Boletín Diocesano

ENERO/2002

Diócesis de Getafe

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Diócesis de Getafe

SR. OBISPO

HOMILÍA DE D. FRANCISCO JOSÉ PÉREZ Y FERNÁNDEZ-GOLFÍN, OBISPO DE GETAFE, EN LA EUCARISTÍA CELEBRADA EN EL CERRO DE LOS ÁNGELES CON MOTIVO DEL CENTENARIO DEL NACIMIENTO DEL BEATO

JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER

12 de enero de 2002

Ilmo. Sr. Vicario General de nuestra Diócesis de Getafe, Muy Ilustre Sr. Vicario Delegado de la Prelatura del Opus Dei en Madrid-Oeste.

Autoridades civiles.

Queridos hermanos en el Sacerdocio de Cristo.

Queridos Fieles todos y Cooperadores de la Prelatura y amigos todos que asistís a esta solemne Eucaristía, que es acción de gracias, con motivo del Centenario del nacimiento del Fundador del Opus Dei, el Beato Josemaría Escrivá de Balaguer.

Sí, hermanos, sí, acción de gracias porque comprobamos el fruto cuajado de un carisma fundamental: la santificación en la vida ordinaria y la santificación del trabajo. Esto es lo central. "Todos están llamados a la santidad, escribía con frecuencia el Fundador; el Señor pide a cada uno: a los jóvenes y a los ancianos, a los solteros y a los casados, a los sanos y a los enfermos, trabajen donde trabajen, estén donde estén", todos llamados a la santidad.

En una fecha bien significativa, el 2 de octubre de 1928, el Señor le mostró con claridad que le quería confiar el Opus Dei, un nuevo camino de santidad dentro de la Iglesia, que llevaría a personas de todo tipo y condición a santificar su trabajo ordinario en medio del mundo y sin cambiar de estado.

Surgió en un lugar privilegiado. Ese día se encontraba en la residencia de los Padres Paules, en la calle García de Paredes, practicando la santa costumbre de los ejercicios espirituales. Es en la soledad, en la oración, donde se realiza el encuentro íntimo con Dios y donde descubrimos de manera más clara cuál es su santa voluntad.

El Beato Josemaría fue, sobre todo, un maestro de vida interior. Eso está claro y se demuestra a través de todos sus escritos. No hay ninguno de ellos en los cuales no se reconozca esta pincelada de una llamada a la profundidad del hombre. Su mensaje se centra en la vocación universal a la santidad fundada en la filiación divina en Cristo. "Santificar el trabajo, santificarse en el trabajo, santificar a los demás con el trabajo", repetía; e insistía en la necesidad de fundir en una sólida unidad de vida la actividad profesional, la oración y el apostolado, de tal modo que cada aspecto de nuestra existencia cristiana se convirtiera en una tarea grata a Dios. En todo amar y servir.

Esta insistencia, que tiene tan claras raíces evangélicas -"sed perfectos, nos dice el Señor, como vuestro Padre celestial es Perfecto"- fue luego confirmada en palabra poderosa y lúcida afirmación por el Concilio Vaticano II: la llamada universal a la santidad. Capítulo 11 de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia.

En el Decreto por el que el Papa Juan Pablo II decidió la Beatificación del Padre, dice: "El Venerable Josemaría Escrivá mostró toda la fuerza redentora de la fe, no sólo en relación con el hombre, sino también con las estructuras sociales que configuran la vida y los proyectos del espíritu del hombre. El Fundador del Opus Dei descubrió, en el empeño por santificar el trabajo y las acciones cotidianas, grandes oportunidades para la evangelización del mundo. De aquí que él mismo urgiera sin cesar a la necesidad de entrelazar, en unidad de vida, la oración, el trabajo y el apostolado".

Por esto, convencido de que el Opus Dei tiene mucho que decir en la presencia, tan reclamada hoy, de los laicos cristianos, hombres y mujeres, en la vida pública, en la santificación de las estructuras temporales, todos hemos recibido un gran gozo espiritual al saber que el Santo Padre ha firmado el Decreto por el reconocimiento de un milagro atribuido a la intercesión del Beato, paso previo a su cercana Canonización.

Quiero subrayaros el aspecto de la unidad de vida, que él explicaba con palabras claras y directas: "Que hay una única vida, hecha de carne y espíritu, y ésa es la que tiene que ser -en el alma y en el cuerpo- santa y llena de Dios… En nuestra época, es necesario devolver a la materia y a las situaciones que parecen más vulgares su noble y original sentido, ponerlas al servicio del Reino de Dios, espiritualizarlas, haciendo de ellas medio y ocasión de nuestro encuentro continuo con Jesucristo".

Qué bellamente nos recuerda este sentido la lectura primera que hemos escuchado. Dios colocó al hombre en medio de un jardín, el edén, para que él lo cultivara y lo guardara. Cultivar y guardar el mundo, labor del cristiano. Todos vosotros esto lo sabéis, y procuráis vivirlo, pero estoy seguro que con motivo de este Centenario, donde el Señor va a derramar abundantes gracias, podéis y debéis esforzaros en ser más fieles al espíritu del Fundador.

También, como anécdota, quiero deciros -esto la mayoría no lo sabéis- lo que hace ya bastantes años, me contó un sacerdote benemérito. No entendía aspectos nuevos de la Obra -todavía en gestación-. Manifestó al Obispo de Madrid, D. Leopoldo Eijo y Garay las reservas (en aquel momento quizá eran comprensibles). El Sr. Patriarca le contestó con firmeza: "Sepa Usted que el que está contra el Opus Dei, está contra mí". Es necesario que conozcamos esto porque el Padre, el pronto santo, Padre, Josemaría, nunca hizo nada sin contar con la Iglesia, sin contar con la jerarquía y su aprobación.

Como sabéis, un repentino ataque cardiaco, acaecido en el mediodía del día 26 de junio de 1975 puso fin a su existencia terrena. Ese mismo día, durante la Santa Misa, había renovado el ofrecimiento de su propia vida por la Iglesia y por el Papa. Se entiende entonces bien que repitiera con frecuencia que hay que "servir a la Iglesia como la Iglesia quiere ser servida" y que aconsejara a todos, y muy especialmente a los sacerdotes, como lema de su actividad el "nada sin el Obispo".

Termino con unas palabras del Papa en el Congreso promovido por Mons. Echevarría sobre la Novo millennio ineunte: "Deseo subrayar, ante todo, que la pertenencia de los fieles laicos tanto a la Iglesia particular como a la Prelatura a la que están incorporados, hace que la misión peculiar de la Prelatura confluya en el compromiso evangelizador de toda Iglesia particular, tal como previó el concilio Vaticano II al plantear la figura de las prelaturas personales. La convergencia orgánica de sacerdotes y laicos es uno de los campos privilegiados en los que surgirá y se consolidará una pastoral centrada en el ‘dinamismo nuevoí que promueve la Novo Millennio Ineunte (NMI, 15) al que todos nos sentimos impulsados después del gran jubileo".

Más adelante, el Santo Padre repite, a propósito de las palabras del salmo "Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro" (Sal 27, 8): "El Beato Josemaría, hombre sediento de Dios, y por eso gran apóstol, solía repetir esa aspiración. Y escribió: ‘En las intenciones sea Jesús nuestro fin; en los afectos, nuestro amor; en la palabra nuestro asunto; en las acciones, nuestro modeloí (Camino, 271)".

Pidamos al Señor, por intercesión de su Santa Madre y nuestra Madre, la Reina de los Ángeles, que aquí la invocamos con ese título como Patrona de esta Diócesis, que tanta relación tuvo con el comienzo de la Obra en Madrid, que nos haga a todos más fieles al mandato del Señor: "id por todo el mundo", proclamad el evangelio, "remad mar adentro", Duc in altum, echad las redes para la pesca". Amen.