UNA TARDE ENTRE BAMBALINAS
* “Buenas tardes a todos…
Va a dar comienzo el Musical “Saulo”, pero antes los chicos ya habían estado viviendo una aventura increíble, un sueño impensable”. Cuarenta chicos y chicas de once años a treinta y tantos lo iban a escenificar en el Teatro Auditorio de San Lorenzo del Escorial. El mismo día en el que también se iba a representar en la otra sala “El Lago de los Cisnes” por el Ballet Ruso. ¡Que emoción!
-Oye, ¡he visto su escenario! ¡Qué pasada de decorados!-.
-¡Mira, se nos ve por los monitores!-, exclama Sara, y todos acuden a comprobarlo.
-Dónde esta mi diadema!-, pregunta Andrea nerviosa.
-¿Alguien tiene unas alpargatas de más?, las mías están rotas-, pregunta Isra.
-¡Las necesito yo!-, dice John-John, -para cuando salgo bailando-.
-Borja, ¿Me dejas la espada?, la necesito cuando tú no actúas- pregunta John. -Sin problemas-, responde Borja vestido impecablemente como soldado romano.
Todos son carreras y nervios, en ese gran camerino que nos han dejado en el Auditorio parea nosotros al lado del que tienen los del ballet…
Margaret, Ana y Mapi se multiplican maquillando a los actores:
-¡A mí no me pintes raya en los ojos!-, suplica Brandon a Ana. -Nada, tienes que estarte quieto para que no te saque un ojo!-, responde ésta. Jorge se mira desolado en el espejo contemplando su aspecto maquillado: -parezco un travesti!-, todos ríen.
Blanca ensaya su papel de narradora por el pasillo, Samu sigue preparando su “peluca”.
Las chicas, Tania, Judith, Paty y Marta han encontrado su sitio tranquilo para maquillarse y vestirse, en los grandes baños del camerino. Todo son luces y espejos allí y disfrutamos al sentirnos verdaderos protagonistas de un sueño.
Sofía le da la mano a Lucia, para tenerla controlada, ya vestidas de ángeles las dos.
Fuera, en el escenario, D. Pedro da los últimos toques al decorado:
“Reymon, cambia las piedras de sitio para que no estorben la salida de Samu, ni el baile”
-¡Nina, controla los micros de ese lado!, -Irene, ¿Tienes los tuyos?-, Atentos a mis instrucciones, que se las daré por el “pinganillo” al regidor de escena. ¿Ha llegado Eva?-, -¡si, ya está en su sitio con el sonido!-... -¡Menos mal!-, respira más tranquilo D. Pedro.
Rocío y Lidia buscan a Lucía y al resto, para ensayar el baile de los ángeles, por última vez, comenzando a dar los primeros pasos sin música, pero perfectamente sincronizadas
Ithan y Oscar colocan las velas del barco en su sitio para encontrarlas así en el momento que les toque actuar. Son debutantes y están nerviosos, tratando de no olvidar nada de lo que tantas veces habían ensayado.
-¡Martin!, ¿dónde está Martin?-, pregunta Pi por enésima vez; y Martín levanta la mano a su lado, como cada vez que le ha buscado. Se ha aprendido la lección: -¡Martín, tú no te separes mí!-, le dijo Pi, y lo ha cumplido a rajatabla. Lo que pasa es que ya se ha echado el manto por la cabeza y no se le reconoce.
Ivan se ha asomado por las cortinas: -Está lleno-, exclama… -chico, cierra las cortinas-, le reprende el Regidor de escena.
-¿Quién me coloca el manto?-, grita Orest… y alguien corre a ayudarle. -¡Isma, el violín!-, le dice Joselyn, y se lo acerca con la serenidad que la caracteriza. Es también debutante, pero su cara refleja calma y serenidad. ¡No sé como lo hace!
Hay ambiente de nervios y de alegría. La expectación reina entre todos los participantes.
Charly bromea con todos y anima a los más pequeños al mismo tiempo coloca su ropa en el camerino del escenario para los cambios en la actuación.
Alex, el “Esteban” de la obra, se ajusta el micrófono de diadema para probarla.
-Mapi, ¡atenta a la máquina de humo!-, Repite D. Pedro.
-Diez minutos para el comienzo-, dice una voz en off por la megafonía de la sala.
D. Pedro convoca a todos. Nos ponemos en circulo en el escenario cogiéndonos las manos y entonamos el Padrenuestro; como cada vez que comenzamos una actuación. D. Pedro da su Bendición y todos ocupan sus sitios...
-¡No veo nada!, Adri, ponte más a la derecha-, -¿Dónde está Ángel?-,… -estoy aquí!-, responde en medio de la oscuridad del escenario, levantando la mano para identificarse... -¡ Vale, silencio!-.
-Nina, mi micrófono-, susurra Pi. -Toma, ya está abierto-, le responde Nina...
“BUENAS TARDES A TODOS”…
PI
|