damedebeber

VOLVER AL INDICE DE LA REVISTA



TESTIMONIO


"Yo llevaba un tiempo pensando por qué no apadrinar a un niño que lo necesitase… Un día, viendo la televisión con mi madre, nos llamó la atención el ver a unos niños que no podían ir al colegio. Era una ONG que informaba acerca de la cantidad de personas que están necesitadas, ya fuera de una u otra forma. No tenían ni medios para ir a la escuela y mucho menos para estudiar. Al instante, yo pensé que algo que aquí era obligatorio, imprescindible y necesario para los niños, para labrarse un futuro, relacionarse con más personas, etc., todo eso no les podía faltar teniendo yo la posibilidad de ofrecérselo. Mi madre y yo nos miramos y, sin pensármelo dos veces, cogí un papel y un bolígrafo y apunté el número de teléfono. Llamé y me pidieron todos los datos necesarios para llevar a cabo mi propósito. Así de fácil.

testimonio1301 (16K)

A los pocos días, una carta sobresalía del buzón que vigila todos los días mi casa. Era una carta muy grande, en la cual el destinatario era yo. Procedía de dicha ONG. Pensé que era para comunicarme que algún niño ya poseía la ayuda que mi madre y yo destinamos para dicha organización. Mi mayor sorpresa fue cuando, al abrir la carta, pude ver la foto de una niña muy guapa y con una mirada perdida. Su nombre era Yoselin Esmeralda, de El Salvador. Enseguida, miré a mi madre y estaba llorando. Mi satisfacción fue plena al saber que esa chica podía, al menos, tener estudios y una pequeña ayuda de nuestra parte. Aún sin conocerle de nada, es como si fuese mi propia hermana y una hija más para mi madre.

Ahora, con paso del tiempo, seguimos recibiendo información acerca de Yoselin y todo lo que concierne con su vida. Escribimos cartas y siempre son contestadas y, aunque no son de su propio puño y letra, las escriben en nombre de su familia.

Os animo a todos a que apadrinéis a algún niño. A ellos, los haréis los más felices del mundo y, a vosotros, se os remunerará en el Cielo…"

José Miguel G.G.



Temía estar sólo hasta que aprendí a disfrutar de la misma soledad… con Dios.
Temía fracasar y me di cuenta de que es la mejor oportunidad para aprender.
Temía la ingratitud y encontré que "el dar" era mi regalo.
Temía la verdad y descubrí en ella la oportunidad de liberarme.
Temía la muerte hasta que aprendí a vivir con plenitud cada instante.
Temía al resentimiento hasta que me di cuenta que es a mí a quien hace daño.
Temía el ridículo hasta que aprendí a reírme de mí mismo.
Temía envejecer hasta que encontré que cada estación tiene su encanto.
Temía la conversión hasta que encontré que en ella se hallaban los tesoros del futuro.
Reconoce que el temor siempre estará para recordarte que tú eres más grande que tus sombras y que Dios cuida de ti.




PARA DARNOS TU OPINION REDACCION DE DAMEDEBEBER


DDB
Sello (1K)