PRÓXIMA PARADA: EL CIELO
Pensando que el pasado 11-M yo pude estar en Atocha, como lo
hago cada mañana a esa misma hora, salvo ese día
que una huelga me impidió ir a clase... Sinceramente,
no me quedan palabras para expresar el amargo sentimiento que
inunda mi corazón en estos momentos. Nos pasamos la vida
quejándonos por tonterías y chorradas que no van
más allá de nuestras apetencias, y no nos damos
cuenta de que, mientras nuestra preocupación es mirarnos
el ombligo, muchas personas sufren y mueren sumergidos en la peor
de las soledades. Es complicado, a raíz de lo que
sucedió el 11-M en Madrid, encontrarle el trasfondo
espiritual y ver el verdadero significado que encierra esta
cruel, sangrienta y mortal masacre humana.
Tal vez, sea el momento de empezar a preocuparnos por los
demás y de saber que no estamos solos en el mundo. Debemos
ahora, más que nunca, estar unidos y permanecer firmes en
nuestra Fe. No dejemos que el demonio, disfrazado de
munición inmisericorde, se haga con el poder y reine en el
mundo, sino que, las manos de todos nosotros, los creyentes y
fieles al Señor, sean "una" única y
verdadera. Es hora de estar orgullosos de nuestra bandera y de
nuestro país. Nuestra bandera fue creada para y por
algo... ¿qué menos que para estar orgullosos de
ella? Si nosotros, los españoles, nos avergonzamos de
mostrar "nuestra" bandera... ¿adónde habremos
llegado? Directamente, se me viene a la mente la relación
entre bandera y Dios. Hoy en día, confesar que crees en
Él y que le sigues con todas sus consecuencias, no es nada
sencillo y, como no está de moda, nos da vergüenza
declararlo. Una bandera independiente o unas pistolas
cargadas de malevolencia, odio y maldad infinita, no pueden, ni
podrán nunca, acabar con la bandera más firme y
más llena de amor: la Cruz. La misma sobre la que
Jesús gritó hasta quedarse sin aliento,
lloró hasta que sus ojos se quedaron sin lágrimas y
murió como el más humillado de los hombres.
Aquella en la que derramó chorros de sangre y clamó
piedad para aquellos "que no saben lo que hacen", por nosotros y
por liberarnos de nuestros pecados. Aún así,
desconfiamos de Él, de Su Palabra y de Su amor desmedido.
Nos dejamos llevar por las banalidades que nos ofrece este mundo
de guerras, lascivias e incomprensión y lo agradable que,
a primera vista, parece ser el pecado. No comprendo qué
puede haber en los corazones de esas personas que matan sin
clemencia... ¿recordarán las fotografías de
cuando eran bebés y tenían la mirada más
dulce y generosa del mundo? ¿se les habrá borrado
de sus mentes cuando reposaban, risueños y acurrucados con
la inocencia más pura, en los brazos de su
madre?
Cuando, día tras día, paseo por la triste
estación de Atocha, las caras de las personas son
verdaderos poemas que ni el mejor escritor del mundo
podría plasmar en un papel. El ambiente es apagado, tal y
como las nubes que se vuelven grises en un día de
tormenta. El aire que se respira es diferente, las sonrisas de
las personas que por allí deambulan -ya sin muchas prisas
pues se ha demostrado que ningún término es
importante ni crucial, y la muerte es el único camino que
tiene la última parada de "ésta" vida-, no son mas
que simples máscaras empapadas de dolor y
tristeza.
Cuando me paro a pensar en mí y en dónde
estaría ahora si Dios hubiese querido que, una de las
bombas, me hubiera hecho partir... Cuando veo las velas
encendidas que rememoran una a una las víctimas de la
tragedia y pienso que, en una de esas velas, podría estar
inscrito mi nombre... Yo pude estar en esa estación, ese
mismo día y a esa misma hora, pero no era mi momento pues
mi tarea en éste mundo no ha terminado aún. Fueron
casi 200 los mártires inocentes y libres de toda culpa los
que se hicieron con la Gloria Celestial para mimarnos y cuidarnos
desde los jardines del Cielo. Vosotros os habéis marchado,
sin pena pero con gloria. Nosotros nos quedamos, con pena pero
sin gloria.
Al día siguiente de lo sucedido, mientras miles y miles de
personas nos manifestábamos en contra del terrorismo,
vosotros nos mirabais desde el cielo y nos empapabais con
vuestras lágrimas. Todo el Cielo lloraba por lo ocurrido.
Por cada persona que se ha ido, se han llevado un pedacito de
nuestro corazón. "En ese tren íbamos todos"...
Sí, verdaderamente quedó reflejado que era
así.
El recuerdo y la nostalgia por las víctimas y sus
familiares, estremece mi corazón, a la vez que se deslizan
por mi cara lágrimas de amor y desolación.
Quizá los verdugos no se han parado a pensar que ellos
también tienen madres y, madres, no hay más que
una... muchos hijos ya no tendrán ninguna. Pienso en los
padres que ya no podrán llegar a casa y que su hijo les
cuente cómo le fue el día en el colegio... muchos
hijos habrán terminado ya el curso. Imagino las manos que
no volverán a escribir, las piernas que no volverán
a correr, los ojos que no volverán a ver... los corazones
que no volverán a latir.
Si tenéis la necesidad, no perdáis la oportunidad
de decir a vuestros seres queridos que los queréis y
amáis. Visto lo visto... "quizá mañana sea
demasiado tarde".
Me uno en vuestro dolor, desde el abrazo y el amor
verdadero...
CHARLY
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