PARA MEJORAR LAS CELEBRACIONES
A: En general
- El estilo celebrativo sea exigente, gozoso, personalizado y eclesial.
- El Ritual no resuelve la actual crisis pero da abundantes pautas para ir corrigiendo las deficiencias y lograr celebraciones más auténticas; ofrece amplios aspectos complementarios y reequilibradores (la Palabra de Dios, lo comunitario y personal, los gestos, el lugar,...). Es importante conocerlo, puede ser propuesto a los grupos litúrgicos y puede servir de base para una catequesis.
- Algunos elementos a valorar junto a la penitencia de un solo penitente son: procurar un ambiente de oración que distancie del ir a «decir los pecados», el silencio, el gesto bíblico de imposición de las manos, la ausencia de prisas.
- La Palabra de Dios es importante, ilumina la conciencia (examen), anima a la esperanza y a la misericordia, invita a la acción de gracias. La Parábola del Hijo Pródigo, les magnífica!.
- En la forma B hay que cuidar el tiempo «muerto» durante la confesión y absolución individual: animarlo con salmos, cánticos y silencios; que haya abundancia de confesores.
- El modo de Reconciliación A exige incorporar el Ritual. Ofrece un modo celebrativo más oracional. Si hay un grupo de penitentes esperando al sacerdote, puede ser leído un texto de la Palabra de Dios, ofrecer un breve examen de conciencia y dar breves indicaciones.
- No celebrar el Sacramento de la Penitencia en la Misa; convocar a otra hora.
B: El lugar y los gestos corporales de la penitencia.
- Primitivamente era la sede del obispo (responsable de este sacramento), donde eran acogidos los penitentes para el inicio del itinerario de la Penitencia.
- El espacio propio es el oratorio penitencial o la Iglesia. Hay un lugar patente para oír confesiones: (a) sede con rejilla, que puede utilizar libremente el fiel para la discreción; (b) y con otra posibilidad, para que el penitente pueda acercarse cara a cara (personalmente) al ministro y de esta manera se pueda imponer las manos.
- El lugar sea acogedor, esté iluminado y limpio. No esté expuesto al tránsito de los fieles. Si pueden disponerse varias áreas para los sacramentos en la nave, se reserva una para la penitencia, en continuidad con el área del bautismo y que conduzca al área donde se reserve la Eucaristía. Junto a la sede de la Penitencia es oportuno que haya algunas hojitas donde se exponga algún examen de conciencia a partir de la Palabra de Dios y con un esquema celebrativo del modelo A.
- Se puede colocar un icono, una imagen bíblica, un crucifijo, una Biblia, un oracional.
- Que el lugar se preste a una catequesis.
- Resaltar los gestos y posturas corporales. El sacerdote se revista como está indicado (como para una fiesta). En la absolución, en lo posible, se impongan las manos; tiene sentido epicléptico, Dios toma o posee al penitente para la acción del Espíritu Santo, lo renueva como su criatura. El penitente se arrodilla. Algunos gestos, secundarios, pueden ser tenidos en cuenta: señal de la cruz, sentarse para la escucha y diálogo, la mirada, inclinarse.
C: Organizar tiempos y personas.
- Confeccionar un calendario articulado que tenga en cuenta el tipo de comunidad, el año litúrgico, el ritmo anual (modelo B) y diario (modelo A).
- Que haya más de una celebración tipo B a lo largo del año (Adviento, Cuaresma, antes o después de las Témporas). Suprimir de manera habitual y sistemática alguno de los cauces ordinarios de celebración es empobrecer la dimensión penitencial de la comunidad cristiana y privar a los fieles de una experiencia a la que tienen derecho. La mutua complementariedad de los modelos ordinarios enriquece.
- Que haya un horario expuesto para lo confesión individual. Mejor a otra hora diferente de la Misa. Que los fieles conozcan los días y los horarios (calendario en el Arciprestazgo) del sacramento de la Penitencia. Todas las parroquias han de ofrecer un servicio regular, varias veces a la semana, para los fieles; están en su derecho; sin hacerlo coincidir con la celebración de la Eucaristía.
- Se le interrogue al Consejo Pastoral y programe estas celebraciones que afectan a todos; el equipo litúrgico dé su respaldo.
- En la zona o Arciprestazgo haya algún lugar donde la gente pueda acudir a confesarse según un horario amplio, qué sea accesible o esté cerca de los lugares urbanos concurridos. Se puede convocar en el Arciprestazgo a los fieles de otras comunidades en un mismo lugar para el sacramento de la Penitencia en los tiempos fuertes. ¿Hay colaboración fraterna de los sacerdotes para la penitencia?. ¿Qué acciones comunes se podrían organizar en el Arciprestazgo respecto a este Sacramento?.
- Intercambio de los sacerdotes de las parroquias adyacentes para la forma B; potencia la fraternidad de los presbíteros (oración, comunicación y comensalidad).
- Haya lugares de reconciliación en las ciudades o poblaciones grandes, cerca de los lugares más frecuentados (plaza-mercado), con horarios de mañana y tarde.
- Valorar los santuarios y las peregrinaciones.
- Resignificar la Penitencia no como un acto sino como un espacio de tiempo dedicado al «combate espiritual» o mayor intensidad de las obras de caridad. Nos ofrece una clave importante similar a la peregrinación. Que en la Cuaresma se ofrezcan más posibilidades; al inicio de la Cuaresma se podría ofrecer una celebración de la Palabra sin sacramento y al final ofrecer diversas propuestas (por ejemplo, el Jueves Santo por la mañana) según el modelo A o el B, sin confundir con d acceso ordinario a la confesión. Así se puede ir renovando ilustrativamente el modo de concebir y practicar este sacramento en relación con el conjunto de la vida real del cristiano. De esta manera, sin absolutizarlo, se puede enfocar diversamente el acto presentista y concentrado de la confesión-absolución y penitencia, según la necesidad de conversión del penitente ante el pecado grave.
PRECES -EXAMEN DE CONCIENCIA
1
SOBRE LOS MANDAMIENTOS
Padre Nuestro, te pedimos perdón:
- Porque no nos hemos esforzado en descubrir tu providencia y amor en todas las cosas.
- Por vivir centrados en los bienes materiales, olvidados de tí.
- Por nuestra negligencia para profundizar y aumentar nuestra fe.
- Por nuestro «respeto humano» para dar testimonio del Evangelio.
- Porque no hemos guardado el debido respeto a tu Nombre y a las cosas santas.
- Por nuestro olvido y pereza para la oración.
- Por nuestras conversaciones, lecturas, diversiones y actitudes irreverentes para con Dios y con los temas religiosos.
- Por nuestros malos ejemplos en materia religiosa.
- Porque no hemos hecho del domingo el día del Señor por excelencia.
- Por no considerar la misa dominical como el acto cultural básico de la semana.
- Por las faltas de respeto y caridad mutuos entre la familia.
- Por nuestras rebeldías, murmuraciones y desobediencias a nuestros superiores, por nuestra dureza, soberbia e incomprensión con nuestros súbditos.
- Por nuestro larvado paternalismo y por nuestra actitud de contestación para todo lo que se nos manda desde arriba.
- Por el daño que por acción y omisión hemos causado a nuestros semejantes en sus personas o en sus cosas.
- Por negar nuestra ayuda al necesitado de ella.
- Por nuestra cólera, nuestros odios, nuestras imposiciones de clase, cultura, raza, sexo, política, o religión a los demás.
- Por nuestros pecados personales y colectivos contra la castidad.
- Por nuestra insaciable ansia de confort.
- Por la parte que nos corresponde en el erotismo y hedonismo ambiental y la disolución de las costumbres.
- Por nuestros pecados de acción y omisión contra la injusticia.
- Por aprovecharnos de la indefensión de personas y situaciones.
- Por contribuir a sostener estructuras injustas.
- Por dejarnos llevar por la aceptación de personas.
- Por escamotear las justas cargas sociales.
- Por nuestros deseos impuros; por nuestra falta de control sobre nuestras diversiones, lecturas, miradas y pensamientos.
- Por nuestra falta de esfuerzo para atacar las raíces del pecado.
- Por nuestro apego al dinero.
- Por nuestra ansia desatada de ser, tener y disfrutar; por el materialismo de nuestra vida.
2
SOBRE EL PADRENIIESTRO
Padre, te pedimos perdón:
- Por dar cabida en nosotros a la desesperanza; por nuestra falta de confianza en la tribulación como si Tú no fueras Padre providente y todopoderoso.
- Por las veces que hemos utilizado con oprobio o ligereza tu santo nombre.
- Por nuestra pereza y descuido para el culto y la oración.
- Por nuestra falta de sensibilidad para cultivar nuestra fe.
- Por anteponer nuestros intereses temporales al advenimiento de tu reino.
- Por resistir a tu voluntad e inspiraciones.
- Por minimizar tu ley y la de la Iglesia o considerarlas como insoportables.
- Por habernos preocupado exclusivamente de nuestro particular pan material o espiritual y no habernos interesado por el de los demás, que son nuestros hermanos.
- Por alimentar en nosotros el espíritu de soberbia.
- Por guardar en nosotros secretos rencores y deseos de venganza: ser duros con los demás y no perdonar de todo corazón.
- Por nuestra tozudez en volver a la ocasión de pecar.
- Por nuestra falta de energía en rechazar las tentaciones. Por no invocar tu ayuda en los peligros inevitables.
3
SOBRE LAS BIENAVENTURANZAS
Hermanos, meditando las bienaventuranzas, examinemos nuestra conducta, reconozcamos nuestros pecados y pidámosle a Dios perdón.
Bienaventurados los pobres de espíritu
Por dejarnos llevar de la pasión del dinero y del ansia de ser, poseer y disfrutar por encima de los demás.
Por nuestra resistencia a compartir con los menos favorecidos nuestros bienes de toda clase.
Bienaventurados los mansos
Por nuestras iras y animosidades; nuestra colaboración a mantener los odios, crear rencillas; alimentar antipatías e intolerancias contra los que no piensan como nosotros:
por nuestros deseos de revancha y falta de generosidad para olvidar y perdonar de corazón, para responder el mal con el bien.
Bienaventurados los que lloran
Por nuestra rebeldía contra el dolor, la enfermedad, las dificultades y las pruebas y nuestra ceguera para descubrir en ellas la parte que nos corresponde de la cruz del Señor;
por nuestra dureza de corazón para reconocer nuestros pecados personales y colectivos y nuestra desidia para hacer penitencia por ellos.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia
Por nuestra incuria respecto a nuestros deberes y compromisos para con Dios, con la Iglesia y nuestra conciencia religiosa personal y colectiva.
Por nuestra dejación en la tarea de construir un mundo nuevo más de acuerdo con el Evangelio.
Por escamotear nuestro apoyo moral y efectivo a los marginados y oprimidos o necesitados de nuestra ayuda.
Bienaventurados los misericordiosos
Por nuestra insensibilidad ante los sufrimientos ajenos, nuestra resistencia consciente e inconsciente para compartirlos, nuestra falta de generosidad para aliviarlos eficazmente.
Por nuestra dureza para criticar a los demás, por nuestros dogmatismos e intransigencias para la justa libertad ajena, por nuestros rencores y juicios temerarios.
Por nuestra mezquindad de mente y corazón.
Bienaventurados los limpios de corazón
Por nuestra torpeza culposa para descubrir las trampas del mundo, del demonio y de la carne.
Por nuestra frivolidad personal y colectiva.
Por nuestra contribución a la marea de erotismo y ansia de placer.
Por nuestra falta de pulso para luchar contra el egoísmo propio y ajeno, las faltas de honestidad personales y colectivas.
Bienaventurados los que trabajan por la paz
Por nuestra desidia para buscar los verdaderos caminos de la reconciliación personal con el Señor, con la Iglesia y con las personas de nuestro entorno.
Por nuestra resistencia a comprometernos en pro de la justicia y la paz a todas las escalas y niveles.
Por nuestra inhibición ante la organización de la injusticia, la violencia, la carrera de armamentos, las guerras y guerrillas, la explotación de hombres y pueblos.
Bienaventurados los que padecen persecución a causa de la justicia.
Por nuestras cobardías personales y colectivas para salir en defensa de los oprimidos, marginados o injustamente perseguidos.
Por nuestra falta de energía y perseverancia junto a los pobres ante las dificultades que les presentan las estructuras injustas.
Por nuestros respetos humanos y «espantadas» a la hora de comprometer nuestra situación personal o social a favor de una empresa noble, ante d temor de que nos acarreará persecución, impopularidad, daños y perjuicios.
PISTAS Y SUGERENCIAS PARA LA SATISFACCIÓN
¿Qué es la satisfacción?
La verdadera confesión se realiza con la satisfacción por los pecados, el cambio de vida y la reparación de los daños. El objeto y cuantía de la satisfacción debe acomodarse a cada penitente, para que así cada uno repare el orden que destruyó y sea curado con una medicina opuesta a la enfermedad que le afligió. Conviene, pues, que la pena impuesta sea realmente remedio del pecado cometido y, de algún modo, renueve la vida.
Así, el penitente «olvidándose de lo que queda atrás» (Fil. 3, 13) se injerta de nuevo en el misterio de la salvación y se encamina de nuevo hacia de los bienes futuros.
La seriedad y la recuperación de sentido de la obra penitencial, o satisfacción, es una tarea que pide esfuerzo de imaginación. Para que pueda ser signo de una renovación de vida, y comienzo de una nueva etapa, tiene que tratarse de algo realmente adaptado a la situación del penitente, tanto en la línea de superación personal como en la del servicio a los demás. Sin quitar nada al valor de ser impuesta por el ministro, puede ser sugerida por el penitente, o considerada por ambos. La oración es indudablemente una de las formas de expresar y fortalecer la conversión; sin embargo, no debe imponerse la recitación de oraciones, en mayor o menor cantidad, como recurso normal para satisfacción, con un criterio simplista de facilidad.
Defectos que hay que evitar:
- Verla como «pena» o «pago-multa» (De aquí el «cumplida» o el «satisfacer»).
- Traducirla en oraciones o actos de piedad (más largas o más numerosas cuanto más graves o numerosos sean los pecados).
PISTAS PARA LA SATISFACCIÓN
1) Contrarrestar los malos efectos del pecado
Por ejemplo:
- para los de omisión, haciendo lo omitido;
- para las injusticias, programando la justicia;
- para los pecados que afectan a la convivencia, escogiendo aquello que la hace grata;
- para los del ámbito del trabajo, rindiendo o comprometiéndose;
- para los que rozan la ejemplaridad por cargo o la profesión, reparando esos males;
- para los que son fallos de superación, buscando apoyaturas para superarse.
2) Imponerse actos de vencimiento en:
- la voluntad, el dominio, la constancia, el aguante con las personas, o los trabajos, o los planes, etc.
3) Aportar o contribuir a las Obras o a las Campañas:
- económicamente (limosna), o en prestación personal.
4) Desarrollar la personalidad por medio:
- del estudio, del trabajo, del ejercicio, (adiestramiento), de la reflexión, del coloquio (consulta), de la oración, etc.
5) Superarse ante:
- frustraciones, estados de ánimo (decaimiento), complejos, compromisos, mediocridades, apatías, etc.
6) Mortificar (= dar muerte) el egoísmo, para vivir la caridad (=resucitar):
- en servicio de alguien (en concreto, con nombre propio); en olvidar un resentimiento; en pasar por alto; en ceder de algo; en perdonar.
