La antigua Iglesia Parroquial de

Santa María de la Almudena, de Madrid

Por D.ª AUREA DE LA MORENA

Situación y emplazamiento

ESTABA situada al final de la calle Mayor, en la parte llamada de la Almudena, frente al Palacio de Uceda (hoy Capitanía General), donde tenía su puerta principal; seguía por la actual calle Bailén, que era la fachada occidental; continuaba por la plaza de Santa María, y el ábside, en el callejón de la Almudena, en el que fue asesinado Escobedo.

Su lugar de emplazamiento era el recinto situado en torno al Alcázar que estaba rodeado de murallas, alcazaba o almudayna, propio de las ciudades hispano-musulmanas: por un lado, con muros al exterior dominando el campo, con salida directa por la Puerta de la Vega, y, por otro, con muralla interior a la medina o ciudad que se unía a ella.


Antigüedad de la iglesia e imagen

Mezclando lo legendario con lo histórico, los historiadores de Madrid, como López de Hoyos y Quintana, en su vanidad por lo vetusto y por su entusiasmo religioso, quieren situar este edificio sobre el solar de un templo pagano dedicado a Júpiter que fue convertido en iglesia cristiana por San Calocero, uno de los doce discípulos del Apóstol Santiago, dejando allí la imagen de la Virgen (1). Siguió el culto en la época visigoda con carácter de colegiata y servida por canónigos. Quintana aduce para ello el haberse encontrado en 1618, en uno de los nichos de lo que fue claustro, junto al pozo que estaba en el patinillo, cerca de la Puerta de los Reyes (2), un cadáver en una sepultura con inscripción latina muy perdida, referente a un presbítero llamado Domingo, en la «Era DCCXXXV», lo que daba el año 697 (3). Seguramente lo que ocurrió es que, por su afán de antigüedad, leyeron D donde pondría M, estando esto último más de acuerdo con la realidad. También se mencionan como prueba de pasado los restos de lápidas con inscripciones romanas que estaban aprovechadas en las gradas de la escalinata del pórtico de la iglesia, las cuales se quitaron en la renovación de 1640 (4).

A la caída del reino visigodo, los musulmanes convierten la iglesia en mezquita de la almudayna o alcazaba, pero más tarde, al ser tomado Madrid por Alfonso VI en 1085, se consagrará, al igual que las otras mezquitas madrileñas, al culto cristiano. Se estimaba como la más antigua de Madrid, nombrándose la primera en el famoso «Fuero» del año de 1202; de aquí salían las procesiones generales y donde se guardaba la Virgen de Atocha cuando venía a la Villa.


Virgen de la Almudena

Su prestigio no sólo se debía a su antigüedad, sino en gran parte a la veneración dada a la Virgen de la Almudena, considerada siempre como Patrona de Madrid, y sobre la cual corrían historias legendarias que se unían a las del propio pueblo de Madrid. Según la tradición recogida por los historiadores madileños-destacando, sobre todo, Quintana y Vera Tassis (5), escritores y poetas como Lope de Vega Calderón y otros, decían que tenía su origen en una imagen traída por Santiago y dada a San Calocero (así como la de Atocha había sido traída por San Pedro), según se contaba en uno de los pilares de la iglesia:

«Es tradición antiquisima que cuando el apostol Santiago vino de Jerusalén a predicar a España traxo a la milagrosisima imagen que oy llaman de la Almudena a esta coronada villa de Madrid y la coloco en esta iglesia en compañia de uno de sus doce discipulo, llamado San Calocero, que fue el primero en ella el año 38. Es la primera que adoro esta villa y por la misma tradicion fue labrada viviendo Nuestra Señora por San Nicodemus y colorida por San Lucas, como consta de muchos autores» (6).

Enfrente de la puerta principal y en otro pilar había una lámina de bronce que contaba lo siguiente:

«Es tradición antiquisima que la milagrosa imagen de Nuestra Señora de la Almudena fue la principal que se adoro en Madrid traida a ella de Jerusalen por el apostol Santiago. En la perdida de España la escondieron los fieles de esta villa en uno de los cubos de la muralla, donde estuvo 376 años. Restaurado Madrid mediante las oraciones y ayunos de los devotos que tenían heredada la devoción de esta santa imagen, sin saber el lugar donde estaba escondida, se cayo milagrosamente el cubo que la tuvo oculta en el riesgo, donde se aparecio tan incorrupta la materia de que es fabricada como si aquel día fuese labrada de nuevo y hoy esta con la misma entereza» (7).

Se añadía que se encontró en un cubo de la muralla entre dos cirios encendidos, tal y como la habían dejado los fieles que la habían escondido, al igual que había ocurrido con el Cristo de la Luz, de Toledo. Fue trasladada a la mezquita, que se había convertido en iglesia. Quedó siempre en el recuerdo el lugar del hallazgo, como se manifiesta en el portillo que mandó hacer Felipe V al ser derribada la Puerta de la Vega: colocando una escultura en piedra de la Virgen y una inscripción para recordar el hecho, manteniéndose esto mismo más tarde, al realizar las obras de la nueva catedral, con una hornacina para alojamiento de la imagen (8).

La escultura actual de la Virgen de la Almudena es del siglo XVI, de pie, con el Niño desnudo entre sus brazos, como si estuviera presentándole a los fieles. Sustituye a otra que sería del mismo tipo, como la que aparece en el Arca de San Isidro, pintada a fines del siglo XIII. La crítica actual desecha no sólo sus orígenes maravillosos, sino también el material, fuera de lo común que se decía, «materia de ignorado árbol..., apariencia de madera incorrupta, olorosa de cedro, como quieren unos; de enebro, como afirman otros; y en el sonido parece metal» escribe Vera Tassis. Según los últimos análisis realizados es de madera de pino que con el tiempo ha ido tomando un color avellana oscuro (9). Este color, que lo tienen muchas imágenes, para Ponz se debe a que «en la antigüedad el albayalde de que se hizo la encarnación, que no es otra cosa que plomo, se ha convertido en su natural color, a que habrá ayudado no poco el humo continuo de las luces» (10).

La talla ha sufrido varias modificaciones para poderla acomodar a la moda de las imágenes vestidas, siguiendo la moda barroca; también una serie de restauraciones, siendo la más importante la realizada a fines del siglo XIX por Mulle de la Cerda, que intentó dejarla como fuera en sus orígenes (11).

Respecto al nombre de Almudena, se han manifestado muchas opiniones por parte de los cronistas madrileños. López de Hoyos, el maestro de Cervantes, supone con gran fantasía que se llama así «porque en arábigo este vocablo almut quiere dezir medida, y en la puerta que comunmente llaman de Alvega esta una figura de piedra a manera de medida que en castellano llamamos media hanega, y porque dentro de esta muralla no auia mas deste templo de nuestra Señora por esso se llama nuestra Señora de la Almudena» (12). Quintana no está conforme y cree que es porque donde se encontró la imagen, en la muralla, «arrimaba una casa a quien los arabes llamaban almudena, que en nuestro español es lo mismo que alhondiga o alholi, donde tenian trigo para la provisión del lugar, derivando el nombre de ella de los almudes con que lo median» (13). Vera Tassis hace un juego con la palabra: Al=Alma (virgen, en hebreo), Mu=Mulier, De=Dei, Na=Natus; o sea Virgen y Mujer o Madre de Dios nacido. Y así muchas más fantasías cuando el origen está muy claro: Almudena proviene de almudayna, ciudadela, lugar donde se levantaba la antigua mezquita (14).