuno que se presenten los jóvenes o adultos recién confirmados al domingo siguiente en la parroquia o en alguna actividad de toda la comunidad, para que así quede claro el nexo entre el sacramento y la comunidad eclesial.

  151.- Se recomienda que algunas de las celebraciones de la confirmación se realicen en torno a la fiesta de Pentecostés, para asegurar así, una mayor perseverancia en los compromisos asumidos dentro de la comunidad cristiana.

  152.- Los vicarios episcopales, si lo juzgan oportuno, pueden realizar la confirmación a nivel intercomunidad o interparroquial, para que ayude a subrayar el carácter eclesial y misionero de este sacramento, que vincula al Obispo más que a la comunidad parroquias.

Además, así se puede concelebrar con todos los presbíteros del sector, lo que aporta otra dimensión de comunidad eclesial, evitando eso sí, las celebraciones demasiado masivas.

Otra posibilidad es celebrar en la parroquia, pero invitando a todos los sacerdotes del decanato. Dentro de lo posible, los sacerdotes pónganse de acuerdo para participar en las, confirmaciones vecinas.

  153.- Durante la confirmación, el que preside puede asociar a algún otro presbítero en la administración del sacramento, por ser muy grande el número de confirmandos. Debe dejar claro, en el momento de la celebración, que vincula a este presbítero al ministerio propio del Obispo.

Es necesario que éste sea el párroco del lugar o de los confirmandos o que haya participado en su preparación.

  154.- Cuando la Confirmación se confiere fuera de la Misa, ha de precederla, necesariamente, una celebración de la Palabra de Dios.

  155.- Durante la Confirmación deben destacarse los signos propios de la celebración:

- La imposición de las manos como invocación del Don del Espíritu Santo.

- La crismación unida a las palabras « Recibe por esta señal el Don del Espíritu Santo «que es el rito esencial de la confirmación. Es el gesto eficaz que confiere el Don del Espíritu Santo, y es el signo de nuestra participación en la misión de Cristo, profeta, sacerdote y reyservidor.

- La signación, unida a la crismación, expresa el carácter indeleble con que hemos sido marcados al recibir la unción del Espíritu, como fruto de la Cruz de Cristo.

  156.- Es de suma importancia destacar la Palabra de Dios con la que comienza el rito de la Confirmación. Porque de la audición de la Palabra proviene la multiforme acción del Espíritu Santo en la Iglesia y en cada uno de los bautizados o confirmandos, y mediante ella se manifiesta la voluntad del Señor en la vida de los cristianos.

También, dentro de la celebración se le dará gran importancia a la recitación de la oración dominical (Padre Nuestro) que los confirmandos rezarán junto con el pueblo, pues es el mismo Espíritu el que ora en nosotros, y en el espíritu decimos: «Abbá» (Padre).

Conviene, finalmente, hacer un breve diálogo presacramental del ministro con el confirmando y su padrino para personalizar el compromiso que se adquiere con este sacramento.

  157.- Hay que evitar que la celebración se nene de otros signos alternativos como son la entrega de cruces, cirios y otros compromisos que oscurezcan o distraigan la centralidad de los signos rituales. La entrega de estos signos debe hacerse como pasos previos a este día de la confirmación como se indica en el anexo «Proyecto de Formación para la Pastoral de Confirmación» de este directorio, o al final de la celebración eucarística.

 
7. Deberes de los padres.


  158.- A partir del Bautismo, son propiamente los padres los responsables de la educación en la fe de sus hijos. Por eso es también importante hacerles notar el papel que tienen de animar, orientar y acompañar a sus hijos en la preparación del sacramento de la Confirmación. Analógicamente, también el cónyuge y, eventualmente, los hijos tienen este deber con respecto a su cónyuge o a sus padres que no han recibido el sacramento de la Confirmación aún. El día de la confirmación es conveniente que toda la familia, sobre todo los padres, participen activamente en la celebración del sacramento.

 
8. Padrinos.


  159.- Los padrinos son también un signo de la extensión de la Iglesia doméstica (la familia) y una manifestación concreta de la Iglesia Universal que personaliza su responsabilidad.

Por eso, hay que procurar que el padrino, en lo posible, cumpla con las condiciones dadas por el canon 892. Deben ser personas que viven su fe y capaces de ejercer una influencia cristiana en la vida del ahijado, a fin de que se comporten como verdaderos miembros de Cristo y cumplan fielmente los objetivos inherentes al sacramento.

  160.- Deben ser elegidos desde el punto de vista de su actitud de fe, y no solamente por su vínculo familiar, posición social o simple disponibilidad.

Lo normal es que el mismo confirmando sea el que elige a su padrino, cuyas condiciones deben ser:

- Que haya sido elegido por quien va a confirmarse, en caso de que éste tenga uso de razón.

- Haya cumplido 16 años.

- Sea católico.

- Esté confirmado.

- Tenga una vida congruente con la fe y la misión que va a asumir.

- No esté afectado por una pena canónica.

- Si es casado, que lo sea por la Iglesia.

- No sea el padre o la madre del confirmando (salvo excepción).

Es conveniente que el padrino de la Confirmación sea el mismo que el del Bautismo, para poner en claro la estrecha DPS 125' relación entre ambos sacramentos. Siempre y cuando cumpla con las condiciones requeridas.

No podrán ser padrinos los no católicos, divorciados y vueltos a casar y convivientes.

 
9. Inscripción y recuerdo.


  161. - El párroco inscribirá en el libro correspondiente el nombre de los confirmados, del ministro, de los padres y de los padrinos, el día y lugar de la confirmación, además de la anotación que se hace en el libro de los bautismos, según las normas del derecho. Si el párroco de algún confirmado no hubiera estado presente, el ministro, por sí mismo o por otro, debe comunicarle cuanto antes la administración de la confirmación.   162.- Es muy recomendable entregar un recordatorio, ofrecido por la parroquia, después de la confirmación. Si se trata de jóvenes, ellos mismos, durante la preparación, pueden confeccionarlos. Puede ser una cruz o algo que signifique la gracia y el compromiso que conlleva la Confirmación. El párroco ha de procurar el seguimiento de los jóvenes recién confirmados, con adecuadas iniciativas pastorales.  
COMISIÓN EPISCOPAL DE DOCTRINA DE LA FE


SOBRE ALGUNOS ASPECTOS DOCTRINALES DEL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN


24 octubre 1991
1. La renovación pastoral del sacramento de la Confirmación, un don de Dios a la Iglesia de nuestro tiempo


Entre los grandes frutos de la renovación conciliar la pastoral del sacramento de la Confirmación ocupa un lugar muy destacado. La celebración de este sacramento se ha convertido en uno de los momentos más importantes de la acción pastoral con las nuevas generaciones, que son el presente y el futuro de la Iglesia. La asistencia numerosa de adolescentes y jóvenes a las catequesis que los preparan, durante un tiempo prolongado, para la celebración de la Confirmación ha desbordado todas las expectativas.

La práctica renovada de este sacramento ha mejorado notablemente en muchos aspectos en relación a la de un pasado reciente. Es justo reconocerlo. Sus frutos, que ya vislumbramos, constituyen un motivo de agradecimiento y esperanza en el Señor, que ha otorgado este don a la Iglesia de nuestro tiempo.

Convencidos, pues, de los beneficios de esta renovación y con el ánimo de ayudar a proseguirla, mejorarla y fortalecerla, ofrecemos las siguientes observaciones. La presente nota intenta hacer crecer y madurar lo que se hace. Su intención es señalar algunos aspectos doctrinales que se deben tener muy en cuenta en la preparación catequética y en la celebración del sacramento de la Confirmación a fin de salvaguardar, en todo momento, la verdadera naturaleza de este sacramento y el lugar propio que le corresponde en la vida de la Iglesia y de los creyentes. Los avances pastorales podrían perderse si el aspecto estrictamente sacramental de la Confirmación pasase a un segundo plano en beneficio de otros aspectos que, aunque importantes, no tienen de suyo la primacía.

Hay otros aspectos correspondientes a la liturgia y a la pastoral catequética que son muy importantes y que, sin embargo, no se abordan aquí por caer fuera de los objetivos de esta nota. En estos momentos, por otra parte, la Conferencia Episcopal está elaborando unas Orientaciones sobre la iniciación cristiana; en ellas se abordarán de manera sistemática y completa criterios y directrices sobre la Confirmación en el conjunto del proceso de la iniciación cristiana.

2. El sacramento de la Confirmación es uno de los tres sacramentos de la iniciación cristiana


Su vinculación con el Bautismo y con la Eucaristía subraya la unidad de la iniciación sacramental que se ha de entender como un todo. No se puede comprender, pues, la Confirmación si no es dentro de esa unidad. En efecto, cuando recibe la Confirmación, el adulto la recibe juntamente con el Bautismo y la Comunión. Y puesto que Bautismo, Confirmación y Eucaristía forman una unidad, resulta que «los fieles están obligados a recibir este sacramento en el tiempo oportuno» (CIC, C. 890).

Consecuencia de esto es que todos los bautizados deberían ser convocados a recibir este sacramento, que no puede entenderse como un sacramento de élites o sólo para grupos de selectos, porque con los otros dos, Bautismo y Eucaristía, forma el itinerario sacramental que ha de seguir en su iniciación el cristiano. Por medio de la Confirmación en efecto «los bautizados avanzan por el camino de la iniciación cristiana» («Ritual del Sacramento de la Confirmación», Praenotanda, 1).

3. El sacramento de la Confirmación ha de entenderse como un don gratuito de Dios, sin reducirlo a una pura y simple ratificación personal del Bautismo recibido y de la fe y compromisos bautismales


En el sacramento de la Confirmación, los bautizados reciben una gracia especial del Espíritu Santo que los incorpora más perfectamente y los vincula más estrechamente a Cristo y a la Iglesia y los robustece para que difundan y defiendan la fe con obras y palabras como verdaderos testigos de Cristo (Cfr. LG, 11).

Ciertas opiniones recogidas en catequesis preparatorias de la Confirmación y moniciones para su celebración parecen poner lo sustancial de este sacramento sólo en la «ratificación» personal y libre que, de su Bautismo, hacen los candidatos al aceptar como suyos la fe y los compromisos bautismales que en su infancia otros profesaron en su lugar. En este contexto, la aceptación libre de la fe, expresada públicamente en la Confirmación, vendría a subsanar la falta de libertad con que recibieron el Bautismo quienes fueron bautizados antes de tener uso de razón.

Al resumir estas opiniones reflejamos sencillamente afirmaciones vertidas en libros destinados a preparar a los confirmandos donde se leen frases como éstas: «La Confirmación es la celebración de mi decisión libre y personal de querer vivir como cristiano; nadie la puede tomar por mí»; «la Confirmación te ofrece ahora la oportunidad para que definas tu actitud ante esa fe que han tratado de transmitirte».

Desarrollando la vida bautismal por la que Dios nos confirma en Cristo, nos unge, nos sella y pone en nuestros corazones, como prenda suya, el Espíritu (Cfr. 2 Cor 1,21-22), la Confirmación lleva a madurez la gracia bautismal que tiene su origen en la elección gratuita del Padre.

La necesidad de la ratificación personal de la fe y del Bautismo puede entenderse en un sentido legítimo y así sucede de ordinario. Y por ello mismo debe insistirse en la preparación de los confirmandos en edad de discreción para que reciban consciente y responsablemente el don de Dios y acepten los compromisos que lleva consigo la vida cristiana. Pero el esfuerzo de la preparación no deberá oscurecer nunca sino realzar la primacía del don que Dios otorga con el sacramento. La Confirmación, aunque implica necesariamente la libre respuesta del creyente que tiene uso de razón, es, ante todo, un don gratuito de la iniciativa salvadora de Dios.

El don que Dios concede en la Confirmación, según las palabras del rito de la misma, es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el don del amor de Dios que libera y recrea nuestra libertad: «Donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad» (2 Cor 3,17). Conducidos por este Espíritu, somos hijos de Dios (Cfr. Rom 8,14-17) y participamos de la libertad gloriosa de los hijos de Dios (Cfr. Rom 8,29). En el orden de la salvación nada podemos hacer sin la ayuda del Espíritu Santo, como reconoce la Liturgia en la fiesta de Pentecostés: «Mira el vacío del hombre / si tú le faltas por dentro; / mira el poder del pecado / cuando no envías tu aliento» (Secuencia de la Misa de Pentecostés).

Esta afirmación, tan entrañada en la fe y en su correspondiente visión del hombre y de la libertad, queda oscurecida, cuando no negada, por ciertas concepciones del hombre vigentes en la cultura de nuestro tiempo, a las que no somos ajenos frecuentemente los mismos cristianos y que inciden de manera importante en la concepción y práctica pastoral de la Confirmación. En el trasfondo, en efecto, de algunas de las deficiencias señaladas más arriba, se detectan unos supuestos antropológicos, insensiblemente difundidos en el ambiente cultural, que no coinciden con la visión que la Iglesia tiene del hombre y de su salvación. Estos supuestos se refieren, sobre todo, al papel autosuficiente e incondicionado que se concede a la libertad en el desarrollo personal del hombre. Esta libertad, pretendidamente ilimitada, se considera amenazada por toda instancia que, desde fuera de él, condicione sus decisiones personales. Pero lo cierto es que, en nuestro caso, no hay por medio otra instancia sino el amor de Dios, que no amenaza la libertad humana; al contrario, la libera y recrea.

Por eso, la pastoral de Confirmación ha de estar muy atenta a estos rasgos de la mentalidad contemporánea. Ha de tenerlos en cuenta, de manera especial, al transmitir la auténtica enseñanza de la Iglesia que conjuga el carácter gratuito de la iniciativa salvadora de Dios con la respuesta libre del hombre (Cfr. DV, 5).

4. Algunas interpretaciones deficientes o incompletas de la Confirmación favorecen una cierta depreciación del Bautismo de niños


La opinión de que la Confirmación es una pura y libre aceptación del Bautismo recibido en la infancia lleva consigo, por lo menos, una cierta depreciación del valor del Bautismo. En último término, según esta opinión, la Iglesia, al bautizar a los niños, no los haría propiamente cristianos porque son incapaces de fe personal. Así lo entienden ciertos libros catequéticos de Confirmación cuando afirman que «nuestro Bautismo en la infancia no tiene ningún valor si no se da una aceptación personal y libre», o bien «cuando nos confirmamos, los demás cristianos y Jesús nos admiten en su grupo, en la Iglesia».

Estas opiniones no tienen en cuenta que, aunque en el Bautismo de niños no haya una participación activa del bautizado, no se puede oscurecer o negar la verdadera y completa sacramentalidad y legitimidad de este Bautismo. Olvidan, además, que la Iglesia, al bautizar a los niños, los bautiza en su propia fe. Los así bautizados irán asumiendo la fe de la Iglesia y acrecentando su participación en ella a lo largo de toda su vida bajo el cuidado de la misma Iglesia.

Es preciso recordar aquí que el Bautismo celebrado en la Iglesia es un nuevo nacimiento, una nueva creación en Cristo (Cfr. Ef 2,10). El bautizado queda insertado en el plan salvador de Dios en Cristo: al nacer de nuevo del agua y del Espíritu (Cfr. Jn 3,5) queda orientado a seguir un itinerario vital que, de suyo, es opuesto a cualquier proceso de retorno o «vuelta atrás» (CC, 160).

Por el Bautismo, juntamente con la Confirmación, que por la gracia del don del Espíritu Santo afianza la fe y los compromisos bautismales, se inicia una trayectoria existencial que se expresa en un modo de vivir como hijos de Dios. Los bautizados y confirmados, por la dinámica misma de la fe, están llamados a emprender y a realizar, en libertad y disponibilidad, un camino hacia el ideal de justicia y de santidad al que han de tender; es decir, a afianzar su llamamiento y elección (Cfr. 2 Pe 1,10) y a seguir un proceso de transformación constante de sus vidas que refleje cada vez con mayor nitidez la santidad y la gloria de Dios (Cfr. 2 Cor 3,18).

Este afianzamiento y esa transformación forman parte, en efecto, de la entraña misma de la vida cristiana que es prueba de la verdad de nuestra fidelidad a Dios, ejercicio permanente en el combate cristiano contra las fuerzas del pecado y compromiso en la edificación del hombre nuevo que se debe construir sobre Jesucristo. Por ello, no hay duda de que fomentar el crecimiento y la madurez de la fe de los confirmados es algo absolutamente necesario, de manera particular cuando viven en unas circunstancias sociales y culturales que no favorecen el desarrollo de la vocación cristiana. Pero la práctica pastoral, en la preparación de los confirmandos, no partirá de cero como si nada le hubiese ocurrido al candidato en su Bautismo y en su primera catequesis. Reconocemos, sin embargo, que los candidatos a la Confirmación pueden encontrarse a veces en tal situación que requieran un proceso previo de evangelización, en el sentido estricto de esta palabra, para que pueda aflorar en ellos el don de Dios que recibieron en el Bautismo y en los otros sacramentos.
5. Dimensión eclesial del sacramento de la Confirmación


En la Confirmación se actualiza el acontecimiento salvífico de Pentecostés en favor de unos bautizados; ellos reciben el don del Espíritu en su plenitud, con sus múltiples dones al servicio de la comunión y misión o crecimiento de la Iglesia en el mundo. Esta referencia de la Confirmación a Pentecostés y su vinculación ordinaria, en la Iglesia occidental, al Obispo, sucesor de los Apóstoles, promotor de la misión y vínculo de comunión, nos hace ver la dimensión específicamente eclesiológica de la Confirmación.

Si en todo proceso de iniciación cristiana es necesario cultivar la dimensión eclesial de la fe, en la preparación para la Confirmación, esta necesidad cobra una importancia singular. En la Iglesia y por ella, recibimos la fe y, mediante la Iglesia, Dios nos mantiene en la auténtica fe apostólica.

Una adecuada preparación a este sacramento exige disponer a los confirmandos para ser testigos de la fe de la Iglesia; esto exige, a su vez, transmitir a los confirmandos la fe íntegra de la Iglesia sin los silencios ni omisiones que, a veces, se encuentran en ciertos libros de preparación a este sacramento, como, por ejemplo: la frecuente omisión de la confesión de fe en la vida eterna y su explicación catequética correspondiente o los silencios sobre aspectos concretos e importantes de la moral cristiana.

No sería acertado, por lo demás, iniciar a los candidatos a este sacramento en la fe cristiana entendida como una pura y simple «experiencia» subjetiva, individualista o grupal. La Confirmación crea una vinculación más estrecha con la Iglesia y, por consiguiente, orienta al confirmando a vivir la plena comunión con ella y hace que participe más plenamente en su misión. Por ello, el fortalecimiento de la adhesión cordial a la Iglesia así como del sentido de la comunión eclesial; el descubrimiento y educación del sentido misionero como propio de la vocación cristiana y el cultivo del compromiso evangelizador y apostólico, deben quedar plenamente resaltados y cuidados en la pastoral de la Confirmación.

La preparación catequética a este sacramento, como toda iniciación cristiana, habrá de tener un carácter catecumenal. Por consiguiente, habrá de iniciar, entre otras cosas, a la oración, como dimensión fundamental de la existencia cristiana. Una pastoral de Confirmación no debería olvidar que la vida cristiana en la Iglesia comporta como elemento necesario la oración, en la que, además, habría de insistir esa pastoral de un modo particular a causa de las características propias de la edad en que ordinariamente se recibe ese sacramento.

La catequesis de la Confirmación deberá transmitir la enseñanza moral de la Iglesia y despertar y fortalecer el sentido de la conciencia moral y de la necesidad de la conversión a lo largo de toda la vida; conversión que tiene su expresión culminante en el sacramento de la Reconciliación y de la Penitencia.

La pastoral de Confirmación tiene como meta, muy en primer término, llevar al confirmando a participar plena y activamente en el banquete eucarístico, ya que, como consideran la Tradición y la liturgia, la Confirmación está específica y directamente ordenada a la Eucaristía.

Inseparablemente, ha de disponer también a los confirmandos para el servicio de la Iglesia y del mundo con los dones que Dios les concede. En este sentido, esta pastoral habrá de poner al candidato en disposición de descubrir a qué vocación y servicio determinados Dios lo llama para la edificación de la Iglesia, la evangelización y la impregnación del mundo con los valores evangélicos. Esta vocación concreta que cada uno recibe del Espíritu de santidad y amor supone, en todo caso, una llamada a la santidad y al servicio desinteresado y generoso al prójimo.

6. Conclusión


Cuanto hemos expuesto en esta nota no es privativo de la inteligencia y práctica del sacramento de la Confirmación. Aquí están en juego principios de la fe cristiana que deben dirigir y sostener toda teología y práctica sacramental y aun todo el ámbito de la vida cristiana. Son las realidades perennes de la fe las que habrán de decidir sobre los métodos y recursos de la práctica pastoral. Al servicio de estas realidades está toda actividad pastoral en la Iglesia.

Madrid, 24 de octubre de 1991