PARROQUIA DE SAN HERMENEGILDO Fósforo, 4 · 28005 Madrid (España) ·Tlf: 91 366 29 71 · sanherme@gmail.com
Lectura contemplativa del Catecismo

Iconografía de san Hermenegildo

La figura de san Hermenegildo, aunque lejana en el tiempo y un tanto olvidada, posee un singular valor tanto histórico como, especialmente, religioso. De su importancia dan fe los numerosos testimonios artísticos que encontramos en la España visigótica, especialmente en la Bética, donde reinó como rey-gobernador, nombrado por su padre, Leovigildo, y murió mártir en defensa de la fe católica frente al arrianismo imperante en el reino godo.

De esto tenemos, para empezar, un importante vestigio en un dintel conmemorativo de piedra que se conserva en el Museo Arqueológico de Sevilla, que data de los años 581-582.

 

Dintel conmemorativo de piedra, procedente de Alcalá de Guadaira (Sevilla). Museo Arqueológico de Sevilla.

 

En la cara principal externa figura una inscripción en latín, precedida por anagrama de Cristo (Chrismón), que reza: IN NOMINE DOMINI ANN[O F]ELICITER SECVNDO REGNI DOM[I] NI NOSTRI ERMINIGILDI REGIS QVEM PERSEQVITUR GENETOR SVS DOM(INVS) LIVVIGILDVS REX IN CIBITATE(M) ISPA(LENSEM) DVCTI AIONE (En el nombre del Señor, en el año segundo del feliz reinado de nuestro señor Hermenegildo, el rey, a quien persigue su padre, nuestro señor el rey Leovigildo; traído a la ciudad de Sevilla para siempre).

Para comprender mejor las representaciones artísticas de san Hermenegildo hemos de tener en cuenta que una de las iconologías propias de mediados del siglo XIX[1], recoge la más antigua tradición sobre la representación artística de este santo y dice que «a san Hermenegildo, Príncipe godo de España, hijo del rey Leovigildo (...) se le pintará con cetro, corona y manto real, y por debajo de éste, vestido a la goda; como (...) fue muerto de un golpe de segur –hacha grande–, puede ponérsele al lado o en la mano el instrumento de su martirio».

Esta significativa descripción iconológica marcó la pauta de cierta imaginería posterior del santo con representaciones escultóricas o pictóricas en las que se mantienen las insignias reales y del martirio, pero se añaden unas cadenas alusivas al cautiverio y una figura humana de pequeño tamaño a sus pies que vendría a representar al obispo arriano que intentó hacerle abjurar de su fe católica. Incluso podemos ver algunas imágenes del santo cuyos autores sustituyen el hacha por una espada o cimitarra, o hacen aparecer al obispo arriano con una hostia en la mano.

Sin embargo, muchos de los elementos simbólicos de estos modelos iconográficos han sido olvidados u obviados en sus obras por grandes pintores como Herrera el Mozo (el Joven) o el mismo Goya.

De una manera o de otra, no son pocas las representaciones de cierto relieve artístico dedicadas a san Hermenegildo, tanto en el orden pictórico como escultórico, así como en técnicas de artes menores.

Son obras que abarcan desde, por ejemplo, una hermosa tabla flamenca del siglo XV hasta el más moderno icono de nuestro templo parroquial, realizado en el año 2005 para presidir el lateral izquierdo del presbiterio de la madrileña parroquia de San Hermenegildo.

Con el fin de completar esta breve introducción y en el ánimo de hacer una modesta aproximación al análisis estético y comentario de las imágenes que hemos ido encontrando ‑o de las que tenemos referencia‑ hemos seguido el criterio de agruparlas y clasificarlas en cuatro grandes capítulos, que hacen referencia al soporte o técnica artística utilizadas.

Estos capítulos son:

 

   1. Pintura

   2. Escultura

   3. Grabados

   4. Numismática

 

1. Pintura

En este capítulo vamos a encontrar grandes obras, tanto por sus autores como por la calidad de las mismas. Serán obras en forma de monumentales figuras murales, cuadros de gran tamaño, tablas grandiosas o pequeños bocetos, pero todas ellas servirán de ejemplo del acervo cristiano nacido de la veneración de nuestro santo patrón.

A partir de aquí, seguiremos la secuencia de exposición de las obras, comenzando con la figura correspondiente al icono, ya citado, de nuestro templo.

1. De Grecia a Madrid al estilo bizantino

 

San Hermenegildo. Taller de un monasterio de Meteora (Grecia). Icono sobre tabla, 2005. Parroquia de San Hermenegildo. Madrid.

 

Como pórtico de este capítulo, aunque sea la obra pictórica más moderna, comenzaremos por hacer referencia al entrañable icono del templo de nuestra Parroquia de san Hermenegildo en Madrid.

Se trata de una espléndida representación sobre tabla que preside el lateral izquierdo del presbiterio y que ha sido realizada en los talleres de un monasterio de Meteora (Grecia) para este fin. En el icono aparece el santo ataviado como príncipe y la obra sigue las trazas propias del estilo bizantino occidental. Como todo icono, el linealismo y estilización de la figura permiten trascender lo material para captar la transparencia de lo sagrado a través de la imagen física, hasta llegar a una coherencia simbólica en sus atributos y en su cromatismo verdaderamente admirable. Como dato original, muy poco frecuente en este tipo de obras, apuntaremos que se encuentra firmado en el ángulo inferior derecho de la tabla por un tal Doriteos.

Junto con este icono, la parroquia cuenta con un ejemplo de vidriera reciente que representa el martirio de nuestro santo patrón.

 

Martirio de San Hermenegildo. Vidriera de hormigón. S.XX. Parroquia san Hermenegildo. Madrid.

 

Cercano al estilo del icono hemos encontrado la imagen del santo en un probable fresco, de época muy anterior, en el que san Hermenegildo aparece ricamente ataviado y por tanto sus atributos regios y martiriales. La factura es de una gran belleza y se completa con un variado y delicado cromatismo, con un fondo azul intenso en el que figura el nombre de nuestro santo patrón.

 

San Hermenegildo. Icono mural de estilo bizantino.

 

Después de rastrear en numerosas fuentes iconográficas, nos apena no contar con referencias de autoría, lugar, etc. de esta significativa obra pictórica, tan similar al gusto del carácter bizantino y de la época visigoda, de la original tabla ubicada en nuestro presbiterio.

2. Al modo del elegante gusto renacentista

 

San Hermenegildo. Antonio Estela. Óleo sobre lienzo, h. 1583. Real Colegio-Seminario del «Corpus Christi». Valencia.

 

Este óleo sobre lienzo, de pequeñas dimensiones, es obra del pintor italiano Antonio Estela (1560-1591) y debió de ser encargado aprovechando la breve estancia del pintor en Valencia (1583-85). Está pintado siguiendo los criterios estéticos del último periodo renacentista, puestos de manifiesto tanto en la composición como en la pincelada y la disposición de los elementos.

La efigie del santo se presenta en tres cuartos y ricamente vestido a la moda del momento. La cabeza, nimbada, y el juego de luz que ofrecen el fondo oscuro y la cara iluminada dan a la figura un notable relieve. En realidad, pasaría por ser el retrato de un joven noble anónimo si no fuese por la inscripción que podemos leer en la parte superior; está escrita con letras capitales e identifica al santo por su nombre (no aparece la H inicial actual).

3. La luz de Cristo ilumina el martirio

 

San Hermenegildo. Pedro de Campaña. Óleo sobre tabla. Fundación Ibercaja. Madrid.

 

El pintor renacentista flamenco Peter Kempeneer, conocido en Sevilla como Pedro de Campaña (1503-ca.1580), donde residió casi treinta años, es el autor de esta pintura de San Hermenegildo, en óleo sobre tabla de roble, que hoy custodia la Fundación Ibercaja de Madrid. Hay en ella un sentido monumentalista en la disposición de la figura en primerísimo plano, con un fondo de paisaje bajo muy idealizado, y una sofisticación y artificio manieristas en las poses y ademanes que adopta. San Hermenegildo va elegantemente vestido y tocado con la corona real. De forma muy tenue se dibuja alrededor de la cabeza el nimbo de santidad; con su mano derecha levanta una cruz, por la que murió mártir, y en la izquierda lleva el hacha con la que fue decapitado al no abjurar del catolicismo y negarse a volver al arrianismo visigodo. El cromatismo de la obra es extraordinario, si bien la composición y lo forzado de la postura afectan al personaje, traspasando las propias formas del estilo manierista.

 

San Hermenegildo y San Cosme. Pedro de Campaña. Fundación Ibercaja. Madrid.

 

La obra forma parte de un conjunto en el que, junto al santo mártir, se expone la figura del también mártir san Cosme, médico caritativo y desprendido con los enfermos, que murió decapitado hacia el año 395, junto con su hermano Damián, en la persecución del emperador Diocleciano, portando una caja en la que lleva sus remedios y medicinas.

4. La dignidad de un rey santo al estilo Zurbarán

 

San Hermenegildo. Francisco de Zurbarán. Óleo sobre lienzo, h. 1625. Iglesia de San Esteban. Sevilla.

 

Aunque no es segura la autoría, la mayor parte de los expertos coinciden en atribuir este cuadro a la gran figura de la escuela barroca española que es el pintor Francisco de Zurbarán (1598-1664). Se trata de un gran óleo sobre lienzo situado en la iglesia de san Esteban de Sevilla.

 

Retablo mayor de la iglesia de San Esteban. Sevilla.

 

No cabe duda de que, por el tratamiento de la figura del santo, por la sencillez de la composición y las dificultades para representar el aura sobrenatural que debería acompañar a nuestro mártir, nos encontramos ante una obra de juventud del artista; por lo menos, de su primera época, anterior a 1650.

A pesar de la rigidez compositiva, la figura de san Hermenegildo no está exenta de cierta majestuosidad, evidente en la actitud del personaje, en la riqueza del atuendo y en la presencia de los atributos regios (el manto y la corona) y el de su martirio (la segur), que hace ostensible en su mano izquierda.

5. De la oscuridad de la prisión a la luz de la santidad

 

San Hermenegildo en prisión. Francisco de Goya. Óleo sobre lienzo, h. 1802. Museo Lázaro Galdiano. Madrid.

 

Este es un boceto o «borrón» que Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828) hizo para un cuadro de gran tamaño destinado a la iglesia de San Fernando de Torrero (Zaragoza); dicho cuadro estuvo expuesto, desde la consagración del templo en 1802, en el altar situado a la derecha del presbiterio, lado de la epístola, quedando emparejado con el de «Santa Isabel curando el pie a una enferma», que ocupaba el altar del lado del evangelio. Allí estuvieron, junto al cuadro «La aparición de san Isidoro a san Fernando», realizado para el panel central del altar mayor, hasta que desaparecieron en el transcurso de la guerra de la Independencia. Como dato curioso se sabe que los tres, en su conjunto, costaron a la Iglesia cesaraugustana treinta mil reales.

El boceto que aquí presentamos, y que guarda el museo Lázaro Galdiano (Madrid) es el mejor rematado de los realizados para cada uno de los cuadros referidos y nos permite atisbar la formidable factura del cuadro para el que se hizo. El genial maestro de Fuendetodos desarrolló en él una escena plenamente enraizada en sus creaciones, con lúgubres espacios cerrados ‑«hospitales de apestados» o «corrales de locos»‑ en los que el dramatismo se adueña del cuadro. Aquí, plasma el momento crucial en que el protagonista, san Hermenegildo, es acosado por sus carceleros con el fin de doblegar su voluntad y hacerle abjurar de su fe católica. Se acerca irremisiblemente el momento de su martirio. Por eso, a pesar del ambiente hostil y lo escalofriante del escenario, el santo mártir aparece revestido con los más significados atributos y atuendos de su dignidad regia: la corona sobre sus sienes, el manto rojo con estola de armiño sobre sus hombros, la armadura, el fajín e, incluso, el collar con el Toisón, lo que supone un trastrueque alusivo más a épocas esplendorosas e imperiales de la moderna monarquía española que a la de la realidad histórica que le tocó vivir a nuestro santo.

Sin embargo, Goya elude la presencia de los signos martiriales que las normas iconográficas aconsejaban, para concentrarlas ‑como nuevos símbolos‑ en las figuras crueles de los sayones y carceleros.

Digamos, finalmente, que la escena desentraña emociones, tras la expresión de los personajes, en una economía extraordinaria de elementos plásticos, reducida a los mínimos, tal como ha observado el profesor Morales Marín.

6. En la espera serena de la eternidad

 

San Hermenegildo en prisión. Juan Carreño de Miranda. Óleo sobre lienzo, h.1656. Museo de Bellas Artes de Asturias. Oviedo.

 

Se trata de una interesante obra del célebre pintor de corte Juan Carreño de Miranda (1614-1685). Es una representación en la que el santo aparece sentado, en actitud de calma y serenidad, abrazando la cruz de Cristo con mano su derecha. Es una cruz lisa y estrecha, de tamaño casi natural, en proporción a la figura del personaje, que la mira con arrobamiento, mientras la mano izquierda señala las cadenas, símbolo de su cautiverio, tiradas en el suelo.

Está vestido a la romana ‑tal como podemos ver en otras imágenes‑, según los cánones de las iconologías tradicionales: sandalias y polaina, rica coraza y manto azul que rodea la parte inferior de su cuerpo al modo regio.

Sin ser un óleo de grandes dimensiones pasa por ser una de las obras importantes que guarda el museo de Bellas Artes de Asturias (Oviedo).

7. Apártate de mí, Satanás

 

San Hermenegildo rechaza la comunión arriana. Francisco Aznar y García. Óleo sobre lienzo, s. XIX. Museo del Prado, en depósito en la Universidad de Barcelona.

 

Al más puro estilo academicista e historicista, el buen pintor e ilustrador aragonés Fracisco Aznar y García (1834-1911) nos presenta aquí una de las grandes obras de tema histórico que la Academia de san Fernando encargaba a sus discípulos pensionados en Roma, para obtener sus calificaciones y galardones académicos[2]. Discípulo de José y Federico de Madrazo, pronto se hizo con la formación y técnica necesarias para ir destacando en las más diversas facetas de la pintura historicista del momento. El cuadro de gran tamaño (226 x 227 cm.) que tenemos ante nosotros viene a ser una buena muestra de cuanto hemos apuntado. El asunto tiene como protagonista la figura de san Hermenegildo en el momento de rechazar la comunión de manos del obispo arriano enviado al lugar de su cautiverio por parte de su padre, el rey Leovigildo. El más puro estilo academicista clásico se pone aquí al servicio de un tema religioso (el martirio de un santo) para convertirlo en uno de carácter plenamente histórico y cortesano, ausente de cualquier sentimiento o emoción religiosa en los personajes. La escena viene a ser un trasunto absolutamente cortesano en el que los personajes se abigarran, tratando de jugar, fríamente, el papel que la imaginación del pintor les ha asignado a cada uno. Bien es verdad que el sentido teatral de la escena crece al hacer destacar la figura del santo, en actitud displicente más que enérgica, y la del obispo, que trata de amonestar al primero y mantiene el copón en su mano izquierda, mientras Leovigildo se deja caer sobre el atril para llorar desconsolado.

El tratamiento pictórico de los vestidos es de una extraordinaria factura, si bien no corresponden a la realidad de los utilizados en la corte visigoda en época de san Hermenegildo (s. VI); pero queda claro que la disposición y formas son de una excelente elegancia, y es de suponer (carecemos de una buena reproducción en color) que el cromatismo está a la altura del utilizado en las grandes obras del momento y de este estilo. Esta que contemplamos se encuentra depositada en la Universidad de Barcelona[3].

8. La sensibilidad flamenca ante un martirio singular

 

Degollación de san Hermenegildo. Juan Ramírez. Óleo dorado sobre tabla, s. XVI. Museo de Bellas Artes. Granada.

 

Esta tabla, que procede de un conjunto pictórico de la ermita de los Mártires de Granada, y se atribuye al pintor Juan Ramírez, nos presenta a san Hermenegildo arrodillado, vestido a la moda renacentista y en actitud orante, mientras el verdugo, blandiendo un hacha de hoja ancha (segur) se dispone a asestar el golpe mortal en la cabeza del santo. Alrededor de éste se disponen los atributos regios (cetro y corona) y luce un gran manto; en el suelo, circundando su figura, aparecen las cadenas de su encierro, mientras un nimbo de luz ilumina su cabeza. Toda la escena se desarrolla en una estancia baja con dos ventanales enrejados y el suelo revestido con ladrillos cerámicos dispuestos en tablero de ajedrez. Una cartela sobre fondo de pared tenebrosa nos da las señas de identidad escritas por si no fuese suficiente con los símbolos: SAT·EMERGILDO·REI.

A este autor se deben muchas de las miniaturas de los libros litúrgicos de la catedral de Granada, lo que explica que en esta tabla tenga el dibujo una clara preeminencia sobre el color, que resulta muy sencillo, al estilo de los libros de coro.

9. De la muerte ignominiosa a la gloria

 

Tránsito de san Hermenegildo. Alonso Vázquez y Juan de Uceda. Óleo sobre lienzo, 1603. Museo de Bellas Artes. Sevilla.

 

Se trata de un óleo sobre lienzo de grandes dimensiones (492 x 340 cm.), atribuido durante mucho tiempo a Juan de Roelas. Es ésta una obra encargada como glosa a san Hermenegildo para el altar de la sala del Cardenal en el Hospital de las Cinco Llagas de Sevilla, y desarrolla la escena en dos planos superpuestos: En el plano inferior (núcleo del cuadro) aparece nuestro santo rodeado de los oferentes y de dos obispos (seguramente uno sea san Leandro) ; en el plano superior, se observa a la Virgen portando una corona; junto a unos ángeles músicos sobre una nube que salen a recibirlo y coronarlo como santo en el cielo.

Su factura recuerda la influencia manierista de tinte veneciano y pone de manifiesto la intervención de dos artistas. La obra la había proyectado y comenzado Alonso Vázquez (h. 1575-1645), pero al tener que marcharse a Méjico el mismo año de la ejecución del cuadro (1603), se le encargó su remate a Juan de Uceda (h. 1576-1635). De ello puede derivarse también la diferencia de factura entre los dos planos señalados, puesta de manifiesto sobre todo en el color, la luz y las texturas o el tratamiento de las telas; de cualquier manera, en ambos se observa un cierto abigarramiento del espacio por acumulación de figuras. Esta obra grandiosa se custodia actualmente en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.

10. Con Cristo hacia el Padre

 

Martirio de san Hermenegildo. Óleo sobre lienzo. Iglesia de san Hermenegildo. Sevilla.

 

Aunque carecemos de referencia sobre época concreta y autoría, toda la composición de esta hermosa representación pictórica parece aludir más a la glorificación de nuestro santo que a su martirio, a pesar de la evidencia del golpe de segur que hiende la cabeza del mártir, pero que no puede impedir esa mirada anhelante hacia el cielo en el deseo de encontrarse con la presencia del Padre; mientras, con su mano derecha coge con fuerza el crucifijo como vínculo de su fe inquebrantable.

A pesar del exceso de figuras y del abigarramiento de las mismas, la disposición por planos horizontales ascendentes hace posible que asistamos a una escena casi teatral en la que cada personaje representa su papel. Así, en el plano inferior, vemos a una joven portando los atributos regios (corona y bastón) y en el lado opuesto al rey Leovigildo llorando desconsolado tras su crimen abominable. En el plano superior, el cielo se apresta a recibir al santo, entregándole, por manos de un ángel, la palma y la corona del martirio, acompañando por la música y los cantos de otros ángeles.

El buen tratamiento de la luz y el color no impiden, sin embargo, cierta oscuridad en el plano central, propia del tenebrismo, que atenúa en buena medida la claridad del conjunto. No obstante, todo ello parece evidenciar la calidad de este gran óleo sobre lienzo, recientemente restaurado y que guarda la iglesia de san Hermenegildo de Sevilla.

11. Testimonio de Cristo y premio de gloria en el cielo

 

Apoteosis de san Hermenegildo. Francisco de Herrera el Viejo. Óleo sobre Lienzo, h. 1620. Museo de Bellas Artes. Sevilla.

 

En este óleo de gran tamaño (523 x 326 cm.), Francisco de Herrera el Viejo (1576/90-1654) plasma magistralmente al santo sobre una nube, con su figura centrando la composición; en primer plano ‑abajo‑, aparecen dos obispos (posiblemente, san Leandro, a la izquierda, con un niño al que alecciona, y san Isidoro, a la derecha) En medio pueden verse a dos ángeles que flanquean a san Hermenegildo: uno porta las cadenas y el otro un hacha (segur) como símbolos del cautiverio y del martirio.

En el plano más alto, una guirnalda de querubines enmarca la figura central (la del santo); unos sostienen la corona, otros el cetro (ambos, símbolos de su condición regia) y otros dos llegan volando a colocar una corona floral sobre su cabeza como signo de santidad. La figura de san Hermenegildo sujeta un pequeño crucifijo con la mano derecha en señal de su testimonio martirial, y se viste a la romana, con el manto rojo propio de su dignidad como rey.

Como la obra anterior, este lienzo lo conserva el Museo de Bellas Artes de Sevilla.

12. Cristo en la cruz es mi fuerza

 

San Hermenegildo. Autor desconocido. Óleo sobre lienzo, h. 1850. Palacio de San Telmo. Sevilla.

 

Este óleo sobre lienzo del Ayuntamiento de Sevilla, en su galería de cuadros de la Casa Consistorial (Palacio de san Telmo), de autor desconocido, de mediados del siglo XIX, llegó a su actual lugar de exposición por donación de la infanta María Luisa Fernanda en 1898.

En él se representa al santo de medio cuerpo a tamaño natural y el tratamiento de vestiduras y la aparente rigidez de la composición dan un cierto aire escultórico a toda la figura, siendo el virtuosismo cromático el que da brillantez a la obra y pone muy de relieve que copia muy de cerca el lienzo original de Francisco de Herrera El Viejo, conservado en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. En la figura, aparecen también representados los grilletes de su cautiverio y un crucifijo, que simboliza su defensa de la fe frente al arrianismo de su padre, quien lo condenó a muerte.

13. San Hermenegildo elevándose a la Gloria

 

El triunfo de san Hermenegildo. Francisco de Herrera el Mozo. Óleo sobre lienzo, h.1653. Museo del Prado. Madrid.

 

Es un formidable lienzo del museo del Prado (Madrid) pintado por Francisco de Herrera el Mozo, o el Joven (1622-1685), para efigiar al santo mártir visigodo español.

Los estudios más recientes precisan la fecha de 1653 para su ejecución, tras el viaje realizado por el artista a Italia, donde quedó asombrado ante los pintores de la escuela veneciana, en especial Pietro de Cortona, de quien trasladó a este cuadro no pocos elementos y recursos pictóricos, como, por ejemplo, el desarrollo helicoidal que describe la figura del santo protagonista en un movimiento ascendente similar al de una columna salomónica de los principios barrocos.

En medio de una aureola de color, en la que destacan los azules y los blancos, se yergue la joven figura de san Hermenegildo, que vuela arrobado hacia el cielo, portando un crucifijo en la mano derecha y vistiendo a la romana con ropajes de gala imperial (coraza y manto incluidos). Mientras, a su alrededor, una guirnalda de ángeles asciende con él llevando cada uno en sus manos alguna de las insignias reales (corona y cetro) y los atributos martiriales y de santidad (hacha, espada, palma y corona de flores); al tiempo, un coro de ángeles parece rubricar, cantando y tocando, la gloria del sacrificio. En contraste, bajo sus pies, se sitúan la figuras de su padre ‑el rey Leovigildo‑ con un gesto de irremediable y angustiado arrepentimiento, y la del obispo arriano, entre sorprendido y asustado, con un copón en la mano.

14. San Hermenegildo entre reyes

 

San Hermenegildo. Lucas Jordán. Fresco. 1698-1700. Iglesia de san Antonio de los Alemanes (Madrid)

 

En la iglesia de san Antonio de los Alemanes (antes de los Portugueses) de Madrid, encontramos una imagen mural de san Hermenegildo de cierta relevancia artística, pintada al fresco por el gran pintor italiano Lucas Jordán (Luca Giordano).

La iglesia que la alberga es el único edificio que se conserva de lo que fue un gran complejo eclesial y hospitalario, fundado por Felipe III en 1606 como Real Hospital de enfermos y menesterosos, conocido en su tiempo como «El Refugio». En 1668, doña Mariana de Austria lo cedió a los alemanes y en 1700 pasó a regirlo la Hermandad de El Refugio.

El templo es de una gran originalidad por su planta elipsoide y su cubierta ovoide que le confieren un cierto grado de monumentalidad, a pesar de su mediano tamaño. Fue construido entre 1624 y 1633 por el arquitecto Francisco (o Pedro) Sánchez y la decoración estuvo a cargo, entre otros, de Francisco Ricci, Juan Carreño de Miranda y Luca Giordano, al que se le encargó una amplia restauración de las pinturas.

El conjunto pictórico confirió al templo un aire escenográfico extraordinario de ilusionismo barroco, pero que no alcanza la frescura y el buen hacer de otras obras del gran pintor italiano en el entorno madrileño.

Fue uno de los últimos encargos que recibió el artista durante su estancia en España, dentro del conjunto de efigies de otros tantos reyes ‑españoles y extranjeros‑ que debían conformar, y con-forman, la primera franja de personajes representados en las paredes del templo. En sentido ascendente habría otras dos franjas o anillos de figuras hasta llegar a rematar la decoración del templo con la formidable bóveda de Carreño de Miranda.

La figura de San Hermenegildo es de estilo puramente barroco y el tratamiento está dentro de los parámetros más clásicos del hacer pictórico de Lucas Jordán sin llegar a la «gracia y maestría» mostradas en tantas otras obras.

El santo aparece en una composición de perspectiva ascendente, sentado y exhibiendo un gran escorzo con su pierna derecha, al tiempo que amplía ‑en horizontal‑ su espacio de representación al abrir los brazos en compás completo, a un lado y otro de la escena. Todo ello contribuye a darle un verdadero valor monumental.

Sin embargo, los elementos que conforman la identidad del santo como tal han sido olvidados por el artista, quizá para dar paso al realce de su condición de personaje regio. Así, mientras nos encontramos con la usencia total de los elementos identificadores de su realidad martirial (ni hacha, ni palma, ni cadenas, ni cruz, etc.), no falta ningún elemento manifestador de su dudosa condición real (¿fue rey en realidad?): y ahí está la estola de armiño, el manto, el collar, las calzas, etc., que nos hacen ver al personaje regio en el apogeo de poder, pero no al heroico santo mártir.

Todo ello nos muestra a un san Hermenegildo en un hipotético apogeo de su poder, pero no a nuestro heroico santo mártir; si bien es verdad que podemos observar alrededor de la cabeza un tenue nimbo de haces de luz, muy delicados, que nos apuntan a la consideración de su indiscutible santidad.

15. La palma del martirio, gozo del cielo

 

San Hermenegildo. Corrado Giaquinto. Óleo sobre lienzo, h. 1756. Casita del Príncipe. San Lorenzo de El Escorial.

 

Pequeño óleo sobre lienzo de Corrado Giaquinto (1703-1765), en la Casita del Príncipe (San Lorenzo del Escorial), bajo la custodia del Patrimonio Nacional, que forma parte de una serie de bocetos realizados por el artista para decorar las pechinas de la capilla del Palacio Real de Madrid.

San Hermenegildo se encuentra representado en el centro de la composición en la figura de un joven de porte noble; vestido a la romana y arrebatado al cielo sobre una nube, mientras con su mano derecha muestra la palma del martirio. Junto a él, un ángel recoge dos de los atributos reales (cetro y corona), pues el manto lo viste él mismo. En los ángulos, rodeando a estas figuras, pueden verse a grupos de ángeles niños que se arremolinan y portan algún distintivo alusivo a la santidad de nuestro patrón: la llama de la fe, en sendas vasijas; la luz de Cristo, en el velón; las cadenas del cautiverio...Tanto la composición como la figuración y la perspectiva son muy semejantes a las del «El triunfo de san Hermenegildo» del Museo del Prado que hemos comentado ya. Sin embargo, el cromatismo se endulza aquí mucho más y el movimiento es menos violento y agitado, dando un tono de mayor serenidad a la representación, algo propio de este pintor barroco italiano afincado en la corte española.

Por último, hemos de apuntar que la realidad física para la que se pintó este cuadro (boceto) podemos admirarla asimismo en una de las pechinas de la Capilla del Palacio Real.

 

San Hermenegildo. Corrado Giaquinto. Fresco. Capilla del Palacio Real. Madrid 

 

La diferencia estética y compositiva entre ambas es mínima; por eso entendemos que no merece ningún comentario más que el apuntado en las líneas anteriores.

16. Rey y santo

 

San Hermenegildo. Mariano Salvador Maella. Óleo sobre lienzo, h.1770.

 

Dentro de los muchos encargos ornamentales que recibió el destacado pintor valenciano Mariano Salvador Maella (1739-1819), tanto de pintura cortesana como religiosa[4], nos encontramos con esta representación apoteósica que tan vivamente recuerda el lenguaje de Mengs y su círculo. El buen hacer del pintor se muestra tanto en la composición como en el tratamiento del movimiento de la figura, completado con ese escorzo brillante de la pierna izquierda, que pone de manifiesto su buena formación académica, fundamento de su brillante carrera[5].

Resulta significativo el destacado papel que cumplen en esta obra los signos explícitos del carácter regio de su protagonista, puesto de relieve en el tratamiento de los ropajes y de los atributos reales, muy del gusto del ambiente cortesano de su tiempo. En esta apoteosis, a diferencia de las demás, san Hermenegildo está situado en un nivel superior al de los ángeles que portan los distintivos de su condición de rey de mártir; y su mirada, con la del ángel que exhibe la palma, componen la diagonal que obliga al espectador a dirigir la mirada a una presencia divina que, sin embargo, queda fuera de nuestro alcance.

17. Un mártir antiguo entre los reyes nuevos

 

San Hermenegildo. Mariano Salvador Maella, 1778. Capilla de los Reyes Nuevos. Catedral de Toledo

 

Maella tuvo que multiplicarse para atender tantos encargos de la Corte, como los talleres de Santa Bárbara y su cargo como Teniente Director en la Academia de San Fernando. Sin embargo, pudo realizar varias obras para la catedral de Toledo, entre las que encontramos un lienzo de san Hermenegildo en la Capilla de los Reyes Nuevos. Posee notables similitudes con la obra anterior, especialmente en la vestidura regia, el armiño y los símbolos reales. Pero se diferencia de ella por la incorporación de algunos elementos alusivos a su martirio, como las cadenas y el austero muro en el que se apoya el santo, seguramente como remedo de los tétricos muros del lugar de su cautiverio.

18. La visión beatífica después del martirio

 

San Hermenegildo. Vicente López Portaña, h. 1800. Óleo sobre lienzo. Colección particular.

 

El excelente pintor neoclásico Vicente López Portaña (1772-1850), discípulo y admirador incondicional de Mariano Salvador Maella, intentó imitar, cuanto pudo y supo, el estilo y forma de su admirado maestro; tal como vemos en este cuadro de pequeñas dimensiones (89 x 69 cm.) que tiene notables similitudes con el de Maella del mismo tema. En él aparece san Hermenegildo, vestido a la romana tal como hemos visto en obras similares. En este caso la figura del mártir ocupa la mayor parte de la composición. Arrodillado en tierra, su mirada se dirige al cielo, queriendo expresar la visión de Dios, cuya cercanía apunta la presencia de los ángeles en las esquinas superiores; uno de los cuales le entrega los signos de triunfo martirial.

El protagonista aparece como un hombre de cierta edad, sin los signos propios de su martirio. Esto, unido a un excesivo perfeccionismo y a la delicadeza del rostro y de los gestos se aleja de la representación más realista que en otros estilos. Eso puede deberse a la primacía que López Portaña parece darle a lo espiritual y místico por encima del ardor heroico propio de un guerrero mártir[6].

19. Aquí está tu siervo, Señor

 

Cristo Redentor. Anibal Carracci. Óleo sobre lienzo, 1597. Galería Pitti. Florencia.

 

Nos encontramos ante uno de los grandes óleos sobre lienzo pintados por el boloñés Anibal Carracci (1560-1609), titulado «Cristo Redentor». Se trata de un monumental conjunto, del más puro estilo barroco boloñés, que se encuentra en la Galería Pitti de Florencia y nos traslada al espíritu de las grandes composiciones italianas del siglo XVI, con sus exquisiteces de color y los más excelentes recursos de representación de la escena en un cuadro, aunque ‑como en este caso‑ no sea de excesivas proporciones (194 x 142 cm.).

En esta obra aparece, en el plano superior, la figura de Cristo glorioso rodeado de querubines y flanqueado por los apóstoles Pedro y Juan. Contemplando la gloria vemos a varios santos, entre los que destaca san Hermenegildo, en primer plano a la izquierda, con la palma del martirio en su derecha y la corona real sobre su cabeza. Al fondo, un magnífico paisaje de corte renacentista dota al conjunto de una singular profundidad.

 

Cristo Redentor (detalle: San Hermenegildo). Anibal Carracci. Óleo sobre lienzo, 1597. Galería Pitti. Florencia.

 

La figura de nuestro mártir destaca por su fuerza y su actitud de adoración, de tal manera que, para nosotros, representa lo que podríamos titular «La postración de san Hermenegildo ante la presencia de Cristo».

Para lograr este efecto, el autor plasma al mártir de rodillas, dándole un movimiento extraordinario gracias al soberbio escorzo de la pierna izquierda y la mano del mismo lado extendida, mientras la mano derecha sujeta con delicadeza la palma del martirio. La mirada anhelante del santo hacia el Redentor trata de crear en nosotros la misma elevación de nuestra mirada adorante.

La calidez y la devoción que se desprenden de esta figura armonizan a la perfección el empaque regio con la humildad con la que san Hermenegildo se presenta ante Cristo, que parece decir con su gesto y su mirada: «Aquí está tu siervo, Señor».

2. Escultura

En el conjunto del considerable buen número de obras escultóricas y de imaginería que encontramos con la efigie de san Hermenegildo, observamos gran diversidad de obras. En efecto, tenemos ejemplos de lo más variado, atendiendo a los más diversos aspectos. Así vemos la gran variedad de origen o emplazamiento y ubicación en un recorrido que nos lleva desde las grandes catedrales a las humildes ermitas; desde el interior recóndito de la sencilla hornacina de una pequeña capilla, hasta la fachada monumental de la catedral que preside una gran plaza capitalina; lo mismo que ocurre respecto a su tamaño o tratamiento escultórico, desde grandes tallas de gran volumen a pequeñas imágenes; desde las que corresponden al tipo de bulto redondo a las que están tratadas como alto o bajo relieve; también diferenciamos obras por su riqueza o sencillez cromática (las hay con una policromía muy rica y de gran belleza y las hay que se nos presentan bañadas de un simple dorado). Asimismo es importante la diferenciación por el lugar que ocupan: si se encuentran como imágenes aisladas e independientes o, por el contrario, formando parte de un retablo junto a otras imágenes.

La lista de aspectos para confirmar esta diversidad se haría interminable; basten, por tanto, estos ejemplos como indicios de los que podemos encontrar. Sin embargo, no se debe olvidar que uno de los aspectos fundamentales de diferenciación será el que se refiere al material utilizado en la obra, principalmente madera, metal o piedra, cada uno de ellos de la más variada calidad.

Al mismo tiempo, de ahí se va a desprender también la dificultad de establecer un criterio fijo de homogeneidad a la secuencia y comentario de todas y cada una de las obras a las que hemos podido tener acceso o de las que solo hemos podido encontrar referencias eruditas.

De cualquier manera, merece la pena el esfuerzo por dejar constancia de esas obras escultóricas o de imaginería que tienen por objeto ensalzar y mostrar a la veneración a la imagen de nuestro santo mártir san Hermenegildo.

Comenzaremos por presentar las obras que encontramos en Sevilla, donde más enraizada está la devoción a san Hermenegildo, y seguiremos por el resto de Andalucía y de España.

1. Arte y memoria de san Hermenegildo en su Iglesia de Sevilla y en la muralla aledaña

Comenzamos nuestro recorrido escultórico por la ciudad que más recuerdos conserva del santo mártir, partiendo del amplio complejo de la iglesia de San Hermenegildo de Sevilla, debemos considerar varios espacios que conforman en sí mismos una unidad arquitectónica y artística; por ejemplo: la capilla de la Celda, la puerta-torre de Córdoba (con su habitáculo-mazmorra) de la antigua muralla medieval, etc. Y en todas y cada una de las dependencias hay imágenes o referencias que testimonian el sacrificio martirial del santo titular.

 

Iglesia de San Hermenegildo. Sevilla.

 

En efecto, el recuerdo de san Hermenegildo se ha conservado de un modo muy especial en la iglesia dedicada a su patronazgo, cuyo origen se vincula a un antiguo hospital.

Secuenciemos las figuras aludidas para tratar de analizar los espacios donde se ubican y la estética de sus imágenes.

 

Capilla de la Celda. Iglesia de San Hermenegildo. Sevilla. Al fondo, la puerta que da acceso a las mazmorras y, sobre ella, el azulejo que lo indica

 

En primer lugar, en la llamada Capilla de la Celda (que es prácticamente el espacio dedicado a templo y bien merece llamarse iglesia por su disposición y dimensiones), podemos contemplar una elegante imagen escultórica de san Hermenegildo en bulto redondo, madera policromada, y cuya prestancia y excelente calidad propiciaron que durante un tiempo estuviera atribuida a Juan Martínez Montañés (1568-1648). La talla está situada en un hermoso retablo (retablo mayor) de tres cuerpos, construido en madera de roble y ornamentado con motivos pictóricos que recuerdan el estilo de Alonso Vázquez (1564-1608).

 

Retablo de la Capilla de la Celda. Iglesia de San Hermenegildo. Sevilla.

 

La figura del santo aparece con vestiduras a la romana, interpretadas a la manera del momento (siglo XVII), coronada y portando los objetos propios de la naturaleza y forma de su martirio: en la mano derecha, la cruz de Cristo; el hacha se hiende en la cabeza; la mano izquierda sujeta firmemente la palma de la gloria martirial así como las cadenas de su cautiverio. La policromía es sencilla, pero elegante en tonos y pinceladas.

 

San Hermenegildo. Juan Martínez Montañés (atribuida) Madera policromada. Iglesia de San Hermenegildo. Sevilla.

 

Analizada la imagen del santo, no está de más que veamos brevemente el origen de la Capilla de la Celda, que dio lugar a la iglesia. Y hay que buscarlo en la tradición, según la cual san Hermenegildo sufrió cautiverio y martirio en el edificio aledaño a la actual iglesia y que cumplía la función de torre-puerta de la muralla llamada de Córdoba. Así parecen atestiguarlo dos inscripciones con sendas leyendas que aluden a ello. En la del interior de la capilla, sobre la puerta que da acceso a las escaleras que bajan a las mazmorras, una inscripción reza: «CÁRCEL Y SITIO DEL MARTIRIO DE SAN HERMENEGILDO». Hemos de entender que se refiere al martirio que supone un duro y prolongado cautiverio, puesto que el santo murió en Tarragona.

 

 

En el exterior puede verse una lápida con la leyenda: «OH TÚ, CUALQUIERA QUE PASES, VENERA RENDIDO ESTE LUGAR, CONSAGRADO CON LA SANGRE DEL REY HERMENEGILDO».

 

 

Esta misma tradición indica que desde muy pronto el lugar adquirió fama de recinto santo, y fueron muchos religiosos y devotos los que se sintieron atraídos por instalarse en él y tratar de vivir una vida de penitencia como verdaderos anacoretas. Su número fue en aumento constante y el espacio se hizo pequeño; entonces, el duque de Alcalá (fines del siglo XVI) no tuvo más remedio que conceder espacio dentro de las torres de la muralla para albergar y ampliar el entorno habitable en las celdas.

 

Puerta de Córdoba. Muralla de Sevilla. Adosada a ella, detrás, se ve la iglesia de san Hermenegildo.

 

Muralla de Sevilla, detrás de la iglesia de san Hermenegildo.

 

Escalera de la muralla que conduce a las mazmorras. Puerta de Córdoba. Sevilla

 

Lugar que ocupaban las mazmorras de la prisión de Sevilla en las que sufrió cautiverio san Hermenegildo

 

A pesar de todo, el acomodo resultó insuficiente y, al poco tiempo, hubo de edificarse una nueva capilla anexa (la actual), para lo cual el Municipio donó el terreno en 1606. Los trabajos se pusieron en marcha bajo los auspicios del padre Cristóbal Suárez de Ribera y el templo pudo consagrarse con la mayor solemnidad diez años después (1616). Su costo aproximado fue de 200.000 ducados.

Una tercera inscripción en un azulejo nos recuerda que «TEMPLO Y CÁRCELES SE REEDIFICARON EN 1871».

 

 

Sin embargo, otra vieja tradición vincula el origen de la capilla a la existencia en el lugar de un antiguo hospital que sufrió numerosos avatares hasta que se remodeló en el siglo XVIII hasta llegar a su estado actual. Y hacia 1787 ya se habían instalado en él algunos sacerdotes y devotos que cuidaron de llevar a cabo la labor asistencial.

Por último, una segunda y significativa imagen de san Hermenegildo en el recinto es la que encontramos en el habitáculo (¿antigua mazmorra?) de la primera planta de la puerta-torre de Córdoba, aledaña en esquina a la entrada de la actual iglesia de san Hermenegildo.

 

San Hermenegildo. Imagen sedente en madera policormada. Torre de Córdoba en la muralla. Sevilla.

 

Se trata de una curiosísima imagen sedente, de bulto redondo, con factura y composición no lejanas al siglo XVII y en madera policromada, en la que resaltan los dorados. El santo está vestido con túnica y manto reales de muy buen tratamiento estético. En la mano derecha porta una cruz con Cristo -que se nos antoja moderna-. Y hundida sobre el cráneo aparece el hacha del martirio.

Como dato curioso, el techo es artesonado, de recuerdo mudéjar, con azulejería y colores demasiado vivos (azulete, rojo intenso, blanco, dorado…).

2. Imágenes de san Hermenegildo en escultura y vidrieras de la Catedral de Sevilla

A la entrada de la catedral hispalense encontramos ya una imagen de nuestro santo mártir en la Puerta del Nacimiento de este templo sevillano, en cuyo interior encontraremos también imágenes de nuestro santo, tan querido en Sevilla.

 

San Hermenegildo. Lorenzo Mercadante. Terracota, s. XV. Puerta del Nacimiento de la Catedral. Sevilla

 

Esta elegante imagen de san Hermenegildo, modelada en terracota, es obra del notable escultor de Bretaña Lorenzo Mercadante (+1480), activo en Andalucía durante la segunda mitad del siglo XV. Su estilo se desarrolla a caballo entre el último gótico y los albores del Renacimiento.

El san Hermenegildo que aquí se nos presenta forma parte del conjunto de figuras destinadas a ornamentar la fachada de la Puerta del Nacimiento de la catedral de Sevilla.

La factura es notable y la figura está tratada de manera elegante, con las vestiduras cayendo a la moda propia del siglo XV, y con san Hermenegildo coronado a la usanza del momento.

Sin embargo, no muestra ‑como es tradicional‑ los signos martiriales o de gloria propios, salvo una especie de alabarda corta ‑no hacha‑ que sujeta contra el cuerpo con su antebrazo derecho.

Su monocromía rojiza, propia de la época (mediados del siglo XV), nos da la sensación de cierta pobreza colorista, pero no desdice del aire de majestuosidad logrado para la figura del santo por el artista bretón.

Ya en el interior del templo podemos contemplar el colorido de las vidrieras en las que aparece nuestro mártir. La más antigua es del 1549 y tiene por autor a Arnao de Flandes. En ella aparecen san Cosme, san Damián, san Jorge y san Hermenegildo.

 

San Cosme, san Damián, san Jorge y san Hermenegildo. Arnao de Flandes. 1549. Vidriera del Crucero, nave del Evangelio. Catedral. Sevilla.

 

De más reciente factura es la que se encuentra situada en el crucero catedralicio (Nave de la Epístola), junto a la llamada puertas de san Cristóbal (también del Príncipe o de la Lonja). En ella aparecen, junto a san Hermenegildo, san Jerónimo y san Eustaquio. Se trata de una vidriera reciente (1929).

 

San Hermenegildo, San Jeronimo y San Eustaquio. Casa Maumejean. 1929. Crucero nave de la Epistola junto a la Puerta de San Cristóbal, o de la Lonja o del Príncipe de la Catedral. Sevilla

 

La traza es de un gran panel dividido en tres calles, que ocupan cada uno de los santos, con san Hermenegildo en la de la izquierda.

Las tres conforman un conjunto de rico y variado colorido, aunque la ornamentación colorista de la parte superior resulta un tanto recargada.

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Bien es verdad que no es exclusiva de Sevilla la representación en vidriera de san Hermenegildo, pues contamos con un ejemplo en Barcelona:

 

San Hermenegildo. Vidriera del Templo Expiatorio del Sagrado Corazón del Tibidabo. Barcelona.

 

La Catedral de Sevilla alberga, ahora en su interior, una extraordinaria capilla que mandó construir el cardenal Cervantes para custodiar sus restos mortales. Se trata de un amplio espacio que se encuentra presidida por un espectacular retablo barroco ‑cercano al rococó‑, cuya hornacina central y principal la ocupa una monumental imagen de san Hermenegildo.

 

Retablo de la Capilla del Cardenal Cervantes de la Catedral. Sevilla.

 

San Hermenegildo. Bartolomé García de Santiago. Madera policromada, 1752. Capilla del Cardenal Cervantes de la Catedral. Sevilla.

 

La imagen es obra del maestro arquitecto, escultor y retablista Bartolomé García de Santiago, muy activo en Sevilla durante buena parte de la primera mitad del siglo XVIII, mientras el retablo es obra de su hijo el buen maestro escultor, arquitecto y ensamblador Manuel García de Santiago.

Ambos logran un magnífico y rico conjunto que llena de monumentalidad el espacio de la capilla. La figura del santo está muy bien tratada, al gusto barroco de la época; vestido a la romana y coronado, enarbola con energía el motivo de su fe y su martirio: la Cruz de Cristo. Al propio tiempo, aparece la cabeza hendida por el hachazo martirial y la mano izquierda sujeta los grilletes y cadenas de su cautiverio.

El artista logra así un volumen muy proporcionado y hace del santo un personaje que parece buscar al espectador con ese paso adelante, decidido, de su pierna izquierda, haciéndole con ello partícipe de su presencia en la capilla. Se trata de una imagen movida y teatral, perteneciente al grupo de las esculturas concebidas como «pinturas tridimensionales o escultóricas»

3. En el Palacio de san Telmo

El palacio de san Telmo está considerado como uno de los más bellos ejemplos del barroco sevillano. Su planta es rectangular, con altura de dos plantas más ático, torreones en las esquinas, jardines y varios patios interiores, contando el principal con un claustro cuadrado en el centro.

Se empezó a construir a finales del siglo XVII (1682), a orillas del Guadalquivir y como Universidad de Mareantes, iniciando las obras Antonio Rodríguez y dirigiendo las mismas hasta 1696.

Tras un periodo de inactividad, fue encargado de continuarlas y terminarlas Leonardo de Figueroa (desde 1722 a 1730). Pero su bellísima portada churrigueresca no fue rematada hasta 1754 por el hijo y el nieto de Leonardo Figueroa, con un coste de unos 50.000 pesos. Años después, el edificio fue adquirido por los duques de Montpensier para residencia propia y, a principios del siglo XX, pasó a ser Seminario Conciliar.

 

 

La portada se compone de tres cuerpos, el de abajo está compuesto por una puerta flanqueada por tres columnas toscanas a cada lado con fustes ornamentados, que sirven para sustentar el segundo cuerpo, formado por un balcón balaustrado sostenido por atlantes con aspecto indígena. Rodean el balcón doce figuras de mujer, alegóricas de las ciencias y las artes relacionadas con los estudios de náutica. Remata la fachada un conjunto en el que, enmarcada por columnas, se encuentra la figura de San Telmo, patrón de los navegantes, flanqueado por los patronos de la ciudad: San Fernando y San Hermenegildo.

 

San Hermenegildo. Piedra labrada, s. XVIII. Fachada del Palacio de san Telmo. Sevilla.

 

La imagen de san Hermenegildo es una escultura de bulto redondo, esculpida en piedra; se asienta sobre un pedestal y está flanqueada por dos columnas ricamente labradas con ornamentación geométrica.

La efigie responde a las características personales del santo, pues representa a un joven, sin barba, ricamente vestido y coronado (corona de bronce). Posee una composición muy equilibrada de movimiento, no exenta de cierta majestuosidad en el gesto y el porte general. Lo que vienen a resaltar por otro lado, de forma explícita y notable, los objetos o atributos propios del personaje en razón de su martirio (la cruz en la mano izquierda) y de su ejecución (hacha o segur).

Como colofón, la mirada directa del santo al espectador hace que, a pesar de la distancia en altura, se establezca una relación de cercanía con el espectador, con base en la fe y el ejemplo de santidad del efigiado.

Como verdadero contrapunto artístico de la monumental figura de san Hermenegildo en el exterior de san Telmo, en el interior podemos contemplar una muy aceptable imagen del santo rey mártir.

 

San Hermenegildo. Bartolomé García de Santiago. Madera policromada, s. XVIII. Retablo de la Capilla del Palacio de san Telmo. Sevilla.

 

Se encuentra situada en el retablo de la capilla del palacio, y se trata de una pieza escultórica de madera tallada y policromada, cuya autoría es del buen escultor Bartolomé García de Santiago

El retablo del palacio de San Telmo se inicia en 1723. Se desconoce al autor de la traza y el entallador o carpintero que hizo la obra. El tiempo de ejecución fue de dos años, y se presupone que el tallista puede ser Juan Tomás Díaz. En los libros de cuentas se encuentra los nombres de los entalladores que participaron en las obras.

Situada en el primer cuerpo en la hornacina izquierda, el encargo de la escultura se realizó a Bartolomé García de Santiago con fecha de 30 de diciembre del 1724. En el contrato se especifican cuatro figuras de santo, otras tantas de ángeles y la historia del último cuerpo. Todo ello importó 820 reales de vellón.

Sin embargo, desde el punto de vista morfológico y de composición, la obra nos parece muy semejante a una imagen procesional, elegantemente esculpida y policromada que responde a un refinado barroco. Está de pie pensada para ser vista de frente y el movimiento se limita a presentarnos una pierna avanzada y los brazos extendidos en posición de coger los atributos (hoy desaparecidos).

Los vestidos y telas que arropan al santo están muy logrados y dan un tono elegante a la figura, aunque la coraza –en sus dimensiones y color- encorseta un tanto el cuerpo del mártir.

 

San Hermenegildo (detalle). Retablo de la Capilla. Palacio de san Telmo. Sevilla.

 

Tal como se aprecia en la imagen, está coronado de manera sencilla y el rostro nos deja ver unos rasgos algo inexpresivos, sobresaliendo el ligero sonrosado de labios y mejillas y poniendo de manifiesto una recentísima restauración.

4. Junto a san Fernando, en la Iglesia del Salvador

La hermosa iglesia del Salvador en Sevilla se edificó sobre una antigua mezquita a finales del siglo XVII. De estilo barroco, pasa por ser el templo más suntuoso de la ciudad después de la catedral.

 

Retablo de San Fernando. Iglesia del Salvador. Sevilla.

 

En ella podemos contemplar la figura de san Hermenegildo que ocupa nuestro comentario y que está ubicada en el espléndido retablo barroco llamado de san Fernando, patrono de la ciudad. Dicho retablo fue construido entre 1760 y 1767 por el tallista José Díaz, con un diseño muy parecido al que había puesto de moda el arquitecto y ensamblador Jerónimo Balbás (muerto en Méjico en 1748) en su gran retablo de la capilla del Sagrario de la catedral hispalense, hoy desaparecido. Es un retablo de cuerpo entero que se compone de: banco o altar de asiento, un cuerpo de tres hornacinas separadas por estípites y un pináculo o ático con una custodia pintada y rematada por escudo monárquico y corona real. La riqueza ornamental de los estípites da una gran esbeltez y belleza al conjunto, logrando la diferenciación de hornacinas con una solución estética llena de acierto, que recuerda a Balbás y a los retablos barrocos de tantas inigualables iglesias de nuestra querida Hispanoamérica. De las tres hornacinas, la del centro –de tamaño mayor que las laterales- la ocupa la imagen de san Fernando; a la izquierda de ésta, vemos la representación de san Luis, rey de Francia; la figura de san Hermenegildo se encuentra a la derecha de san Fernando.

 

San Hermenegildo. Blas Molner. Retablo de san Fernando. Iglesia de El Salvador. Sevilla.

 

La imagen de san Hermenegildo es de un gran dinamismo en su composición y juego de líneas. Tallada en madera con notable esmero y dominio de la técnica escultórica, nos parece obra del estilo del escultor valenciano Blas Molner (1737-1812), que estuvo muy activo en Sevilla durante buena parte del siglo XVIII, hasta su muerte en la ciudad del Betis.

La policromía de la obra es también de una riqueza y un gusto muy acusados, lo que hace de este san Hermenegildo una imagen notable digna de ser contemplada.

Además de estar coronado, el santo muestra algunos objetos, ya tradicionales en sus representaciones como santo mártir. Así: la mano derecha enarbola una cruz (signo del mismo Cristo) y la izquierda sujeta un objeto que no vemos bien si es el arma del martirio (hacha) o las cadenas alusivas al cautiverio. Mientras, con su mirada y con su ademán, busca al devoto espectador, situándose la figura del santo en los dominios de la imaginería teatral barroca.

5. Entre los reyes de la Bética, en la Iglesia de San Ildefonso

 

San Hermenegildo. Pedro Roldán (atribuida). Madera policromada, 1745. Retablo de la Virgen de los Reyes. Iglesia de san Ildefonso. Sevilla.

 

Atribuida a Pedro Roldán (1624-1699), destacado escultor del Barroco andaluz y prolífico imaginero de tallas procesionales de Semana Santa, esta obra se encuentra situada, junto a otra imagen de san Fernando, en el retablo de la Virgen de los Reyes en la sevillana iglesia de san Ildefonso.

 

Retablo de la Virgen de los Reyes. Iglesia de san Ildefonso. Sevilla.

 

Se trata de una imagen tallada a tamaño natural, según los valores antropomórficos de la época (166 cm. de altura) que nos muestra una figura del santo llena de dignidad y valentía en el gesto. Se nos presenta ataviado a la romana, con el manto y la corona de su condición real y los atributos propios del martirio: la cruz (mano derecha) y la segur (mano izquierda).

Denota muy buena factura y unas notables condiciones estéticas, donde destacan las líneas de movimiento sin necesidad de recargar en exceso las violentas curvas del Barroco pleno. Sobresale también el buen tratamiento del rostro. Ambos elementos dan viva expresión y majestad dramática a la figura.

6. Presidiendo el Hospital de la Caridad

 

San Hermenegildo. Escultura en piedra. Fachada del Hospital de la Santa Caridad. Sevilla.

 

El hospital de la Caridad de Sevilla fue fundado y encargado construir por el caballero don Manuel de Mañara (1627-1679) para atención de enfermos, pobres y hambrientos. Él mismo murió allí.

El hermoso edificio se erigió sobre el solar de la antigua ermita de san Jorge y se terminó, en fecha imprecisa, hacia los años sesenta del siglo XVII.

 

 

Fachada del Hospital de la Santa Caridad y hornacina en la que está colocada la imagen de san Hermenegildo. Sevilla.

 

La fachada de su iglesia es de una aparente gran sencillez constructiva y de puro estilo barroco sevillano; de tres cuerpos (el segundo dividido en dos tramos y decorado con paneles de azulejos en los que aparecen las figuras de distintos santos y las virtudes teologales), la figura de san Hermenegildo que nos ocupa aparece en el primer cuerpo -a la izquierda- y cobijada en hornacina rematada con venera.

Está tallada en piedra con muy buena factura, y el santo aparece vestido a la romana con vestiduras regias, según el estilo propio del momento, y coronado con una sencilla corona, de pequeño tamaño en proporción con el de la figura completa.

En la mano izquierda hace ostensible la cruz de Cristo, a la que mira con verdadero ánimo contemplativo, y en la mano derecha sujeta el hacha del martirio.

El conjunto nos transmite así un profundo sentimiento de la firmeza de fe del santo y lo irreductible de su meta: morir por la fidelidad a Cristo.

7. En la Iglesia de San Nicolás

La Iglesia de San Nicolás de Sevilla se levantó, según la tradición, sobre una antigua edificación romana y se remató el templo actual a mediados del siglo XVIII. Es un edificio de hermosas proporciones y con amplitud interior suficiente para albergar cinco naves separadas.

En uno de sus retablos, el que corresponde al altar de Nª Sª de Fátima, podemos contemplar la figura de san Hermenegildo, tallada en madera y policromada de modo sencillo y austero en el color.

 

San Hermenegildo. Talla en madera policromada. Altar de Nª Sª de Fátima. Parroquia San Nicolás. Sevilla.

 

Representa a un joven, sin barba, de cuerpo bien proporcionado, coronado y vestido al modo regio del estilo imperante en el momento; aparece con coraza y bota alta o polaina, que recuerdan elementos claros de los ropajes romanos.

La imagen está ligeramente inclinada hacia adelante -como buscando al espectador- y le da movimiento el paso del pie izquierdo.

En sus manos ostenta atributos martiriales como la cruz (mano izquierda) y los grilletes (derecha), mientras en la cabeza se hunde el hacha martirial, siguiendo la tradicional representación que hemos observado en muchas otras obras del barroco sevillano.

8. En el retablo de la Iglesia de Santiago

En la tabla base del retablo mayor de la iglesia de Santiago (Sevilla), situada en el casco antiguo de la ciudad y una de las más primitivas parroquias, en estilo mudéjar, podemos contemplar esta peculiar tabla con la imagen de san Hermenegildo, vestido a la romana y portando en la misma mano (la derecha) la palma de la gloria y el hacha, arma del martirio.

 

San Hermenegildo. Relieve en madera policromada. Retablo Mayor de la Iglesia de Santiago. Sevilla.

 

Se trata de un relieve en madera, muy hábilmente policromado, que sirve de ornamento al conjunto del retablo mayor. Este está compuesto por un banco, un cuerpo flanqueado por pares de columnas y un ático. Fue realizado por el escultor Andrés de Ocampo, siguiendo las trazas que había diseñado el arquitecto Vermondo Resta en 1599.

En el banco están situados los relieves de san Francisco y san Hermenegildo; y, junto al sagrario, las esculturas de Santiago y san Felipe.

9. Junto a la Inmaculada, en el Monasterio de San Clemente

El Monasterio o convento de San Clemente de Sevilla fue fundado por el rey santo Fernando III poco después de la conquista de Sevilla, el 23 de noviembre de 1248. Edificado sobre un antiguo palacio abasida, fue durante mucho tiempo Panteón Real, pero la iglesia de este convento data del siglo XVII.

El retablo mayor de la iglesia es obra de Felipe de Ribas y se compone de tres cuerpos con tres calles en los dos inferiores, mientras se remata en un ático o pináculo con la imagen de Nuestro Señor Jesucristo crucificado.

 

Retablo mayor del Monasterio de San Clemente. Sevilla.

 

En las hornacinas centrales se sitúan las imágenes de la Inmaculada (segundo cuerpo) y san Clemente (primer cuerpo) y en las laterales, distintas figuras de santos; entre ellas la de san Hermenegildo, que ocupa la hornacina del segundo cuerpo, a la izquierda de la Inmaculada.

Es un espléndido y monumental retablo barroco cuyas calles y hornacinas están separadas por columnas de tipo clásico y con los fustes ricamente labrados, lo que imprime una elegancia y esbeltez singulares al conjunto.

Las imágenes parece ser que son obra de buenos e insignes maestros imagineros como Ocampo, Núñez Delgado y Segarra, pero la policromía es obra de Juan Valdés Leal (1622-1690), quien trabajó en el encargo como pago por la dote de su hija sor María de la Concepción, monja profesa en el convento de San Clemente. Valdés Leal inició su trabajo en 1681 y continuó el mismo hasta un año antes de su muerte; si bien a partir de 1683 lo hizo en condiciones físicas precarias, debido al ataque de apoplejía que había sufrido poco antes. Por ello, no pudo rematar la obra y renunció a la misma en 1689, cuando ya se encontraba impedido.

 

San Hermenegildo. Talla en madera policromada. Retablo mayor. Monasterio de San Clemente. Sevilla.

 

La imagen de san Hermenegildo es de bulto redondo, tallada en madera y ricamente policromada. Su tratamiento responde al estilo barroco, y tanto las vestiduras (túnica, coraza, polainas) como los atributos martiriales siguen la línea tradicional del uso propio del momento. Las proporciones de la talla y su movimiento le dan una gran esbeltez y dinamismo al conjunto, en el que el santo parece querer ir hacia el espectador con el paso adelante de su pierna izquierda. Mientras, dirige la mirada a la cruz que sostiene su mano derecha, al tiempo que el hacha se hunde en su cabeza y la palma de gloria se alza, airosa, en su mano izquierda.

10. En San Luis de los Franceses

 

San Hermenegildo. Escultura en piedra. Fachada de la Iglesia desacralizada de San Luis de los Franceses. Sevilla.

 

El edificio de San Luis de los Franceses es una bella iglesia concluida en 1731 por obra del arquitecto valenciano Leonardo de Figueroa (h. 1654-1730) y que constituye una de las mejores obras del artista, respondiendo al más claro estilo barroco sevillano.

Fue destinada a noviciado de la Compañía de Jesús, pero en la actualidad el templo se encuentra desacralizado.

No obstante, en uno de sus muros exteriores, se conserva ‑en muy buen estado, por cierto‑ una hornacina, enmarcada con pilastras y arco de medio punto, rematada en bóveda semiesférica; y cobijada en ella podemos admirar una notable imagen de san Hermenegildo. Está esculpida en piedra y ricamente ataviada y policromada, aunque se observe algún desperfecto o descuido en su conservación. La factura nos parece impecable, con una serie de líneas curvas y un vuelo en el volumen que escapan a cualquier obra vulgar o de tipo popular.

El santo está vestido a la romana, según el gusto barroco, pero no está coronado. Sólo muestra en su mano derecha la cruz de Cristo, motivo último de su fe, de su martirio y de su gloria.

11. Un retablo de cerámica del s. XVII

 

 

San Hermenegildo. Azulejo pintado, s. XVII. Campanario de la Iglesia del Sagrado Corazón. Sevilla.

 

La presente figura de san Hermenegildo, realizada sobre azulejo plano (0,70 x 1,40 m), nos presenta al Santo como un joven caballero preparado para la batalla con yelmo, coraza, polainas, escudo y espada. Desgraciadamente podemos ver que el panel tiene, al menos, cuatro piezas mal colocadas y varias deterioradas.

12. Un sitial en el coro de la catedral de Málaga

Abandonamos Sevilla para rastrear en el resto de Andalucía otras obras escultóricas de más o menos importancia, comenzando por la sillería del coro de la Catedral de Málaga.

 

Sillería del coro de la Catedral. Pedro de Mena. s. XVII. Málaga.

 

Como puede verse, esta imponente sillería se compone de tres cuerpos, cada uno de ellos decorado con figuras y relieves de excelente factura, tallados sobre maderas nobles, como la caoba, el cedro o el granadillo.

Una de estas figuras es la de san Hermenegildo, situada a la izquierda, en la primera hornacina del segundo cuerpo, tallada sobre fondo plano, con color propio, y enmarcada por pilastras y arco de medio punto. El santo está vestido a la flamenca, con calzón corto, calzas, coraza y manto real. En la mano derecha porta la palma del martirio, y con la izquierda sostiene una espada envainada. Pero no se le adorna con ninguno de los objetos martiriales propios: cadenas, hacha, etc.

 

San Hermenegildo. Pedro de Mena. s. XVII. Sillería del coro de la Catedral. Málaga.

 

La obra, del granadino Pedro de Mena y Medrano (1628-1688), evidencia la influencia que hay de su maestro Alonso Cano (también granadino), pero reafirma los recursos propios del estilo del artista, lo que le hace distanciarse de formas anteriores, hasta lograr un conjunto escultórico espectacular en todo el cuerpo del coro. Lo cual queda de manifiesto en el modelado de las figuras, que expresan una gran serenidad por el tratamiento delicado y preciosista de las mismas.

13. San Hermenegildo, patrón de Alquife

Como recuerdo del paso de san Hermenegildo por los predios de Alquife (Granada) cuando lo trasladaban, cautivo, camino del martirio, queda la imagen patronal de la parroquia de esta localidad, de moderna factura, en la que aparece el santo como un muchacho ataviado con vestiduras y atributos regios.

 

San Hermenegildo. Iglesia parroquial de Alquife. Granada.

 

14. En el antiguo Convento de san Hermenegildo de Madrid, actual Iglesia de San José

Ya fuera de Andalucía, nos adentramos en el corazón de Madrid, donde existió un convento de carmelitas descalzos bajo el patronazgo de san Hermenegildo, que, después de muchos avatares, es actualmente la Parroquia de San José, y en la cual vamos a encontrar un gran conjunto escultórico dedicado a nuestro mártir.

 

San Hermenegildo. Robert Michel. Imagen escultórica en madera. Iglesia de San José. Madrid.

 

Obra escultórica monumental (3x3,20 x1 m), ocupa el pináculo del retablo mayor ‑en el presbiterio-, y la efigie del santo se esculpió en una sola pieza de madera noble. No ha sido policromada, pero sí ligeramente dorada. Su ejecución fue realizada por el artista francés Roberto Michel (1720-1786), afincado en Madrid (por ello uno de los mejores representantes del llamado Barroco madrileño) y escultor de Cámara de Carlos III de quien, al parecer, recibió el encargo.

 

 

 San Hermenegildo (Robert Michel) y cabecera de la iglesia de San Hermenegildo. Madrid.

 

El conjunto de esta Apoteosis sigue una perfecta composición de tipo piramidal, bajo arco mural de medio punto, como remate final del retablo. En él pueden contemplarse varias figuras: la principal, la del santo, se eleva hacia el cielo sobre una nube en una actitud orante, de rodillas, y el tronco en ligera torsión, y viste galas regias, según la interpretación barroca de la moda a la romana; a la izquierda, en el vértice correspondiente de la base del imaginario triángulo compositivo, se sitúa un ángel que sostiene, y le muestra, una corona; a la derecha, pueden verse dos cabezas de ángeles en actitud reverente. Apartados de este núcleo compositivo, pero formando parte del conjunto, en el arranque del arco que cierra el fondo del presbiterio, encontramos cuatro figuras de ángeles, dos a la izquierda y otros tantos a la derecha, que portan la palma del martirio (los de la izquierda) y una cruz griega de gusto visigótico (los de la derecha).La perfecta simetría de la composición figurativa y las dimensiones de la figura principal logran en el espectador un efecto de extraordinaria complacencia estética, viendo la Apoteosis como el elemento final que remata y totaliza, presidiéndolo, el espacio estético del espléndido templo barroco madrileño.

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Como apéndice a esta monumental obra del interior del templo, en el atrio de la misma iglesia de San José, que tuvo anexo el antiguo convento de san Hermenegildo, en el que parece estuvo un tiempo el propio Lope de Vega, podemos ver -entrando a la derecha- otra imagen del santo. Mucho más moderna, realizada en escayola o estuco, tiene interés por su buena factura y proporción, que responde al tamaño natural. La figura aparece nimbada y coronada, ataviada al modo de las indicaciones de la iconología tradicional del santo, portando en el brazo izquierdo el arma de su martirio.

 

San Hermenegildo. Atrio de la Iglesia de San José. Madrid.

 

El primitivo edificio, cuya iglesia había sido construida en 1605, fue demolido a principios del siglo XVIII, y en 1730 se encargó a Pedro de Ribera la construcción del actual, terminado en 1748 por José de Arredondo y Fausto Manso.

 

 Atrio de la Iglesia de San José. Madrid.

 

Se trata de una espléndida iglesia del barroco madrileño, levantada sobre planta de cruz latina con una nave central y dos laterales. En la fachada, muy del estilo de Ribera, hay un nicho central con una imagen de Nuestra Señora del Carmen que realizó el escultor francés Roberto Michel. La fachada original fue alterada en 1912 por el arquitecto Juan Moya e Idígoras, al ampliarla hacia los lados y en altura, para así adecuarla a las proporciones de la vecina «Casa del párroco», construida también en esas fechas con motivo de la apertura de la Gran Vía.

15. Junto a la Virgen las Angustias, en la Iglesia de San Antolín

En la Colegiata de San Antolín, de la castellana y noble ciudad de Medina del Campo (Valladolid), tenemos una espléndida muestra del barroco en la Capilla dedicada a Nuestra Señora de las Angustias, en cuyo retablo central San Fernando y San Hermenegildo flanquean a esta hermosa imagen de la Piedad.

 

Retablo de la Virgen de las Angustias. Colegiata de San Antolín. s. XVIII. Medina del Campo (Valladolid).

 

Se trata de una talla en madera policromada, del siglo XVIII, que evidencia una elaborada factura de estilo Barroco castellano, recargado en cuanto al tratamiento y disposición de la imagen. La figura denota una disimulada rigidez, incluso en el intento de darle movimiento con el paso adelante que parece iniciar la pierna izquierda, que no muestra la más mínima inflexión o escorzo.

 

San Hermenegildo. Talla en madera, s. XVIII. Colegiata de San Antolín. Medina del Campo (Valladolid).

 

Las vestiduras están tratadas, además, de tal modo que parecen encorsetar el cuerpo del santo y caen a lo largo de él como una coraza inflexible.

La policromía es sobria y se hacen resaltar los atributos propios y tradicionales de la santidad martirial. Así observamos la corona real sobre la cabeza, el arma del martirio en la mano derecha y una pomposa palma de gloria en su izquierda.

Por último, diremos que la imagen se cobija en una hornacina barroca sobre pedestal, al que da cierta prestancia la cabeza de un angelote.

16. La policromía en la piedra

 

San Hermenegildo. Piedra policromada. Catedral de Palencia.

 

Nos encontramos aquí ante una excepcional talla en piedra, exquisita y ricamente policromada. Ocupa una hornacina (junto a otra de San Luis rey de Francia), rematada con venera dorada, en el interior del templo catedralicio palentino, y se nos presenta la imagen de san Hermenegildo vestido con los elementos propios de un personaje regio.

 

Conjunto de san Hermenegildo y San Luis rey de Francia. Piedra policromada. Catedral de Palencia.

 

Por la composición y el tratamiento de la figura, se nos antoja obra de gran artista, de excelente remate y sereno movimiento, con un ligero escorzo de la pierna derecha, pero lejos de las tensiones y curvas forzadas de un barroco pleno. Incluso el rostro se nos aparece aureolado de serenidad y cierta ternura, con facciones suaves que le hacen cercano al espectador.

Sin embargo, es curiosa la falta de objetos parlantes que nos hablen del martirio y nos pudieran indicar con claridad de qué santo se trata. Sólo la inscripción de la peana con el nombre de san Hermenegildo nos saca de dudas respecto a su identidad.

Por otro lado, el alarde de una policromía tan rica, y perfectamente combinada, no sólo se queda en el color, sino que es capaz de lograr unas transparencias en las telas que nos llenan de asombro.

17. Un príncipe en la catedral de Murcia

 

San Hermenegildo. Jaime Bort. Escultura monumental en piedra, s. XVIII. Fachada de la Catedral. Murcia.

 

Esta es una imagen escultórica monumental situada en la fachada del Cardenal de la catedral de Murcia. Corresponde al estilo barroco propio de la fachada diseñada por un ingeniero militar castellonense, Jaime Bort (¿?-1754), quien la levantó entre 1736 y 1754, después de permanecer un tiempo arruinada, para concluir la obra que se había comenzado en el siglo XV. La fachada está concebida como un auténtico retablo (de ahí la proliferación de figuras) y la convierten en uno de los focos escultóricos barrocos más importantes de todo el siglo XVIII por su riqueza decorativa.

La figura de san Hermenegildo está muy bien esculpida y presenta al santo como un personaje importante, vestido al modo cortesano, con casaca, calzas y calzón sujeto a medio muslo, en actitud orante, y mira al espectador como dando testimonio de su presencia martirial. Sobrepuesto, aparece un nimbo metálico como símbolo de santidad y en el pedestal, a modo de cartela, puede leerse una breve leyenda que alude al santo como procedente u originario de Cartagena, por cuyo puerto hizo su entrada para llegar a Murcia.

Aquí la podemos ver en su contexto arquitectónico:

 

Detalle de la fachada de la Catedral. Murcia.

 

18. En un detalle de la Iglesia de Viana

Finalmente presentamos una talla anónima en relieve, posiblemente del siglo XVIII, conservada en el retablo de San Bartolomé en la iglesia de Santa María de la Asunción de Viana (Navarra).

 

San Hermenegildo. Relieve en madera policromada, s. XVIII. Retablo de San Bartolomé. Iglesia de Santa María de la Asunción. Viana (Navarra).

 

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Apéndice sobre la imaginería procesional en Sevilla

Como apéndice a todo lo anterior, aunque se trate de obras de un valor muy distinto al de las precedentes, merece la pena reseñar algunos testimonios de la arraigada devoción de la capital hispalense a san Hermenegildo, que queda patente, una vez más, en las numerosas representaciones del santo que aparecen, como detalle, en algunos pasos procesionales que tanta importancia tienen en el fervor sevillano. Dejamos constancia a continuación, de manera resumida, de las más significativas.

 

Paso del Cristo de las Almas. (Hermandad de los Javieres).

 

Paso del Cristo de la Buena Muerte. Francisco Buiza Fernández. (Hermandad de la Hiniesta).

 

Paso del Cristo de la Sangre (Hermandad de san Benito).

 

Paso de Ntra. Sra. del Subterráneo (Hermandad de la Sagrada Cena).

 

Paso del Señor de la Paz (Hermandad del Carmen Doloroso).

 

Otro ejemplo de relieve en un paso procesional.

 

Finalizamos este apéndice con un rico bordado de uno de los mantos procesionales de la Iglesia de Nuestra Señora de la Angustia de Sevilla.

 

Detalle del manto procesional de la Cofradía de Nª Sª de la Angustia (Sevilla).

 

Se trata de una imagen del santo que merece nuestra atención e interés por tratarse de una creación artística de nuestro tiempo con cierto valor estético y por lo sorprendente y curioso de su soporte: un manto procesional de la Virgen.

El modelo seguido para su representación supone un acierto estético, pues el diseño del profesor H. Pretel recoge los elementos iconográficos tradicionales y estilísticamente sigue los cánones cercanos a la transición bizantino-visigótica propia de la época del santo El motivo propuesto por el profesor para ornato bordado del manto es la efigie de san Hermenegildo, quien es representado de medio cuerpo, con la cabeza coronada, vistiendo el manto regio y con la cruz del martirio alzada en la mano derecha.

Las líneas de figuración de esta obra reciente, con marcado carácter bizantinista, nos acercan a cualquiera de las excelentes representaciones de figuras regias que pudiéramos contemplar en los grandes monumentos de Rávena pertenecientes a los siglos VI o VII.

3. Grabados

En el apartado de las representaciones gráficas de san Hermenegildo, hemos encontrado un buen número de grabados y estampas alusivos a su martirio y gloria, en su mayoría pertenecientes a los siglos XIX y XX. Las reseñamos a continuación.

1. Leovigildo y san Hermenegildo

 

 

Interesante grabado del siglo XIX en el que, además de las efigies en las que se igualan las dignidades regias de padre e hijo, aparece una cartela explicando los triunfos de la monarquía visigoda, su dominio territorial y la referencia sobre la fe, el martirio y las fechas clave de la vida de san Hermenegildo, quien en el grabado aparece tras su padre y sin barba.

2. San Hermenegildo recibe doctrina y enseñanza de san Leandro

 

 

En este grabado de estilo historicista decimonónico se representa un hecho crucial en la vida de nuestro joven santo. En plena adolescencia sigue la inspiración del Señor y se deja instruir fervientemente en la fe católica por el obispo san Leandro.

De tal modo acogió la nueva doctrina en su corazón, que fue capaz de ponerla por encima de las decisiones de su padre, el rey Leovigildo, y prefirió el martirio a la tentadora oferta de poder que, a cambio de abjurar de su fe, le ofreció su padre en numerosas ocasiones.

3. San Hermenegildo rechaza al obispo arriano

 

 

Tan arraigado quedó san Hermenegildo en la fe católica recibida, que no tuvo inconveniente en rechazar una tras otra las visitas, ofrecimientos y requerimientos que su padre le estuvo haciendo durante un tiempo, tras ordenar su cautiverio a través de un influyente obispo arriano.

Tenía claro que entre su padre -al que siempre quiso y respetó- y Cristo, la fidelidad a la Cruz del Señor era el único valor fiable, aun a costa de dar la vida.

4. Martirio de san Hermenegildo

 

 

Y así fue. Cansado Leovigildo de las negativas de su hijo, no tuvo escrúpulo en ordenar su muerte. Y el certero golpe de segur (hacha) que asestó el verdugo sobre la joven cabeza de Hermenegildo consumó su muerte y propició la gloria de su martirio para siempre.

5. Martirio de san Hermenegildo

 

 

En esta ocasión, el verdugo se vale de la ayuda de un carcelero para, blandiendo la segur con energía, asestar el golpe fatal que acabaría con la vida del jovencísimo príncipe, y convertirlo así en mártir y santo por la fidelidad a la fe católica y al Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. ¿Por qué no ver en el agua derramada del ánfora rota del primer plano un signo del derroche de la gracia que mana de la vida rota del mártir de Cristo?

6. Martirio de san Hermenegildo

 

 

En efecto, no parecen bastar ni uno ni dos asesinos; son varios los que aparecen en escena en este dramático grabado en el que, violentamente empujado al suelo, san Hermenegildo es atravesado por la espada de un sayón y herido de muerte por los golpes de hacha (segur) de otro. ¡Hasta con escudo aparece otro, como si tuviera que librar batalla con alguien…!

El espacio en el que se desarrolla la escena no es ya un simple calabozo o mazmorra, sino una sala amplia en la que, posiblemente, el santo ha sufrido previamente un agotador interrogatorio.

7. Martirio de san Hermenegildo

 

 

Algo similar ocurre en esta más que lujosa estancia palaciega en que tiene lugar la escena del martirio. En él intervienen no sólo el posible sayón o verdugo encargado de llevar a cabo la orden de Leovigildo, sino que san Hermenegildo es traspasado y cosido a cuchilladas de espada y puñal por personajes que, por sus vestiduras y porte, parecen tener la confianza del rey y desempeñar cargos de favor importantes en la corte.

Este grabado -entre historicista y romántico- forma parte del conjunto que ilustra la obra Glorias de España.

8. Degollación de san Hermenegildo

 

 

Una forma diferente de representar la tradicional forma del martirio de san Hermenegildo es esta degollación que nos presenta esta lámina calcográfica de 1852, obra del estupendo estampador Coderch. El verdugo asesta el corte certero en el cuello del santo, mientras el carcelero observa impávido y el santo se encomienda, en última oración de perdón, ante la cruz que tiene ante sí, en un ejemplo de paz y serenidad a la espera del encuentro inminente con el Padre de la mano de Cristo.

9. Decapitación de san Hermenegildo

 

 

En este otro ejemplo, insólito y singular, sobre el martirio de san Hermenegildo, encontramos un modo muy distinto de expresarlo. Aquí se ha llevado a cabo la decapitación del santo con un golpe seco y único de alfanje sobre el cuello del mártir. La cabeza  nimbada (símbolo de santidad) rueda por el suelo y el cetro (símbolo de autoridad terrena) cae cerca de su mano derecha. El cuerpo (boca abajo) aparece semidesnudo, y el verdugo hace ademán de haber culminado su tarea con éxito. Seguramente «no sabe lo que hace»…

10. San Hermenegildo muerto ante sus verdugos

 

 

Consumado el asesinato, el cuerpo del santo queda en el suelo ante la mirada atónita y dubitativa de los soldados y sayones que acompañan al verdugo (todavía con el hacha en su mano derecha). ¿Está muerto realmente?, parecen preguntarse…

La escena, historicista y casi novelesca, se traslada aquí a un espacio amplio y de cierta prestancia arquitectónica que nos habla de una prisión de verdadera y relevante importancia. Así lo ve F. Blanch, autor del grabado.

11. Proclamación de la santidad de san Hermenegildo

 

 

Al modo del Barroco clasicista, a caballo entre los siglos XVII y XVIII, se nos presenta aquí la imagen de nuestro mártir en su esplendor y gloria, envuelto en una especie de aurea de santidad, tanto en la actitud y composición como en el gesto.

Se le representa muy joven, sin barba, coronado y vestido a la romana. Porta todos los atributos tradicionales del cautiverio (cadenas rodeando el cuerpo), el alfanje envainado a la cintura (arma de su muerte), la Cruz (símbolo de la fe en Cristo) y la palma de la gloria, ambas sujetas por el antebrazo y la mano derecha. Apoyada en su mano izquierda, una cartela testifica su identidad.

12. Testimonio de santidad de san Hermenegildo

 

 

En otro estilo y soporte, volvemos a encontrarnos con una imagen de san Hermenegildo que nos habla del gozo de su santidad. Se trata de una estampa del siglo XIX en la que el santo conforma una figura de aspecto y composición de tipo tradicional en su imaginería.

Porta el hacha del martirio (mano derecha) y la palma de la gloria (mano izquierda), complementando la cabeza –coronada y nimbada- como signos identitarios de su santidad; de la que no deja duda el nombre del santo, en letra gótica, al pie de la estampa.

13. San Hermenegildo, santo entronizado

 

 

Otro ejemplo testimonial de la santidad de nuestro mártir lo tenemos también en esta estampa del siglo XIX, con la imagen de san Hermenegildo de la parroquia de Alquife (Granada).

El santo se encuentra entronizado y nos da idea de su talla como imagen procesional, y del tipo de andas sobre las que era expuesto y procesionado por el fervor de todo un pueblo, reconociendo su santidad sin el más mínimo atisbo de duda y enalteciéndolo con su patronazgo.

14. San Hermenegildo en el cielo

 

 

Por si quedara algún resquicio sobre la consideración de la santidad del patrón, vemos aquí otra estampa devocional, aunque mucho más moderna y reciente, en la que se vuelve a dar al mártir toda la notoriedad de su gloria, tanto temporal (por sus atributos regios: manto, corona, cetro y espada) como eterna (el autor lo sitúa en el Cielo y son los ángeles los que portan los atributos de su cautiverio y de su martirio (cadenas, cruz,…).

Es decir, se pone de manifiesto cómo san Hermenegildo va del cielo a los altares y de los altares al cielo en razón del entusiasmo de todo un pueblo, para ejemplo e imitación de su fe inquebrantable por parte de todos nosotros.

4. Numismática

Existe una gran controversia sobre la autenticidad de las acuñaciones de monedas en la época visigótica, dada la gran cantidad de posibles falsificaciones que se han realizado, sobre todo en la Edad Media como moneda de cambio y en la actualidad para engañar a los coleccionistas. De todos modos ponemos aquí algunos de los ejemplares de los que disponemos.

La primera pieza es un tremis (moneda de oro de procedencia romana con valor de 1/3 de solidus), en cuyo anverso aparece el busto de san Hermenegildo mostrando su lado derecho y una cruz sobre el pecho, con la inscripción: «ERMENEGILDI» y en su reverso se lee: «REGI DEO VITA». Aunque fue tenida por auténtica por Alois Heiss (1872), sin embargo su autenticidad fue puesta en duda por Vico y Núcleos (2006).

 

 

 

Tremis de oro con el busto de san Hermenegildo en el anverso.

 

 

Otro ejemplar del mismo tremis, aunque sin el reverso.

 

 

Reproducción de una moneda de oro de la época, acuñada por el príncipe Hermenegildo, con una cruz e inscripción: «Devita hereticum hominem» (Evita el trato con los herejes), de san Pablo (Tito 3,10).

 

 

Moneda de plata con busto e inscripción de San Hermenegildo.

 



 

[1] Castellanos de Losada, B.S.: Iconología cristiana y gentilicia, Madrid, 1850, pág. 150-51.

[2] Este cuadro fue presentado en la exposición Nacional de Bellas Artes de 1860, obtuvo mención honorífica y fue adquirido para el Museo Nacional.

[3] Alcolea, S., Garriga, J. y Coll, I.: Pinturas de la Universidad de Barcelona, Barcelona, 1980, pgs. 130-131.

[4] En concreto, este lienzo formaba parte de los cuadros encargados por Francisco Sabatini para adornar los diversos tabernáculos del Hospital General de Madrid.

[5] En efecto, el artista Maella tuvo ocasión de viajar a Italia y allí estuvo pensionado por la Academia (1759), fue académico de Mérito (1765), pintor de Cámara (1774) y primer pintor de Corte (1799) y llegó a recibir ‑ya vencido el XVIII y comenzado el XIX‑ la Real Orden de España (despectivamente llamada «La Berenjena») por orden de José Bonaparte; si bien parece que tuvo que aceptarla por miedo a ser fusilado si se negaba.

[6] Estas características han dado lugar a que críticos como el Marqués de Lozoya, en su monumental «Historia del Arte Hispánico», alaben el buen oficio pictórico que conservó el artista toda la vida, especialmente en sus retratos. Pero piensan que en sus obras de temática religiosa no logró expresar la ferviente devoción que tenía.

 

 

 

 

 

 

Álbumes fotográficos
Icono de san Hermenegildo, parroquia Madrid