
Era en 1984, Año Santo de la Redención, cuando el Papa Juan Pablo II decidió que tenía que estar una cruz - como símbolo de la fe - cerca del altar mayor de la Basílica de San Pedro, donde todos pudiesen verla. Así fue instalada una gran cruz de madera, de una altura de 3,8 m, tal como él la deseaba. Al final del Año Santo, después de cerrar la Puerta Santa, el Papa entregó esa misma cruz a la juventud del mundo, representada por los jóvenes del Centro Internacional Juvenil San Lorenzo en Roma. Éstas fueron sus palabras en aquella ocasión: “Queridos jóvenes, al clausurar el Año Santo os confío el signo de este Año Jubilar: ¡la Cruz de Cristo! Llevadla por el mundo como signo del amor del Señor Jesús a la humanidad y anunciad a todos que sólo en Cristo muerto y resucitado hay salvación y redención” (Roma, 22 de abril de 1984). Los jóvenes acogieron el deseo del Santo Padre. Se llevaron la Cruz al Centro San Lorenzo, que se convertiría en su morada habitual durante los períodos en los que aquélla no estuviera peregrinando por el mundo. Tras recorrer todo el mundo en las Jornadas Mundiales de la Juventud –sus últimas etapas: Australia y Roma-, la Cruz y el Icono de Nuestra Señora que la acompaña , el pasado puente de la Inmaculada, permanecieron en nuestro Arciprestazgo de San Lorenzo y nuestros chicos tuvieron el honor de portarla y agasajarla en los actos centrales con nuestro coro de jóvenes en la Vigilia de la Inmaculada Concepción, participando en todos los actos que se llevaron a cabo y representando nuestro musical “SAULO” en el Teatro Auditorio de San Lorenzo, el 6 de diciembre, con un lleno total de la sala y el éxito de siempre… porque con Dios, ¡todo es posible!
REDACCION DE DAMEDEBEBER|
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