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PRESENTACIÓN
2004-2005 |
No
puede ser de otra manera. Pasan los cursos pastorales, pero
crece la intensidad de nuestro sentido creyente y de nuestro
compromiso cristiano. Algo vamos aprendiendo. Y ese algo que
se nos va quedando gravado en el corazón, guiados por
la palabra de Jesús, no es otra cosa que esto: merece
la pena vivir la vida desde el servicio, desde la entrega.
Entregar la vida, desde el punto de vista del Evangelio, es
perderla. ‘El que quiera ganar su vida que la pierda’,
que la entregue, que la regale y que no tenga miedo a hacerlo,
nos dice Jesús a cada uno y a nuestra comunidad cristiana.
A veces, nos sucede, que no somos capaces de ponernos de acuerdo
cuando tocamos las ideas, y nos perdemos en conceptos, en
palabras, en verdades particulares: sin embargo, sí
que nos ponemos de acuerdo en algo sustancial y esencial:
el cristianismo es, ante todo y sobre todo, SERVICIO. “Yo,
dice Jesús, estoy en medio de vosotros como el que
sirve”. Quien está en actitud de servicio y consagra
su vida entera a servir a los demás, está siempre
en lo cierto, y no se equivoca nunca. La mejor manera de ponernos
de acuerdo sobre lo que es ser cristiano, es ponernos juntos
a servir, a trabajar, a realizar obras de amor en favor de
los demás. “Bienaventurado tú, porque
tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber,
estuve en la cárcel y viniste a verme, enfermo y me
visitaste”. Ahí no existen los errores. Ahí
se encuentra la salvación. Ahí logramos unirnos
incluso creyentes y no creyentes. De la mano del servicio
y del amor se hace posible la salvación y la libertad
para todos los seres humanos.
La vida pastoral se realiza en la Iglesia con la fuerza del
Espíritu de Dios y también con la sabiduría
que se adquiere gracias a las ciencias humanas, sin que ello
suponga para nosotros que las ciencias humanas sean un dogma
de obligado cumplimiento. Pero trabajamos, como principio,
del mismo modo que trabajan los grupos humanos, planteándonos
unos objetivos, unas sensibilidades, unos estilos y unos modos
concretos de vivir y de actuar. Eso sí, nuestros objetivos
y trabajos pastorales tienen siempre la peculiaridad de la
fe. Curso tras curso los vamos variando, con el fin de facilitar,
a nuestra comunidad creyente y a cada cristiano en particular,
la posibilidad de desarrollar su crecimiento y de ofrecer
el ánimo necesario para que el Evangelio sea vivido,
percibido y conocido en nuestra comunidad y en nuestra sociedad.
Para poder vivir el don del Espíritu y el don del Evangelio,
como comunidad cristiana, durante los diversos cursos pastorales
que el Señor nos va concediendo disfrutar, nos animamos
unos a otros con la esperanza de resaltar cada año
alguno de los aspectos esenciales de la fe, y así poderla
ir encajando en el centro de esta sociedad, de esta cultura
y de este mundo tan complejos.
Si el curso pasado nos invitábamos a vivir lo más
plenamente la unidad en la comunidad, con las puertas abiertas
de par en par ante las necesidades de nuestros vecinos y
conciudadanos, este curso vamos a centrarnos en el servicio.
Servir es nuestro oficio, nuestro ministerio, nuestro carisma,
nuestra vida. Y servir con amor, como fruto de la experiencia
del amor de Dios en nosotros. Nadie sirve si no es impulsado
por el Espíritu, que nos ofrece, como don supremo,
el amor. Sólo los que aman conocen a Dios, siguen
a Jesús y sirven. Y sólo se aprende a amar
sirviendo. El servicio es un trabajo para cada día
y para todos los días. El ser humano no se educa
de un día para otro. No. El “Mirad como se
aman” no se hace posible por arte de birlibirloque.
Ni mucho menos. Llegar a confluir en la unidad y en el amor
supone un trabajo desinteresado y humilde, diario, sin faltar
a su cita ni un solo día. Los siervos están
siempre en vela y trabajando, sirviendo, “esperando
a que su Señor venga y llame”. Y hay que hacerlo
a toda hora, da lo mismo que sea por la mañana que
por la tarde que a media noche. La misión del servidor
es estar sirviendo a toda hora y todos los días.
Uno no puede despistarse en esta tarea, la tarea de la Iglesia,
la tarea de nuestra comunidad, que especialmente queremos
resaltar este curso. “Bienaventurados aquellos a quienes
su Señor les encuentre en vela cuando llegue. Os
aseguro que los hará sentar a la mesa y los irá
sirviendo”.
Por eso, nuestro gran objetivo para este curso es fomentar
una comunidad cuyo ser y cuyo sentido sea, expresado con
toda simplicidad:
Servir,
servir y servir.
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Antonio
García Rubio
Colmenar Viejo, Septiembre 2004
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