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CAMINO DE SANTIAGO

Este verano, un pequeño grupo en representación de nuestras dos parroquias ha realizado a pie el último tramo del llamado Camino Francés en su recorrido hacia Santiago de Compostela. Ellos, con el siguiente diario, os animan a recorrerlo algún día:

BARBADELO - PORTOMARIN 

CHARLY COMO ESTÁ MAS GUAPO

Esta primera etapa del Camino Francés es de unos 18 kms, con hermosos senderos de piedra entre muros y riachuelos. Se parte de la aldea de Barbadelo y se adentra en un espléndido bosque de arboleda, torrenteras y arroyos. Pudimos observar uno de los mejores paisajes de todo el camino. Las flechas, las conchas, los mojones de piedra y las rallas amarillas eran las pistas a seguir para no desviarte de la ruta. El negocio de los palos, así como de los chubasqueros, era constante y se presentaba en prácticamente todos los lugares. Siguiendo el camino asfaltado se llega a Rente y Mercado da Serra, para acceder a Marzán. Hasta ahora, el camino era un inmenso valle de exuberante vegetación; los cardos y las ortigas se convertían en los alicientes más importantes de cada uno de nosotros a la hora de –ir al servicio–. Ya nos resultaba difícil hacer un desmarque para hacer nuestras necesidades por la gran cantidad de gente que allí había que, además, teníamos la agradable compañía de bichos, plantas, etc., quienes al final fueron nuestros acompañantes preferidos. El Camino cruza la carretera por asfalto y desde Perruscallo por pista de tierra. Hay una subida de esas en las que ya cuesta mover las piernas y donde nos temblaba realmente la paletilla sólo con mirar hacia arriba... ¡qué angustia!. Desde ahí hacia el albergue de Ferreiros, poco más allá Mirallos, por asfalto – que aunque se siga caminando, es una gozada andar por ese terreno. ¡Así daba gusto!– hasta Parrocha, desde donde se aprecia al fondo Portomarín, nuestro final de etapa. Aquí, en un restaurante – por llamarlo de alguna manera...,– comenzamos a comer las viandas preferidas por todos: ¡los huevos fritos!, aunque entre nosotros había algún vegetariano, que tenía que alimentarse a base de ensaladas de tomate. Esto es debido a que en todos los menús del peregrino te los ofrecían entre una gran variedad de platos a escoger a un buen precio –unas 800 pts–. Además de los huevos fritos y los animales, nos acompañó también un encantador perfume de esos que dan gusto, esos que solamente saben fabricar las vacas y las cabras del campo... ya me entienden, ¿no?. En Vilachá se cruza el cauce del embalse del Miño –muy bonito, por cierto– y por la escalinata de acceso se corona el nuevo emplazamiento de Portomarín. Lugar que divisábamos desde dos horas antes de llegar para nuestra desesperación. Continuábamos caminando pero nunca llegábamos. ¡Al fin terminamos la etapa!: entramos en Portomarín.

PORTOMARIN – PALAS DEL REI

Salimos de Portomarín ascendiendo por una vía hasta una cerámica donde se cruza la carretera para continuar en su margen derecho por una senda de tierra paralela hasta Toxibó y Gonzar. El camino continúa entre muros hasta Castromaior, hospital donde hay un centro de atención al peregrino. En Ventas de Narón comienza la ascensión a la Sierra de Ligonde –¡qué subida!–, y en el descenso hasta Monterroso, – ¡ qué bajada!–, el histórico cruceiro de Lameiros, que pertenece a Palas de Rei. Después se pasa por Lestedo y otras aldeas. Los lugares de Ave Nostra y Lamelas llevan a Rosario, esta etapa se acaba en el albergue de Palas de Rei.

Los albergues son el lugar más frecuentado por los peregrinos. Por ello, dos horas antes de que abran –13:30–, ya hay gente esperando. Como no te levantes temprano y comiences a andar prácticamente hacia las seis de la mañana, te quedas sin sitio. Con lo cual, tienes que buscar hoteles, hostales, refugios, casas rurales... en fin, lugares donde poder pernoctar pagando, claro. Aunque vale la pena al ser un precio asequible.

JANETTE DE PEREGRINA

Nos sorprende encontrar peregrinos de todas nacionalidades: franceses, ingleses, alemanes, brasileños... y el ambiente que reina entre todos de compañerismo y camaradería. Parece que nos conociésemos de toda la vida, ¡Es encantador!

Esta etapa es de 24 kms. El itinerario es de dificultad media con cotas que oscilan entre los 325 metros del embalse y los 544 a la altura del Rosario. El miedo escénico del primer día apenas causó estragos, claro que los pies y el cuerpo sí que notaron el cansancio, pero nada ni nadie podía quitarnos la ilusión. Menuda etapa, menudo día... Uno de los más fuertes, más agotadores y más todo del camino. Teniendo en cuenta que la "agradable" lluvia y el viento nos acompañaron durante todo el trayecto de esta magnífica jornada. Los chubasqueros no sirvieron de nada porque llegamos a comer completamente calados. ¡Con qué gusto nos tomamos esas lentejas calentitas del famoso menú del peregrino! ¡Las más sabrosas que habíamos probado en mucho tiempo!. Con ellas repusimos fuerzas y entramos en calor. También charlamos con otros compañeros que nos encontramos del camino. Allí estábamos todos haciendo al mal tiempo buena cara, contándonos anécdotas y riéndonos de nuestro aspecto y de todo en general. Parece mentira cómo podemos cambiar una situación que podía parecer desagradable, por la lluvia, el viento y el frío, en motivo de risa y de diversión, simplemente compartiendo unas lentejas en un ambiente de amistad y camaradería en un refugio del camino en el que reinaba la alegría y el buen humor.

Eran pocos los kilómetros que tuvimos que andar Y, con todo y eso, nos siguió acompañando la lluvia, el frío, y hasta una pesada que no se separaba de nosotros. Las gracias y las risas continuaban constantes y no cesábamos de disfrutar, – el camino así, quieras que no, se hacía más ameno y placentero para nosotros –.

PALAS DEL REI – MELIDE

Entre Palas de Rei y Melide hay 15 km., con senderos empedrados, puentes medievales, arroyos, templos románicos, castillos y un peculiar aroma a eucalipto, en una ruta que discurre por frondosos caminos de tierra con suaves pendientes. Pasamos por los pueblos: Casanova, Leboreiro – ya perteneciente a La Coruña –, Furelos ( siendo estos los pueblos más importantes), con final en Melide.

En esta etapa, el Camino atraviesa bastantes veces la carretera, lo cual es excepcional, porque suele ir paralelo a la misma. Esto ofrece a los peregrinos que no desean realizar todo el recorrido cargados con los macutos la posibilidad de elegir un lugar fijo de residencia y trasladarse al principio y desde el final de etapas en la línea regular de autobuses que une Santiago con Lugo. Esto es una alternativa muy buena para los que no dispongan de coche de apoyo a lo largo del trayecto.

Para los que lleguen a Melide les diremos, por si no lo conocen, que lo típico para comer, es un pulpo especial que hacen allí. Lo cuecen en grandes pucheros de cobre y está riquísimo.

El tiempo cambió enormemente. Dejó de llover para comenzar con un sol espeluznante y pavoroso. De llegar a caminar con camiseta, sudadera y hasta incluso con cazadora, a llevar lo justo: pantalón corto y una simple camiseta, con las respectivas gafas de sol, la gorra y las cremas; si no llega a ser por éstas...Todas las fuentes que encontrábamos nos parecían pocas para refrescarnos y llenar nuestras cantimploras y botellas. Aunque no llevábamos bañador no nos importó mojarnos de arriba abajo para aliviar nuestros sudores. Después de pasar este asfixiante y opresivo calor, llegamos a la conclusión de que es mucho mejor caminar con frío.

MELIDE–ARZUA

Esta cuarta etapa del Camino Francés es de 13´6 km., con pintorescos núcleos de población, sendas y caminos de tierra y un zig–zag constante con el actual trazado de la carretera nacional con tramos que exigen precaución para el caminante. Desde Melide se asciende a Bonete, cruzando el río del mismo, Castañeda, Ribadiso da Baixo, por donde volvemos a cruzar otro río – Iso–, antes de hacer la llegada en Arzúa.

Al llegar a Arzúa tuvimos que ir a sellar nuestras credenciales a la Parroquia. Una Iglesia románica preciosa rodeada de unos jardincillos de césped y piedra, dónde descansaban un grupo de jóvenes peregrinos, con sus monitores, que habían llegado con las mismas intenciones que nosotros. Tuvimos que esperar para sellar, pero el Párroco nos estuvo explicando anécdotas de peregrinos y se nos hizo amena dicha espera. Luego corriendo a coger el autobús que nos devolvió a Melide, nuestro cuartel general.

ARZUA – PEDROUZO (ARCA)

Etapa de 18´8 kilómetros. Un ecosistema vegetal conduce hasta Boavista y Alto. El camino enlaza con la carretera peligrosamente y se suceden los núcleos de Salceda, Xen, Ras, Brea, Rabina y Empalme. Nos introdujimos en unos bosques que cualquiera que los viera diría que está en un valle encantado típico de las brujas. El hambre aprieta sobre nuestros cuerpos sobremanera, haciendo que nos paremos en el primer lugar "cómodo" que apreciemos. Hacemos un inciso para comer entre tanto árbol. ¡Nuestro perfume preferido nos ataca de nuevo!. Es un placer degustar de la comida gracias a ese agradable olor, pero al final prevaleció la satisfacción de contemplar ese maravilloso entorno de prados y vegetación, donde comimos y descansamos antes de volver a emprender el camino.

El Alto de Santa Irene está a 423 metros. Allí sellamos nuestras credenciales y finalmente llegamos a Arca. Esta es la penúltima etapa antes de llegar a Santiago. Estábamos bastante cansados y para rematar el día tuvimos que ir corriendo los últimos metros para no perder el autobús.

ARCA – SANTIAGO

CAMINO DE SANTIAGO

Esta es la última etapa del Camino Francés iniciado en el Cebreiro, será una etapa de 21 km., de variable paisaje, entre llanos y rampas pronunciadas, la mitad sobre asfalto. Se comienza en Arca –donde puedes entrar en acción con un exquisito desayuno en las pastelerías fabulosas que allí hay, bastante baratas, por cierto–, sobre asfalto y se penetra inmediatamente en un camino de tierra, se alcanza San Antón y a dos kms. Amenal. Cruzamos el río Amenal, llegando a Cimadevila. Llegamos al pie del aeropuerto de Labacolla. Lo bordeamos dejándolo a la izquierda y entre árboles frutales se sigue una estrecha senda. Tras otra pronunciada subida se llega a Labacolla donde se dice que Aymeric Picaud y sus compañeros se lavaron el cuello y se adecentaron para llegar a Compostela – de ahí el nombre de Labacolla –. Atravesamos la aldea de Villamaior. A partir de ahí comenzamos una subida de 5 kms. por camino de tierra, que creímos no poder terminar. ¿No se acababa nunca la cuesta arriba? Finalmente comprobamos que todo tiene un final y coronábamos el final de la etapa entre el agotamiento del día y la renovada esperanza de llegar. Paramos a comer después de la subida y a esas alturas ya no sentíamos ni las plantas de los pies. Disfrutamos de unas buenas viandas en un camping situado al lado de televisión de Galicia, a un kilómetro y medio de San Marcos.

Más adelante por asfalto llegamos a Monte de Gozo donde vimos por vez primera las torres de la Catedral Compostelana –¡qué sensación!–. La emoción hizo que permaneciésemos un rato callados contemplando esa maravilla y comprendiendo la reacción de gozo que experimentaban los peregrinos al llegar aquí después de todos los esfuerzos y penalidades sufridos durante el camino y olvidados en un momento al contemplar la ciudad. De ahí el nombre del monte: MONTE DO GOZO

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DIOS CUENTA CONTIGO



Descendiendo hacia la ciudad, objeto de la peregrinación, se renueva la ilusión que a lo largo del camino, sin duda por el cansancio, se había apagado un poco. Bajamos cantando y con nuevos bríos. Ahora llega el último esfuerzo, con ello, la mejor sensación pero la mayor paliza. Cada vez parece que queda menos, pero el trayecto es cada vez más largo.¡¿Es que no vamos a llegar nunca?!... ¡Pero sí! Ya nos adentramos por las estrechas calles empedradas de Santiago...¿Dónde está la Catedral?..Sigan, sigan por ahí....continuamos avanzando, parece que no llega..¿acaso se esconde?...NO. a la vuelta de un recodo aparece: inmensa, majestuosa, impresionante, con sus altas torres saludándonos. Con sus pórticos abiertos para darnos la bienvenida. ¡Lo hemos conseguido! Ha merecido la pena. Todas nuestras fatigas, nuestro cansancio, nuestros dolores de pies... todo se olvida. Emocionados entramos a abrazar al Santo y a darle las gracias por acompañarnos durante todo el camino y por permitir que llegásemos juntos a ofrecerle nuestro esfuerzo y nuestro cansancio. Pero también nuestra alegría y satisfacción de haber podido acabar ese Camino Mágico, que nos ha transformado y cautivado de tal manera que presentimos que a partir de ahí algo ha cambiado nuestras vidas y que el verdadero camino no ha hecho más que empezar. Hemos comenzado una nueva etapa en un Camino de Vida que nos conduce a otra dimensión y cuyos frutos recogeremos al final del mismo.


Carls y Pi






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