|
PARA COMPLETAR LA PASIÓN DE CRISTO:
LA SABIDURIA DE LA CRUZ
(cfr. I Co 1,17-19)
El mensaje de la Cruz es de una 'actualidad' palpitante, no porque el mundo esté dispuesto a escucharlo, sino por la inmensa necesidad que tiene de él. Dios, dueño y Señor de la historia, suscita en este tiempo a Concepción Cabrera de Armida para «recordarnos» por su medio «la Sabiduría de la cruz» «necedad para los que se pierden, fuerza de Dios para los que se salvan» (1Co 1, 17-18). Su experiencia del misterio de la Cruz está destinada a ser un mensaje para los demás. Ella como `Profeta de la expiación« llevará a las almas a la asociación del Misterio de la expiación de Cristo.
Dios no cesa de llamar a todo hombre a buscarlo para que viva y encuentre la dicha (cf. CIC 30). Lo llama por su nombre y lo invita a colaborar en su designio de salvación. Por esto, si Jesús «está en agonía hasta el fin de los siglos», es preciso que haya cristianos en los que Él continúe su obra redentora; cristianos que sean para Jesús 'un suplemento de amorı en favor de la Iglesia y de la humanidad. Tomando conciencia de su vocación corredentora, los cristianos podrán entender mejor la invitación que San Pedro les hace a convertirse en «piedras espirituales» del templo donde se inmola Cristo: «Acercándonos a Él, Piedra viva, desechada, pero elegida, preciosa ante Dios, también vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo» (cf 1P 2,5); de ahí nace el gozo de la esperanza: «alegraos en la medida en que participáis en los sufrimientos de Cristo, para que también os alegréis alborozados en la revelación de su gloria» (1P 4,13). Sufrir amando como Cristo es señal de que el Espíritu de Dios, reposa sobre nosotros»
1P 4,14). La imitación de Cristo es auténtica cuando incluye el asumir con él el sufrimiento por amor.
En la literatura moderna podemos observar cómo la agonía de Jesús se destaca en el horizonte del mundo de Bernanos en la implicación que hace de sus personajes en un misterio de muerte y de vida, de solidaridad en el bien y en el mal, de riesgo y de lucha que se refleja en el tiempo y en la eternidad. De Getsemaní hasta el Calvario, Nuestro Señor ha conocido y expresado en anticipación todas las agonías, hasta las más humillantes y desoladoras. Por 2000 años las generaciones cristianas no han tenido como quehacer sino revivir una después de otra, la pasión del Señor. Sus personajes son prisioneros de la Santa Agonía, por tanto, están inmersos en el misterio de la redención: Chantal (La gloria); Sor Blanca (Diálogo de las carmelitas); el párroco de Ambricourt, (Diario de un cura rural). Este último nos recuerda que nuestras penas no nos pertenecen, porque "Cristo las ha asumido, están en su Corazón", y exclama: ¡Oh maravilla que así se pueda entregar aquello que por sí mismo no se posee, oh dulce milagro de las manos vacías.
Entrar pues en «la construcción del edificio espiritual» supone ser con Cristo, «sacerdote y víctima». Tal es la esencia del mensaje sacerdotal que Dios, a través de Conchita, trasmite al hombre de hoy invitándolo así a completar en su propia vida, lo que falta a la pasión de Cristo en favor de su Cuerpo que es la Iglesia.
¿No es acaso lo que hemos observado en el Papa Juan Pablo II el 29 de mayo de 1994 cuando, después de 4 semanas de su permanencia en el hospital, al dirigirse a los miles de fieles que lo esperaban ha afirmado: «He comprendido que debo llevar a la Iglesia de Cristo hasta el tercer milenio con la oración, con diversas iniciativas, pero he visto que no basta: necesitaba llevarla con el sufrimiento, con el atentado de hace trece años y con este nuevo sacrificio... Por medio de María quiero agradecer hoy este don. He comprendido que es un don necesario»[1].
El «Evangelio del sufrimiento» sigue siendo para el hombre un escándalo y una locura, porque el hombre naturalmente no capta las cosas del Espíritu. (cfr 1Co 1,14). Como los discípulos de Jesús, ante la revelación del discurso del Pan de vida, nosotros, podemos exclamar: «¡Es duro este lenguaje! ¿quién puede escucharlo?»... (cf. Jn 6, 60).
El Padre de los cielos, de quien procede todo don perfecto (St 1,17), nos conceda el Don del Espíritu Santo para comprender que, Cristo nos invita a seguir sufriendo en nosotros con el fin de «completar en nuestra carne lo que falta a su Pasión en favor de su Cuerpo que es la Iglesia»: «¡Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios y prudentes, y se las has revelado a pequeños!» (Mt 11, 25).
[1] cfr. Osservatore romano, 3 junio 1994.
TAREA
QUÉ SIGNIFICADO TIENE PARA TI LA EXPRESIÓN
³SABIDURÍA DE LA CRUZ²
Asociado (a) a Cristo en tu oración presenta al Padre el ³escándalo² del sufrimiento inocente y absurdo de tantas situaciones que vivimos hoy.
¿Cómo en tu vida cotidiana puedes encarnar ³la sabiduría de la cruz²?
|