| - BROTES DE OLIVO - |
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«Lo que sale de mi boca pertenece a los demas...» |
Durante los últimos veinticinco años, con sus canciones, BROTES DE OLIVO ha pretendido, y en buena medida conseguido, que muchos miles de personas, sobre todo jóvenes, se hayan sentado a la mesa del Señor para recibir, gota a gota, verso a verso, el alimento de su Palabra, suscitándoles al mismo tiempo la inquietud de ser miembros vivos de su Iglesia. Gozosamente como obispo de Huelva, donde nacieron y desde donde van llegando a todas partes, me honro en presentar su último trabajo cuyo telón de fondo es "LA NUEVA HUMANIDAD", en sintonía con la llamada del Santo Padre Juan Pablo II a toda la Iglesia para preparar el tercer milenio de la venida del Señor. +Ignacio, Obispo de Huelva, España |
Un día de 1995, en México, alguien nos decía que si hiciéramos llegar a los obispos un ejemplar de la «La Nueva Humanidad» iba a significar para el episcopado una especie de «concilio del alma». Nosotros acogimos la idea con la intención de llevarla a cabo. Sería un justo y gozoso reconocimiento a toda la Iglesia, en sus pastores y sus pueblos, por su servicio y por su búsqueda difícil y laboriosa: buscando el Espíritu, disciernen y sirven al pueblo y, cuando son auténticos servidores del pueblo, manifiestan la presencia real del Reinado de Dios. Rezamos y trabajamos por acercar tantos signos del Reino que no vemos presentes en nuestra Iglesia de hoy. Pero también nuestra acción de gracias por cada pastor que hemos visto lavando los pies cansados, siervo inútil en manos de Dios, que hace de su vida un constante salir de su tierra (Gen 1,2) y la vive en apertura y búsqueda de lo nuevo (Ef 4, 23-24), con fe abandonada en la Palabra buscando primero la justicia del Reino (Mt 6, 24-34), en fidelidad a su tarea de pastor (IPe 5, 2-3), a su servicio de último (Jn 13, 14-15), a su vida dada por el rebaño, sus amigos, como el Buen Pastor (Jn 15,13). Gracias a los Pastores, a la Iglesia que se reconoce Pueblo de Dios, a la Palabra. Y que entre todos, cada uno desde su papel, hagamos posible el Reino de Dios, aquí, ya en esta tierra. |
![]() Cantamos este volumen cuando se cumplen veinticinco años de camino y de búsqueda tras el espíritu del Señor que los ha hecho posibles y los ha llenado de vida y de músicas. A Él lo cantamos como agradecimiento y a toda su Iglesia queremos ofrecerlo: al conjunto de todo su pueblo; a sus pastores, en unos momentos de dificultades en su tarea, ante un mundo cambiente que sustituye constantemente sus valores y se deshumaniza; a toda la humanidad, a la que la Iglesia se debe y de la que debe hacerse alimento sin olvidar a nadie. Detras de estas reflexiones está toda la realidad cotidiana servida con imágenes en directo por los medios y traída del "mas allá", un "mas allá" que también asalta peligrosamente nuestra conciencia en nuestros barrios o en nuestros pueblos. Detrás está también la suma infinita de encuentros, reuniones o campañas que provocan esos temas y junto a ellos, las máscaras inútiles que no logran ocultar lo que somos, nuestra perdida sensibilidad ante lo que supone, para esos "otros", el sometimiento incesante a las mismas tragedias que sus antepasados y probablemente que sus descendientes: tanta repetición nos cansa. Pero las canciones no son fruto de interpelaciones importadas. Han nacido en el "otro lado", en tierras donde esa realidad está viva y caliente y te saluda cada mañana como una bofetada. Cada canto es un testigo de lo que expresa; es, por tanto un indigno pero responsable y comprometido intento de mostrar a aquellos que acabamos siendo inconscientes "espectadores y comentaristas" que la parte donde todo eso suecede no es ajena, sino nuestra, porque una sola es nuestra casa, y que ese trozo de vida dolorosa y conflictiva es, a pesar de todo, nido de esperanzas. Los cantos quieren ser reflejo de lo mucho que siente y espera el Hombre total de toda la tierra, de lo mucho que tenemos que convertirnos los cristianos cada día para reafirmar nuestra opción por un Evangelio que nos dice: "dadles vosotros de comer", de lo mucho que nos queda por transformar hábitos de vida y pensamiento y acrecentar hábitos del corazón, y olvidar de una vez para siempre esos "grados y calidades" distintas de compromiso, establecidos por las circunstancias personales y familiares, por la tradición, pero nunca por la Palabra. El Reino. El Reino es la única motivación de estos cantos, el Reino en tanto haya una sola criatura que se quede fuera, que no dejemos entrar, que no lo sienta como algo suyo, como herencia y promesa, como derecho adquirido por ser hijo de Dios. Si Dios se hizo carne para todos ¿como es posible tanto olvido de nuestro compromiso por construirlo? ¿cómo vivir ajenos a tanto abandono de la tarea a la que Él nos llama: ese reinado de Dios que esta antes exclusivamente familiar? Es la fraternidad que no vivimos la que nos debería ocupar y no dejar dormir ni descansar a cualquier seguidor del Resucitado, de su proyecto y de su Palabra. Es toda esa realidad tan ausentada de Dios y de su justicia, tan llena de sangre y de paños calientes, la que reclama de los cristianos una respuesta conjunta, en Unidad, en Espíritu y en Verdad. Todo el mundo es "tercer mundo", hambriento y confuso, ignorante de aquello que puede hacernos vivir a todos el gozo, la justicia, el sentido real de familia al que todos fuimos, somos y seremos llamados siempre por parte de Dios. La Nueva humanidad es el mundo, hoy atravesado por líneas que no se encuentran, que no nos acercan, que separan y dividen como una condena cuando levantamos sobre ellas muros y fronteras. Ojalá estas canciones nos ayuden a fabricar con esas líneas una red que nos acoja a todos, donde cada uno es un nudo de brazos que se alargan hacia otros. La Nueva Humanidad: voces para un mundo con menos cabos suelos. |
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envolturas ¡Qué triste es ir por la vida con hambre de darla a Dios Si fue verdad que vivimos con profunda donación Qué dolor padece el alma que vivió para el Señor A veces todo es perfecto en su quehacer exterior Pues en nombre de la Cruz, la Palabra y el Señor |