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HISTORIA
El 15 de agosto de 1965 es la fecha oficial del nacimiento de la Parroquia de Santa Catalina Labouré, instalada provisionalmente en la capilla del Instituto de Bachillerato Emperatriz María de Austria, en la calle de Antonio de Leyva.

El 28 de noviembre de 1992, día de Santa Catalina Labouré, el Ayuntamiento de Madrid comunicó a la Parroquia que se le había concedido un terreno para su ubicación definitiva en la calle de Arroyo de Opañel.

El 28 de noviembre de 1995, también día de Santa Catalina Labouré, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Monseñor Antonio María Rouco Varela, bendijo la primera piedra en una ceremonia oficiada en el mismo solar.

La construcción se inició de inmediato y, el 24 de septiembre de 1998, el Cardenal bendijo la Primera Fase del Centro Parroquial, equipado con una capilla, salas, biblioteca, un gran patio acristalado, salón de ancianos, despachos y la vivienda parroquial.

En 1999 comenzó la construcción de la Segunda Fase de la nueva Parroquia, que implicaba levantar el nuevo templo y una gran torre, coronada con un campanario.
Concluidas las obras de edificación, el 8 de junio de 2003, día de Pentecostés, a las 20,00 horas, fué consagrado el nuevo Templo de la Parroquia de Santa Catalina Labouré.
SANTA CATALINA LABOURÉ
La Parroquia de Santa Catalina Labouré lleva el nombre de una santa, canonizada por Su Santidad el Papa Pío XII el 28 de julio de 1947, que dedicó su vida a servir silenciosamente a los enfermos.

Nacida el 12 de mayo de 1806 en Fains-Les-Moutiers, una aldea de la Borgoña francesa, Catalina Labouré quedó huérfana de madre cuando sólo tenía 9 años.
Era la octava de diez hermanos y, con sólo 12 años, tomó las riendas de su casa después de que su hermana mayor, María Luisa, ingresara en la orden de las Hijas de la Caridad, en París.
Catalina Labouré tuvo varias apariciones de la Virgen durante su juventud. La más importante se produjo el 27 de noviembre de 1830, cuando la madre de Dios le pidió que acuñara una medalla consagrada a la Inmaculada Concepción.
El 30 de enero de 1831, Catalina Labouré tomó el hábito en la misma orden que su hermana, las Hijas de la Caridad.
En marzo de 1832 se empezó a acuñar la medalla "milagrosa", como rápidamente empezó a ser conocida en París.

La medalla es su obra más destacada, en una biografía en la que no hay hitos llamativos, sino una vida de sencillez y servicio a los demás que la propia Catalina definió en una frase: "Amé ser ignorada".
Falleció el 31 de diciembre de 1876 y su medalla, cuyo carácter milagroso es reconocido en todo el mundo, se sigue acuñando en la actualidad.