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Madre Trinidad

 


PERFIL ESPIRITUAL Y HUMANO

DE LA FUNDADORA

DE LA OBRA DE LA IGLESIA

 

 

 

La Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
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Una mujer muy sencilla, seglar, consagrada a Dios,  sin saberes humanos y al mismo tiempo

• un testigo providencial de la verdad de la fe;
• una fuente de sabiduría amorosa que nos hace descubrir, gustar, vivir y llenarnos de la realidad portentosa que Dios ha obrado con nosotros al hacernos Iglesia católica, apostólica y bajo la Sede de Pedro.

Dios la introdujo en el secreto de su vida íntima del modo sorprendente que Él sólo sabe. Le mostró sus misterios, se los dio a vivir y participar, y la envió a proclamarlos con el mandato de «¡Vete y dilo! ¡Esto es para todos!». El mismo Señor la impulsó poderosamente a que le hiciese La Obra de la Iglesia, con todo lo que Él le había manifestado.

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Para definir en pocas palabras la vida de la Madre Trinidad, yo empezaría diciendo que es una vida de inmensos, tremendos, gozosos y consoladores contrastes. Toda ella es un tejido de grandiosidad y sencillez, de impotencia humana y de arrollador poderío divino; de vivencia profunda y de la desapercibida naturalidad de una joven de pueblo o de una mujer de su casa que comunica con la viveza, la espontaneidad y el colorido del lenguaje popular andaluz, torrentes de sabiduría sobre los misterios más hondos de la fe católica. Ese contraste es expresión viva de la pobreza y limitación humana y de los horizontes sin límites por los que clama nuestro corazón. Por eso, cuando nos acercamos a él, nos subyuga con su fuerza de verdad irresistible.

La Madre Trinidad acogida paternalmente por el Santo Padre Juan Pablo II en una audiencia privada (3 de febrero de 1996)

 

 
La Madre Trinidad es como el eco palpitante de aquellas palabras de Jesús: «Gracias te doy, Padre, porque ocultaste estas cosas a los sabios y prudentes y se las revelaste a los pequeños». Es como si el Señor, a través de ella, quisiera decir hoy al sacerdote, a las almas consagradas, al trabajador perdido en el campo, a la mujer de la limpieza, al joven que se empieza a abrir a la vida o al hombre engullido por el tráfago de las grandes ciudades: Mira, todo mi amor infinito es para ti. He muerto en una cruz para hacerte Dios por participación; y, en mi Iglesia, he dejado tesoros insondables para repletarte de la felicidad que buscas sin encontrar...

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