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Oct 23 2007

Teresa Cejudo Redondo

Publicado el 11:29 en Mártires de otras Diócesis

(Madre de Familia y cooperadora salesiana)
Pozoblanco . 15-X-1890, + 20-IX-1936 . 46 años

Hija de José Cejudo Muñoz e Isabel Redondo Caballero, bautizada en la parroquia de Santa Catalina. Educada en el colegio de las Concepcionistas, destacó su inteligencia y espíritu de sacrificio.

Perdió pronto a su madre; como hermana mayor, dejó el colegio con 15 años y se hizo cargo de su casa. Casó con el arquitecto Juan Caballero Cabrera, en 1925; fruto de su matrimonio fue su única hija María Teresa. Es de fama el cuidado con que ejerció sus deberes de esposa y madre. Su marido, preso por las tropas republicanas en el pueblo, fue trasladado a Valencia y allí fue fusilado unos días antes que Teresa, sin saberlo ella.

Fue de las primeras pozoalbenses en inscribirse en la Acción Católica, y su secretaria. También fue presidenta de las Conferencias de San Vicente y de las Marías de los Sagrarios, y secretaria de la Asociación de María Auxiliadora. Era cooperadora salesiana. También fue miembro de la Acción Popular, pero nunca realizó ninguna acción política. Como ella decía, lo hacía todo por la religión católica. Su labor entre los necesitados, sin distinguir clases, fue notable, con profunda preocupación social. Una testigo decía: «Hacía propaganda del principio ‘Dios, Patria, Familia’, Si esto era política, es necesario reconocer que era una política muy sana».

En el juicio que precedió a su condena, se la acusó de actividades políticas. Lo cual no oculta las verdaderas razones de su condena a muerte: por confesar su fe. Testigos de la ‘positio’ afirman que la causa por la que la condenaban era por su valentía en practicar y defender la religión católica.

Las detenciones en Pozoblanco comenzaron el 15 de agosto, y Teresa ingresó en prisión el 22. Teresa permaneció detenida, junto con otras personas, hasta el inicio de su juicio (16 de septiembre) por un tribunal popular venido desde Jaén. Se presentaron testigos que la acusaron falsamente de ir armada, además de hacer propaganda política. Su respuesta fue: «No ha sido por defender el capital, sino la ley de Jesucristo». Nunca negó en el juicio ser católica.

Durante su prisión se mantuvo siempre serena y tranquila, animando a los otros presos y siendo modelo de caridad.

Su condena a muerte fue leída ante un numeroso grupo de asistentes, que gritaron y aplaudieron al saberlo, acusada por sus prácticas de piedad y por hacer propaganda política en contra de las ideas marxistas. El grupo de condenados ascendía a 18, entre ellos el sacerdote don Antonio Blanco Muñoz.

Al oír la sentencia, dijo tranquila: «Esto lo esperábamos nosotros, Nos reclama Jesucristo y nos vamos con Él, que estaremos mejor que aquí entre esta familia», Muchos testigos declararon que perdonó a sus asesinos en ese instante, a ejemplo de Cristo.

En el momento de salir para ser ajusticiada, supo pedir el perdón en un pueblo agitado por fuertes tensiones, gritando: «¡Perdón, hermanos!«. Hasta cambió sus vestidos con las com¬pañeras de prisión para morir pobre. Camino del cementerio, no cesó de animar a sus compañeros de muerte, Quiso ser la última para animarles, sin vendarle los ojos, de cara al pelotón y gritando «¡Viva Cristo Rey!».

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