PRESENTACIÓN
En consonancia con las líneas prioritarias del Plan Pastoral de nuestra Archidiócesis de Madrid, la Delegación diocesana de liturgia considera oportuno centrar en la Iniciación Cristiana el esfuerzo de acogida de quienes solicitan los sacramentos. Esta es la razón de la presente Carpeta, que se publica como «subsidia litúrgica» y contiene materiales propios de la pastoral litúrgica en su vertiente celebrativa.
Mediante los sacramentos de la Iniciación Cristiana (Bautismo, Confirmación y Eucaristía) se ponen los fundamentos de toda vida cristiana, pues por medio de ellos se comunican los tesoros abundantes de la vida divina. Desde los tiempos apostólicos, los sacramentos de la Iniciación Cristiana, con sus etapas, son el camino válido para ser cristiano.
El Bautismo es pórtico de la vida en el espíritu, el nuevo nacimiento, el sacramento de la fe.
La Confirmación es la fuerza del Espíritu, la plenitud de la gracia bautismal, el sello y marca de identidad cristiana.
La Eucaristía es el manjar de vida eterna, el alimento que culmina la iniciación cristiana, la fuente y cumbre de la vida eclesial, el compendio de la fe.
Aunque no sea sacramento propio de la Iniciación Cristiana, se incluye la primera penitencia que se celebra antes de la primera comunión, porque explícita la misericordia de Dios, el perdón de los pecados y la reconciliación con la Iglesia.
A sacerdotes y fieles comprometidos en la pastoral parroquial preocupa muy vivamente la catequesis y celebración del Bautismo de niños, de la Confirmación de los jóvenes y de la Primera Comunión de los adolescentes. Los materiales sencillos que se presentan en esta Carpeta pretenden ser una pequeña ayuda para mejorar la celebración litúrgica.
Todos sabemos que el sentido y la gracia de los sacramentos de la Iniciación Cristiana aparece claramente en los ritos de su celebración. Cuando se participa atentamente en los gestos y símbolos, y se comprenden las palabras del rito, los fieles se inician mejor en las riquezas que los sacramentos significan y causan.
Madrid, 3 de noviembre de 1998
Andrés Pardo
Delegado diocesano de liturgia