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El presidente del Pontificio Consejo para los Laicos señala que "una identidad clara y firme, primer rasgo del retrato del cristiano"
Madrid (España), Véritas, 15/11/2004.- Monseñor Stanislaw Rylko, presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, delineó ayer por la mañana los rasgos fundamentales para poder elaborar un "retrato del cristiano" necesario en Europa, que cifró fundamentalmente en tres características: "una identidad clara y firme, una presencia visible e incisiva en la sociedad y el sentido de pertenencia eclesial".
Monseñor Rylko pronunció la ponencia final en el Congreso de Apostolado Seglar convocado por la Conferencia Episcopal Española, bajo el título "El laicado europeo: situación y perspectivas". El prelado consideró "ineludible lanzar una mirada sobre Europa", al finalizar el Congreso de Apostolado Seglar, convencido de que en nuestra época, "la presencia de los cristianos debe sobrepasar los confines de sus respectivos países".
En primer, lugar, esbozó un breve "retrato de nuestro continente", en el que opuso la cara de "la Europa soñada por sus fundadores" a la "Europa de las democracias cada vez más frágiles", amenazadas por nuevas ideologías entre las que destacó la de lo "políticamente correcto". Monseñor Rylko denunció que "la cultura dominante de nuestro tiempo ha infiltrado en las mismas instituciones europeas un fuerte prejuicio anticristiano" y afirmó que "la Europa del pluralismo sin límites y sin brújula, que reniega de sus raíces cristianas pierde cada vez más su identidad".
"¿Quo vadis Europa?", se preguntó uniéndose a "muchos ciudadanos europeos" y pidiendo a los congresistas que concluían sus trabajos realizar la misma reflexión: "Al finalizar los trabajos del Congreso del apostolado de los laicos, el horizonte que se abre ante vosotros es precisamente éste: Europa como tierra de misión". "La nueva evangelización de nuestro continente es una tarea urgente, que debe correr a cargo de los mismos cristianos europeos. Cada uno de ellos debe sentirse interpelado hic et nunc, aquí y ahora. El dramatismo de los tiempos, debe hacer subir a los labios de cada uno las palabras del viejo proverbio: «¿Si yo no, quién en mi lugar? ¿Si ahora no, cuándo?»".
Desde este contexto, el presidente del Pontifico Consejo para los Laicos quiso perfilar los rasgos del "retrato del cristiano laico que tanto la Iglesia en Europa como la misma Europa necesitan con extrema urgencia". Ante la proliferación de "personalidades frágiles, fragmentadas, incoherentes" generadas por el pensamiento débil, monseñor Rylko propone un cristiano caracterizado por "una identidad clara y firme". "En la actual sociedad pluralista toda expresión explícita de la propia identidad cristiana viene etiquetada como fundamentalismo o integrismo. Por ello, la fe se convierte en un hecho rigurosamente confinado a la esfera de la vida privada".
La preocupación del prelado fue encontrar modos de "defender y feforzar nuestra identidad católica en la sociedad posmodema que quiere hacemos "invisibles" en cuanto cristianos, porque somos incómodos. Hoy más que nunca se necesitan cristianos coherentes, con una fuerte conciencia de su vocación y de su misión". "Hace falta pues redescubrir la esencia del cristianismo: el encuentro personal con Jesucristo. Redescubrir el cristianismo como un acontecimiento real que ocurre hoy en nuestra vida, como ocurrió en la vida de los primeros discípulos. El cristianismo no es una doctrina por aprender, ni tampoco un simple código ético. El cristianismo es una Persona, la persona viva de Cristo que hay que encontrar y acoger en la propia vida. Porque sólo este encuentro cambia realmente la existencia de las personas y da el sentido último y definitivo a nuestro destino".
Según monseñor Rylko "ha llegado el momento de liberamos de nuestros complejos de inferioridad respecto al mundo así llamado laico, para ser atrevidamente nosotros mismos, discípulos de Cristo. ¡Debemos reapropiamos el significado de nuestra identidad y estar orgullosos de ella! Hace falta por tanto remontar hasta el Bautismo y al cometido que este sacramento tiene en la vida del cristiano". "Todo el patrimonio genético, por así decir, del cristiano se contiene en este sacramento", dijo.
La segunda peculiaridad que debería caracterizar al cristiano fue descrita por monseñor Rylko como "la audacia de una presencia visible e incisiva en la sociedad; la audacia de ser verdaderamente «levadura evangélica», «sal y luz» del mundo". Sumándose a una teoría del escritor Vittorio Messori, el prelado considera que el verdadero problema del cristiano no es ser una minoría "sino haber llegado a ser marginales, irrelevantes". Aunque la llamada de Cristo a "ser sal de la tierra" sigue vigente para los cristianos, monseñor Rylko cree que "un conformismo seductor, dictado por la cultura dominante, nos ha domesticado y nos hemos vuelto sosos, apagados, invisibles". "Los cristianos, al igual que los demás, tienen derecho a participar activamente en la vida pública y en los debates culturales, económicos y políticos que les conciernen como ciudadanos, y tienen el derecho de ocupar puestos institucionales. Desgraciadamente en los últimos tiempos se van difundiendo en Europa ideas que ponen en peligro, bajo diversos aspectos, el efectivo ejercicio de la libertad religiosa".
"El debate sobre las raíces cristianas de Europa ha puesto en toda su evidencia una preocupante cerrazón ideológica de las instituciones comunitarias frente al hecho religioso y especialmente frente al cristianismo; un síntoma que no puede dejar de suscitar en nosotros una profunda preocupación", sostuvo. Conciente de que no se trata de una tarea fácil, monseñor Rylko mencionó como requisitos para cumplirla "una conciencia moral recta, bien formada, fiel al magisterio de la Iglesia". "Porque, la transformación del mundo y de sus estructuras o pasa a través de las conciencias o se reduce a cambios superficiales y efímeros. Se necesita el coraje de una presencia visible e incisiva, el coraje de ser "signo de contradicción" en el mundo. Desgraciadamente, hoy, aumenta el número de los cristianos que viven por así decir un cristianismo "anagráfico" o condicional y limitativo. Son aquellos cuyo nombre duerme en el registro de los bautizados y basta. Y son aquellos que a menudo escuchamos decir: "Soy católico, pero...", "Soy creyente, pero... Frecuentemente nosotros los cristianos corremos tras los dictados de la cultura dominante, imitando los discursos de este mundo y olvidando quiénes somos". "Los cristianos debemos despertarnos del letargo de la superficialidad, de la distracción y de la indiferencia" y "contemplar el coraje de los confesores de la fe", añadió.
"La última peculiaridad del retrato del cristiano laico" que delineó monseñor Rylko fue "el sentido de la pertenencia eclesial", imprescindible ante "la parcialidad, la superficialidad" de la vida moderna, y "los casos cada vez más frecuentes de fragmentación, e incluso de desintegración de las personalidades y de crisis dramáticas de identidad". En este contexto, el prelado valoró la "nueva época asociativa" de los fieles laicos, como un "verdadero don del Espíritu Santo a la Iglesia de hoy" y se refirió a "las asociaciones laicales, los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades" como "de importancia vital para la Iglesia", puesto que "suscitan en muchos laicos un fuerte sentido de pertenencia eclesial". Desde este punto de vista, la nueva época asociativa de los fieles laicos debe ser vista "no tanto como un problema, sino como un don y como una oportunidad pastoral para las mismas parroquias", que continúan "conservando y ejerciendo su misión indispensable y de gran actualidad en el ámbito pastoral y eclesial". "Europa tiene necesidad de muchos y auténticos confesores de la fe". Sobre todo, el prelado quiso destacar el testimonio de quienes han confesado la fe con la sangre del martirio "también en el continente europeo". "Pensamos en las listas de víctimas causadas por las persecuciones religiosas perpetradas en el siglo veinte por las inhumanas ideologías ateas del comunismo y el nazismo, tanto en el Este como en el Oeste. Y pensamos en los mártires de esta tierra de España. Debemos recordarlos. Y debemos medirnos con su ejemplo, aunque no sea fácil". Para monseñor Rylko "los mártires de ayer interpelan nuestro modo de ser cristianos hoy; quizás demasiado cómodo, demasiado diluido, demasiado condescendiente con las tendencias de la modernidad. Ellos nos interpelan sobre el uso que hacemos del don de la libertad".
Finalmente, el presidente del Pontificio Consejo para los Laicos expresó su deseo de que el Congreso de Apostolado Seglar "marque un hito en la vida de muchos cristianos laicos españoles y que los empuje a un continuo descubrimiento del valor y de la belleza de su vocación y misión en la Iglesia y en el mundo contemporáneo".
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