HISTORIA DE LA PARROQUIA DE SAN HERMENEGILDO
Podemos afirmar que nuestra parroquia es una parroquia joven en sus
instalaciones e infraestructura y que se rejuvenece en buena parte de sus fieles,
especialmente en estos momentos en que las nuevas construcciones y proyectos
urbanísticos (“Pasillo Verde”, por ejemplo) atraen a numerosos matrimonios
jóvenes con niños.
Mas el punto de partida de su historia tenemos que situarlo a mediados
de los años 60 de nuestro pasado siglo XX, cuando los planes urbanísticos del
momento llevaron a cabo la remodelación y desarrollo de nuestro barrio (“Virgen
del Puerto”), con la colonia militar. Así, se hizo necesario pensar en la
creación de una parroquia de nuevo cuño que diera respuesta a las inquietudes y
vivencias religiosas de los que habitaban esta amplia zona junto al río
Manzanares.
La Iglesia diocesana se hizo eco inmediato de esta necesidad e inició gestiones
para que, en 1965, el solar situado en la calle Fósforo, nº 4 –propiedad
de la institución Canalización del Manzanares– fuese reservado
y adjudicado al obispado de Madrid como solar destinado a la construcción
de un nuevo complejo parroquial.
Poco después, en 20 de abril de 1966, se llevó a cabo la compra de dicho
solar (dividido en dos parcelas de 540 metros cuadrados cada una) por parte del
Obispado a la institución titular mencionada. La operación se ultimó y cerró al
precio de 1.050 pesetas el metro cuadrado, resultando un montante de 567.000 pesetas
por parcela y un total de 1.134.000 pesetas por todo el solar.
Inmediatamente después (18 de marzo de 1968) el arzobispo de
Madrid-Alcalá, don Casimiro Morcillo, decretó la erección canónica de una nueva
parroquia, cuyo patronazgo –dadas las características del barrio y el gran
número de militares que integraban la futura feligresía– recayó en san
Hermenegildo, ejemplo santo de firmeza y fortaleza en la fe que daba “Gloria al
Padre, al Hijo y al Espíritu Santo” como un solo Dios y tres sagradas Personas
distintas, viviéndola contra corriente de lo política y religiosamente correcto
impuesto por el arrianismo de su tiempo, cuya fórmula de dar “Gloria al Padre,
por el Hijo, en el Espíritu Santo” rechazó nuestro santo por herética (niega la
divinidad de Cristo) frente a la cerrazón de criterios de su propio padre: el
rey Leovigildo (furibundo arriano).
La nueva parroquia surgía como desmembrada de las de “Santa María de la
Cabeza” y de “San Pedro el Real” (más conocida hoy como “La Paloma”), abarcando
un extenso territorio con amplísimos límites, y debería comenzar a regir el 1
de abril de 1968. Por ello, hubo que empezar con cierta premura las obras de
explanación del solar y cimentación del complejo: templo, viviendas, despachos
y salones, a expensas del Obispado.
Después de permanecer varios años en estado de cimentación inicial, el
14 de mayo de 1971, el citado Sr. Arzobispo nombró cura ecónomo de “San
Hermenegildo” al benemérito sacerdote, procedente de la diócesis de
Osma-Soria e incardinado en Madrid como profesor del Seminario Mayor, D.
Ignacio Leal Duque.
Poco más de un año después (20 de julio de 1972), tras el fallecimiento
del arzobispo Morcillo, el nuevo Cardenal-Arzobispo de Madrid, don Vicente
Enrique y Tarancón, llevó a cabo la ratificación del Decreto de erección de la
parroquia, clasificándola como de “término” con derecho a cuatro coadjutores;
al tiempo, con fecha 4 de septiembre del mismo año, ordenó publicar un nuevo
Decreto con la rectificación de límites (los actuales) de la parroquia.
D. Ignacio Leal tomó posesión de la parroquia el día 4 de noviembre de
1972 con una solemne celebración litúrgica, presidida por el Sr. Obispo
Auxiliar de Madrid don Victorio Oliver, en el templo parroquial de “Santa María
de la Cabeza”
Unos días más tarde, el 11 del mismo mes de noviembre, tendría lugar la
primera celebración bautismal de la parroquia; y siete días después, día 18, se
celebraba el primer enlace matrimonial.
Desde los primeros momentos, y al carecer de templo y locales adecuados,
la parroquia comenzó su andadura con un pequeño local con funciones de despacho
en la calle Linneo, nº 23,y con la colaboración de las religiosas Franciscanas
de la Purísima Concepción que prestaron su capilla del Colegio “San
José” para el culto. Mientras tanto, don Ignacio comenzaba a ingeniar,
junto a una comisión parroquial de seglares, integrada en su mayoría por militares
coordinados por don José María Michelena y el ilustre farmacéutico don Narciso
García de Vinuesa, el modo de impulsar las obras y llevar a cabo definitivamente
el complejo proyectado por el prestigioso arquitecto Camuñas y ampliado por
el no menos valioso Lapayese. De ahí surgió la idea de la llamada “Operación
ladrillo” como medio simbólico, pero eficaz, de obtener una fuente de
ingresos. La sencilla “operación” consistió en conseguir que cada
familia o cada fiel en particular se comprometiera a “comprar”
un ladrillo al mes por el módico precio de 25 pesetas (5 duros) cada uno,
lo que supuso una aportación extraordinaria que permitió un empuje de cierta
entidad a las obras, tanto del templo como de las viviendas sacerdotales (ver
fotos de las obras
de construcción del complejo parroquial).
Mas la preocupación del ecónomo (párroco) no se limitó sólo al ámbito material
de las obras, sino que, intuyendo las necesidades de una mayor y mejor atención
espiritual y cura de almas, el día 3 de julio de 1973, “ante la inesperada
muerte de don Marcos, párroco de Santa María de la Cabeza “pedía y sugería
por carta dirigida al Sr. Obispo Auxiliar, don Victorio Oliver, una reordenación
más racional y lógica del término territorial de la parroquia (prácticamente
la misma que recientemente volvió a plantear nuestro párroco actual, don Alberto
Carreres Esparza, al Sr. Cardenal-Arzobispo, don Antonio Mª Rouco Varela);
proyecto de reordenación del que se hizo eco la Oficina de Sociología del
Arzobispado, pero que aún está sin aprobar y sería necesaria su puesta en
marcha. Se adelantaba don Ignacio a lo que ha sido el posterior desarrollo
urbanístico del “Pasillo Verde” y sus aledaños.
En mayo de 1975, se vieron finalizadas las obras del templo y se
procedió a su inauguración, la cual se realizó con una ceremonia litúrgica
extraordinaria, resaltada por la celebración de la primera comunión por parte
de los niños del Colegio Militar. (Hay que apuntar, sin embargo, que no hay
noticia de su consagración).
Del resto del proyecto arquitectónico quedaron pendientes de conclusión
muchas dependencias de la planta sótano, como el auditorio, las cuales todavía
hoy están en periodo de obras y remodelación.
No obstante, a partir de la última fecha señalada y a lo largo de casi
treinta años, don Ignacio Leal Duque ha sido el párroco que ha sabido dirigir
esta comunidad parroquial para que, como dice el Concilio Vaticano II, sea
“el modelo clarísimo del apostolado comunitario, reduciendo a la unidad
todas las diversidades humanas que ella se encuentran e insertándolas en la
Iglesia universal” (Apostólicam Actuositatem, 10).
Hasta que, por encargo del Sr. Cardenal-Arzobispo D. Antonio-María Rouco Varela, don Alberto Carreres Esparza (Párroco) y don Fernando Morell Baladrón (Vicario parroquial) tomaban el relevo en esta tarea apostólica el día 2 de junio de 2002. Con ellos, la Parroquia quiere ha seguido adelante en un proceso de renovación, que incluye tanto lo material, por medio de unas obras que se han realizado desde 2003 al 2006, y lo espiritual y pastoral, tratando de crear una auténtica comunidad de fe y de amor que viva a fondo el Evangelio y sirva de luz quienes nos rodean.
Biografía de D. Ignacio Leal Duque
Iconografía
de san Hermenegildo