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ESFINGE (12K)

PEREGRINACIÓN de nuestras
parroquias AL SINAÍ
Y la ruta de la
SAGRADA FAMILIA
EGIPTO.
Septiembre de 2003

Éramos 28. Un número muy apropiado para hacer un viaje, conocernos y no sentirnos masa. Volamos con EgyptAir y comenzamos con buen pié, pues la agencia nos sorprendió colocándonos en el vuelo en primera clase. El vuelo fue magnífico y pasamos casi siete horas -cinco de ellas en el aire-, muy entretenidos con las consabidas bandejitas de comida plastificada y los azafatos pululando alrededor. Para desgracia de los caballeros, "no había azafatas". Sólo azafatos porque las mujeres, según pudimos comprobar a lo largo de todo el viaje, no realizan casi ningún trabajo cara al público, en los países de destino. Al llegar al Cairo, nos estaba esperando Tuni, nuestro guía técnico, que se hizo cargo de nuestras maletas y nos ayudó en los trámites aduaneros. Luego nos presentó a Jacobo, nuestro guía cultural, que nos acompañaría a través de todo el recorrido por el país. De ahí al Hotel "Sofitel" en Gizeh, al lado de las pirámides y la esfinge. Un hotel de cinco estrellas, con grandes salones, piscinas que no pudimos disfrutar por falta de tiempo. Cuando salíamos era de noche y volvíamos de noche también, así que la gran piscina con jacuzzi que había en el jardín, sólo la conocimos de "oídas" por los comentarios que nos hacían nuestros compañeros que habían salido de noche al jardín y se habían topado con ella. ¡Qué lástima! Lo mismo pasaba con las terrazas de nuestras habitaciones, desde donde se veían las pirámides, grandes y majestuosas y de las que apenas pudimos disfrutar por la misma razón.

COPTO (19K)

A partir de ahí ya empezamos la vorágine cultural y religiosa, visitando las iglesias coptas de Egipto, que, curiosamente, todas llevan el nombre de la Virgen María, y donde aparece San Jorge montado a caballo y matando al dragón, porque es muy venerado en esas tierras. Vimos varios árboles dónde descansó la Virgen. Varias fuentes, que hizo brotar el Niño para aliviar la sed de su Madre, la huella del pié del Niño Jesús cuando tenía dos añitos impresa en una piedra de un material parecido al granito. Viajamos a la península del Sinaí con el paso del mar Rojo; esta vez a través de un túnel, ya que, aunque no se retiraron las aguas, las pasamos por debajo. Celebramos una Misa maravillosa, antes de llegar al Hotel, en el mismo sitio donde los israelitas construyeron y adoraron el "Becerro de oro" al pie de la montaña sagrada donde Yahveh entregó las Tablas de la Ley a Moisés y, donde más tarde, se manifestó al profeta Elías en forma de brisa suave: "allí estaba Dios". Buscamos piedras para levantar el Altar, limpiamos el lugar de papeles y plásticos, trajimos los utensilios, una peregrina aportó el chal como mantel, otra trajo la botella de agua, localizamos linternas, cerillas, alguien puso una Cruz encima del altar... Fue como si cada uno ofreciese, con estos preparativos, una parte de sí mismo para alabanza del Señor. En esa Eucaristía, bajo un cielo cubierto de miles de estrellas como jamás habíamos visto nunca, dimos gracias a Dios por habernos reunido en ese sitio tan especial y por habernos preparado una noche como esa para darnos la bienvenida. Fue una ceremonia que nos llenó de emoción y sentimos su presencia en nuestros corazones.

SINAI (21K)

Al día siguiente nos despertaron a la 1,30 de la mañana para subir al Monte Horeb. Fue una experiencia increíble. Jacobo, nuestro guía, nos había intentado desanimar para que no subiéramos porque era muy difícil y escarpado. Que había más de tres mil escalones, los 700 últimos había que subirlos a pié (los anteriores se podían subir en camello), y tenían más de 50 cms. cada uno. 7 durísimos kms. A pesar de todo, lo intentamos -aunque a alguno casi nos costó la vida-. La subida fue muy dura, pero impresionante. Cuando estaba subiendo, agotada, encima del camello que tuve que coger para poder llegar, me volví y vi una serpiente de luces que formábamos con nuestras linternas, rodeando la montaña en una gran hilera luminosa y me di cuenta que, igual que en el aspecto espiritual, no estamos solos en la subida. Que el esfuerzo es grande y la oscuridad muchas veces nos impide ver dónde pisamos y dónde vamos, pero que cada uno, con nuestra pequeña antorcha, podemos ser luz para los que nos siguen y formar entre todos una gran hoguera que sirva de faro para el que se pierda o se desoriente en la oscuridad. En esta subida sentí y agradecí la solidaridad de mis compañeros, que me ofrecieron su ayuda moral o física, el agua, el ánimo y la confianza y valoré todo esto que me hizo comprender la importancia y la necesidad de apoyarnos los unos en los otros en la subida también de tipo espiritual. Al llegar arriba, cuando creía que no podía conseguirlo, me encontré con una gran multitud que se acomodaba entre las piedras, procurando la mejor posición para esperar la salida del sol. Había gente de toda clase: niños, adultos, hombres, mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, de todas las razas y colores, pero a todos nos movía el mismo fin. "ESPERAR LA SALIDA DEL SOL", ver amanecer. Y así fue. Y salió el sol para todos con fuerza y esplendor y nos sobrecogió con su belleza iluminando los montes e iluminándonos a nosotros y llegó también a nuestro interior y dimos gracias a Dios porque estaba allí y su presencia se hizo patente como recompensa al gran esfuerzo que tuvimos que hacer y que mereció la pena. Cuando terminó y el resto de la gente se fue, nos reunimos a rezar y a dar gracias al Señor por ese amanecer.

Creíamos que lo peor había pasado, pero no: ¡QUEDABA LA BAJADA! Al mirar el camino con luz, nos dábamos cuenta de la locura que habíamos hecho: los escalones eran desiguales, las piedras se movían y eran estrechas y con desniveles a ambos lados que hacían que pareciésemos equilibristas bajando. Al subir, al estar oscuro, no podíamos ver el entorno que rodeaba dichos peldaños ni la magnitud de la pendiente. Era una vertical rocosa y escarpada digna de cabras, pero no de personas. A mí me temblaban las piernas y me fallaban las rodillas por el esfuerzo de la subida, pero una vez más comprobé que, gracias a la ayuda de mis compañeros, pude lograr mi objetivo y, milagrosamente, llegamos todos sanos y salvos, con agujetas y alguna torcedura que otra, pero nos fuimos recuperando en el viaje de vuelta al Cairo. Ahora sí, cada vez que bajábamos o subíamos un escalón, aunque fuese mínimo, se nos rebelaban todos los huesecitos del cuerpo y parecíamos "artríticos reunidos" en lugar de peregrinos vigorosos y jóvenes, que es lo que éramos en realidad. A continuación visitamos el monasterio-fortaleza de Santa Catalina, donde se encuentra la Zarza ardiente de Moisés y el pozo donde conoció a su mujer.

ROCA-DEL-HOREB (12K)

Después de la experiencia del Sinaí, seguimos recorriendo el delta del Nilo y llegamos hasta Alejandría, visitando Iglesias y hasta un Monasterio Copto en medio del desierto, el Baramus, s.IV-VI, verdadera fortaleza para protegerse de los ataques exteriores. Fue muy curioso ver como viven esos monjes, en medio de la arena y cómo han enseñado a la gente a cultivar la tierra árida del desierto y convertirla en una huerta fértil, que proporciona alimento y vida a una zona completamente desertizada. El agua es obtenida de una lago subterráneo de agua dulce. Es el único sitio en Egipto en el que no se bebe agua del Nilo. Nos explicaron que en los cuatro o cinco Monasterios que hay en esa parte del desierto hasta Alejandría (valle del Natrum), viven cerca de 700 monjes, que se dedican a cultivar la tierra, a enseñar a las gentes y a viajar a otras zonas donde se precise su ayuda. Llevan una vida muy austera, de oración y sacrificio, y dejan que se les visite los días de fiesta solamente.

En todo nuestro recorrido nos llamó la atención que fuésemos siempre escoltados por la policía. Había veces que llevábamos un coche delante y otro detrás e incluso agentes dentro del autobús. Al pasar de una provincia a otra, nos hacían parar en los controles para cambiarnos "la escolta". No sabíamos bien si lo hacían para protegernos a nosotros o porque no se fiaban y nos llevaban detenidos, pero el caso es que íbamos rodeados de polis, militares y pistolas por todas partes. Desde luego causábamos expectación y allí donde parábamos, se llenaba de curiosos que se acercaban, tanto como les permitía la policía y nos sonreían o señalaban como si fuésemos un circo. Me recordaba la famosa película española de "bienvenido Mr.Marsall".

mercadoegip (15K)

Otro aspecto curiosísimo y que nos mantuvo en vilo todo el viaje fue la forma de conducir de los egipcios. No nos explicamos cómo no ocurren más accidentes o cómo quedan peatones vivos todavía. No existen señales de tráfico, y si están es de puro adorno. Se adelanta por donde se puede, se cambia de sentido por la mediana en plena autovía, se circula de noche sin luces, se paran en medio de la autovía para hablar con el conductor de al lado (que puede ser un coche de policía), se va sorteando los peatones que surgen de los sitios más insólitos. Se sube en marcha de autobuses y furgonetas que, por supuesto, llevan las puertas abiertas o rotas. Las furgonetas-taxis que nosotros llamamos de 9 plazas, allí las ocupan 20 personas. Se combina el tráfico de coches y autobuses con el de calesas y burros y NO PASA NADA. Cómo decía nuestro guía Jacobo, "no problem". A esto hay que añadir que los conductores de autobús van dando cabezadas sobre la marcha. Debe ser que como no les da tiempo a dormir suficiente en casa, pues lo hacen conduciendo. Es posible que a ellos no les pase nada, pero a los peregrinos que han ocupado las plazas delanteras del autobús, hemos tenido que tratarles con calmantes en varias ocasiones. Creo que las descomposiciones de vientre que hemos sufrido casi todos los peregrinos no era tanto por las ensaladas que comíamos -porque el agua no la probábamos a no ser embotellada-, sino más bien por las tensiones que padecíamos dentro del autobús. Otra peculiaridad del viaje es que nos acostumbramos a desplazarnos de un lado a otro con la máquina de fotos y el rollo de papel higiénico en el bolsillo y, en lugar de ofrecernos unos a otros caramelos de menta o chicles sin azúcar, nos ofrecíamos pastillas de sulfintestín o de fortasec. Claro que después de probar el hígado de camella en un poblado Nubio de los que bordean el Nilo por no despreciar su hospitalidad, estamos preparados para todo lo que nos pueda venir. Todavía no me explico como se las arregló David, el más joven de nuestra expedición, que casi muere en el intento, para tragarse su parte del delicioso bocado, pasando su cara por todos los colores del arco iris: del rojo al amarillo pasando por el morado, verde y violeta, pero al final lo consiguió ¡Y HA SOBREVIVIDO! Todo un héroe.

¡Y las compras! Como decía un peregrino, hemos sufrido "ACOSO COMERCIAL". Cada vez que parábamos, antes de bajarnos del autobús, nos acosaban decenas de vendedores que, al grito de "un euro", nos cubrían de collares, papiros, esfinges, pirámides y pañuelos. Hemos aprendido a regatear, pero hemos acabado agotados por el esfuerzo. Nuestro guía, Jacobo, nos dio instrucciones de ello antes de explicarnos el origen de las pirámides y, gracias a eso, hemos podido sobrevivir a la vorágine comercial de los vendedores ambulantes.

nilo (10K)

Ahora tengo que hablar del CRUCERO POR EL NILO. Nuestro barco se llamaba "Moon river" y estaba francamente bien: camarotes amplios, aire acondicionado, piscina en cubierta.. ¡todo un lujo! En él recorrimos el Nilo desde Luxor, la antigua Tebas, hasta Assuán, donde está la famosa presa. En este trayecto fuimos conociendo la cultura milenaria y misteriosa de esa época a través de sus templos, esculturas y tumbas: los templos de Karnak y Luxor, la Necrópolis de Tebas, antes conocida como el Valle de los Reyes porque se creía que solo había tumbas de reyes y se ha visto que también hay de nobles y trabajadores, por lo que ha cambiado el nombre. El Coloso de Ramsés II en Menfis y los de Memnón. El templo de Edfú, el de Kom-Ombo. El Templo de Philae, rescatado de las aguas del Lago Nasser y situado en una isla en medio del Nilo, donde tuvimos que ir en barcas por la noche para ver el espectáculo de Luz y Sonido que nos ofrecieron. Allí nos narraron la historia de Egipto, que nos transportó a otra época pasada donde convivían dioses y reyes en una bella historia de amor y celos, origen de su mitología.

Cuando llegamos a Esna, nos abordaron, en pequeñas embarcaciones, vendedores que, con una puntería increíble , nos arrojaban túnicas, pijamas, tapices, alfombras, etc. Mientras, nos gritaban: "¡un euro, un euro!". Fue espectacular la forma de comerciar de estos hombres que sólo por su ingenio y puntería, merecían que se les comprase su mercancía. Esa noche, después de una cena en el barco a la luz de las velas, no sabemos bien si por romanticismo o para que no viésemos lo que estábamos comiendo, nos quedamos hasta la una de la mañana para presenciar el paso de nuestro barco por una de las esclusas del Nilo. Fue muy curioso ver cómo lo metían entre unas compuertas y las cerraban hasta que se llenaba el recinto de agua, elevándolo para que pudiera pasar a otra parte del río que estaba a un nivel más alto.

También celebramos dos Eucaristías en el barco, entre todos esos contrastes de lujo, de pobreza, de pasado, de presente, de razas, de ideologías, de costumbres, de religiones, de fanatismos... Para ello, improvisamos el lugar, buscamos los elementos necesarios y se aparecía el "el maletín", nuestro tesoro, con lo imprescindible para la celebración y, a través de él, el Señor se hacía presente entre nosotros y ellos, sencillo, conciliador y como Hermano amantísimo establecía el vínculo de unión que daba sentido a todo en un acto de Amor y de Paz.

Como broche final, viajamos en autobús desde Assuán hasta Abu Simbel para visitar los magníficos templos dedicados al dios Ra , al Faraón Ramsés II y a su esposa Nefertari. Este templo también fue rescatado de las aguas, pues, como el de Philae, iba a desaparecer al construir la presa de Assuán y cubrirse el valle de agua, pero gracias a la obra "faraónica" de un proyecto europeo, en el que colaboraron también ingenieros españoles, fue trasladado cortando la montaña donde estaba enclavado en grandes bloques, y volviéndolo a reconstruir a 160 metros de distancia y a 60 metros de altura . En esta combinación de la colosal sabiduría del pasado con la tecnología punta del futuro, ha surgido una gran obra plasmada en este Templo milenario.

ABU-SIMBEL (17K)

En todo nuestro recorrido histórico, cultural y religioso por este misterioso país nos queda la satisfacción de haber hecho presente a la Sagrada Familia en aquella ruta que siguieron en su huida a Egipto, acompañándoles, esta vez no solo como turistas curiosos, sino como peregrinos cristianos, dando testimonio de su Presencia de nuevo cada vez que nos reuníamos a rezar en el autobús o a celebrar la Eucaristía en el barco o bajo la luz de las estrellas. Ellos nos han acompañado y nosotros les hemos acompañado a Ellos y esto ha hecho posible que, esta peregrinación, a pesar de la dureza de algunas visitas, los madrugones, las comidas, los malestares de estómago, los horarios, el calor, la diversidad de caracteres, educación y edades de las personas que hemos ido, haya reinado siempre la armonía, el buen humor, el compañerismo, el compartir, el ceder, el ayudar, el complacer...Todo ello a través de un profundo lazo de comunión entre todos, que ha conseguido que los doce días que hemos estado juntos hayan quedado grabados en nuestros corazones.

Pi



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