LOS FRANCISCANOS

1. INTRODUCCIÓN  Franciscanos, orden religiosa de la Iglesia católica fundada, probablemente en 1208, por san Francisco de Asís. Fue aprobada por el papa Inocencio III en 1209.

2. FUNDACIÓN  
Después de haber dedicado su vida a predicar, a servir y a vivir en pobreza, Francisco organizó en torno suyo a un grupo de 12 discípulos. Los condujo desde Asís hasta Roma, buscando la bendición del Papa, quien expresó sus dudas con respecto a si era posible, en efecto, llevar el rigor de vida que el grupo se proponía adoptar. Sin embargo, Inocencio III les dio su bendición, con la condición de que se hicieran clérigos y que eligieran a un superior. Francisco fue elegido como tal y el grupo retornó a Asís, donde obtuvieron un permiso de la abadía de los benedictinos para poder utilizar la pequeña capilla de Santa María de los Ángeles, en el monte Subasio, alrededor de la cual construyeron cabañas con ramas de árboles. Más tarde, con la intención de imitar el modelo de vida de Jesucristo, iniciaron una vida de predicaciones itinerantes y de pobreza voluntaria.

Por aquel entonces, la hermandad no contaba ni con una organización formal ni con un noviciado, pero considerando que el número de discípulos aumentaba y que las enseñanzas se difundían con mucha rapidez, se hizo evidente que el solo ejemplo de Francisco no representaría un argumento de bastante peso como para aplicar una disciplina entre los frailes. En 1223, el papa Honorio III emitió una bula en la que constituía a los Frailes Menores como una orden formal, instituyendo, además, un año de noviciado para entrar en ella.


El convento y la basílica de la orden en Asís se construyeron después de que Francisco falleciera en 1226. Su magnificencia causó disgusto entre diversos sectores católicos, por considerarlos incongruentes con los ideales de pobreza de Francisco. Después de muchas discusiones, el papa Gregorio IX decretó que el dinero podía ser distribuido por un miembro de la orden que hubiera sido elegido como administrador y que la construcción de los conventos no iba en contra de las intenciones del fundador.

3. DESARROLLO POSTERIOR  A medida que fue pasando el tiempo, la orden fue creciendo, siendo los dominicos la única entidad que los igualaba en poder. Sin embargo, los franciscanos se fraccionaron, y en 1517 el papa León X los dividió en dos grupos: los conventuales, a quienes, tal como en otras órdenes monásticas, les estaba permitido poseer bienes que pertenecieran a la comunidad, y los observantes, quienes buscaban seguir los preceptos de Francisco lo más literalmente posible; desde entonces los observantes han sido la rama de mayor importancia dentro de la orden. A comienzos del siglo XVI se formó una tercera comunidad que luego se independizó, los capuchinos. A finales del siglo XIX, el papa León XIII agrupó a las tres ramas de franciscanos, que pasaron a constituir la Primera Orden Menor de Frailes, nombrando a las monjas, conocidas como clarisas pobres, como la Segunda Orden, y en tercer lugar, tanto a los hombres como a las mujeres que vivían en una sociedad laica que no se sometía al juramento del celibato, los agrupó en la Tercera Orden.


Además de su predicación y de su constante actividad de ayuda social, los franciscanos son reconocidos por su devoción por los estudios. En Inglaterra, por ejemplo, con antelación a la Reforma, los franciscanos acaparaban muchos cargos universitarios, contando con destacados profesores como Juan Duns Escoto, Guillermo de Ockham y Roger Bacon. De la orden surgieron, asimismo, cinco papas (Nicolás IV, Sixto IV, Julio II, Sixto V y Clemente XIV) y dos antipapas (Alejandro V y Nicolás V).

Durante su primer viaje al Nuevo Mundo, Cristóbal Colón iba acompañado por un grupo de franciscanos. Los primeros conventos americanos fueron fundados (en Santo Domingo y en Concepción de la Vega, en la actual República Dominicana), en 1502, por franciscanos. La rápida conversión al cristianismo de los indígenas americanos, así como el consiguiente entusiasmo de las misiones españolas, llevó a que la orden se expandiera hacia los virreinatos de Nueva Granada (1519), Nueva España (1524) y Perú (1532), y hacia América Central desde 1536. A comienzos del siglo XVI, Fernando el Católico, rey de Castilla, consideró necesario emitir un decreto en el que se estipulara que entre los nuevos conventos debía existir una distancia mínima de cinco leguas de distancia. Mientras los franciscanos españoles iban expandiéndose de un modo gradual por Sudamérica, hasta alcanzar el océano Pacífico, los frailes franceses, que habían llegado a Canadá en 1615 guiados por el explorador francés Samuel de Champlain, organizaron sus misiones por todo el ámbito septentrional del continente.
La administración general de los franciscanos es elegida en un capítulo general y reside en la casa generalicia ubicada en Roma. Sus subordinados, los provinciales, gobiernan sobre todos los hermanos de una provincia, y los custodes (o guardianes, al contrario que otras órdenes nunca fueron llamados abades), a la cabeza de una sola comunidad o convento. Estos cargos son elegidos por un periodo de dos años.

Pese a su esencia católica, a comienzos del siglo XX la Iglesia anglicana estableció un buen número de comunidades franciscanas, tanto para hombres como para mujeres. La más importante es la Sociedad de San Francisco, establecida en Cerne Abbas (Dorset, Inglaterra), que mantiene muchas casas en las islas Británicas y en Nueva Guinea.

T LA TAU FRANCISCANA T

La Familia Franciscana, religiosos, usa la insignia TAU para identificarnos.

La TAU goza de una gran tradición  franciscana.

Según cuenta Celano, Fray Pacífico vio San Francisco signado en su frente con  Cruz en forma de TAU. Ya en el apocalipsis los seguidores de Dios llevaban su frente señalada con una TAU como una distincil singularizadora. En Ezequiel, la TAU protegió a cuantos llevaban la frente signada  una TAU.

Con una TAU inicia Francisco la farro: bendición con que trata de aliviar la desazon que desanima a Fray León. e devoción cristiana conservado amorosamente hasta nuestros días. Fue costumbre cristiana iniciar con una cruz cualquier clase de escritos. Era una manera de bendecir contenido de nuestro lenguaje, tantas veces envilecido por torpeza o malevolencia.

En realidad, la TAU es el nombre con qu se conoce en el griego la letra correspondiete a nuestra T. La semblanza de dicha letra con la Cruz en que Cristo reclinó su cabeza la convirtió en anagrama de nuestras creencías desde muy antiguo. Es, ante todo, signo particularizador de la Familia Franciscana fundada en la tradición católica.

 

 

La orden de los Frailes Menores Capuchinos



Que fundada por San Francisco de Asís en la Reforma de la Orden Capuchina llevada a cabo en el año
1.528, en Asís (Italia), y para hacerse una idea, aunque sea breve, de los orígenes de las Ordenes
Franciscanas no queda más remedio que referirse, en primer lugar, a la vida de su fundador, es decir,
efectuar una biografía, en rasgos generales, de la figura de San Francisco de Asís.

Para comenzar, habrá que dejar aclarado que el nombre del futuro santo fue el de Giovanni Bernardone,
nacido en Asís, en el año 1.181, o 1.182 y fallecido en 1226. Hijo de una familia muy acomodada,
abandonó la casa paterna, iniciando su predicación. Pronto tuvo un grupo de seguidores que obtuvo la
aprobación oral pontificia por parte de Inocencio III en 1.209. Francisco elaboró unas Reglas, que hoy
se han perdido. Es de suponer que se atuvieran a la norma que marcó toda su vida: la humildad. En el
año 1.212, consiguió atraer a Clara de Asís a su Orden y esta dama tomó el hábito franciscano de manos
del que más tarde sería uno de los Santos más destacados de la Iglesia. Francisco intentó pasar a
Oriente, pero fracasó en su empeño ya que la nave en la que viajaba naufragó, lo que no le hizo
desistir de sus propósitos y no mucho tiempo después viajó hasta España desde donde quiso pasar a
Marruecos, lo que no consiguió. En 1.221, pasó a Egipto donde logró conversar con el Sultán de aquel
país ya que mantenía la ilusión de convertirlo para el cristianismo. El primer Capítulo de la nueva
Orden se celebró en 1.217 y en 1.219, el segundo. Toda la doctrina de San Francisco de Asís se orienta
hacia la pobreza, la humildad, el amor a Dios y a todas las criaturas por El creadas, la caridad con el
prójimo y el espíritu de la oración. Un dato, que entendemos es interesante y curioso, es que parece
ser que, fue un grupo de franciscanos, los primeros en introducir la práctica de construir Belenes.

Hablemos de las Ordenes Franciscanas; como hemos dicho, San Francisco reunió en torno a sí un grupo de
seguidores, para los que estableció una breve Regla que constaba de doce artículos, basada en los
textos evangélicos y, como ya hemos dejado señalado, caracterizada por la pobreza, la obligación de
vivir de la limosna cuando no fuera posible trabajar y la dedicación al rezo y la predicación. La Orden
Franciscana aprobada primero por Honorio III, fue posteriormente reconocida en 1.230 por Gregorio IV,
quien liberó a los franciscanos de la obligación de interpretar la Regla según el "Testamento2 de San
Francisco. Parece ser que el "Testamento" contribuía a crear cierto confusionismo dentro de la Orden,
dando lugar a la controversia y al peligro de la división. Esta orden Franciscana creció muy
rápidamente y fue extendiéndose por toda Europa, dedicando sus mayores esfuerzos a la predicación. En
tiempos muy agitados por las guerras y las convulsiones, los franciscanos quisieron hacer llegar su
mensaje de paz a todos los confines del mundo conocido y así se crearon las misiones extranjeras
prestando especial atención a Oriente, lo que les llevó hasta la China y tal fue su celebridad que se
les otorgó la custodia de los Santos Lugares en Palestina.

Las denominadas "Constituciones Narbonenses", fueron un elemental decisión para su institucionalización
(sucedió en el año 1.260 ) y el propulsor de las mismas fue San Buenaventura, quien las había
promulgado, orientando también a la Orden hacia los Estudios.

ste era un tema que había sido olvidado por el Fundador, obsesionado por la humildad, la pobreza, la
caridad y el amor. Pero una Orden Religiosa es obra de humanos y, por tanto, sujeta a determinados
avatares. En el siglo XVI se produjo una general decadencia de la Iglesia que, unida a una visión
apocalíptica de los espirituales, arrastraron a la Orden. Para corregir los errores y canalizar los
esfuerzos que se orientaban a hacer volver a la Orden Franciscana a sus orígenes, surgió la
"Observancia", dentro de la obediencia franciscana.

Dentro de la Iglesia se han producido también controversias y hasta luchas enconadas y sería inútil
tratar de contradecir lo que cita la historia. Los franciscanos tuvieron también su lucha con los
"Conventuales", hasta que en 1.446 obtuvieron el privilegio de poder elegir vicarios generales y
provinciales propios. Ambas ramas franciscanas quedaron vinculadas sólo en la persona del ministro
general hasta que León X las separó, erigiéndolas en Ordenes independientes. De este modo la
"observancia", se multiplicó sin tener una estructura única. Destacaron en ella el movimiento de los
"descalzos" en España y Portugal y los "recoletos" españoles que a partir del siglo XVII establecieron
comunidades en Francia.

Tras la separación, los "conventuales" mantuvieron el cuidado de los lugares tradicionales
franciscanos. En el Concilio de Trento aceptaron la posibilidad de mantener bienes en común, pero
quedando obligados a la pobreza personal. La Orden Franciscana tuvo el momento de su mayor esplendor en
el siglo XVII, pero, en contrapartida, fue la que más sufrió con las medidas antirreligiosas del siglo
XIX. Hablemos ahora de la Orden que estudiamos: De los "conventuales" dependen los "terciarios", gran
parte de las congregaciones femeninas franciscanas y algunas "clarisas". La Reforma de los
conventuales, iniciado por Mateo Da Basi, en 1.525, fue erigida en Congregación en 1.528 con el nombre
de Frailes Menores de Vida Eremítica, aunque su hábito con capuchón motivó el nombre popular de Ca-

puchinos. Esta Congregación hace hincapié en la pobreza y la predicación popular, el trabajo manual y
las obras de misericordia, conjuntando todo ello, con un alto espíritu contemplativo. Esta Congregación
tuvo gravísimos problemas al pasar al protestantismo su Vicario General, Bernardino Ochino, en 1.542,
pero se expandió rápidamente por España, Francia, Suiza, etc. y en el año 1.619 se independizó de los
"conventuales". Las tres ramas franciscanas viven desde comienzos del siglo XX, una etapa renovadora de
preocupación tanto misionera como científica. La distribución de estas tres Ordenes Franciscanas se
dividen así: Frailes Menores, Conventuales y Capuchinos. A ellos hay que añadir la Tercera Orden
Regular de San Francisco; los Hermanos Franciscanos de la Santa Cruz y los Hermanos Pobres de San
Francisco Seráfico. Y entre las Congregaciones femeninas, además de las "clarisas", existen varias
congregaciones más que se denominan "franciscanas". La Orden de Frailes Menores basa su fin determinado
en la imitación de Cristo por la austeridad de la vida y el apostolado según la tradición franciscana. 
Mantienen Casas no sólo en España, (Andalucía, Castilla, Cataluña, Navarra y Valencia) sino también en
América, (Estados Unidos, Cuba, Venezuela, República Dominicana, Nicaragua, México, Colombia) y en
Asia, en las Islas Filipinas.

Queda por reseñar otra figura muy relacionada con los franciscanos que entendemos sería injusto dejar
en el olvido. Se trata de San Francisco de Paula, fundador de los "mínimos", de los que nos ocuparemos
en su momento. En contra de San Francisco de Asís que fue hijo de familia burguesa, San Francisco de
Paula lo fue de una muy humilde. Durante algún tiempo, permaneció en el Convento franciscano de San
Marcos Argentario (1.428) y se retiró a la vida eremítica cerca de su pueblo natal. Su fama de hombre
de conducta ejemplar rayana en la santidad le obligó a dirigir a un grupo de seguidores de San
Francisco de Asís, a partir de 1.436. Consiguió la Regla definitiva de los que serían llamados Mínimos
en 1.493.

Su espiritualidad sigue la de San Francisco de Asís, pero acentúa la mortificación.

San Francisco de Asís,  (1182-1226), místico italiano y predicador, fundador de la orden de los franciscanos. Giovanni Francesco Bernardone nació en Asís, en el seno de una acaudalada familia, aunque al parecer no recibió una gran formación intelectual. Durante su juventud llevó una vida mundana y despreocupada. Después de una batalla entre las ciudades de Asís y Perugia, Francisco fue encarcelado durante un año en esta última ciudad. Mientras estuvo prisionero sufrió una grave enfermedad que le hizo reflexionar, y decidió cambiar su forma de vida.

En 1205, al regresar a su ciudad natal, realizó obras de caridad entre los leprosos y comenzó a trabajar en la restauración de iglesias en ruinas, en respuesta, según se dice, a una visión en la que el crucifijo de la iglesia de San Damián en Asís le pedía que reparara su casa. El cambio de vida de Francisco y sus gastos en obras de caridad enfurecieron a su padre, que le desheredó legalmente. Francisco renunció a sus lujosas ropas a cambio de una humilde túnica y dedicó los tres años siguientes al cuidado de los leprosos y de los proscritos en los bosques del monte Subasio. Para sus oraciones, Francisco restauró la ruinosa capilla de Santa María de los Ángeles. En el año 1208, durante una misa, escuchó una llamada diciéndole que saliera al mundo y, siguiendo el texto de Mateo 10, 5-14, "no poseyera nada pero hiciera el bien en todas partes".

Cuando regresó a Asís ese mismo año, Francisco empezó a predicar, y se convirtió en el fundador del movimiento de renovación de la espiritualidad cristiana del siglo XIII. Reunió a los 12 discípulos que se convertirían en los hermanos originales de su orden, más tarde llamada la Primera Orden, y que le eligieron su superior. En 1212 recibió en la comunidad franciscana a una joven monja de Asís de buena cuna, llamada Clara; a través de ella se fundó la orden de las Damas Pobres (las clarisas, más tarde Segunda Orden franciscana). Probablemente ese mismo año Francisco emprendió camino hacia Tierra Santa (véase Palestina), pero una tempestad le obligó a volver. Otras dificultades le impidieron cumplir gran parte de la labor misionera cuando llegó a España para evangelizar a los musulmanes. En 1219 se encontraba en Egipto, donde ejerció su labor misionera pero no consiguió convertir al sultán. Francisco viajó después a Tierra Santa permaneciendo allí hasta el año 1220. Quería ser martirizado y se alegró al saber que cinco monjes franciscanos habían muerto en Marruecos mientras cumplían sus obligaciones. A su regreso, encontró oposición entre los frailes y renunció como superior. Dedicó los años siguientes a planear lo que sería la Tercera Orden franciscana, los terciarios.

En septiembre de 1224, tras cuarenta días de ayuno, mientras rezaba en el monte Alverno sintió un dolor mezclado con placer; en su cuerpo aparecieron las marcas de la crucifixión de Cristo, los estigmas. Los relatos sobre la aparición de estas marcas difieren, pero parece probable que fueran protuberancias nudosas de carne, parecidas a cabezas de clavo. Francisco fue llevado de regreso a Asís, donde pasó los años que le quedaban marcado por el sufrimiento físico y por una ceguera casi total. Sus padecimientos no hicieron disminuir su amor a Dios y a la Creación, como queda de manifiesto en su Cantico delle creature (Cántico de las criaturas), que se cree fue escrito en Asís en 1225, en el que el sol y el resto de la naturaleza son alabados como hermanos y hermanas, y en el célebre episodio en el que Francisco predica a los gorriones. Fue canonizado en 1228. En 1980 el papa Juan Pablo II le proclamó patrón de los ecologistas. En arte, los emblemas de san Francisco son el lobo, el cordero, los peces, los pájaros y los estigmas. Su festividad se celebra el 4 de octubre.

La Orden de los Terciarios Capuchinos de Nuestra Señora de los Dolores



Los Terciarios Capuchinos de Nuestra Señora de los Dolores, también conocidos como "amigonianos", en
recuerdo de su fundador, es una Congregación creada por Monseñor José María Amigó y Ferrer.

Nació este fundador en Masamagrell (Valencia), el 17 de octubre de 1.854, en un hogar de rancio
abolengo cristiano, donde se crió en unión de sus hermanos Emilio, Julio, Genoveva, Josefa y Rosa.
Contando diciesiete años, murieron sus padres y José María y sus hermanos fueron recogidos por un
sacerdote que se encargó de su educación.

A esa edad, en la que otros muchachos entienden tan sólo de las cosas mundanas, se despertó un acusado
interés por los problemas sociales, un interés que lo acompañó durante toda su vida. Convenció a
algunos amigos para que lo acompañaran a la Escuela de Cristo y siguiendo las directrices que allí se
impartían dedicó todo su tiempo libre a atender a los enfermos en los hospitales, a catequizar y
alfabetizar a gentes de las barracas y a visitar y ayudar, en la medida de sus posibilidades, a los
presos en la cárcel. Data de esta época su admiración y amistad con Gregorio Gea, fundador del
Patronato Obrero de Valencia y gran impulsor de diversos programas católico-sociales que se fueron
desarrollando en esta ciudad a partir del último cuarto de siglo XIX.

Movido por un intenso deseo de entregarse a Dios y a la ayuda del prójimo, José María decidió hacerse
religioso. Este fue el motivo por el que tomó la decisión de trasladarse a Francia e ingresar en los
Capuchinos.

Al tomar el hábito, y siguiendo la costumbre de la época, cambió su nombre de pila por el de Fray Luis
de Masamagrell.

Pasados tres años de su estancia en Bayona, decidió regresar a España con los primeros religiosos que
volvían al suelo patrio tras la desamortización de Mendizabal. El primer lugar donde desarrolló su
actividad evangelizadora fue Antequera, para pasar después a Montehano, en la provincia de Santander.
Ambos lugares fueron testigos de la labor del joven capuchino. Fue precisamente en el último pueblo
mencionado donde fue ordenado sacerdote (año 1.879).

Como sacerdote, una de sus ocupaciones era visitar regularmente la cárcel de Santoña, poniéndose en
estrecho contacto con los presos. Y fue ante el espectáculo que contempló en aquel penal donde niños y
jóvenes compartían celdas con los mayores, viviendo en espantosa promiscuidad, siendo los más débiles
objeto de toda clase de humillaciones por los más fuertes, lo que despertó, en el padre Amigó no el
deseo, sino la necesidad, de hacer algo por ellos. E hizo todo cuanto estuvo en su mano en su ansia de
dulcificar y hacer más llevadera la existencia a aquellas gentes, muchas de las cuales eran más dignas
de lástima que de condena.

De Montehano fue traslado a Valencia, en el año 1.881, ciudad de la que había salido casi ocho años
atrás. Desde el convento de la Magdalena, en Masamagrell, reemprende sus tareas apostólicas y toda la
comarca valenciana conoce muy pronto la labor del capuchino.

Su preocupación principal continuó siendo las clases más necesitadas y marginadas, entre las que se
contaban las visitas a la cárcel. Precisamente el penal de San Miguel de los Reyes constituye uno de
los sitios a los que dedicó más atención. Comprendió que los presos estaban necesitando ayuda y con un
grupo de jóvenes, formados en las Escuelas de Cristo, emprendió una labor social con los presos.
Contando treinta años, funda, en el Santuario de Montiel (Benaguacil), a las hermanas Terciarias
Capuchinas de la Sagrada Familia, a las que destina, de acuerdo con su constante preocupación social a
cuidar a los enfermos más desamparados e hijos de familias necesitadas.

Cuatro años más tarde funda, también en Valencia, a los Terciarios Capuchinos de Nuestra Señora de los
Dolores para que se preocupen de educar cristianamente y reinsertar en la sociedad a los jóvenes
marginados.

Los Terciarios Capuchinos con su trabajo educativo, elaboraron a principios de siglo un método
educativo para la recuperación de los menores con problemas de conducta y participaron activamente en
la elaboración de la primera Ley Tutelar de Menores de España y en la implantación de los Tribunales
Tutelares.

A los cincuenta y dos años de edad, monseñor Amigó fue nombrado obispo de Solsona y más tarde de
Segorbe. Su actividad no varió en lo más mínimo en su trato afable y sencillo y su apoyo en los
movimientos católicos en favor de agricultores y obreros. Como obispo, monseñor Amigó continuó
atendiendo a todas las congregaciones que había fundado y que se iban extendiendo por todo el mundo,
trabajando en un campo tan difícil como es el de la educación de los jóvenes. En el año 1.934, próximo
a cumplir los ochenta anos, su salud se quebrantó de forma alarmante. Trasladado a Godella, a la casa
de Terciarios Capuchinos, moría plácidamente el día 1 de Octubre. Tres días más tarde era enterrado en
Masamagrell en la Iglesia de las Terciarias Capuchinas.

Hoy, siguiendo las directrices que marcó su Fundador, los Terciarios Capuchinos dirigen su misión
principalmente a aquellos niños y jóvenes que, por mil razones, han tropezado en la vida o no han
encontrado su camino, que la desgracia ha aventado y el vicio o la droga, prostituido. Su acción
educativa y terapéutica abarca la totalidad de la persona y la causa o circunstancias que hayan podido
desencadenar las situaciones difíciles que ellos presentan, sean familires, sociales, sicológicas, etc.
Esta labor la llevan a efecto en centros de readaptación, de protección o preservación, de observación
y diagnóstico, de acogida, en hogares o casas de familia, en escuelas profesionales o agrícolas, en
comunidades terapéuticas, en consultorios sicopedagógicos, en residencias juveniles, en barrios
marginados, etc.

El objetivo principal de los Terciarios es promover el desarrollo integral del menor, procurando su
realización individual y su progresiva readaptación y reinserción en su medio sociofamiliar, ayudándole
a adquirir madurez y autonomía. Abarcan cuantas actividades ayuden a liberar a los jóvenes de la
problemática en la que se hallan inmersos, sea personal, social o familiar. Especial interés tienen las
actividades deportivas, ocupacionales, culturales, de formación profesional, cívicas, humanas,
catequéticas, etc.

Atentos al devenir de los tiempos, y a la diversidad de lugares y culturas, los Terciarios Capuchinos
organizan y planifican su acción en un sistema coherente y progresivo cuyas características más
notables son: conocimiento exhaustivo del menor; la atención en una terapia individualizada, gradual y
dosificada, respetando el tiempo de todo proceso reeducativo en sus fundamentales y progresivas etapas,
trabajando en pequeños grupos en ambiente agradable, abierto y familiar.

Los Capuchinos Terciarios desarrollan sus actividades en trece naciones de Europa y América.


Ya como obispo, monseñor Jose María Amigó y Ferrer, cuyo nombre en la Orden fue fray Luis de
Masamagrell, su pueblo natal, conserva en su expresion y mirada una plástica representacion de su
limpio espíritu, de su bondad y entrega a los demás.