MÍSTICOS DE ANDAR POR CASA
CARTAS A DIOS. PRÓLOGO
Me gustaría compartir mis experiencias espirituales,
más que nada, para animar a personas corrientes, sin
grandes talentos, sin méritos extraordinarios inclusive,
sin nada de lo que sentirse plenamente satisfechas - como soy yo-
para que, por medio de la oración, descubran el amor de
Dios. Orar, dice Santa Teresa, es estar con Aquel que sabemos que
nos ama.
Ese "estar" a veces será a regañadientes, otras
subidos en músicas celestiales y, las más veces,
con las circunstancias que nos toquen vivir, pero lo importante
es "estar" tratando de compartir el amor.
Es maravilloso descubrir la comprensión y la
aceptación de un Padre que nos ama como somos. De
Él y solo de Él, debemos estar
orgullosos.
Esta vivencia es lo más bello y grandioso de mi vida, que
a la vez me hace experimentar todo lo demás con más
alegría, sentido, resignación positiva, valorando
todo lo que me sucede bajo otro prisma.
Me crié en una familia corriente, pero muy creyente,
especialmente mis abuelos y papá; con todos sus defectos,
supieron transmitirme la Fe y, de esto, siempre estaré
eternamente agradecida. Esta Fe se alimentó en un colegio
de monjas pero, sobre todo, por mediación de María
mi madre del cielo, a la cual pedí protección, pues
al no tener madre desde los seis años, sentí
más la necesidad de su ayuda y, comencé a
escribirla en un diario a los quince años... En el
transcurrir de mi vida, siempre sentí su presencia
maternal, especialmente en los difíciles momentos, y desde
luego, siempre me condujo a Dios, que es el que de verdad nos
ampara.
Me casé con un hombre bueno y cristiano, creyente y
practicante; así que, con nuestros altos y bajos, desde el
comienzo, sentimos la inquietud de compartir nuestro cristianismo
con otras personas que tuvieran la misma necesidad.
Cierto día asistimos a unas charlas sobre Santa Teresa y
decidimos comprar sus "obras completas" para leerlas cuando
pudiéramos; así que las dejamos en la
estantería del salón, porque su
encuadernación era bonita. Y el tiempo fue pasando y nunca
tenía tiempo, la verdad es que me echaba para atrás
tanta letrita y luego me entró la duda de si aquella
lectura me iba a gustar pues, más bien, parecía
cosas de monjas… total que no estaba animada y así
transcurrieron... muchos años hasta que me decidí,
más por empeño que por ganas y ¡ay!,
maravilla de las maravillas, aquellas vivencias de la santa y
todos sus escritos me fueron entusiasmando, hasta tal punto, que
creo que, sin darme cuenta, dominaba a la perfección el
antiguo castellano.
Pero lo más importante es que descubrí que
¡aquello era lo mío!. Resulta que yo era una
mística (vaya por Dios; y yo sin saberlo). Por fin
encontraba una santa con salero y coraje, llena de Dios, y que
encima me decía con gran seguridad, que yo podía,
si quería, disfrutar de esta cercanía de Dios, de
tal manera, que lo iba a sentir a mi vera, todo el día.
¡Qué alegría que me dio descubrir mi
carisma!
Yo era una mística, de andar por casa; sí, pero
mística al fin y al cabo y no se necesitaba ser monja.
Aquello de que "entre los pucheros anda Dios", era cierto y debo
confesar que ha sido en la cocina, donde por estar más
tiempo, el Señor me ha inspirado unos pensamientos
preciosos.
Cuando te acostumbras a esta cercanía, ya puedes estar en
el pasillo, cuarto de estar, en la calle, metro, mirando al mar o
en la montaña, en todas partes. Él está, su
presencia siempre acompaña y es que, en realidad, donde
más está es dentro de nosotros.
Y a no desanimarse, si no estamos a la altura de la santa;
Nuestro Divino Señor sabe de que barro estamos hechos, y
nos quiere con locura como somos -motivo de más para
necesitarle y amarle con más agradecimiento-
¿Queréis ser de los millones de místicos de
andar por casa?.
Maribel
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