
Un grupo de voluntarios de nuestras dos parroquias acuden periódicamente al “Hogar Don Orione“ de Pozuelo, Madrid; residencia de personas con discapacidad psíquica gravemente afectadas. Uno de estos voluntarios ha redactado un artículo en el que nos refiere su experiencia y el fuerte impacto que le ha producido el trato con “esos chicos”.
"LOS DESHEREDADOS DE ESTE REINO"Por Carlitos
Hoy por hoy, vivimos en un mundo sencillo, poco complicado y muy cómodo. La mayoría de los problemas, así como las tristezas de este mundo, nos pillan muy de lejos y apenas nos causan ese sentimiento tan grande de vacío que se produce en nuestro cuerpo. Sólo nos duele el corazón cuando los problemas familiares son constantes, cuando nos deja nuestra pareja –y no siempre–, cuando perdemos a un ser querido... son múltiples las ocasiones en que sentimos una angustiosa sensación en el alma, pese a ello, ¿hacemos algo por evitarlo?. Es evidente que ninguno de nosotros, limitados, es capaz de impedir una muerte, pues únicamente Dios tiene en sus manos el poder de manejar nuestras vidas. Aún así, somos seres humanos y libres, y tenemos la posibilidad de pecar cuando y cuanto queramos. A los ojos de la sociedad somos seres normales y corrientes, cada cual con sus defectos y virtudes, pero al fin y al cabo, individuos con corazón.
Pero, ¿habéis escuchado alguna vez hablar de los “ángeles con coraza”?. Está claro que no es un término que usamos de forma habitual pero que encierra mucho más que todo lo que podamos llegar a imaginar. Dentro de ese concepto de personas se encuentra otro mundo, otra manera de ver y de vivir la vida, pero que la otra parte del universo -que también se consideran personas-, no les aceptan como tal. Me vengo a referir a los nacidos con problemas, ya sean físicos, psíquicos, mentales... en fin, seres con alma y espíritu que Dios les ha traído al mundo “así” por algo. Concretamente, a partir de ahora, me voy a referir a los discapacitados profundos. La mayoría de las veces, por falta de Fe, continuamos años tras años preguntándole a Él por qué permite que todos esos niños nazcan así. No queda más remedio que acercarse a ellos y encontrar un nuevo mundo a su lado, el mismo mundo en el que ellos viven y al que ellos mismos se acostumbran. Si tuviera que redactar en un papel todas las sensaciones y palpitaciones que ellos pueden llegar a ofrecer, rellenaría una memoria interminable que se podría resumir en dos palabras: ternura y amor. Sentir una sonrisa, un abrazo, una caricia o un gesto de cariño, produce un estremecimiento tan profundo que ni toda la riqueza del mundo se puede llegar a comparar. Es difícil de creer, pero todos ellos son elegidos de Dios. Sí, son sus preferidos. Es por ello que, Él mismo,les dota desde su nacimiento de una coraza, un escudo protector, para que no pequen ni caigan en tentación. Al fin y al cabo, son esencias puras, santas y transparentes. Han sido designados para ofrecer un amor que no se encuentra fácilmente sobre la faz de la tierra. Mientras nosotros nos comunicamos con los demás a través de gestos, palabras, acciones... ellos poseen una extraña, pero profunda, forma de comunicación con este mundo. Tal vez su lenguaje no sean las palabras ni las expresiones pronunciadas literalmente. Entonces, ¿cómo puede explicarse que te acerques a uno de ellos y te pueda hacer sentir experiencias jamás vividas y en ningún momento apreciadas? Es muy sencillo: seducción interior .El silencio de los sordos-ciegos aislados de la tierra puede decirte mucho más que el derrumbamiento de “dos torres” –supuestamente invulnerables– o que una catástrofe que ha llegado a desbaratar miles de casas y de ciudades enteras. Es un juicio muy arriesgado y, tal vez, demasiado arrollador, pero quien de verdad ha sentido la cercanía de estas personas, no da lugar a la duda.
Su manera de vivir y de actuar nos parece de lo más triste y aburrido, sobre todo para los que se encuentran en centros internos durante toda su vida. Sin embargo, la mayoría de éstos tiene cada cual su afán para cada día. Mientras uno juega con un cordón durante horas y horas de forma entretenida, otro te coge de la mano y espera ansioso su cazadora junto a la puerta para que le acompañes de paseo. Otros, sin embargo, encuentran la tranquilidad y el reposo en la soledad. Aislados de todo y de todos, permanecen quietos sobre una pisoteada colchoneta en su esfera personal, dando la impresión de que se ausentan continuamente en el sueño; pero sabe Dios –y nunca mejor dicho– en qué piensan y qué discurre por sus mentes. No hay nada que les haga más felices que la compañía y el apoyo de personas que, voluntaria o involuntariamente, acuden y les dan confianza. Lloran cuando algo no les gusta, cantan sinfonías que solamente ellos mismos conocen, bailan funciones de todas las clases, sonríen por detalles que exclusivamente ellos saben, dan “todo lo que tienen” sin pedir nada a cambio, juegan con cualquier objeto que les cause exaltación, dan besos -para ellos sin importancia- sin darse cuenta del significado que éstos tienen para el que los recibe, acarician dulcemente tu piel... Después de esto, ¿son especiales o no?.
Dios todo lo hace por algo y la bondad de estas almas sin pecado las recompensará en el Cielo. He aquí la prueba de que, en nuestros días, este mundo sigue siendo materialista, donde reina, más que cualquier otra cosa, la superficialidad y la fachada de las personas. La gente continúa criticando y juzgando a los demás si éstos no son un estereotipo de belleza y perfección. Si hubiera que medir físicamente a esas personas con problemas, el resultado sería muy claro –aunque no siempre sucede así, ya que hay excepciones capaces de confirmar cualquier regla–. El baremo ha de colocarse en el corazón; sólo ahí se deben hacer las medidas necesarias. Pues bien, la escala para evaluar el corazón de estos ángeles acorazados no alcanza ningún límite ni regla existente. Además, eso le pertenece a él, no a nosotros.
Amar es lo más bonito y preciado que nos regaló el Señor el día de nuestro nacimiento. “Amaos los unos a los otros como yo os he amado, y a tu prójimo como a ti mismo”... son palabras de Jesús que dejó en nuestra memoria para que hagamos: de ellas, un ejemplo; con ellas: un testimonio de su gran amor. No es tan complicado ofrecer nuestro amor para así hacer felices a otras personas que necesitan de él, se alimentan de él, viven de él, respiran de él. La recompensa puede que se haga esperar. De hecho, suele ser así, pero ese no ha de ser nuestro objetivo sino el de dar siempre sin medida y sin esperar nada a cambio. Estos ángeles necesitan de nosotros para ser felices. Ellos también aman, aunque lo hacen de un modo y actitud diferente al nuestro. Lo hacen cuando nos hablan, cuando nos abrazan, cuando nos miran fijamente a los ojos y manifiestan en el silencio emociones indescriptibles y repletas de cariño, cuando esperan ambicionados la llegada de voluntarios que les dan unos segundos de vida... Realmente ellos sí saben qué es el amor y lo que es amar. Sí, en verdad son diferentes en todo a los demás pero, si ellos no existieran, el mundo no sería lo mismo; los pequeños detalles no tendrían apenas significado, las sonrisas nunca estarían llenas de caridad, las miradas serían sólo miradas pasajeras, los besos jamás podrían cambiar y hacer revivir una vida sin esperanza... En fin, si ellos no estuvieran en el Reino, la vida de muchos no sería lo que puede llegar a ser a su lado. Ellos son la luz del mundo capaz de iluminar la más tenebrosa y oscura tiniebla, sin ninguna duda, “los ángeles del amor”.
REDACCION DE DAMEDEBEBER|
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