Número 14, abril 2000
¡La Piedad de Miguel Angel
en Madrid!

Quizá en el viaje fin de carrera nos marchemos a Roma y, si las pelas dan de sí, a Florencia, Venecia, Pisa… Una vez en la capital donde todos los caminos convergen, si entramos en la basílica de San Pedro y viramos a la derecha, en seguida nos topamos con un cristal blindado que protege a la más famosa de las piedades salidas de las manos de artista. Obra realizada por un Miguel Ángel veinteañero que padece en la actualidad normas estrictas de seguridad por las consecuencias del brutal atentado cometido contra el rostro de la Virgen, el 21 de mayo de 1972, por un loco que aporreó la imagen con un martillo.

En la iglesia de San Andrés de Madrid podemos ver, hasta finales de abril, una exposición insólita realizada por el fotógrafo Robert Hupka, que gastó centenas de carretes para no perder ni un detalle de la inmortal escultura.


Robert Hupka
, un anciano venido de Saturno, emotivo como un quinceañero y abisal como el vientre de un cetáceo, es el responsable de las más de 3.000 fotos de la Pietá de Miguel Ángel que fueron tomadas en la Feria Mundial de Nueva York entre 1964 y 1965. El caso es que Robert Hupka tuvo una oportunidad inmejorable de fotografiar la escultura desde ángulos que nunca habían sido vistos antes. Según su propio testimonio, fue la experiencia de estar ante un enorme misterio, "a medida que pasaba incontables horas con las fotografías, la estatua se convertía para mí en un misterio de belleza y de fe. Me emocionaba comprender que la grandeza de esta obra maestra de Miguel Ángel, nunca había sido vista en su total magnitud, excepto por unos privilegiados".

Hupka es un enamorado de la música clásica. Asistió a conciertos memorables con Furtwangler, Bruno Walter y Toscanini a la batuta. Su abuelo fue músico e íntimo amigo de Brahms. El fotógrafo nació en el seno de una familia judía, "el antisemitismo que viví durante mi infancia fue terrible. Mi padre se convirtió al catolicismo y mi madre era luterana. Mi hermana y yo fuimos bautizados en la fe católica. Me encontraba en Viena cuando Hitler ocupó nuestra tierra, aunque nunca lo vi personalmente. Tuve que ver escenas dantescas, como el día en que los soldados nazis desfilaron encima de las manos extendidas de los judíos… fue un horror". A propósito de su trabajo fotográfico comenta: "Hay tres personas en este trabajo: Miguel Ángel; Dios que hizo a Miguel Ángel y le entregó el alma de artista, y yo". Hupka descubre en los rostros de la Virgen y Cristo una honda expresión, "Miguel Ángel estaba próximo a Dios, se le nota. Él no podría haber hecho nunca esa expresión en los rostros sin una fe profunda. Estas imágenes son una bendición de Dios, es como si el alma saliera de la piedra".

Mientras le hacemos más preguntas sus ojos parecen hallarse en otra habitación. "Estas fotos son la expresión de mi amor a Cristo. Mi tarea fue capturar lo que vi con mis ojos y mi corazón. Cuando amamos a Dios nuestra capacidad de conocimiento se amplía". "La exposición fotográfica es una experiencia directa en el visitante, porque cada imagen provoca una reflexión sobre el misterio de Dios hecho hombre. Para mejor entender una pieza musical hace falta primeramente escuchar la música, antes de cualquier teoría. Es igual que cuando encuentras a una chica y te enamoras, ella toca directamente tu corazón".

Una contemplación

La Pietá tiene que ser necesariamente una obra inspirada; si no, ¿cómo es posible que un joven de 24 años creara una obra como ésta? Fue una gracia especial de Dios. Es verdad que el autor tenía que ser un artista, pero sólo el arte no pudo hacer la Pietá, porque su contemplación nos transforma interiormente, nos invade un deseo de hacer oración. Lo espiritual y lo artístico nunca habían estado tan compenetrados. En el caso de La Pietá, lo uno es inseparable de lo otro.

La expresión del rostro de la Virgen nos dice más sobre Miguel Ángel que ninguna otra obra. Esta es su mayor grandeza, que aún excede a la revelada en la Capilla Sixtina. En ella se despliega una innegable grandeza artística, pero en la Pietá muestra una fe sencilla.

Todos los sufrimientos que podamos sentir en esta vida se mitigan al contemplar la Pietá. ¡Cuánto debemos al escultor florentino por haber regalado al mundo una obra tan gloriosa!, un destello de la belleza que nos espera más allá.

Charles Rich