DELEGACIÓN DIOCESANA DE PASTORAL DE LA SALUD

Archidiócesis de Madrid

LOZANO BARRAGAN




ENTREVISTA PUBLICADA EN "EL MUNDO"

17 Marzo de 2007


El sida, los preservativos, la eutanasia, el fin de la vida, el destino de los embriones humanos, la fecundación asistida, el testa­mento biológico, las terapias genéticas, el aborto... El cardenal mexicano Javier Loza­no Barragán, a todos los efectos algo así co­mo el ministro de Sanidad del Vaticano, Se ocupa desde su despacho en la Via della Conciliazione número 3 de Roma de algu­nas de las cuestiones más polémicas y con­trovertidas que desde el punto de vista ético afectan a la sociedad actual. Por eso no. es de extrañar que, de entrada, su actitud ini­cial sea ponerse a la defensiva...

«No me parece adecuado caer en un mero moralismo en el que se presente la posi­ción católica como una especie de tribunal negativo y medroso, que -prohíbe todo aquello que posiciones científicas avanza. das presuponen y opta por replegarse en posiciones superadas que no convencen a nadie. No quiero entrar en una casuística en la que la respuesta a sus preguntas fue­ran solamente: esto es permitido y esto otro nm>, advierte con la experiencia de quien, desde su nombramiento en 1996 como pre­sidente del Consejo Pontificio para la Pas­toral de la Salud por parte de Juan Pablo II, ya está curtido en mil y una entrevistas. «Permítame decirle que la respuesta a. la mayoría de las cuestiones que me planteará depende de la concepción que se tenga del hombre y su mundo. Yo trataré de hilvanar mis respuestas desde una visión cristiana del hombre, de su vida, de su sufrimiento, de su muerte. No es que quiera comenzar con un sermón, sino que establezco mi pun­to de partida».

Dicho lo cual, comenzamos...

PREGUNTA.- Esta semana ha muerto en Granada Inmaculada Echevarría, una enferma de distrofia muscular a la que las autoridades andaluzas autorizaron que le fuera desconectado el respirador que la mantenía con vida. ¿Eso es eutanasia?

RESPUESTA.- La eutanasia es toda ac­ción u omisión perpetrada para causar di­rectamente la muerte de una persona ino­cente en la última etapa de su enfermedad, con la intención de sustraerla del dolor. Es­ta acción, para nosotros los cristianos, se llama asesinato y nos está prohibida por el quinto mandamiento.

P.- Pero, según el Comité de Ética y el Consejo Consultivo de la Junta de Andalu­cía, el de Inmaculada era un caso de en­carnizamiento terapéutico, no de eutana­sia. ¿Qué opina la Iglesia sobre el uso de te­rapias médicas para alargar artificialmente la vida?

R.- La Iglesia católica recomienda los cuidados paliativos para 16s enfermos ter­minales, pero no el ensañamiento terapéu­tico. Los cuidados paliativos son terapias lenitivas que se aplican a los enfermos ter­minales; éStas no los pueden ya curar, pero les alivian el dolor. El ensañamiento tera­péutico es el empleo de terapias despropor­cionadas o inútiles aplicadas a un enfermo en su etapa terminal, frente a una inminen­te muerte, que no hacen más que prolongar una penosa agonía. Nadie está obligado al ensañamiento terapéutico. Sin embargo, hay que notar con respecto a la despropor­cionalidad o inutilidad que, dado los ingen­tes progresos de la medicina actual, lo que ahora se pudiera calificar de desproporcio­nado e inútil, quizá mañana no lo será así. Hace 100 años, la penicilina era algo abso­lutamente desproporcionado, porque casi no existía y costaba un ojo de la cara. Hoy, sin embargo, nadie osaría decir que la peni­cilina es un cuidado desproporcionado o extraordinario.

P.- Pero a veces los cuidados paliativos también conllevan encarnizamiento terapéutico, ¿es aceptable en ese caso para la Iglesia rechazarlos?

R.- En cuanto a la interrupción de los cuidados paliativos, cuando éstos entran en el campo del ensañamiento terapéutico, no hay nada que objetar. Con la única preci­sión de que la nutrición y la hidratación no pertenecen al ensañamiento terapéutico porque no son propiamente terapias, sino medios ordinarios de vida, por lo que no es necesario el consentimiento del enfermo para aplicarlas.

P.- Pero, ¿no cree que existe una zona gris muy amplia? En el caso, por ejemplo, de lnmaculada Echevarria. . .

R.- No, no no. No quiero entrar a hablar de casos particulares. Si se aplican los prin­cipios que le he dicho creo que está todo muy claro.

P.- Sin embargo, el debate está ahí y mu­chas personas manifiestan dudas morales al respecto...

R.- Si uno tiene principios no tiene du­das. Porque tener principios es como tener un metro. ¿Pero para qué me va usted a preguntar cuanto mide esta mesa si tiene usted un metro y la puede medir sin mi ayu­da? Yo le doy el metro, y usted haga el res­to.

P.- Pero, por ejemplo, en algunos casos las terapias de hidratación y de la alimenta­ción también pueden suponer encarniza­miento terapéutico...

R.- Si los métodos de administración re­visten caracteres de ensañamiento terapéu­tico, júzguense en concordancia y punto.

P.- y la dependencia de por vida de un respirador artificial, ¿es ensañamiento te­rapéutico?

R.- Ése es un aspecto muy, muy discuti­do... Para curar un problema de respira­ción hay que evitar, por un lado, llegar al ensañamiento terapéutico, y, por otro, te­ner en cuenta que si una persona ya está clínicamente muerta es absurdo recurrir a esa clase de mecanismos, porque ya no es ensañamiento terapéutico, sino algo abso­lutamente inútil.

P.- En el caso de Inmaculada Echeva­rría...

R.- Ya estamos otra vez con la casuística particular;... Que no, que por ahí no. Me va a perdonar porque no quiero parecer insul­tante, pero sus lectores tienen que tener la inteligencia suficiente como para aplicar ellos solos estos principios a los casos con­creto.

P.- Según las encuestas, la mayoría de la población italiana o española está a favor de que se respete la voluntad de morir de enfermos como Pier Luigi Welby o, en el caso de España, Inmaculada Echevarria. ¿No está en ese sentido la Iglesia cada vez más alejada del sentir popular?

R.- Lo moral o no moral no se constituye por mayoría de votos. Imagínese que ahora mismo hiciéramos una votación sobre si es­tamos en el mes de diciembre y si es de no­che, y todos votaran que sí... ¿Significaría eso que estamos en diciembre y que es de noche? ¿No, verdad? Pues eso.

P.- ¿No le parece que sería muy útil y clarificador que la Iglesia publicara un do­cumento que estableciera con precisión cuándo está justificado que a una persona se le desconecte un aparato que la mantie­ne artificialmente con Vida y cuándo no?

R.- Es muy posible que la Iglesia vaya a emitir un documento al respecto, que com­plemente la antigua instrucción sobre el respeto a la vida humana que en 1987 pu­blicó la Congregación para la Doctrina de la Fe con el nombre de Donum vitae. No va a ser una encíclica, sino un documento que complementaría a ese otro, que ya es un po­co viejo.

P.- ¿Qué opina del testamento biológico?

R.- Si quiere que se lo diga en una frase, le diré esto: un testamento biológico que suponga la eutanasia por supuesto no es aceptable de acuerdo a la óptica católica. Pero un testamento biológico que renuncie al ensañamiento terapéutico es aceptable de acuerdo a la óptica católica, aunque hay muchos puntos que hay que precisar.

P.- Por ejemplo...

R.- En primer lugar, hay que precisar la edad y el estado psicológico de la persona, que puede cambiar. No puede ser que uno firme un testamento biológico y valga para siempre, porque una persona que piensa una cosa a los 40 años quizás a los 70 pien­se algo muy distinto. El testamento biológi­co no puede ser una cosa inamovible. Y én segundo lugar, ¿quién va a ejecutar ese tes­tamento biológico, incluyendo lo que se re­fiere al ensañamiento terapéutico? ¿Quién va ser el fiduciario? ¿Alguien de la familia? ¿y quién dentro de la familia: la esposa, los hijos? ¿y qué pasa si los hijos quieren que se muera pronto el anciano para heredar cuanto antes? Son problemas que hay que afrontar. El fiduciario tiene que ser alguien que verdaderamente tenga toda la confian­za del testamentario, de manera que inter­prete exactamente su voluntad. Una volun­tad que, repito, no es para siempre. ¿Quién debe ser? ¿El médico que le está atendien­do? ¿El Gobierno? Peor todavía: cambia el partido que gana unas elecciones, cambia el Gobierno y éste puede pensar que hay gente que no le sirve y... Estamos en una sociedad en la que la persona se mide por su eficacia y productividad, y una vez que ya no resulta tan eficaz ni productiva se piensa en tener el derecho de eliminarla, como están haciendo en Holanda. Ahí es­tán las estadísticas: en ese país hay 30.000 muertes dulces al año. Las personas mayo­res en Holanda tienen mucho miedo de ir a visitar al médico, porque se preguntan si en vez de recetarles algo para la diabetes no les darán un barbitúrico o un veneno.

P.- Hablemos del preservativo. El Ponti­ficio Consejo para la Salud que usted presi­de ha elaborado, a petición de Benedicto XVI, un estudio sobre el preservativo y, en concreto, sobre el uso del profiláctico como medio de prevención del contagio del sida. Ni Juan Pablo II ni Pablo VI encargaron an­tes un estudio similar. lEs posible un cam­bio de actitud por parte de la Iglesia respec­to al condón?

R.- El Papa Benedicto XVI, cuando al ini­cio de su Pontificado le presenté los trabajos del Consejo que presido, me encomen­dó que iniciara un diálogo a propósito del preservativo con la Congregación de la Doctrina de la Fe. Comencé dicho diálogo, - no con un documento a publicar, sino con un estudio interno, científico y teológico, que pertenece a los estudios previos que se suelen entregar a la Congregación para la Doctrina de la Fe, pero que no constituyen estudios a publicar. Cuando la Congrega­ción de la Doctrina de la Fe, bajo la disposi­ción y aprobación del Papa, elabore una respuesta al respecto, según lo que el Papa  disponga, esta respuesta será o no publica­da. El Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud no es un órgano doctrinal de la Santa Sede, sino Pastoral. Por tanto, no me toca a mí dar ninguna directiva al respecto, sino recibir las que la Congregación para la Doctrina de la Fe elabore y el Papa aprue­be, y darles el cauce conveniente. Nosotros nos hemos limitado a hacer un estudio in­terno, como tantos que se hacen en la Con­gregación.

P.- Pero ningún Papa anterior había en­ cargado un estudio sobre el preservativo.

R.- Bueno, en tiempos de Pablo VI no existía el sida.

P.- Pero en los tiempos de Juan Pablo II sí.

R.- Juan Pablo 11 siempre mostró una enorme preocupación por el sida. Tanto es así que el 27% de todos los centros sanita­rios dedicados a combatir este flagelo per­tenece a la Iglesia católica. Este dato lo po­demos apreciar comparándolo con 'el 44% de los centros restantes que atienden los di­ferentes estados en el mundo, con el 18% que atienden organismos no gubernamen­tales y con el 11 %, a cargo de otras agrupa­ciones religiosas. Como una herencia, el Papa Juan Pablo 11 creó una Fundación que se llama El Buen Samaritano, dedicada a favorecer con medicamentos a los enfer­mos más des protegidos del mundo. Y Juan Pablo II jamás, jamás habló del preservati­vo, ni en un sentido ni en otro. Además, en sus últimos años, el Papa Juan Pablo II era todo bondad, pero no le era casi posible ex­presarse. Cuando yo estaba con él me pro­ducía una angustia muy grande porque ha­blarle era como hablarle a la pared. A causa del Parkinson no podía demostrar ninguna emoción, tenía una máscara que no se podía quitar. Yo creo que no debemos ser tan exigentes con un Papa que en los dos o tres últimos años de su vida, cuando se intensi­ficó el debate respecto al preservativo y el sida, estaba ya muy enfermo. Pero era un asunto que le preocupaba, vaya si le preo­cupaba.­

P.- y cuál es su opinión personal, ¿cree que la Iglesia debería abrirse un poco al preservativo, permitiendo al menos su uso en aquellos matrimonios en los que uno de los cónyuges padece el sida?

R.- ¿Mi opinión personal? Por el cargo que ocupo, yo soy portavoz del Papa, no puedo expresar mi opinión personal. Mi obligación es ser plenamente fiel al encar­go que he recibido.

P.- Pero percibe en la Iglesia una co­rriente cada vez mayor apertura respecto al preservativo...

R.- Hay tantas cosas, tan difíciles... No caigamos en la simplicidad de pensar se­gún los parámetros reduccionistas de con­dón sí o condón no.