
FELICITACIONES DE NAVIDADMe senté ante el ordenador para preparar las felicitaciones Navideñas de la organización a la que pertenezco. Es un gesto común, que supongo que, por estas fechas, realizan todos los secretarios de las empresas, asociaciones, fundaciones... Creo que tiene que ver con algo de protocolo: en Navidades se envían felicitaciones porque es lo políticamente correcto, de la misma manera que en verano se venden bikinis en los grandes almacenes y no abrigos de piel. ¿Y que se pone en una felicitación de Navidad? Ah, aquí es donde empieza el baile. “Fulanito y Cía., le desean una feliz Navidad y un próspero año nuevo”. Aquí no te pillas los dedos de ninguna manera. Ciertamente, queda más sosa que un nabo, pero es correcta. Te gastas un montón de dinero, bloqueas las oficinas de correos del país, y has cumplido con el protocolo. Es posible que alguno de los receptores la claven con una chincheta en el arbolito, por ser la única felicitación que reciban. El problema empieza cuando la felicitación comienza a ser un poco más personal: “Le deseo unas felices fiestas en compañía de su familia... ” (A ver, la mitad de la familia ni se habla, la otra mitad se va a esquiar a Baqueira, y ahí le tienes al pobre hombre solo, delante de un plato con turrón que insiste en recordarle aquello de “vuelveeeee a casa vuelveee....”) y yo me pregunto ¿le estamos felicitando para hacerle la vida más agradable o para acabar de rematarle? Porque la verdad es que se ha perdido hasta tal punto el sentido de estas fiestas, que enviarles felicitaciones de Navidad a algunas personas debería estar considerado como un acto terrorista. Podría seguir escribiendo felicitaciones sin sentido, de esas que recibimos o enviamos en estos días de o para personas con las que ni siquiera nos hablamos en todo el año, por las que a lo sumo, sentimos algo parecido a la nostalgia - no de su persona, ya que sino les escribiríamos o contactaríamos con ellos más a menudo y no solo en Navidad - quizá de una felicidad perdida, de un sueño olvidado o de nuestra largo tiempo atrás perdida juventud. Cartas que nos recuerdan nuestra soledad, a los seres que perdimos, el tiempo que se fue, el dinero que no se tiene, incluso el cuerpo que ni se tiene ni se tuvo. La culpa de todo este sinsentido, de la gran cantidad de dolor que se genera en la gente en estas fiestas, es que hemos centrado las celebraciones en cosas ajenas al motivo real de la fiesta, ya que incluso cenar con la familia, es una consecuencia de este motivo principal, (para compartir con aquellos a los que mas amamos nuestra inmensa alegría y nuestra mayor esperanza), porque ¿qué celebramos en Navidades? Si hiciéramos una encuesta pública en la Puerta del Sol, no creo que nos sorprendiera mucho que la mayoría de los transeúntes nos diera contestaciones del tipo: Las vacaciones de invierno, la paga esa que te dan, el inicio de las rebajas, los Reyes Magos, papa Noel, el año nuevo, que te reúnes con la familia porque es lo que se ha hecho siempre y te pones malo de tanto comer porque también es lo que se ha hecho siempre... Para que engañarnos: muy pocos darían con la respuesta correcta. Igual, si tenemos suerte y preguntamos a alguna religiosa que vaya “de paisano”, o algún emigrante sudamericano, constataremos que todavía queda vida consciente en el planeta. Porque, a ver, se admiten apuestas, ¿Cuantos pensáis que contestarían algo parecido a “El nacimiento de Jesús, nuestro Señor, que se hizo hombre por amor, para que todos los hombres se salven”? Y aquí, justamente aquí, es donde casi todas las felicitaciones de Navidad, se convierten en papel inútilmente malgastado. Y también es aquí, donde el dolor, la nostalgia, la soledad y todos los sentimientos negativos del hombre se mueren, porque no tienen razón de ser, porque ante la luz, las tinieblas caen, se ocultan llenas de vergüenza. Nada, ni la ausencia de los seres queridos, ni la enfermedad, ni la distancia, ni la pobreza, deberían poder bloquear el chorro de agua viva que nace del manantial del corazón ante tan Sacrosanto, Feliz y Altísimo acontecimiento. Nada debería poder silenciar nuestra boca, nuestra mente, nuestra alma mientras clamamos: “Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo; ábrase la tierra y brote la salvación”. (Is 45,8) Tengo suerte. Puedo escribir esto mismo, o cualquier cita similar de la Biblia en las felicitaciones de Navidad que estoy escribiendo, porque los receptores sienten y esperan lo que yo. El resto, ese resto que es para cumplir con el protocolo, este año no las enviaré. ¿Qué tengo que felicitar a gente que no celebra nada?. Uhmmm... Me estoy volviendo quisquillosa y mayor. Tal vez sea eso. E.L.Sanz |
El belén somalí
Tiene Somalia un belén de marcado color negro. Negros la mula y el buey, también lo son los camellos de los reyes orientales que portan, en tarros negros, negro incienso, negra mirra, y, Baltasar, el rey negro, lleva una arqueta con oro que mudó el color por negro. El Niño Dios del belén, en este caso, es tan negro que, su angelical carita no es de nácar, sí de ébano. La Virgencita María, rosada en los nacimientos, también cambió su carita y José, su esposo bueno. Por negra magia divina, en negros se convirtieron los pastores, las ovejas, y, los ángeles del cielo, de pronto, se han contagiado, y su ropaje es tan negro, que parece de azabache. Y la estrella y el lucero que, antes sirvieron de guía por el inmenso desierto, han apagado su luz y todo se ha vuelto negro. No se cantan villancicos, tan sólo “Angelitos negros”. que cantó Antonio Machín, el de tan bellos recuerdos. La paja de aquel pesebre de negro se está vistiendo. Mas ante tanta negrura, el Niñito Dios riendo, parece querer decirnos: estos, mis negritos buenos, también son hijos de Dios, y debéis de protegerlos, para que la Navidad llegue a Somalia y los negros, todos los días del año, y haya paz entre los pueblos. No olvidemos que en Belén, también adoró un Rey negro. Mario Picazo Gutiérrez ![]() |
REDACCION DE DAMEDEBEBER|
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