Número 45, febrero 2004

DIRECCIÓN Y GUIÓN: Sofía Coppola
INTÉRPRETES: Scarlett Johanson (Charlotte), Bill Murray (Bob Harris), Giovanni Ribisi (John), Anna Faris (Kelly), Akiko Takeshita (Sra. Kawasaki), Ryuichiro Baba (Conserje), Catherine Lambert (Cantante de Jazz)
PRODUCTORES: Ross Katz, Sofía Coppola, Francis Ford Coppola y Fred Roos

Yo Nos encontramos en Tokio, una ciudad inmensa y anónima, plagada de luces y de personas que deambulan deprisa sin saber muy bien por qué. A ella llega Bob Harris, un afamado actor que viaja a la metrópoli para realizar una campaña de publicidad de una conocida marca de wiskie. Una noche conoce a Charlotte, una isla de calidez en la frialdad de las noches de hotel. Ella acaba de casarse y está acompañando a su recién estrenado marido, John, un fotógrafo adicto al trabajo, en una gira de un grupo musical para la que ha sido contratado. La soledad, la nostalgia y la complicidad, unirán a Bob y a Charlotte en una tierna y platónica amistad.

La película esta dirigida por Sofía Coppola, quien ya realizara con éxito de crítica aunque no tanto de público, aquella extraña cinta que se tituló Las vírgenes suicidas. Con cierta experiencia como actriz (participó en varias secuencias de la Trilogía de El padrino), la joven Sofía enseguida se decantó por la dirección. Esto ha sido una gran suerte para todos pues se ha revelado como un talento excepcional tras las cámaras. En este su segundo trabajo nos confirma lo que ya vimos en el primero: Sofía Coppola posee una gran sensibilidad que sabe transmitir a través de la cámara. Se adapta con cada plano a todo aquello que quiere transmitir, ya sea desde la intimidad de una relación de amistad, como en medio del caos de una ciudad como la de Tokio -ciudad que por cierto conoce muy bien, tras sus muchos viajes a la capital nipona-. Este conocimiento le ha ayudado a dar un toque, entre nostálgico y divertido, lo que sin duda favorece a la cinta. En dirección de actores la realizadora vuelve a responder con altura. Las interpretaciones de Bill Murray y de Scarlett Johanson, además de ser geniales, también contribuyen a crear ese clima de intimidad. Pero esto no sólo es mérito de ambos protagonistas, a los que sin duda no hay que olvidar aplaudir; es mérito de los esfuerzos de la Coppola por implicar a todos los miembros del equipo del rodaje, actores, productores y técnicos en un proyecto común. Y es que, ajena a las grandes producciones hollywoodienses, Sofía Coppola apuesta por un cine más independiente y personal. Y así es Lost in traslation, independiente y personal.

Lejos de lo que algunos puedan o quieran pensar, la película no cuenta una frustrada relación de infidelidad, la película cuenta algo mucho más profundo. Habla sobre dos personas en crisis: Él, cincuentón, casado desde hace muchos años, ella veinteañera recién casada… Dos extremos que se unen por la inseguridad que ambos sienten ante la nueva etapa que se abre ante ellos. Ninguno de los dos dejan de querer a sus respectivos cónyuges. Filtrean sí, pero como un juego inocente, porque ambos saben que otra cosa no les conduciría a nada. Es una relación entre un hombre y una mujer. Es el descubrimiento de una amistad por encima de los intereses e imperativos carnales. Es, en definitiva, una gran película que llega muy dentro.

Eva Latonda