EL ARCA:
Respecto al arca de San Isidro podemos decir que fue llevada a la Exposición del
Centenario de la Diócesis de Madrid en el año 1985. Según refiere la ficha del
catálago:
"en 1213, año siguiente de la batalla de las Navas de Tolosa, según narra Bleda
en "Vida y milagros de S.Isidro", el Rey, el Arzobispo y el Notario asistieron a
la traslación y dedicación del Arca Santa (julio de 1213), donde fue depositado
el cuerpo incorrupto de S. Isidro. Se considera este Arca donación real de
Alfonso VIII. En ella permaneció el cuerpo del Santo alojado en la Parroquia de
S. Andrés de Madrid hasta 1619, fecha en la que, con motivo de la beatificación,
la Cofradía de San Eloy de los Plateros de Madrid determinó donar un arca para
el cuerpo incorrupto del Beato Isidro en plata y oro, a la que se trasladaron
los restos del Santo 1620.
En un primitivo estado, el Arca tenía ocho aldabones, cuatro a cada lado. Por
dentro, estuco pintado de barniz encarnado. Por fuera está cubierto de
pergamino, y sobre él hay pintura y dibujos realizados con estuco. Figuras
pintadas al temple de estilo claramente gótico.
En el espacio frontal, bajo una cenefa deteriorada y recuadros que dejan
entrever escudos, aparecen ocho espacios bajo arcos góticos entre columnas del
mismo estilo. En ellos se advierten con bastante claridad escenas de la vida del
Santo: San Isidro orando en el campo; Iván de Vargas al acecho a caballo y dos
ángeles con dos pares de bueyes arando; santa María de la Cabeza llevando la
comida a su marido; el Santo dando de comer a un pobre llenando milagrosamente
de vianda la olla vacía. En la parte superior del Arca, en las superficies que
convergen en el caballete de la misma se advierten pinturas muy deterioradas. El
cronista Rosell dice que allí estaba pintada nuestra >Señora con el Niño, y a
los pies, el Santo de rodillas. Se perciben otras figuras indescifrables.
En las cabeceras del arca se advierte claramente, en una de ellas, el misterio
de la Encarnación del Señor; en la otra, el de la Resurrección, y en los dos
planos triángulares que están sobre ellos, dos ángeles, cada uno con un
incensario en la mano. Apenas se advierten restauraciones, lo que resulta
sorprendente por el estado relativamente bueno en que se encuentra el Arca. Sus
medidad 1,10 X 2,25 X 0,83 m. Estos datos figuran en el catálogo de la
Exposición.
Por nuestra parte decir que hubo una publicación sobre San Isidro en t
iempos de
Tarancón que reflejaba documentación de la misma. En los principios de los
noventa se trasladó de la casa del Cardenal de Madrid, para ser restaurado en el
I.P.H.E . (donde sin duda podrá completar esta documentación, C/ Greco Nº 4 de
Madrid, en la ciudad universitaria, al lado de la facultad de Bellas Artes).Tras
su restauración se trasladó a su emplazamiento actual en la catedral de la
Almudena.
Le sugiero investigar en el archivo historico de la diócesis, pues tal vez
siguiendo una buena pista pueda encontrar alguna documentación interesante. Se
me ocurre que en el Museo Arqueológico pudiera haber alguna referencia, al ser
esta una pieza única.
EN LA
IGLESIA, EN LA CATEQUESIS,
EN
CASA
El rito de la corona de
Adviento se ha ido introduciendo acertadamente en los distintos ámbitos de la
vida cristiana, contribuyendo a resaltar la peculiaridad de este tiempo. Se
trata, como se sabe, de una corona de ramas verdes (sin flores, que serán más
propias de la Navidad), en la que se fijan cuatro velas vistosas. También
podemos emplear la imaginación y crear algún otro tipo de soporte, siempre que
resulte digno y agradable. Y cada semana se realiza el rito de encender las
velas correspondientes: el primer domingo de Adviento una, el segundo dos, el
tercero tres, el cuarto y último las cuatro.
Este itinerario, acompañado de
alguna oración o canto, nos marcará los pasos que nos acercan hasta la fiesta de
la Navidad, y nos ayudará a tener más presente el tiempo en que nos
encontramos.
1. La corona
en la iglesia
En la iglesia, la corona se
puede poner sobre una mesilla, o sobre un tronco de árbol, o colgada del techo
con una cinta elegante; no se pone encima del altar, sino junto al ambón o en
otro lugar adecuado.
El rito de encendido de la
corona se hace en todas las misas dominicales (incluyendo la vespertina del
sábado). En las comunidades religiosas, en cambio, será mejor hacerlo en la
celebración que inaugure cada semana: primeras vísperas, laudes o
Eucaristía.
En la Eucaristía, se pueden
encender las velas sencillamente durante el canto de entrada, o bien con mayor
relieve después del saludo y de una breve monición. En este segundo caso, el
mismo celebrante, o bien distintas personas de la asamblea (una semana un niño,
otra una religiosa, otra un matrimonio...) encienden la vela o velas
correspondientes. Y entretanto se canta alguna otra estrofa del canto de
entrada, o se dicen las invocaciones del acto penitencial, o se dicen las
oraciones siguientes (que puede recitar la asamblea conjuntamente, en una hoja
previamente repartida).
Primer domingo
Encendemos, Señor, esta luz,
como aquél que enciende su lámpara
para salir, en la noche,
al encuentro del amigo que ya viene.
En esta primera semana del Adviento
queremos levantarnos para esperarte preparados,
para recibirte con alegría.
Muchas sombras nos envuelven.
Muchos halagos nos adormecen.
Queremos estar despiertos y vigilantes,
porque tú nos traes la luz más clara,
la paz más profunda y la alegría mas verdadera.
¡Ven, Señor Jesús. Ven, Señor Jesús!
Segundo domingo
Los profetas mantenían encendida
la esperanza de Israel.
Nosotros, como un símbolo,
encendemos estas dos velas.
El viejo tronco está rebrotando,
florece el desierto.
La humanidad entera se estremece
porque Dios se ha sembrado en nuestra carne.
Que cada uno de nosotros, Señor,
te abra su vida para que brotes,
para que florezcas, para que nazcas
y mantengas en nuestro corazón encendida la esperanza.
¡Ven pronto, Señor. Ven, Salvador!
Tercer domingo
En las tinieblas se encendió una luz,
en el desierto clamó una voz.
Se anuncia la buena noticia: el Señor va a llegar.
Preparad sus caminos, porque ya se acerca.
Aclamad vuestra alma
como una novia se engalana el día de su boda.
Ya llega el mensajero.
Juan Bautista no es la luz,
sino el que nos anuncia la luz.
Cuando encendemos estas tres velas
cada uno de nosotros quiere ser
antorcha tuya para que brilles,
llama para que calientes.
¡Ven, Señor, a salvarnos,
envuélvenos en tu luz, caliéntanos en tu amor!
Cuarto domingo
Al encender estas cuatro velas, en el último domingo,
pensamos en ella, la Virgen,
tu madre y nuestra madre.
nadie te esperó con más ansia,
con más ternura, con más amor.
Nadie te recibió con más alegría.
te sembraste en ella
como el grano de trigo se siembra en el surco.
En sus brazos encontraste la cuna más hermosa.
También nosotros queremos prepararnos así:
en la fe, en el amor y en el trabajo de cada día.
¡Ven pronto, Señor. Ven a salvarnos!
2.
La corona en casa
En casa, la corona se pone
sobre una mesilla, o colgada del techo, o en algún otro lugar destacado. También
se puede poner a los pies de una imagen de la Virgen.
El primer domingo de
Adviento es el domingo que cae entre el 27 de noviembre y el 3 de diciembre (o
sea, cuatro domingos antes de la Navidad). Ese día, antes de comer (o el sábado
anterior por la noche, o en cualquier otro momento que resulte adecuado), se
enciende una vela de la corona; el segundo domingo dos; el tercero tres; y el
cuarto, las cuatro.
Este rito se acompaña de una
oración, como la que aquí indicamos a continuación; también se puede cantar un
canto y la oración; o la oración, el padrenuestro y el avemaría. También se
puede leer la primera lectura de la misa de aquel domingo, o el texto de
reflexión que ofrecemos también aquí, o las oraciones propuestas para el
encendido en la iglesia.
Si hay niños en casa, el
rito de la corona les puede ayudar a vivir más cristianamente la preparación de
la Navidad. Y si no los hay, también será una buena ocasión para la oración
familiar adulta: o bien los esposos solos, o bien los esposos con los hijos
mayores u otros miembros de la familia.
Oración
Ven, Jesús,
hermano, Señor.
Queremos preparar tu
venida.
Queremos
recibirte.
Te esperamos,
para que transformes
nuestras vidas
y nos des tu luz,
tu paz, tu amor.
Amén.
Texto de reflexión
Desde muy antiguo, el
profeta Isaías anunciaba:
–
Vendrá el Señor,
y juzgará a los pobres
con justícia,
y nunca más alzará la
espada pueblo contra pueblo,
porque los corazones
estarán llenos
del conocimiento del
Señor.
Allí en el Jordán, el último
profeta, Juan el Bautista, proclamaba:
–
Preparad el camino del Señor,
allanad sus
senderos.
Convertíos,
porque esté cerca el
Reino de los cielos.
Y en Nazaret empezó todo:
–
Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.
No temas, María:
concebirás en tu
vientre y darás a luz un hijo,
y le pondrás por nombre
Jesús.
Esta es la historia del
amor de Dios. Y nosotros cada año, cada Adviento, la recordamos y la
renovamos.
– Como Isaías, deseamos un mundo nuevo, transformado, lleno de Dios, en el que no haya mal, ni dolor, ni injusticia, ni pobreza, ni corazones cerrados;
– siguiendo la llamada de Juan Bautista, queremos preparar el camino del Señor: queremos transformar nuestro corazón y queremos transformar nuestro mundo;
– y como María, con toda la confianza, con todo el amor, con un hondo espíritu de fe y de oración, esperamos el nacimiento de aquel niño que renovará nuestras vidas; aquel niño que nace en Belén y que nos llama a compartir un día su vida para siempre.
3. La corona
en la catequesis o en la escuela
Preparar la corona de
Adviento en la catequesis o, si resulta oportuno, en la escuela, también será
una buena forma de señalar los pasos de preparación de la Navidad. El
inconveniente está en que difícilmente se podrán encender las velas el domingo
(como máximo, en la catequesis, el sábado por la tarde, si las reuniones son en
ese día; en la escuela podría hacerse el viernes). Habrá que adaptar, por tanto,
el rito a las posibilidades.
Y al mismo tiempo, habrá que
procurar que el rito que se haga, cree un clima de oración que ayude a
interiorizar, en medio de la dispersión del ambiente pre-navideño, lo que
significa preparar la venida del Hijo de Dios entre nosotros.
Los distintos materiales y propuestas,
que hemos presentado para celebrar este rito en casa o en la iglesia, pueden
fácilmente adaptarse para la celebración en la escuela.
Os
anunciamos, hermanos, una buena noticia,
una
gran alegría para todo el pueblo;
acogedla
con corazón gozoso:
Habían
pasado millones de años
desde
que, al principio, Dios creó el cielo y la tierra
e
hizo al hombre a su imagen y semejanza;
y
miles y miles de años desde que cesó el diluvio
y
el Altísimo hizo resplandecer el arco iris,
signo
de alianza y de paz;
unos
mil novecientos años después de que Abrahán,
obediente
a la llamada de Dios,
partiera
de su patria sin saber a donde iba;
unos
mil doscientos años después de que Moisés
condujera,
por el desierto hacia la tierra prometida,
al
pueblo hebreo, esclavo en Egipto;
unos
mil años después de que David
fuera
ungido rey de Israel por el profeta Samuel;
unos
quinientos años después de que los judios,
cautivos
en Babilonia, retornaran a la patria
por
decreto de Ciro, rey de los persas,
cuando
permanecía fiel a la Alianza
un
Resto de los hijos de Sión,
alegres por su Rey , en la ciento noventa y cuatro Olimpíada de los griegos;
en
el año 752 de la fundación de Roma;
en
el año 42 del imperio de Octavio César Augusto,
mientras
sobre toda la tierra reinaba la paz,
en
la sexta edad del mundo,
hace cerca de 2001 años:
El
Hijo de Dios Padre,
queriendo
consagrar el mundo con su presencia,
concebido
por obra del Espíritu Santo,
en
Belén de Judá,
de
María virgen, esposa de José,
de
la casa y familia de David,
nació
Jesús,
Dios
eterno,
Hijo
del eterno Padre y hombre verdadero.
¡Es
la Navidad del Salvador que los hombres esperaban!
El nacimiento de Cristo
presagia su Pasión y su Resurrección gloriosa.
El pesebre y la noche de Belén evocan la cruz y la tinieblas del
Calvario;
los ángeles que anuncian al recién nacido a los pastores nos
recuerdan
a los ángeles que anunciaron al Resucitado a los díscipulos;
los magos han precedido a los mujeres
en el anuncio del Evangelio de la Vida a todas las gentes.
Con justeza podemos decir que,
estamos celebrando el Paso del Señor en la realidad de nuestra
carne.
¡Felices Pascuas!