Número 14, abril 2000
Smoke
Dr. Jekyll

Wayne Wang y Paul Auster, director y guionista respectivamente, forman un dúo creativo bastante interesante. El primero, cineasta norteamericano, pero nacido en Hong Kong; el segundo, prestigioso escritor de New Jersey. Smoke es su primera colaboración cinematográfica. Posteriormente volvieron a trabajar juntos en la película Blue in the face (1996), segunda parte de Smoke, aunque de menor brillantez. La película está basada en el relato corto Cuento de Navidad de Auggie Wren, de Paul Auster, publicado en The New York Times en 1990. El cuento relata la inolvidable noche que Auggie Wren (Harvey Keitel) pasó junto a una anciana de color, ciega y solitaria, días antes de Navidad, noche en la que "sustrajo" un recuerdo que le marcó el resto de su vida: una cámara fotográfica, raíz de toda su creación artística. La película desgrana y amplía el relato presentándonos al resto de personajes que giran en torno a Auggie: Paul Benjamin (William Hurt) escritor en crisis, Thomas Cole (Harold Perrineau Jr.), muchacho negro en busca de su padre, Ruby McNutt (Stockard Channing) antigua novia en apuros... Wang, realiza un estupendo trabajo de dirección de actores y puesta en escena. El montaje es muy incisivo, de cortes bruscos y gran dramatismo. La película no pasó desapercibida en el festival de Berlín, ni en el de Locarno.

Mr. Hyde

El centro de la historia transcurre en el estanco que regenta Auggie, especie de confidente de todos los personajes. Éste posee una curiosa colección de fotografías que él mismo realiza todos los días a la misma hora y desde el mismo lugar. Es esta una inteligente metáfora sobre la trascendencia de lo cotidiano. Esa esquina es "una pequeña parte del mundo donde también pasan cosas - dice Auggie a Paul en un momento de la película- y no lo entenderás si no las miras más despacio". Lo que parece un montón de fotografías sin mayor importancia y explicación, se transforma de pronto en un compendio sociológico de esperanzas, proyectos, ilusiones, amores, risas, soledades... en definitiva de personas de carne y hueso. "Todas son iguales, pero cada una es distinta de las otras". Lo mismo ocurre con nosotros, parecemos iguales, pero detrás de cada uno existe todo un mundo. Tenemos que aprender a mirar despacio a los que nos rodean. El director establece un paralelismo entre las fotografías y las historias de los protagonistas.

Los actores dan lo mejor de sí mismos en unas matizadas interpretaciones, donde una mirada, o una expresión dicen tanto como los espléndidos diálogos. El silencio, nunca cadencioso ni pesado, se convierte en un elemento interpretativo más.