San Isidro y su devoción a la Virgen de la Almudena

A esta Virgen y a su iglesia se une parte de la historia de San Isidro Labrador, ya que éste era el penúltimo templo que visitaba antes de salir a trabajar, ya que, según cuentan sus cronistas, tenía el Santo madrileño gran fervor a esta Virgen, al igual que a la de Atocha. Esta devoción, nos dicen, fue correspondida por la Virgen en varias ocasiones, auxiliando a Isidro, como en el famoso milagro del pozo cuando se cayó el hijo del Santo. Este tema fue motivo del famoso cuadro de Alonso Cano situado en el altar mayor de la iglesia y de una poesía de Lope de Vega:

Araba Isidro un áspero barbecho, Bañando en el sudor de Adán la cara, Donde mira la margen de un repecho De Manzanares la corriente clara: El duro estremo del arado al pecho, Y del gobierno rustico la vara En la derecha mano, al suelo amigo Reglaba lineas que escribiese el trigo. Cuando de la manera que se mira Relampago fogoso, abriendo el trueno La puerta de la nube, el campo admira De luz piramidal fulgido seno: Isidro del arado se retira, Y vestido de gloria el prado ameno Los atomos de aquellos resplandores Bebe en las yerbas, y convierte en flores.

La soberana Ester de la Almudena Aparece en la nube de improviso, Callan las aves, la corriente enfrena El rio, Eufrates ya del Paraiso: Con esta voz el Zefiro serena, Que le dieron los ángeles aviso Del respeto que debe a su harmonio La tierra, el agua, el aire, el sol y el dia.

Parte Isidro a tu casa, que ha caido En un pozo tu hijo: El santo mozo No se turbó, que el interior sentido Estaba absorto en más profundo gozo: Al campo siempre amigo conocido Deja los bueyes, y llegando al pozo Ve que las aguas tienen fuera y dentro Como si fueran fuego al Sol por centro.

Brotaban por encima y guarnecían La parda margen del cristal sonoro, Porque de Luna candida servian Del Almudena a los coturnos de oro: Con las aguas del Cielo competian Juzgando el suyo por mayor decoró, Cuanto es más gloria que bañar estrellas, Besar la nieve de sus plantas bellas.

Llegó Isidro temblando, y con respeto Su hijo abraza, y el de Dios mirando Las lágrimas le sirven de conceto, Callando habló, y enmudeció llorando, Ponele en tierra, y el placer secreto A que el paterno amor le está obligando, En remitirle al Templo se resuelve Y a quien dos veces se le dio le vuelve.

Tenia de la mano el niño asido La Virgen celestial, que al mundo ampara, Y en el niño en el pecho entretenido Atento al Sol de su divina cara: Enjuto de las aguas el vestido Como si en ellas el Jordan pasara, Que mejor Josué le conducía Dando virtud al brazo de María.


Noticias de la iglesia

El origen apostólico romano y visigodo que es atribuido por los cronistas madrileños, no es aceptado por la crítica histórica a partir del siglo XIX, mas sí se admite la teoría (aun para los historiadores actuales, como Tormo, Gómez Iglesias, Oliver Asin... ) que se construyera esta iglesia en el antiguo solar de la mezquita de la Almudayna, al igual que se hizo con las otras mezquitas, como la de San Salvador. Así se puede suponer que se levantaría la iglesia después de la conquista de Alfonso VI, convirtiendo la mezquita en templo cristiano, aprovechando materiales y siguiendo el sistema mudéjar en la construcción. Según se cuenta el mismo rey Alfonso mandó ampliarla, para lo cual hubo de derribar algunas casas. Los alarifes que trabajaron en las obras de 1638 dijeron que los muros eran romanos y al derribar al capilla mayor se encontraron tosca arquitectura y cimientos diferentes, también lucillos sepulcrales con epitafios latinos (15).

Según la tradición, Alfonso VI y Alfonso VIII enriquecen la iglesia con lámparas, ornamentos y vasos sagrados. Alfonso X el Sabio otorga el 4 de marzo de 1265 un privilegio a favor de la parroquia de Santa María:

«E mandamos que los clerigos de la parrochia que fueran racioneros e prestes e diáconos e subdiaconos fasta treynta que sean, vezinos de Madrit, que sean excusados de todo pecho e de todo pedido e por facerles bien a merced mandamos que se excusen sus paniaguados e sus yegueros e sus pastores e sus hortelanos e estos excusados que sean de la cuantía que lo son los caballeros de Madrit» (16).

Este privilegio fue confirmado por los reyes que le sucedieron hasta Juan II.

Convertida la mezquita en iglesia, se supone que debía de tener categoría de colegiata, ya que tuvo claustro, derribado en parte más tarde para hacer la torre. Se cree que primero sería de canónigos seglares de San Agustín y luego benedictinos, basándose para ello Quintana y otros historiadores en las pinturas de unos monjes que había en el pórtico de la iglesia, y en la techumbre. Estas razones tienen poca base y seguramente los canónigos de la iglesia estarían acogidos a la regla de San Agustín, así como benedictinos eran los monjes de San Martín.

En 1415 se están haciendo obras en la iglesia; sería entonces cuando se hace la torre ocupando parte del antiguo claustro. Vera Tassis recoge un documento existente en el archivo de la iglesia de San Pedro que da noticias de ello (17); es un poder que otorga Francisco Martínez, bachiller en cánones, vecino de Madrid, a don Francisco, su padre, y a Rui García, clérigo de San Pedro, y a Fernando Alonso, clérigo de San Juan, para testar. Dice en una cláusula:

«Otrosi mandamos que dé para la obra de Santa María de la Almudena de aquí de Madrid, mil maravedís, especialmente para hacer la claustra que está derribada.»

Tenemos otros testimonios sobre este claustro, en una escritura de 1562 a favor de Francisca de Salas, mujer de Diego de Avila fundadora de la capilla de la Concepción, que luego se llamó de la Salud:

«En la villa de Madrid a primeros del mes de agosto de 1.562 en presencia de mí, el escribano público y testigos, parecio presente la Señora Doña Francisca de Salas, vecina de dicha villa de Madrid e dixo que ella a echo abrir o a abierto los cimientos viejos que están en la claustra de la dicha Iglesia de Nuestra Señora de la Almudena villa, en donde a de hazer e fundar una capilla...»

En 1582 hay otra escritura que dice:

«... que esta junto a la pared de la torre e junto a la capilla que dizen de Juan de Vozmediano y esta capilla e sitio tenía edificio de quatro paredes de cal y canto que es a una de la torre y a otra de la claustra de la dicha iglesia e a otra que responde a la nave de ella e a otra junto a la capilla de Vozmediano» (18).

La iglesia de Santa María para atender al culto tenía posesiones en Chamartín, donde ponía el cura un teniente, y en El Pardo, sirviéndole de anejo la ermita del Tornero. Enrique IV, para aumentar el bosque del Pardo, tomó buena parte de este terreno, renunciando en compensación a los tercios de la colación de Santa María. Así se dice en un privilegio de 1467:

«Por cuanto yo he tomado del beneficio curado de Santa María de la Almudena de la villa de Madrid ciertos pastos et defensas et tierras de pan llevar, pertenecientes a la ermita de Nuestra Señora del Tornero, ques aneja al dicho beneficio curado de Santa María para lo meter en par a los que yo cerca dellos en la dicha villa tengo, por lo cual la dicha tierra del dicho beneficio curado se ha menoscabado; e por facer bien et merced a Alvar García clérigo que agora es de dicha eglesia de Sancta María et a los otros curas que después del en la dicha eglesia serán... por la presente les hago merced de los tercios que ha mi pertenescen, et yo ove haber este año et de aquí en adelante en la colación de la dicha Sancta Maria de la Almudena» (19).

A lo largo del siglo XV tenemos noticias sobre fundación de capillas y enterramientos, como la de los Herrera y la de los Monzón, así como en el XVI las de los Vozmediano.