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La oración del Gloria tiene un particular sabor a cielo. Es como introducirnos en la intimidad de Dios, saltando de nuestro corazón al suyo, con un canto alegre y vibrante. Es una invitación, en toda regla, a dejarnos llenar de gozo en un Dios que descubrimos como ser personal, uno en esencia y trino en personas. Con el gloria hacemos eco a los ángeles que desde la eternidad y para la eternidad santifican y glorifican a Dios. Todas las criaturas están llamadas a eso: a glorificar a Dios. Cada una de ellas, siendo lo que es, canta a su creador. Es una invitación que les hace el Todopoderoso: criaturas del Señor, bendecid al Señor. Es como un rumor que pone música al coro de los ángeles. Pero el hombre tiene que interpretar también la partitura escrita por Dios uno y trino, para hacer que esa sinfonía se eleve de la tierra al cielo. |
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