SACRAMENTOS Los sacramentos son signos sensibles y eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia, a través de los cuales se nos otorga la vida divina (...). Cristo ha confiado los sacramentos a su Iglesia. Son "de la Iglesia" en un doble sentido: "de ella", en cuanto son acciones de la Iglesia, la cual es sacramento de la acción de Cristo; y "para ella", en el sentido de que edifican la Iglesia (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 224ss). La Parroquia es el lugar natural de la administración de los sacramentos, de tal manera que ésta es su función principal. Como comunidad de creyentes, la Parroquia vive de los sacramentos y a través de ellos se edifica como célula viva de la Iglesia universal. Bautismo de niños El bautismo de niños se realiza el último sábado de mes. • Deben solicitarlo los padres con un mes de antelación, en el despacho parroquial. El primer sacramento de la iniciación recibe, ante todo, el nombre de Bautismo, en razón del rito central con el cual se celebra: bautizar significa "sumergir" en el agua; quien recibe el Bautismo es sumergido en la muerte de Cristo y resucita con él "como una nueva criatura" (2 Co 5,17). Se llama también "baño de regeneración y renovación en el Espíritu Santo" (Tt 3,5), e "iluminación", porque el bautizado se convierte en " hijo de la luz" (Ef 5,8). La Iglesia bautiza a los niños puesto que, naciendo con el pecado original, necesitan ser liberados del poder del Maligno y trasladados al reino de la libertad de los hijos de Dios. A todo aquel que va a ser bautizado se le exige la profesión de fe, expresada personalmente, en el caso del adulto, o por medio de sus padres y de la Iglesia, en el caso del niño. El padrino o la madrina y toda la comunidad eclesial tienen también una parte de responsabilidad en la preparación al Bautismo (catecumenado), así como en el desarrollo de la fe y de la gracia bautismal. (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 252ss) Confesión • El sacramento de la Penitencia o de la Confesión se celebra ordinariamente en la Parroquia en su forma individual. Para ello hay confesores antes cada una de las misas. También puede solicitarse la confesión en cualquier momento. En algunas ocasiones, la Parroquia organiza celebraciones comunitarias de la Penitencia, con confesión y absolución individual. El llamado sacramento de la Penitencia también se denomina de la Reconciliación, del Perdón, de la Confesión y de la Conversión. Puesto que la vida nueva de la gracia recibida en el Bautismo, no suprimió la debilidad de la naturaleza humana ni la inclinación al pecado (esto es, la concupiscencia), Cristo instituyó este sacramento para la conversión de los bautizados que se han alejado de Él por el pecado. La llamada de Cristo a la conversión resuena continuamente en la vida de los bautizados. Esta conversión es una tarea ininterrumpida para toda la Iglesia que, siendo santa, recibe en su propio seno a los pecadores. La penitencia interior es el dinamismo del "corazón contrito" (Sal 51,19), movido por la gracia divina a responder al amor misericordioso de Dios. Implica el dolor y el rechazo de los pecados cometidos, el firme propósito de no pecar más y la confianza en la ayuda de Dios. Se alimenta de la esperanza en la misericordia divina. (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 396ss) Los efectos del sacramento de la Penitencia son: la Reconciliación con Dios y, por tanto, el perdón de los pecados; la Reconciliación con la Iglesia; la recuperación del estado de gracia, si se había perdido: la remisión de la pena eterna merecida a causa de los pecados mortales y, al menos en parte, de las penas temporales que son consecuencia del pecado; la paz y la serenidad de conciencia y el consuelo del espíritu; y el aumento de la fuerza espiritual para el combate cristiano. (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 310) Primera Comunión La preparación de los niños a la primera Comunión consta de tres cursos, a partir del 2º de Primaria, y la catequesis se imparte los miércoles de 5,15 a 6,15 • Las inscripciones para los niños nuevos: del 15 al 30 septiembre (de lunes a viernes de 6 a 7 de la tarde), en el despacho parroquial. • La catequesis comienza la primera semana de octubre. La Eucaristía es el sacrificio mismo del Cuerpo y de la Sangre del Señor Jesús, que él instituyó para perpetuar en los siglos, hasta su segunda venida, el sacrificio de la Cruz, confiando así a la Iglesia el memorial de su Muerte y Resurrección. Es signo de unidad, vínculo de caridad y banquete pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la vida eterna. La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana. En ella alcanzan su cumbre la acción santificante de Dios sobre nosotros y nuestro culto a él. La Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia: el mismo Cristo, nuestra Pascua. Expresa y produce la comunión en la vida divina y la unidad del Pueblo de Dios. Mediante la celebración eucarística nos unimos a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna. (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 271ss) Confirmación Los candidatos a recibir el sacramento de la Confirmación deben tener más de 15 años e incorporarse a un grupo catecumenal de dos cursos de preparación. Los Apóstoles reciben el Espíritu Santo en Pentecostés y anuncian "las maravillas de Dios" (Hch 2, 11). Comunican a los nuevos bautizados, mediante la imposición de las manos, el don del mismo Espíritu. A lo largo de los siglos, la Iglesia ha seguido viviendo del Espíritu y comunicándolo a sus hijos por medio del sacramento de la Confirmación, llamado así porque confirma y refuerza la gracia bautismal. El rito esencial de la Confirmación es la unción con el Santo Crisma (aceite de oliva mezclado con perfumes, consagrado por el obispo), que se hace con la imposición de manos por parte del ministro el cual pronuncia las palabras sacramentales: "Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo". El efecto de la Confirmación es la especial efusión del Espíritu Santo, tal como sucedió en Pentecostés. Esta efusión imprime en el alma un carácter indeleble y otorga un crecimiento de la gracia bautismal arraiga más profundamente la filiación divina; une más fuertemente con Cristo y con su Iglesia; fortalece en el alma los dones del Espíritu Santo y concede una fuerza especial para dar testimonio de la fe cristiana. (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 265ss) Matrimonio El sacramento del matrimonio deben solicitarlo los novios tres meses antes de la boda (en horario de despacho), siempre que uno de los novios pertenezca a la Parroquia. Dios, que es amor y creó al hombre por amor, lo ha llamado a amar. Creando al hombre y a la mujer, los ha llamado en el Matrimonio a una íntima comunión de vida y amor entre ellos, "de manera que ya no son dos, sino una sola carne" (Mt 19, 6). Al bendecirlos, Dios les dijo: "Creced y multiplicaos" (Gn 1,28). La alianza matrimonial del hombre y de la mujer, fundada y estructurada con leyes propias dadas por el Creador, está ordenada por su propia naturaleza a la comunión y al bien de los cónyuges, y a la procreación y educación de los hijos. Jesús enseña que, según el designio original divino, la unión matrimonial es indisoluble: "Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre" (Mc 10,9). Jesucristo no sólo restablece el orden original del Matrimonio querido por Dios, sino que otorga la gracia para vivirlo en su nueva dignidad de sacramento, que es el signo del amor esponsal hacia la Iglesia: "Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo ama a la Iglesia" (Ef 5,25). El consentimiento matrimonial es la voluntad, expresada por un hombre y una mujer, de entregarse mutua y definitivamente, con el fin de vivir una alianza de amor fiel y fecundo. Puesto que el consentimiento hace el Matrimonio, resulta indispensable e insustituible. Para que el Matrimonio sea válido el consentimiento debe tener como objeto el verdadero Matrimonio, y ser un acto humano, consciente y libre, no determinado por la violencia o la coacción. (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 337ss) Unción de los enfermos • Los ancianos y enfermos, que no pueden desplazarse para confesarse, comulgar o recibir la unción de enfermos en su domicilio pueden solicitarlo en la Parroquia. En caso de enfermedad grave, pueden solicitar la unción de enfermos en cualquier momento. El Sacramento de la unción de enfermos confiere al cristiano una gracia especial para enfrentar las dificultades propias de una enfermedad grave o vejez. Este sacramento se administra ungiendo con aceite perfumado la frente y las manos del enfermo acompañando esta acción con una oración. La Unción de enfermos se conocía antes como "Extrema Unción", pues sólo se administraba "in articulo mortis" (a punto de morir). La renovación litúrgica conciliar ha devuelto a este sacramento el valor que había perdido con el tiempo al reducirse a la preparación inmediata a la muerte. Actualmente el sacramento se puede administrar más de una vez, siempre que sea en caso de ancianidad, de enfermedad grave o incluso de una recaída después de mejorar el estado de salud. La unción une al enfermo a la Pasión de Cristo para su bien y el de toda la Iglesia; obtiene consuelo, paz y ánimo; obtiene el perdón de los pecados (si el enfermo no ha podido obtenerlo por el sacramento de la reconciliación), restablece la salud corporal (si conviene a la salud espiritual) y prepara para el paso a la vida eterna. (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 313ss)
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