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ACCIÓN DE GRACIAS EN EL CENTENARIO DEL NACIMIENTO DEL BEATO ESCRIVÁ DE BALAGUER
(Catedral de Alcalá, 9 Enero 2002)
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Lecturas:
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1 Jn 4, 11-18;
Mc 6, 45-52.
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1. Es una alegría para todos nosotros estar celebrando esta acción de gracias a Dios. Hay muchos motivos para ello: en primer lugar, el vivir la experiencia de ser amados por Dios. En la carta primera de San Juan hemos escuchado que "Dios es Amor". Nos decía textualmente Juan: "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados" (1 Jn 4,10). El amor consiste, por tanto, en la experiencia de sentirnos amados por Dios y de recibir sus dones. El amor es para nosotros, primariamente, la experiencia de ser amados por Dios. ¡Ojalá viviéramos con mayor fuerza esta experiencia! Todos los profesionales, que se dedican al cuidado y a la ayuda de las personas, concuerdan en que aquellas personas que carecen de la experiencia de ser amados, son las que menos se desarrollan humanamente, son las que menos crecen como personas. Podemos preguntarnos si, además de vivir esa experiencia propia y personal, ayudamos a otros a que vivan como personas, a que crezcan como hijos de Dios. El Beato Josemaría Escrivá de Balaguer, motivo de la celebración de esta acción de gracias, tiene bastante que decirnos al respecto.
2. Por puro don, hemos participado del amor de Dios-Trino: Dios Padre nos ha amado (cf. 2 Co 1,3) regalándonos la vida y otorgándonos su misericordia; el Hijo de Dios se ha encarnado (cf. Jn 1,14) por amor a nosotros, los hombres; y el Espíritu Santo se nos ha dado, para que participemos de la vida de Dios (cf. Hch 5,32; Rm 5,5). Estamos aún en tiempo de Navidad, que finalizará el próximo domingo con el Bautismo del Señor; en este contexto navideño, en el que celebramos la Encarnación del Hijo de Dios, es decir, la presencia humana de Dios entre los hombres, podemos apreciar mejor el gran amor que Dios-Trino nos tiene.
3. El texto de la carta de Juan nos ayuda a profundizar en este misterio de amor: "En esto conocemos que permanecemos en él y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo, como Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios" (1 Jn 4,13-15). Esta gran verdad revelada, de la presencia de Cristo entre nosotros, es la que nos permite vivir y permanecer en el amor, permanecer en Dios-amor. Uno de los rasgos propios de la espiritualidad del Beato Josemaría es precisamente su "cristocentrismo". El centro de su vida ha sido Cristo, el Dios encarnado. Es una coincidencia providencial el que Josemaría nazca en tiempo de la Natividad del Señor y, por tanto, su venida al mundo se entronca con la celebración de las fiestas de la Encarnación del Hijo de Dios.
4. Además de gozar del amor de Dios, se nos invita a permanecer y crecer en ese mismo amor: "Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él" (1 Jn 4,16). Tanto el evangelista Juan, en su carta, como el Beato Josemaría, nos están invitando a permanecer en ese amor de Dios, a vivir y a profundizar en la presencia de Cristo entre nosotros. El cristocentrismo, aspecto fundamental de la espiritualidad del "Opus Dei", debe llevar a renovar y a discernir mejor esta espiritualidad, que conocéis bien. San Juan nos ayuda también a superar algún aspecto de esta espiritualidad, no bien entendida, que tiene el riesgo de entrampar a quien la practica. Nos San Juan dice en su carta: "No hay temor en el amor; sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor" (1 Jn 4,18). Estas palabras son muy iluminadoras y liberadoras a la vez.
5. Quien se pone en los brazos del Señor no debe temer nada. La larga vida de trabajos, de años de reflexión, de sudores y sufrimientos, de gestación de la "Obra", le fue poniendo a Don Josemaría cada vez más en manos de Dios. El Señor le puso los medios para ir clarificando las iniciativas primeras e ir conformándolas cada vez más a la voluntad divina; le fue purificando de unas formas de espiritualidad, tal vez más propias del temor que del amor. Don Josemaría fue renunciando poco a poco a sus propios planes y deseos iniciales, para ir aceptando progresivamente lo que Dios le pedía. Todo eso es lógico y forma parte del crecimiento en la fe y en el amor a Dios; con ello no se le quita ningún mérito. Él, como también a nosotros nos pide el Espíritu, fue creciendo en humanidad, en santidad, en sabiduría y gracia, como sucedió a Jesús de Nazareth (cf. Lc 2,40), quien, por amor a los hombres, asumió la naturaleza humana. Hay que situar a quienes nos han precedido en la vida espiritual en su contexto histórico y no hacer una lectura anacrónica desde décadas posteriores.
6. El texto de la preciosa carta de San Juan, que hemos escuchado, nos habla del amor de Dios, del amor de Cristo encarnado, del amor que debe ir superando el temor, en nuestra espiritualidad. ¡Ojalá se cumpla en nosotros de este modo! No pensemos que vamos a ganar el favor de Dios por las cosas que hagamos, por las meras prácticas de piedad, o por nuestra simple oración. Hemos de ir creciendo hacia una relación de amor filial hacia Dios. Naturalmente, son necesarias unas formas determinadas de espiritualidad, un tiempo concreto de oración, un esfuerzo por parte de cada uno; pero "no se contabilizan" las acciones, porque el amor no contabiliza nada; el amor es darse plenamente y sin límites. Dios-Amor se nos ha dado ya en Jesucristo; ahora Él espera nuestra respuesta. Ésta es mi oración por todos vosotros: que respondáis con amor, al Amor recibido. Así os lo deseo, como fieles cristianos y como hijos míos que sois; lo digo con todas las letras: como hijos míos, puesto que soy vuestro obispo y os quiero como padre y pastor. ¡Pidámoslo al Señor por intercesión del Beato Josemaría!
7. El Evangelio de hoy nos brinda una hermosa lección, de la que solamente voy a tomar un aspecto iluminador, un flash. La escena es la siguiente: está anocheciendo; Jesús está solo en tierra y los discípulos están sobre la barca, en medio del mar (cf. Mc 6,47). Estar en la barca significa no hacer pie. El mar tiene, en la literatura bíblica, un simbolismo y unos significados muy hermosos de cara a la espiritualidad. Estar en el mar puede significar estar zarandeado por las olas, por fuerzas abismales (cf. Jon 2,6), por peligros mortales (cf. Sal 69,39), por vientos contrarios (cf. (Mc 6,48), por fuerzas del mal: el demonio, el pecado. Cristo no está en esa situación; Cristo está solo en tierra; Cristo tiene dominio sobre todas las fuerzas del mal; Cristo es la "roca firme". Esto nos recuerda, de nuevo, la espiritualidad cristocéntrica del Beato Josemaría. Cristo es la piedra fundamental de la Iglesia; sobre él hay que construir y reconstruir nuestra vida y nuestra espiritualidad; Él es el camino que hemos de recorrer.
8. Los apóstoles y los discípulos de Jesús, al igual que todos nosotros, estamos sobre una barca zarandeada; sobre algo que no es firme; sobre algo que nos hace zozobrar. Puede que, a veces, estemos incluso angustiados. Jesús hace ademán de pasar de largo: "A eso de la madrugada, va hacia ellos andando sobre el mar, e hizo ademán pasar de largo" (Mc 6,48). Nos puede dar la impresión de que Jesús no está con nosotros, porque no lo palpamos, o no nos salen las cosas como deseamos. Sin embargo, Él está muy presente en su Iglesia (cf. Mt 28,20) y, por tanto, muy presente en cada uno de nosotros. Cristo, al acercarse a sus discípulos que están en la barca, calma sus temores, les da esperanza y les infunde ánimo: "¡Animo!, que soy yo, no temáis" (Mc 6,50). Eso mismo es lo que está haciendo también Cristo con nosotros esta tarde. La presencia de Jesús es salvadora: "Subió entonces donde ellos a la barca, y amainó el viento, y quedaron en su interior completamente estupefactos" (Mc 6,50-51). ¡Dejemos que suba el Señor con nosotros a la barca! ¡Pidámosle, por intercesión del Beato Josemaría, que nos ayude a vivir su presencia en la profesión propia y en el trabajo de cada día! Y no solamente referido a los laicos, sino también a mis queridos sacerdotes: ellos también se santifican en el ejercicio del ministerio sacerdotal.
9. Los apóstoles están bregando, están trabajando, están realizando su trabajo profesional. Como sabéis, la santificación en el trabajo y en el ejercicio de la propia profesión es una dimensión importante en la espiritualidad de la "Obra": "El Opus Deií, tanto en la formación de sus miembros como en la práctica de sus apostolados, tiene como fundamento la santificación del trabajo profesional de cada uno", afirmaba Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer el 21 de noviembre de 1965, en presencia del Papa Pablo VI y de una nutrida representación de obispos y cardenales, con motivo de la inauguración oficial del Centro "Elis" (Roma): una obra de formación para una amplia gama de profesiones encomendada por la Santa Sede al "Opus Dei". El Señor nos ha llamado a cada uno a santificarnos en nuestro propio trabajo y ambiente. Como dice Don Josemaría: "Lo que a ti te maravilla a mí me parece razonable. ¿Que te ha ido a buscar Dios en el ejercicio de tu profesión? Así buscó a los primeros: a Pedro, a Andrés, a Juan y a Santiago, junto a las redes; a Mateo, sentado en el banco de los recaudadores... Y, ¡asómbrate!, a Pablo, en su afán de acabar con la semilla de los cristianos" (Camino, 799).
10. Me siento impelido a decir unas palabras aclaratorias sobre la celebración del "Dies natalis". La Iglesia no celebra el "nacimiento a la vida terrena" de ninguna persona, por muy santa que sea; sólo celebra el Nacimiento de Jesucristo, el de la Virgen y el de Juan Bautista. La Iglesia, sin embargo, celebra el "nacimiento a la vida eterna" de los santos, esto es, el día de su muerte, y lo llama "Dies natalis", porque es el día que renacen definitivamente a la vida eterna. Por tanto, siendo fieles a la Iglesia, más que celebrar hoy el nacimiento a la vida terrena, hace cien años, del Beato Josemaría Escrivá de Balaguer, nuestra celebración es de acción de gracias a Dios por el regalo de su persona y por lo que ella y su Obra han supuesto para la Iglesia. Queda así claro el significado de la celebración de esta tarde.
11. El pasaje del Evangelio de Marcos, en el que Cristo hace ademán de "pasar de largo" (cf. Mc 6,48), nos recuerda el título de un libro: "Es Cristo que pasa". El Beato Josemaría, cuando se traslada desde Zaragoza a Madrid, prácticamente a los dos años de ordenado sacerdote, se encuentra con personas necesitadas, con niños, con enfermos, con estudiantes, con trabajadores, con gente de la calle; en ellos descubre el rostro de Cristo, que pasa por su lado. Como sabéis, él trabajó como Capellán en una institución benéfica, relacionada posiblemente con los Padres Paules, cuyo fundador, San Vicente de Paúl, es conocido como gran santo de la caridad. Don Josemaría se forja en esa misión sacerdotal. A mi modo de ver su vocación nace ahí, a partir de esa experiencia. Cristo pasa a nuestro lado personalmente y encarnado en las personas, invitándonos a su seguimiento.
12. Después de muchos avatares, la guerra entre ellos, la primera intuición de Don Josemaría va tomando forma y se crea la "Pía Unión", que pasa a ser después "Instituto Secular". El Beato Josemaría va vislumbrando lentamente el proyecto de Dios, desde el dos de octubre de 1928, con la luz recibida del Espíritu; no lo tiene claro el primer día, ni el primer año, ni la primera década, sino que va descubriendo, poco a poco, qué quiere Dios de él. Si lo tenemos todo demasiado claro desde el primer momento, no es un buen presagio. No quiero entretenerme en su vida, porque la conocéis demasiado; pero siempre me ha hecho pensar el progresivo cambio de la "Obra" hasta la actual Prelatura, después de haber pasado por muchas fases. El Señor purifica la mente y el corazón de los fundadores; y esto exige fidelidad, como también nos la pide el Señor a nosotros. El Beato le pedía muchas veces al Señor: "Hágase tu voluntad". Como él solía decir: "Ut sit", es decir, "que sea en mí lo que tu quieras", "que yo descubra lo que quieres para mí"; es el equivalente al "fiat" de María. La voluntad de Dios en nuestras vidas, la hemos de descubrir día a día, porque no sabemos mañana qué nos va a pedir el Señor. Esto forma parte de la espiritualidad de todo cristiano.
13. El hecho de estar celebrando esta eucaristía en la Catedral de Alcalá y no en otro templo, santuario u oratorio de la Prelatura, está indicando que se trata de un acontecimiento eclesial; no es algo privado, sino que es de toda la Iglesia. Además, la presidencia en este caso del obispo, como cabeza de la iglesia particular, expresa primordialmente la dimensión eclesial de este acto, queriendo resaltar que todos vosotros y los que pertenecéis a la Prelatura personal del "Opus Dei" sois fieles de la Diócesis, con la que estáis vinculados y a la que debéis amar. Las Prelaturas personales se ubican en un contesto de communioí entre instituciones eclesiales, carismas y congregaciones: "Las Prelaturas personales se ubican en este contexto de communioí y no pueden ser consideradas como estructuras alternativasí a las iglesias particulares, sino como estructuras a su servicio, pues al llevar a cabo las peculiares tareas para las cuales existen, de por sí convergen armónicamente con la pastoral ordinaria de las iglesias locales, en las cuales están presentes y están orientadas, por lo tanto, hacia la edificación de la misma y única Iglesia de Cristo". Estas palabras no las he tomado de ningún teólogo; tampoco son de Don Josemaría. Estas palabras las pronunció Mons. Javier Echevarría, durante la X Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos en Roma, delante del Santo Padre, Juan Pablo II, y delante de más de doscientos obispos, entre los cuales se encontraba un servidor; a la salida de la sesión, me acerqué para saludarle y felicitarle por su intervención. Con ello quería remarcar precisamente que la Prelatura personal del "Opus Dei" debe ser y es ontológicamente parte de la iglesia particular, en la que está presente. Os invito a vivir la espiritualidad del "Opus Dei", desde una auténtica vinculación a la iglesia diocesana, donde os encontréis.
14. Hoy damos gracias a Dios por Don Josemaría, que el Señor ha querido entregar como regalo a la Iglesia. Él ha profundizado en un aspecto de la espiritualidad cristiana y ha sido portavoz de esa espiritualidad: la de la santificación en el trabajo, la de vivir con entrega la propia profesión. Agradecemos a Dios la persona del Beato Josemaría, Fundador del "Opus Dei", su vida, su obra, sus trabajos y el carisma que le concedió. Pedimos también al Señor, como se ha dicho al principio de la celebración eucarística, que los fieles de la Prelatura vivan cada vez mejor dicha espiritualidad. Esperamos de la divina la providencia que, dentro de poco, el Santo Padre pueda canonizar a Don Josemaría. ¡Así sea!
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