AYUNO Y ABSTINENCIA Desde tiempo inmemorial es práctica en la Iglesia observar unos días de penitencia, siguiendo el ejemplo del Señor que ayunó cuarenta días en el desierto (Mt 4,1) y que dijo que "vendrán días en que les será arrebatado el esposo y entonces (los discípulos) ayunarán" (Mt 9,15). Por eso la Iglesia ha establecido tiempos y días de penitencia que incluyen el ayuno y la abstinencia, obligatorios para toda la Iglesia de rito latino. Hay que tener en cuenta que se trata de una obligación jurídica. La necesidad de hacer penitencia obliga moralmente a todos los bautizados que deben ordenarla subjetivamente según su situación y necesidad. El hecho de que la Iglesia establezca unos tiempos de penitencia, que incluyen el ayuno y la abstinencia, no dispensa de la obligación personal de hacer penitencia, que no se debería limitar a las pocas prácticas comunes a todos los católicos. Sin embargo el ayuno y la abstinencia que manda la Iglesia es una exigencia objetiva y comunitaria, que tiene validez aunque no suponga sacrificio su cumplimiento. El fiel al que no le cueste sacrificio abstenerse de carne, sigue teniendo la obligación de abstenerse: y entonces el valor de su acción será el de la obediencia a la norma de la Iglesia. No supone sacrificio la abstinencia de carne, pero tiene el mérito y el valor ejemplar de la obediencia a la ley y a la Iglesia. El ayuno consiste en abstenerse de comer durante todo un día. Sin embargo se cumple con el mandato del ayuno haciendo una sola comida fuerte al día; o bien se puede hacer una comida normal, tomando un poco de alimento (la mitad de lo habitual) por la mañana y por la noche. Durante el resto del día no se puede tomar nada (comida o bebida) que se considere alimento. La abstinencia consiste en no tomar carne; pero se puede tomar caldo de carne o grasa animal, si es condimento. También se pueden tomar huevos y productos lácteos. Tienen obligación de ayunar todos los católicos que han cumplido dieciocho años hasta que hayan cumplido los cincuenta y nueve. La abstinencia obliga desde los catorce años cumplidos hasta el final de la vida. No están obligados al ayuno y abstinencia los verdaderamente pobres, los enfermos y los obreros que tienen que realizar un trabajo especialmente duro. Tampoco están obligados los que no tienen habitualmente uso de razón. El párroco y algunos confesores pueden dispensar cuando haya motivo suficiente. Son días de ayuno y abstinencia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Son días de sólo abstinencia todos los viernes del año, que no caigan en solemnidad. La abstinencia de los viernes que no son de cuaresma puede ser sustituida total o parcialmente por otras formas de penitencia, piedad o caridad, como limosnas, visitas a enfermos, privarse de tabaco o espectáculos, etc. La abstinencia de los viernes de cuaresma, y el ayuno y la abstinencia del Miércoles de Ceniza y Viernes Santo no pueden ser sustituidos por propia iniciativa. Aunque lo importante no es la ley en sí misma, sino el espíritu que la sostiene, la observancia sustancial de la disciplina eclesiástica sobre la penitencia es gravemente obligatoria. No debe considerarse pecado grave cualquier violación esporádica de la ley; pero sí el dejar de cumplirla habitualmente o el menosprecio de la misma. Para comprender mejor la necesidad de este tipo de prácticas penitenciales, sería oportuno recordar la catequesis que dio el papa San Juan Pablo II sobre esta materia. Más información: Oración, limosna y ayuno
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