

Érase una vez un peregrino que decidió hacer las maletas y marchó por unos días rumbo a esa ciudad que tanto afán tenía por conocer: Roma. Pero no se trataba para él de un viaje cualquiera, tal vez fuese el viaje de su vida; un esperado y deseado tesoro por todo lo que para él significaba ese maravilloso destino. Una hermosa ciudad donde se encierran los restos de artífices capaces de darlo todo por terminar una obra o de realizar trabajos tan magníficos que solamente son creíbles si piensas que han sido producto de una iluminación "divina". El transcurso del viaje se hacía duro porque eran muchas horas dentro del autobús y se presentaba bastante pesado. El viaje no lo hacía sólo, aparte de la gente conocida con la que iba y extraña del autobús en que viajaba, tenía a su lado a su más fiel amigo y compañero. Era, sin ninguna duda, el mejor regalo que "ese amigo" le podía haber hecho nunca. Mientras visitaba las ciudades y los monumentos, no podía creer que tanta belleza y brillantez pudiera haber sido obra de personas normales, simples sin más, sino de una bendición que les ha venido de un lugar sagrado y que pocos se dan cuenta de ello. La mayoría de los monumentos que por aquellas ciudades visitaba eran iglesias.
El joven peregrino, las observaba con tanta pasión que, cuando entraba en una catedral , sentía una fuerza tan especial y tan intensa que ya nada ni nadie le importaba más de lo que allí se encerraba. Uno de los momentos más agradables fue llegar a la Ciudad del Vaticano. Al frente, la majestuosa Basílica de San Pedro, llena de luz y color; a un lado, la sede donde reside durante su estancia en Roma nada más y nada menos que Juan Pablo ll. Imaginando que pudiera salir a través de esas ventanas y saludarle ... ¡qué sensación!; alrededor, la columnata de Bernini, envolviendo la Plaza formando unos brazos abiertos como signo de acogida al peregrino. Dentro de la Basílica de S. Pedro se daba cuenta que, realmente, uno se halla en otro mundo, en otra dimensión. Mientras paseaba por ahí, uno de los momentos que más emoción le causó fue ver el cuerpo de Juan XXlll; ese magnifico Papa que nunca perdió la sonrisa ni las ganas de vivir. La Capilla Sixtina fue otro de los puntos fuertes. ¿Cómo pudo realizar un hombre, que, además de pintor, era arquitecto, escultor, diseñador... tales dibujos?. La respuesta surge sola. Ay, si el joven os contara ... ¿Y de los restos de San Pedro, de San Francisco y demás?.

Asís, otro sitio tan espiritual y tan lleno de algo que no se puede describir. Una pequeña ciudad medieval, de esas que ya quedan pocas, y donde se encierra una riqueza tan grande como es la tumba de San Francisco -un verdadero ejemplo de santidad y de Fe para todos los cristianos-.
Entró allí y su corazón, así como el de las personas que iban a su paso, se estremeció de tal manera que no cabían las palabras para expresar esa sensación que sentía dentro. Se mostraba con un largo pasillo con bancos a los lados y al fondo la estremecedora tumba con los restos del Santo. Se colocó detrás de ella, y observó que había una vela encendida que, supuestamente, hace referencia al lugar donde estaba el cuerpo. Pues bien, sentía adentro una emoción tan fuerte que se mantuvo en ese sitio durante unos largos minutos. Fue éste otro de los lugares especiales donde el peregrino realizó su peregrinación, tanto interior como exterior, en este viaje.
Y, después de un tiempo, terminó la aventura y se paró a pensar en qué había sacado de todo aquello. No olvida y da las gracias a "aquel especial amigo" que ha estado durante todo el tiempo con él y que ha conseguido llegar desde el fondo de los monumentos, sepulturas, mausoleos, panteones... más bellos a lo más hondo de su corazón. No le basta con pensar que ha sido un viaje más de tantos que ha realizado, o que se ha divertido porque ha estado y disfrutado al lado de gente que quiere, porque tanta belleza y amor no pueden llevarse dentro y calar tan hondo en los pintores, escultores... si no ha sido de la mano y de la gracia de Quien nos creó para que, precisamente, en una peregrinación como ésta, alguien como ese peregrino llegara a sentir todo lo que ha sentido.

REDACCION DE DAMEDEBEBER|
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