¿Quieres de verdad ser santo? -Cumple el pequeño deber de cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces. (Beato Josemaría Escrivá de Balaguer. Camino 815)
Cada día
Cada semana
Cada mes
Cada año
En todo momento
Devociones durante la semana
| Domingo | La Santísima Trinidad. Asiste con fervor a la Santa Misa y recibe la Comunión si es posible |
| Lunes | Las Almas del Purgatorio.Ruega por las almas de tus parientes, amigos y bienhechores. |
| Martes | Los ángeles Custodios. Acude a menudo a los ángeles Custodios pidiéndoles ayuda. Reza especialmente a tu Ángel de la guarda. |
| Miércoles | San José. Invoca a San José como patrono de la buena muerte |
| Jueves | La Santísima Eucaristía. A lo largo del día, haz frecuentes comuniones espirituales y, si es posible, una visita al Santísimo |
| Viernes | La Pasión y Muerte de Jesucristo. Medita la Pasión y Muerte del Señor utilizando por ejemplo, el Vía Crucis |
| Sábado | La Santísima Virgen María. Reza la Salve u otra devoción mariana |
¿Tú quieres ser fuerte? --Primero, date cuenta de que eres muy débil;y, luego, confía en Cristo, que es Padre y Hermano y Maestro, y que nos hace fuertes, entregándonos los medios para vencer: los sacramentos. ¡Vívelos! (Beato Josemaría Escrivá de Balaguer. Forja.643)
Los sacramentos son signos eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia, por los cuales se nos dispensa la vida divina. Los ritos visibles con los que los sacramentos se celebran significan y producen las gracias propias de cada sacramento en aquellos que los reciben con las disposiciones debidas (CEC 1131)
Bautismo
Nos hace nacer a la vida divina y herederos del cielo.
El fruto del Bautismo, o gracia bautismal comprende principalmente:
El perdón del pecado original y de todos los pecados personales.
El nacimiento a la vida nueva, por la cual el hombre es hecho hijo adoptivo del Padre, miembro de Cristo y templo del Espíritu Santo
La incorporación a la Iglesia, Cuerpo de Cristo, y la participación en el sacerdocio de Cristo.
Confirmación
Fortalece y acrecienta la vida divina:nos convierte en soldados de Cristo
La Confirmación perfecciona la gracia bautismal y enriquece el alma con una fortaleza especial del Espíritu Santo para:
Enraizarnos más profundamente en la filiación divina
Incorporarnos más firmemente a Cristo
Hacer más sólido el vínculo con la Iglesia y su misión
Ayudarnos a dar testimonio de la fe cristiana con la palabra y con las obras
Eucaristía
Alimenta la vida divina
La Eucaristía es el memorial de la Pascua de Cristo, es decir, de la obra de la salvación realizada por su vida, muerte y resurrección, y que se hace presente por la acción litúrgica.
Con las palabras de la consagración se realiza la transubstantación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Bajo las especies consagradas del pan y del vino, Cristo mismo, vivo y glorioso, está presente de manera verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su divinidad
La Comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo:
Acrecienta la unión del comulgante con el Señor.
Le perdona los pecados veniales y le guarda de pecados graves.
Fortalece la unidad de la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo, al reforzar los lazos de caridad entre el comulgante y Cristo.
Reconciliación o Penitencia
Nos devuelve la vida divina perdida por el pecado
La confesión individual e íntegra de los pecados graves seguida de la absolución es el único medio ordinario para la reconciliación con Dios y con la Iglesia.
Los efectos espirituales de este sacramento son:
La reconciliación con Dios por la que el penitente recupera la gracia;
La reconciliación con la Iglesia;
La remisión de la pena eterna contraída por los pecados mortales;
La remisión, al menos en parte de las penas temporales, consecuencia del pecado;
La paz y la serenidad de la conciencia, el consuelo espiritual;
El acrecentamiento de las fuerzas espirituales para el combate cristiano
Unción de los Enfermos
Mantiene la vida divina en los sufrimientos de la enfermedad grave o la vejez
La gracia especial del sacramento de la Unción de los Enfermos tiene como efectos:
La unión del enfermo con la Pasión de Cristo, para su propio bien y el de toda la Iglesia;
El consuelo, la paz y el ánimo para sobrellevar cristianamente los sufrimientos de la enfermedad o de la vejez;
El perdón de los pecados si el enfermo no ha podido recibir el sacramento de la Penitencia;
El restablecimiento de la salud corporal si conviene a la salud espiritual;
La preparación para el paso a la vida eterna
Orden
Perpetúa los ministros que transmiten la vida divina
El Orden es el sacramento gracias al cual la misión confirmada por Cristo a sus apóstoles sigue siendo ejercida en la Iglesia hasta el fin de los tiempos: es, pues, el sacramento del ministerio apostólico.
Comprende tres grados: El episcopado, el presbiterado y el diaconado.
La Iglesia confiere el sacramento del Orden únicamente a varones bautizados, cuyas aptitudes para el ejercicio del ministerio han sido debidamente reconocidas. A la autoridad de la Iglesia corresponde la responsabilidad y el derecho de llamar a uno a recibir la ordenación.
Matrimonio
Perfecciona el amor humano de los esposos y les da las gracias para santificarse en el camino hacia la vida divina.
La alianza matrimonial, por la que un hombre y una mujer constituyen una intima comunidad de vida y de amor, fue fundada y dotada de sus leyes propias por el Creador.
Los efectos del Matrimonio son:
origina entre los cónyuges un vínculo perpetuo y exclusivo, de modo que el matrimonio válido celebrado y consumado entre bautizados no puede ser disuelto jamás.
Los cónyuges reciben una gracia propia del sacramento por la que:
Quedan como consagrados por un sacramento peculiar para los deberes
y la dignidad de su estado.
Se fortalece su unidad indisoluble
Entre bautizados, el matrimonio ha sido elevado por Cristo Señor a la dignidad del sacramento.
MANDAMIENTOS DE LA LEY DE DIOS
"¿Que he de hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna? --"Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos".
Por su modo de actuar y su predicación Jesús, ha atestiguado el valor perenne del Decálogo que contiene una expresión privilegiada de la ley natural. Lo conocemos por la revelación divina y por la razón humana.
Los diez mandamientos, en su contenido fundamental, enuncian obligaciones graves. Sin embargo, la obediencia a estos preceptos implica también obligaciones cuya materia es, en si misma, leve.
MANDAMIENTOS DE LA IGLESIA CATOLICA
Los mandamientos de la Iglesia se sitúan en la línea de una vida moral referida a la vida litúrgica y que se alimenta de ella. El carácter obligatorio de esta leyes positivas promulgadas por la autoridad eclesiástica tiene por fin garantizar a los fieles el mínimo indispensable en el espíritu de oración y en el esfuerzo moral, en el crecimiento del amor de Dios y del prójimo.
Los mandamientos más generales son cinco:
El espíritu de penitencia está principalmente en aprovechar esas abundantes pequeñeces --acciones, renuncias, sacrificios, servicios..-- que encontramos cada día en el camino, convirtiéndolas en actos de amor, de contrición, en mortificaciones, y formar así un ramillete al final del día: ¡un hermoso ramo, que ofrecemos a Dios! (Beato Josemaría Escrivá de Balaguer. Forja.408)
En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma.
Debe guardarse:
¿Qué son las indulgencias?
Remisión de las penas temporales
Para entender esta doctrina y práctica de la Iglesia es preciso recordar que el pecado tiene una doble consecuencia:
Esta dos penas no deben ser entendidas como una venganza infligida por Dios, sino como una necesidad que brota de la naturaleza misma del pecado. Por la conversión que proceda de una ferviente caridad se puede alcanzar la total purificación del pecador y la extinción de toda pena.
Condiciones para ganar indulgencias
Las virtudes teologales refieren directamente a Dios. Disponen a los cristianos a vivir en relación con la Santísima Trinidad. Tienen como origen, motivo y objeto, a Dios conocido por la fe, esperado y amado por Él mismo. Fundan, animan y caracterizan el obrar moral del cristiano. Informan y vivifican todas las virtudes morales. Son infundidas por Dios en el alma de los fieles para hacerlos capaces de obrar como hijos suyos y merecer la vida eterna. Son la garantía de la presencia y la acción del Espíritu Santo en las facultades del ser humano.
Por la que creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone como objeto de fe, porque Él es la verdad misma.
Por la que aspiramos al Reino de las Cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo. Por la virtud de la esperanza deseamos y esperamos de Dios con una firme confianza la vida eterna y las gracias para merecerla.
Por la que amamos a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios. Es el "vínculo de la perfección" y la forma de todas las virtudes.
Las virtudes humanas son actitudes firmes, disposiciones estables, perfecciones habituales del entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta según la razón y la fe. Proporcionan facilidad, dominio y gozo para llevar una vida moralmente buena. El hombre virtuoso es el que practica libremente el bien.
Las virtudes morales se adquieren mediante las fuerzas humanas. Son los frutos y los gérmenes de los actos moralmente buenos. Disponen todas las potencias del ser humano para armonizarse con el amor divino.
Pueden agruparse en torno a cuatro virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza.(C.E.C. 1804-1834)
PRUDENCIA
La prudencia dispone la razón práctica para discernir, en toda circunstancia, nuestro verdadero bien y elegir los medios justos para realizarlo.
JUSTICIA
La justicia consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que le es debido.
FORTALEZA
La fortaleza asegura, en las dificultades, la firmeza y la constancia en la práctica del bien.
TEMPLANZA
Modera la atracción hacia los placeres sensibles y procura la moderación en el uso de los bienes creados.
Los siete dones del Espíritu Santo son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Pertenecen en plenitud a Cristo, Hijo de David (cf. IS 11, 1-2). Completan y llevan a su perfección las virtudes de quienes los reciben. Hacen a los fieles dóciles para obedecer con prontitud a las inspiraciones divinas.
Don de sabiduría
Nos hace comprender la maravilla insondable de Dios y nos impulsa a buscarle sobre todas las cosas y en medio de nuestro trabajo y de nuestras obligaciones.
Don de inteligencia
Nos descubre con mayor claridad las riquezas de la fe
Don de consejo
Nos señala los caminos de la santidad, el querer de Dios en nuestra vida diaria, nos anima a seguir la solución que más concuerda con la gloria de Dios y el bien de los demás.
Don de fortaleza
Nos alienta continuamente y nos ayuda a superar las dificultades que sin duda encontramos en nuestro caminar hacia Dios.
Don de ciencia
Nos lleva a juzgar con rectitud las cosas creadas y a mantener nuestro corazón en Dios y en lo creado en la medida en que nos lleva a Él.
Don de piedad
Nos mueve a tratar a Dios con la confianza con la que un hijo trata a su Padre.
Don de temor de Dios
Nos induce a huir de las ocasiones de pecar, a no ceder a la tentación, a evitar todo mal que pueda contristar al Espíritu Santo, a temer radicalmente separarnos de Aquel a quien amamos y constituye nuestra razón de ser y de vivir.
Los frutos del Espíritu Santo son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce:
| Caridad | Benignidad |
| Gozo | Mansedumbre |
| Paz | Fidelidad |
| Paciencia | Modestia |
| Longanimidad | Continencia |
| Bondad | Castidad |
(CEC 1832)
Las bienaventuranzas están en el centro de la predicación de Jesús. Con ellas Jesús recoge las promesas hechas al pueblo elegido desde Abraham; pero las perfecciona ordenándolas no sólo a la posesión de una tierra, sino al Reino de los cielos (CEC 1716)
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La Santa Madre Iglesia instituyó, además, los sacramentales. Estos son signos sagrados con los que, imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida. (CEC 1667)
Las bendiciones
Toda bendición es alabanza de Dios y oración para obtener sus dones. En Cristo, los cristianos son bendecidos por Dios Padre "con toda clase de bendiciones espirituales"(Ef 1,3). Por eso la Iglesia da la bendición invocando el nombre de Jesús y haciendo habitualmente la señal santa de la cruz de Cristo
Los exorcismos
Cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del maligno y sustraída a su dominio, se habla de exorcismo. Jesús lo practicó, de El tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar.
El exorcismo intenta expulsar a los demonios o liberar del dominio demoníaco, gracias a la autoridad espiritual que Jesús ha confiado a su Iglesia. Muy distinto es el caso de las enfermedades, sobre todo psíquicas, cuyo cuidado pertenece a la ciencia medica. Por tanto, es importante asegurarse, antes de celebrar el exorcismo, de que se trata de una presencia del Maligno y no de una enfermedad.
Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales.
Espirituales
Corporales
El pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes. Hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana. Ha sido definido como "una palabra, un acto o un deseo contrarios a la ley eterna"
Conviene valorar los pecados según su gravedad. La distinción entre pecado mortal y venial, perceptible ya en la Escritura se ha impuesto en la tradición de la Iglesia. La experiencia de los hombres la corroboran.
Pecado mortal
Destruye la caridad en el corazón del hombre por una infracción grave de la ley de Dios; aparta al hombre de Dios, que es su fin último y su bienaventuranza, prefiriendo un bien inferior.
Para que un pecado sea mortal se requieren tres condiciones:
Pecado venial
Deja subsistir la caridad, aunque la ofende y la hiere.
Se comete un pecado venial cuando no se observa en una materia leve la medida prescrita por la ley moral, o cuando se desobedece a la ley moral en materia grave, pero sin pleno consentimiento o sin entero consentimiento.
Oración y vida cristiana son inseparables porque se trata del mismo amor y de la misma renuncia que procede del amor. "Orad continuamente"(1 Tesalonicenses 5,17).Orar es siempre posible. Es incluso una necesidad vital.
Tipos de oración
La Iglesia invita a los fieles a una oración regulada: oraciones diarias, Liturgia de la Horas, Eucaristía dominical, fiestas del año litúrgico.
La tradición cristiana contiene tres importantes expresiones de la vida de oración. Las tres tiene en común el recogimiento del corazón:
Fundada en la unión del cuerpo con el espíritu en la naturaleza humana, asocia el cuerpo a la oración interior del corazón a ejemplo de Cristo que ora a su Padre y enseña el "Padre Nuestro" a sus discípulos.
Es una búsqueda orante, que hace intervenir al pensamiento, la imaginación, la emoción, el deseo. Tiene por objeto la apropiación creyente de la realidad considerada, que es confrontada con la realidad de nuestra vida.
La oración contemplativa es la expresión sencilla del misterio de la oración. Es una mirada de fe, fijada en Jesús, una escucha de la Palabra de Dios, un silencioso amor. Realiza la unión con la oración de Cristo en la medida en que nos hace participar de su ministerio.(Beato Josemaría Escrivá de Balaguer. Amigos de Dios)
--- Me has escrito:"orar es hablar con Dios. Pero, ¿De qué? De El, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias..., ¡flaquezas!:y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio.
En dos palabras: conocerle y conocerte:"¡tratarse!" --- (Beato Josemaría Escrivá de Balaguer. Camino 91)