Enlace a la página web de la Parroquia Nuestra Señora de Atocha El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, recibirá a los ya Príncipes de Asturias a la puerta del Templo de la Basílica de Nuestra Señora de Atocha.

Se dice que la primitiva ermita de Atocha estuvo en la vega madrileña, cerca del río Manzanares, en el lugar denominado Santiago el Verde; siendo trasladada al lugar que ocupa actualmente por el Caballero Gracián Ramírez. Hay documentos históricos que demuestran que ya en el siglo VII era famosa la devoción a la Virgen de Atocha.

La Ermita
Poco se sabe con certeza de la Virgen de Atocha hasta llegar al siglo XI, en el cual las crónicas hablan ya de la iglesia de Atocha. Se reducía el templo de la entonces patrona de Madrid a una capillita de 15 pies de larga y 12 de ancha.

El Santuario
Cuando mediado el siglo XI entró Alfonso VI en Madrid, la importancia de Atocha comenzó a aumentar y sus fincas y riquezas crecieron tanto que pudo sustentar con ellas a varios capellanes que atendían al servicio y culto de la Virgen.

El Convento
En el siglo XVI, la ermita se convirtió en una gran iglesia, y las casitas de los Canónigos Regulares en un convento de religiosos de Santo Domingo, gracias al P. Fr. Juan Hurtado de Mendoza, O.P., confesor del Emperador, quien pidió al Emperador y al Papa Adriano VI, la iglesia de Nuestra Señora de Atocha para los dominicos. Ambos consintieron gozosos. El día 2 de junio de 1523 se hizo la entrega solemne de las llaves de la iglesia a los frailes dominicos, bajo cuyo cuidado ha permanecido (salvo en un pequeño período del siglo pasado) la Virgen de Atocha.

La Francesada
Todos los reyes de la Casa de Austria se esforzaron en mejorar y ampliar las instalaciones de la iglesia y convento. Durante el reinado de la Casa de Borbón continuaron las ofrendas, y donativos para enriquecer las instalaciones. En la noche del 5 de diciembre de 1808, las tropas francesas se apoderaron del convento, lo convirtieron en cuartel, expulsaron a los religiosos y cometieron profanaciones y robos, con destrucción de la biblioteca, etc. Los religiosos se refugiaron en el convento de Santo Tomás de la calle de Atocha, hasta que pudieron volver al santuario de Atocha, donde estuvieron hasta la exclaustración en 1834, fecha en que la iglesia de Atocha quedó convertida en un páramo de desolación y ruinas y el convento se convirtió en cuartel de inválidos. La reina Isabel II se preocupó de restablecer el culto de Atocha, nombrando una especie de cabildo compuesto por un rector y tres sacerdotes, hasta que el peligro de hundimiento movió a la reina Mª Cristina a ordenar que se procediese a su derribo. La Virgen, que recibía culto en una pequeña capilla provisional, fue trasladada a la iglesia parroquial del Buen Suceso que, como Atocha, pertenecía al Patrimonio Real.

Restauración
En 1924 los frailes dominicos solicitaron al rey Alfonso XII concediese facilidades para restaurar el convento e iglesia de la Virgen de Atocha. Se realizaron las obras con la mayor rapidez, y el primer sábado de noviembre de 1926 se hizo el solemne traslado de la Virgen, desde la parroquia del Buen Suceso hasta su nueva iglesia, donde fue recibida por su majestad el Rey y su madre la reina María Cristina, reanudándose una nueva era en el culto a la Virgen de Atocha. Éste quedó interrumpido de nuevo en los años de la guerra civil: el 20 de julio de 1936, fueron asaltados e incendiados el convento y la iglesia, y los religiosos que no pudieron escapar fueron martirizados. La imagen de la Virgen de Atocha, que había sido retirada días antes de su trono y había sido entregada para su custodia a una familia amiga de la Comunidad, se salvó. En 1939, aprovechando las sólidas paredes maestras que habían quedado en pie después del incendio, se habilitó el salón del sótano para capilla, y la Virgen volvió a su Iglesia.

La Basílica
El santuario de Atocha fue elevado a la dignidad de Basílica el 12 de noviembre de 1863 a petición de la reina Isabel II, gracia que le fue otorgada por S.S. Pío IX. La actual edificación, inaugurada en la Navidad de 1951, forma un rectángulo de 52 metros de frente por 34 de fondo, con una altura en la nave central de 13,25 metros. Destacan las vidrieras, de un estilo de interpretación moderna del románico, que representan los misterios del Rosario en diseño del fallecido pintor Carlos Pascual de Lara. Posteriormente fueron terminados el altar mayor y el camarín de la Virgen.

La Parroquia
La Real Basílica de Atocha estuvo por espacio de 10 años, desde 1878 al 1888, como sede de la Parroquia de Nuestra Señora de las Angustias. En 1883 fue bautizado en ella el gran filósofo madrileño D. José Ortega y Gasset. Esta Basílica fue erigida Parroquia de Nuestra Señora de Atocha canónicamente, en el año 1965, por Monseñor D. Casimiro Morcillo.

La Imagen
Hasta hace unos 15 años, desde los tiempos en que se vestía a las imágenes, la imagen de Nuestra Señora de Atocha estaba vestida y cubierta con rico ropaje, a excepción de caras y manos. Aparentaba ser una imagen altísima, del tamaño casi de una persona. En la actualidad, despojada de las vestiduras que la desfiguraban, la imagen aparece tal como es: sentada en un trono símbolo de realeza y cátedra de sabiduría, su altura no llega a los 60 centímetros desde lo alto de la corona hasta el plano donde asienta los pies. Tal como ahora la veneramos fue como debió estar en los primeros siglos en que recibió culto en Madrid, hasta que la piedad de las gentes, movidas por los milagros o en acción de gracias por los beneficios obtenidos por su mediación, hizo que empezaran a regalar a la imagen de la Virgen joyas, adornos, vestidos y mantos. De estos últimos tuvo una colección muy valiosa la Virgen de Atocha, regalos todos ellos de las reinas de España que tornaron por costumbre piadosa donar a la Virgen sus galas de novia. Hoy todavía se conserva, entre otros, el manto de terciopelo rojo y armiño, cuajado de castillos y leones bordados en oro, regalo de Isabel II, que luce la imagen en las grandes solemnidades.
La imagen de Atocha es de madera. La figura está sentada, como queriendo afirmar con esta postura su magisterio sobre la Iglesia a la muerte de su divino Hijo. Al lado izquierdo, y formando parte de la misma talla, tiene un Niño pequeño al que ofrece una manzana con la mano derecha. El niño no parece mirar la manzana y tiene levantada su diestra en actitud de bendecir al pueblo, extendidos sus dedos índice y anular y doblados los restantes sobre la palma de la mano. El rostro de la Virgen, debido a su antigüedad, es moreno oscuro, casi negro. Los ojos son grandes y rasgados, majestuosos, alegres y risueños, pero llenos de compostura y suma honestidad.