Archidiócesis de Madrid LOZANO BARRAGAN
El sida, los preservativos, la eutanasia, el fin de la vida, el destino de los embriones humanos, la fecundación asistida, el testamento biológico, las terapias genéticas, el aborto... El cardenal mexicano Javier Lozano Barragán, a todos los efectos algo así como el ministro de Sanidad del Vaticano, Se ocupa desde su despacho en la Via della Conciliazione número 3 de Roma de algunas de las cuestiones más polémicas y controvertidas que desde el punto de vista ético afectan a la sociedad actual. Por eso no. es de extrañar que, de entrada, su actitud inicial sea ponerse a la defensiva...
«No me parece adecuado caer en un mero moralismo
en el que se presente la posición católica como una especie de tribunal
negativo y medroso, que -prohíbe todo aquello que posiciones científicas
avanza. das presuponen y opta por replegarse en posiciones superadas que no
convencen a nadie. No quiero entrar en una casuística en la que la respuesta a
sus preguntas fueran solamente: esto es permitido y esto otro nm>, advierte
con la experiencia de quien, desde su nombramiento en 1996 como presidente del
Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud por parte de Juan Pablo II,
ya está curtido en mil y una entrevistas. «Permítame decirle que la
respuesta a. la mayoría de las cuestiones que me planteará depende de la
concepción que se tenga del hombre y su mundo. Yo trataré de hilvanar mis
respuestas desde una visión cristiana del hombre, de su vida, de su
sufrimiento, de su muerte. No es que quiera comenzar con un sermón, sino que
establezco mi punto de partida».
Dicho lo cual,
comenzamos...
PREGUNTA.- Esta semana ha muerto en Granada
Inmaculada Echevarría, una enferma de distrofia muscular a la que las
autoridades andaluzas autorizaron que le fuera desconectado el respirador que
la mantenía con vida. ¿Eso es eutanasia?
RESPUESTA.- La eutanasia es toda acción u omisión
perpetrada para causar directamente la muerte de una persona inocente en la
última etapa de su enfermedad, con la intención de sustraerla del dolor. Esta
acción, para nosotros los cristianos, se llama asesinato y nos está prohibida
por el quinto mandamiento.
P.- Pero, según el Comité de Ética y el
Consejo Consultivo de la Junta de Andalucía, el de Inmaculada era un caso de
encarnizamiento terapéutico, no de eutanasia. ¿Qué opina la Iglesia sobre el
uso de terapias médicas para alargar artificialmente la vida?
R.- La Iglesia católica recomienda los cuidados
paliativos para 16s enfermos terminales, pero no el ensañamiento terapéutico.
Los cuidados paliativos son terapias lenitivas que se aplican a los enfermos
terminales; éStas no los pueden ya curar, pero les alivian el dolor. El
ensañamiento terapéutico es el empleo de terapias desproporcionadas o
inútiles aplicadas a un enfermo en su etapa terminal, frente a una inminente
muerte, que no hacen más que prolongar una penosa agonía. Nadie está obligado
al ensañamiento terapéutico. Sin embargo, hay que notar con respecto a la
desproporcionalidad o inutilidad que, dado los ingentes progresos de la
medicina actual, lo que ahora se pudiera calificar de desproporcionado e
inútil, quizá mañana no lo será así. Hace 100 años, la penicilina era algo absolutamente
desproporcionado, porque casi no existía y costaba un ojo de la cara. Hoy, sin
embargo, nadie osaría decir que la penicilina es un cuidado desproporcionado o
extraordinario.
P.- Pero a veces los
cuidados paliativos también conllevan encarnizamiento terapéutico, ¿es
aceptable en ese caso para la Iglesia rechazarlos?
R.- En cuanto a la interrupción de los cuidados
paliativos, cuando éstos entran en el campo del ensañamiento terapéutico, no hay nada que objetar. Con la única precisión
de que la nutrición y la hidratación no pertenecen al ensañamiento terapéutico
porque no son propiamente terapias, sino medios ordinarios de vida, por lo que
no es necesario el consentimiento del enfermo para aplicarlas.
P.- Pero, ¿no cree que existe
una zona gris muy
amplia? En el caso, por ejemplo, de lnmaculada Echevarria. . .
R.- No, no no. No quiero
entrar a hablar de casos
particulares. Si se aplican los principios que le he dicho creo que está todo muy claro.
P.- Sin embargo, el debate está ahí y
muchas personas manifiestan dudas morales al respecto...
R.- Si uno tiene principios no tiene
dudas. Porque tener principios es
como tener un metro. ¿Pero para
qué me va usted a preguntar cuanto mide esta mesa si tiene usted un metro y la
puede medir sin mi ayuda? Yo le doy el metro, y usted haga el resto.
P.- Pero, por ejemplo, en algunos casos
las terapias de hidratación y de la alimentación también pueden suponer
encarnizamiento terapéutico...
R.- Si los métodos de administración revisten
caracteres de ensañamiento terapéutico, júzguense en concordancia y punto.
P.- y la dependencia de por vida de un
respirador artificial, ¿es ensañamiento terapéutico?
R.- Ése es un aspecto muy, muy discutido... Para
curar un problema de respiración hay que evitar, por un lado, llegar al
ensañamiento terapéutico, y, por otro, tener en cuenta que si una persona ya
está clínicamente muerta es absurdo recurrir a esa clase de mecanismos, porque
ya no es ensañamiento terapéutico, sino algo absolutamente inútil.
P.- En el caso de
Inmaculada Echevarría...
R.- Ya estamos otra vez con la casuística
particular;... Que no, que por ahí no. Me va a perdonar porque no quiero
parecer insultante, pero sus lectores tienen que tener la inteligencia
suficiente como para aplicar ellos solos estos principios a los casos concreto.
P.- Según las encuestas, la mayoría de
la población italiana o española está a favor de que se respete la voluntad de
morir de enfermos como Pier Luigi Welby o, en el caso de España, Inmaculada
Echevarria. ¿No está en ese sentido la Iglesia cada vez más alejada del sentir
popular?
R.- Lo moral o no moral no se constituye por mayoría
de votos. Imagínese que ahora mismo hiciéramos una votación sobre si estamos
en el mes de diciembre y si es de noche, y todos votaran que sí...
¿Significaría eso que estamos en diciembre y que es de noche? ¿No, verdad? Pues
eso.
P.- ¿No le parece que sería muy útil y
clarificador que la Iglesia publicara un documento que estableciera con
precisión cuándo está justificado que a una persona se le desconecte un aparato
que la mantiene artificialmente con Vida y cuándo no?
R.- Es muy posible que la Iglesia vaya a emitir un
documento al respecto, que complemente la antigua instrucción sobre el respeto
a la vida humana que en 1987 publicó la Congregación para la Doctrina de la Fe
con el nombre de Donum vitae. No va a ser una encíclica, sino un documento
que complementaría a ese otro, que ya es un poco viejo.
P.- ¿Qué opina del testamento
biológico?
R.- Si quiere que se lo diga en una frase, le diré
esto: un testamento biológico que suponga la eutanasia por supuesto no es
aceptable de acuerdo a la óptica católica. Pero un testamento biológico que
renuncie al ensañamiento terapéutico es aceptable de acuerdo a la óptica
católica, aunque hay muchos puntos que hay que precisar.
P.- Por ejemplo...
R.- En primer lugar, hay que precisar la edad y el
estado psicológico de la persona, que puede cambiar. No puede ser que uno firme
un testamento biológico y valga para siempre, porque una persona que piensa una
cosa a los 40 años quizás a los 70 piense algo muy distinto. El testamento biológico no puede ser una cosa inamovible. Y én
segundo lugar, ¿quién va a ejecutar ese testamento biológico, incluyendo lo
que se refiere al ensañamiento terapéutico? ¿Quién va ser el fiduciario?
¿Alguien de la familia? ¿y quién dentro de la familia: la esposa, los hijos? ¿y
qué pasa si los hijos quieren que se muera pronto el anciano para heredar
cuanto antes? Son problemas que hay que afrontar. El fiduciario tiene que ser
alguien que verdaderamente tenga toda la confianza del testamentario, de
manera que interprete exactamente su voluntad. Una voluntad que, repito, no
es para siempre. ¿Quién debe ser? ¿El médico que le está atendiendo? ¿El
Gobierno? Peor todavía: cambia el partido que gana unas elecciones, cambia el
Gobierno y éste puede pensar que hay gente que no le sirve y... Estamos en una
sociedad en la que la persona se mide por su eficacia y productividad, y una
vez que ya no resulta tan eficaz ni productiva se piensa en tener el derecho de
eliminarla, como están haciendo en Holanda. Ahí están las estadísticas: en ese
país hay 30.000 muertes dulces al año. Las personas mayores en Holanda
tienen mucho miedo de ir a visitar al médico, porque se preguntan si en vez de
recetarles algo para la diabetes no les darán un barbitúrico o un veneno.
P.- Hablemos del preservativo. El Pontificio
Consejo para la Salud que usted preside ha elaborado, a petición de Benedicto
XVI, un estudio sobre el preservativo y, en concreto, sobre el uso del
profiláctico como medio de prevención del contagio del sida. Ni Juan Pablo II
ni Pablo VI encargaron antes un estudio similar. lEs posible un cambio de
actitud por parte de la Iglesia respecto al condón?
R.- El Papa Benedicto XVI, cuando al inicio de su
Pontificado le presenté los trabajos del Consejo que presido, me encomendó que
iniciara un diálogo a propósito del preservativo con la Congregación de la
Doctrina de la Fe. Comencé dicho diálogo, - no con un documento a
publicar, sino con un estudio interno, científico y teológico, que pertenece a
los estudios previos que se suelen entregar a la Congregación para la Doctrina
de la Fe, pero que no constituyen estudios a publicar. Cuando la Congregación
de la Doctrina de la Fe, bajo la disposición y aprobación del Papa, elabore
una respuesta al respecto, según lo que el Papa disponga, esta respuesta será o no publicada. El Consejo Pontificio
para la Pastoral de la Salud no es un órgano doctrinal de la Santa Sede, sino
Pastoral. Por tanto, no me toca a mí dar ninguna directiva al respecto, sino
recibir las que la Congregación para la Doctrina de la Fe elabore y el Papa
apruebe, y darles el cauce conveniente. Nosotros nos hemos limitado a hacer un
estudio interno, como tantos que se hacen en la Congregación.
P.- Pero ningún Papa anterior había en
cargado un estudio sobre el preservativo.
R.- Bueno, en tiempos de Pablo VI no existía el
sida.
P.- Pero en los tiempos de Juan Pablo
II sí.
R.- Juan Pablo 11 siempre mostró una enorme
preocupación por el sida. Tanto es así que el 27% de todos los centros sanitarios
dedicados a combatir este flagelo pertenece a la Iglesia católica. Este dato
lo podemos apreciar comparándolo con 'el 44% de los centros restantes que
atienden los diferentes estados en el mundo, con el 18% que atienden
organismos no gubernamentales y
con el 11 %, a cargo de otras agrupaciones religiosas. Como una herencia, el Papa Juan Pablo 11 creó una Fundación que se llama El Buen Samaritano, dedicada a
favorecer con medicamentos a los enfermos más des protegidos del mundo. Y Juan
Pablo II jamás, jamás habló del preservativo, ni en un sentido ni en otro.
Además, en sus últimos años, el Papa Juan Pablo II era todo bondad, pero no le
era casi posible expresarse. Cuando yo estaba con él me producía una angustia
muy grande porque hablarle era como hablarle a la pared. A causa del Parkinson
no podía demostrar ninguna emoción, tenía una máscara que no se podía quitar.
Yo creo que no debemos ser tan exigentes con un Papa que en los dos o tres
últimos años de su vida, cuando se intensificó el debate respecto al
preservativo y el sida, estaba ya muy enfermo. Pero era un asunto que le
preocupaba, vaya si le preocupaba.
P.- y cuál es su opinión personal,
¿cree que la Iglesia debería abrirse un poco al preservativo, permitiendo al
menos su uso en aquellos matrimonios en los que uno de los cónyuges padece el
sida?
R.- ¿Mi opinión personal? Por el cargo que ocupo,
yo soy portavoz del Papa, no puedo expresar mi opinión personal. Mi obligación
es ser plenamente fiel al encargo que he recibido.
P.- Pero percibe en la
Iglesia una corriente cada vez mayor apertura respecto al preservativo...
R.- Hay tantas cosas, tan difíciles... No caigamos
en la simplicidad de pensar según los parámetros reduccionistas de condón sí
o condón no.