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DE UN ENCUENTRO INTERRELIGIOSO 1991 Me alegra acogeros y saludaros a vosotros, representantes del mundo judío, cristiano y musulmán, que habéis participado en el encuentro sobre Paz entre las religiones, paz en la sociedad celebrado en el Capitolio. Es significativo que un encuentro de este tipo se haya celebrado precisamente en Roma, cuyo carácter cosmopolita y universal ofrece un clima propicio para la comprensión recíproca. Este encuentro ha sido promovido por la comunidad de San Egido, empeñada en el diálogo interreligioso y en la búsqueda de la paz. Ayer se han podido escuchar las intervenciones de representantes calificados de las tres religiones monoteístas sobre un problema tan decisivo en estos tiempos. En efecto, sobre todo después de los últimos acontecimientos bélicos, la cuestión de la paz representa una cita fundamental para todos y, especialmente, para aquellos que depositan su confianza, no en sus propias fuerzas, sino más bien en Dios, omnipotente y misericordioso. Judíos, cristianos y musulmanes, como sabemos, provienen de tradiciones religiosas diferentes pero tienen en común muchos motivos que los unen. De hecho, todos los creyentes de estas religiones tienen su punto de referencia en Abraham, padre de todos los creyentes, a quien profesan, aunque de modo diferente, una profunda veneración. La paz entre las religiones constituye un gran bien y una contribución importante para toda la sociedad humana. Si no hay paz amorosa entre las religiones, ¿cómo se puede hallar la armonía en la sociedad? El mundo espera una palabra de paz de los creyentes, de los representantes de las religiones, de los hombres que han pasado muchos años de su vida en la meditación de los libros sagrados. Esto es lo que el Concilio nos pide a los católicos, cuando "exhorta a todos a que, olvidando lo pasado, procuren sinceramente una mutua comprensión, defiendan y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres" (N.Ae. 3). Nos sentimos sinceramente comprometidos en este programa de diálogo y de empeño recíproco. Quisiera, por eso, agradeceros a todos los que habéis participado en este encuentro, y a los organizadores, que con esta iniciativa buscan favorecer el camino que todos desean recorrer con vista a un entendimiento cada vez más fraterno y concreto, sobre todo en el campo de la asistencia a los hermanos que sufren a causa de las enfermedades, las calamidades y la marginación. Con estos pensamientos, os expreso mis mejores votos, implorando para vosotros y vuestros seres queridos abundantes frutos celestiales. |